Alicia Benmergui -Historiadora
Agradezco a Memoria Activa la
honra con que me ha aceptado para dar mi testimonio en un acto de mera solidaridad
permanente, en la que está en juego, no solo el recuerdo, sino también,
nuestra propia sobrevivencia. Porque todos nosotros somos potenciales víctimas
de un Estado que ha renunciado a impartir justicia. Nos lo demuestran las
vallas, la cobertura que tiene el símbolo más antiguo de la historia, que
son las Tablas de la Ley. Hace 3000 años, un pueblo estableció por primera
vez, la prohibición de matar. No matarás, es uno de los 10 Mandamientos.
Y la igualdad ante la Ley también está representada en esas Tablas que no
podemos ver. Como no podemos velar, nosotros tenemos la firme demostración
de que a este Estado no le importan sus ciudadanos, no le importan sus muertos.
Y entonces, nosotros, los judíos que hemos escapado, cuyas familias han
escapado de los progroms, del genocidio nazi, hemos venido a vivir acá,
en paz y tranquilamente. Y en la primera explosión de la Embajada, no nos
dimos cuenta que esto era el primer aviso. Pero cuando fue el segundo, de
la AMIA, ahí nos avisaron de que también los judíos de la Argentina, formábamos
parte del mismo mundo del cual habíamos escapado. Las dos explosiones fueron
las más terribles que registra la historia Argentina. Pero además, las primeras
que han tenido lugar en el mundo. Los primeros atentados antisemitas de
tal gravedad, después de la 2° guerra. Y ahí estamos, los judíos, detrás
de nuestras instituciones. Cercados, vallados, amenazados. Cada vez que
hay un problema, alguien avisa: los judíos de la Argentina, están en peligro.
En estos días, no hace más que nos avisaron. Y entonces que pasa con nosotros?
Qué pasa con el resto de nuestro pueblo? Que está siendo deshuasado por
ausencia de la Ley, por ausencia de la justicia que es arbitraria, que protege
a los genocidas, a los que viven entre nosotros, a lo mejor a los que se
pasean en esta plaza, a los que son nuestros vecinos, a los que se dicen
nuestros amigos, a los que nos amenazan -porque nos amenazan también. Ellos
tienen protección. Ellos fueron a ver como saltaba la AMIA por los aires.
Y entonces, no quiero repetir exactamente los versos de Brecht porque están
gastados, pero realmente son más vigentes que nunca. En este momento, un
país que está siendo deshuasado, donde los más pobres, los más vulnerables
están siendo destruidos, no por una bomba, no por un progrom; van a ser
liquidados por el hambre y por la miseria. Y entonces, en estas rutas llenas
de gente que hace manifestaciones en plazas donde todos hacen reclamos,
pero donde no nos juntamos todos, lo que nos tiene que quedar claro es que
primero vino el proceso y a los que no les perteneció, no se dieron por
enterados. Después vinieron la Embajada y la AMIA. Rió Tercero, tantas cosas
y bueno, como a nosotros nos tocó, no les importaba. Ahora vienen por nosotros.
Tal vez no sea demasiado tarde, pero es un destino común compartido. Por
favor, que la memoria sea un acto compartido de todo este pueblo, para que
no terminen de destruirnos a todos juntos. Gracias ![]()
Alumnos escuela Ironí Dalet, Israel.
Buenos días a todos. Nosotras
representamos a Israel y estamos visitando la Argentina como parte de un
programa de intercambio estudiantil. Lamentablemente en Israel conocemos
el dolor que produce el terrorismo. Desde nuestra posición, queremos llamar
a todo el mundo y a Israel a concretar la paz y a impedir atentados como
la tragedia de AMIA o la desaparición y tortura de personas durante el proceso
militar. Nosotras somos conscientes de la existencia de mecanismos políticos
y económicos que hay detrás de las decisiones que llevan a concretar la
paz. A pesar de esto, nosotros deseamos para nuestro futuro, para nuestra
generación y las que vendrán, que la paz se lleva a cabo y les pedimos,
con todo respeto, a ustedes, que hagan lo imposible para lograrlo. Estamos
disfrutando mucho de nuestra estadía en Argentina. Tienen ustedes un país
rico en naturaleza y en belleza. Los invitamos a ustedes a visitar Israel.
Carlos Cullen - Filósofo - Profesor.
Agradezco esta posibilidad de
estar físicamente presente con ustedes en esta mañana. Permítanme citarles
el texto de un gran luchador de la memoria. "Ninguna justicia parece posible
o pensable sin un principio de responsabilidad, más allá de todo presente
vivo, en aquello que desquicia el presente vivo, ante los fantasmas de los
que aún no han nacido o de los que han muerto ya, víctimas o no de guerras,
de violencias políticas o de otras violencias, de exterminaciones nacionalistas,
racistas, colonialistas, sexistas o de otro tipo: de las opresiones del
imperialismo capitalista o de cualquier otra forma de totalitarismo" (J.
Derrida). En este presente desquiciado, interpelados por la justicia, resistiendo
al olvido, la exclusión y la dispersión, nos reúne la memoria como gesto
responsable, como grito desgarrado, como esperanza incansable. Y es largo
y es ancho el camino de la memoria responsable de justicia, tan largo como
el tiempo de esperar al que no llegará nunca, y tan ancho como el espacio
donde hasta el horizonte se borra. La memoria nos reúne, y nos junta en
la lucha contra tanta injusticia, incluyendo en la injusticia la falta de
justicia, o la justicia simulada, o la justicia injustamente demorada. En
este lugar y en este momento, cada lunes, la memoria se siente capaz de
actuar, activa, responsable. Irrumpe en el relato de la vida cotidiana y
en la rutina de la vida ciudadana, como dolor de la injusticia, y engendra
más responsabilidad, porque testimoniar es sabernos poner o exponernos ante
el otro, es saber que podemos responder, porque seguimos escuchando la palabra
que nos interpela desde la dignidad violada, ignorada, desaparecida, excluida,
marginada. Quiero decir, aquí y ahora, como hombre sencillamente dedicado
al pensamiento y a la enseñanza universitaria, que estas nuevas -o no tan
nuevas- formas de atentar contra la dignidad ajustando, profundizando la
pobreza, la desocupación, la ignorancia, la impunidad, seguirán siendo resistidas
porque la memoria es activa, no deja olvidar la injusticia y nos hace responsables
de trabajar por la justicia. Muchas gracias. ![]()
Osvaldo Bayer - Escritor.
Bueno, muchas gracias por el
honor que me dan ustedes de poder estar en este lugar. Esto es un reencuentro
con las queridas víctimas y una muestra más de nuestra irrenunciable decisión
de exigir el castigo a los culpables. No olvidaremos jamás aquella noticia
del cobarde atentado preparado desde arriba contra ese ente del trabajo
solidario que es la AMIA, contra gente que no llevaba ni guardaba armas,
sino que estaba dedicado al bien común, a ayudar, la palabra comunitaria
por excelencia. Desde esa mañana del estallido del cinismo y de la cobardía
maléfica, los argentinos todos llevamos una mancha en el pecho que nos dice:
no fuimos capaces de descubrir a los culpables del asesinato masivo de la
AMIA y de la Embajada de Israel, en los que están involucrados no sólo los
poderes del exterior que todos conocemos, sino sus mensajeros en conexión
con los altos poderes argentinos, con la policía, con los llamados servicios
de informaciones, que no son otra cosa que aparatos para recibir coimas
y preparar impunemente ataques contra los pilares sanos de la sociedad que
no se doblegan al método mafioso de los que quieren más y más poder. Sin
ninguna duda, en el vil atentado contra la civilidad que fue el de la AMIA,
se trajo la guerra de Medio Oriente a casa por la facilidad que se contaba
en esferas gubernamentales argentinas de preparar el atentado en forma abiertamente
oficial. Se nota en que, salvo pequeños esbirros -algunos de los cuales
actuaron por Yabrán en el caso Cabezas- la investigación no avanzó porque
tenía que internarse en pasillos, despachos, salones y hasta aposentos gubernamentales.
Así quedó la vergüenza manchándonos para siempre. Todos sabemos muy bien
quienes fueron, pero todo se ahoga en los vericuetos de la burocracia y
la falta de vergüenza. El asesinato por la espalda de la bella gente de
la AMIA es el más bajo y el más canalla de ese período que soportamos, poblado
de apellidos de medio oriente y de manejos tortuosos de venta de armas a
países en lucha, donde el soborno alcanzó hasta las más altas esferas del
poder civil y militar. Todo quedó con mal olor, con un horrible mal olor
de encubrimiento, de dolo, de muerte para ganar dinero. Continuaron así
las sombras que habían dejado sobre nuestra sociedad los tiempos de la desaparición
de personas. Las actuales autoridades miran al cielo en vez de profundizar
hasta sus últimas consecuencias un crimen que nos ha manchado de sangre
y barro a todos los argentinos. En vez de dirigir todos los cañones contra
los evidentes culpables, nos cubrimos con discursillos lamentables donde
las palabras libertad, democracia, justicia, se convierten en palabrejas
que tranquilizan, cada vez más, a los mercaderes internacionales del crimen
y sus miserables aliados locales. Nos imaginamos las horas de soledad de
los seres queridos de las víctimas. No hubo tiempo para el llanto ante tanto
odiosas y execrables circunstancias. La mano criminal, artera, no tembló
en ningún momento porque sabía que estaba protegida por los símbolos nacionales.
Que vergüenza para los hombres y las mujeres libres de la Argentina! Los
asesinos usaron la puerta abierta de aquellos que se dicen argentinos, y
nos han aplastado de deudas, de sobornos, de delitos, de ridículas poses
ante la galería de los que hoy son designados como nuestros notables. La
barbarie del atentado contra la AMIA, el hambre de nuestros niños, la pobreza
de la mitad de los hogares argentinos, la situación de las escuelas públicas
y de nuestros hospitales, la burla de la sociedad de trabajo, todo pertenece
al mismo panorama: a la deshonra de sus gobernantes, a la deshonestidad
de sus cuerpos represivos que tendrían que servir al orden y a la justicia.
Todo se subsumió en la Argentina de los que poseen los poderes. Nuestro
destino como nación y la decencia argentina no se soluciona con Don Torcuato,
sino -y en primer lugar- esclareciendo definitivamente la agresión bárbara
contra la AMIA, que ha sido el peor ataque a la honorabilidad de estas tierras
y sus habitantes. Queridos amigos: no nos dejemos caer en el deshonor del
olvido. Sigamos luchando por borrar la mancha que cubre el espíritu argentino.
No dejemos tranquilos a los asesinos. Persigámoslos todos los días en sus
madrigueras blindadas y protegidas por el ambiente mafioso. No nos conformemos
con el juicio a los pequeños serviles de manos ensangrentados y bolsillos
asegurados. Lleguemos a quienes tramaron, prepararon y fueron solícitos
cumplidores de la cobarde agresión. Hagámoslo por la memoria de las queridas
víctimas de la AMIA y por nuestra propia dignidad. Muchas gracias.
Alejandro Hartman - Cineasta
Buenos días. Me cuesta hablar
acá. Primero que nada, me recuerdo el momento en que fue el tremendo atentado,
el de la AMIA, que fue el que quizás yo tomé más conciencia de todo esto.
Y porqué me acordaba, porque hacía no mucho tiempo yo había ido a la AMIA
a averiguar si la tumba de mis abuelos había sido profanada o no en un cementerio.
Creo que esa fue la única vez que fui a la AMIA, y me había impactado mucho
estar ahí por lo que estaba haciendo. Entonces, definitivamente el atentado
fue como una descarga encima, muy tremenda. Lo sentí como una bomba encima
mío. Pero hoy pensaba de que hablar, y quizás porque tuve un hijo hace bastante
poco y pienso en los nenes, en la ingenuidad, en lo que es crecer y en todo
eso, y me venían a la mente una serie de ingenuidades y cosas en las que
yo creía mientras era chico y ahora mientras voy creciendo se me van yendo
y descreo cada vez más. Me acuerdo, por ejemplo, cuando era chico, una de
las cosas de las que hablaba, decía, en este país nunca hubo una guerra,
Argentina nunca estuvo en guerra. Y de repente cuando empezaba a no ser
tan chico, había una guerra. Cuando era adolescente, salía de noche y decía:
que ciudad más segura, que lugar más seguro para vivir, Buenos Aires. Inclusive
cuando hablaba con gente de otros países le contaba eso, que buena ciudad.
Y bueno, crezco y de repente no es más así eso. Y también otra de mis ingenuidades
era que (yo era muy chico en los setenta) hay democracia, vino la democracia,
está para quedarse, podemos vivir en paz, no hay antisemitismo. Y de repente
si había antisemitismo, y si había la profanación de las tumbas y si había
dos atentados tremendos. Y hoy día, la verdad es que me cuesta mucho crecer.
Y tengo un hijo y me gustaría hacerlo crecer de otra manera. Entonces en
que tengo que creer? Creo que yo y todos tenemos que creer en que tenemos
que encontrar a los responsables de esto. Tienen que aparecer, tienen que
tener su castigo. Y que eso que está ahí tapado -hace mucho que paso por
acá y está tapado-, no se que hay atrás, las Tablas de la Ley no están.
Y quizás es un acto de sinceridad que no estén, no se bien como leerlo.
Bueno eso es todo, y hay que seguir luchando. Gracias. ![]()
Alumnos Escuela de Madrijim de la Sociedad Hebraica Argentina.
Parte de mi identidad es todo
lo que fui adquiriendo en el transcurso de mi vida, a través de mis padres,
de lo que me enseñaron en la escuela, de mis amigos. Desde chiquito aprendí,
prematuramente, el significado de la palabra injusticia, porque era inevitable.
Era inevitable no toparme con los palotes a la salida del colegio, no confundirme
al ver tantos chicos pidiendo plata en la calle, cuando me enseñaron que
todos tenemos los mismos derechos. Tenía muchas preguntas, pero nadie parecía
saber responderlas. Otra parte de mi identidad, lo que según mi criterio
elijo para mi presente y mi futuro, son las ideas que voy formando a medida
que crezco. Hoy, son mis ideales los cuales ame dan confianza y fuerza para
defender lo que creo justo. Conservo aún las preguntas que surgieron en
mi infancia, y que resultaron ser parte de mi formación, de las cuales recibí
algunas respuestas que no llegaron a conformarme. A nosotros, como jóvenes
de la Escuela de Madrijim de la Sociedad Hebraica Argentina, estas respuestas
nos generan nuevas inquietudes, las que nos llevan a que sea parte de nuestra
identidad el estar hoy aquí presentes, en la Plaza de la Memoria y de la
Identidad, representando lo que creemos justo. Gracias ![]()
Isidoro Vegh - Psicoanalista.
Buenos días. Estoy conmovido,
como supongo que todos ustedes, escuchando una vez más el shofar que escuché
desde muy niño. Podría, junto a ustedes, proponerles elevar una plegaria,
se que hizo y estaría bien. Sería un modo de volver a reunirnos con los
que hoy ya no están. Podría también invitarlos a acompañarme mientras leo
un poema que dijera de nuestro horror, de nuestro dolor, de nuestros anhelos.
Se que se hizo, podría hacerlo, y estaría bien. Reclamo junto a ustedes
justicia. Que la justicia avance por el carril de la verdad. Se que se hizo,
lo estoy haciendo, y está bien. Pero además quiero decirles algo de lo que
mi práctica cotidiana como psicoanalista me enseña, como a cualquier psicoanalista
desde hace 100 años. Nuestra práctica nos enseña cotidianamente, que los
seres humanos, nos guste o no nos guste, estamos todos habitados por lo
mejor, pero también por lo peor. Hay quienes, como los que aquí estamos,
y por suerte muchos otros, para quienes lo mejor va a salir enlazando, acotando
a lo peor, lo mejor va a triunfar, aún en las peores circunstancias. En
el otro extremo están aquellos que aún en las mejores circunstancias, no
dudarán desde la mañana a la noche, en pensar o ver y hacer lo peor. El
problema es que entre esos dos polos, hay una inmensa mayoría habitada por
lo mejor y lo peor, y que, el resultado de lo que emerja va a depender de
cómo se enhebren los lazos sociales. Es esto lo que me lleva con todo gusto,
a participar en esta Memoria Activa. Primero para reclamar, como recién
se dijo, por una justicia que todavía aguardamos. Pero es mucho más que
eso. Fue una bomba, y luego fue otra bomba, y memoramos muchas bombas, y
podemos predecir otras si es que no ejercemos esta Memoria Activa. Activa,
que quiere decir? Que nosotros no respondemos a una bomba con otra bomba.
Sería desdecir nuestra ética, lo que este shofar nos recuerda. Nosotros
estamos marcados por una palabra en hebreo que se dice: lejaim, vida. Y
luchamos por una vida acorde con la justicia. Y cómo la promovemos? Con
una Memoria Activa. Haciendo de tal modo imposible, para aquellos que tiran
bombas, que puedan volver a hacerlo. Eso es lo que me mueve a estar hoy
acá, junto a ustedes y a decir: adelante, nuestra lucha no cesa. Seguiremos
siempre en Memoria Activa. Gracias. ![]()
Daniel Godlman - Rabino Comunidad Bet-El.
Un amigo antes me decía si saqué
abono para hablar aquí, y yo pensaba que siempre que Memoria Activa me pida,
yo voy a estar acá. Siempre que Memoria Activa me pida que yo hable, que
yo de mi testimonio y que yo pueda responder con mi acción, siempre voy
a estar acá. Y después de escucharla a Vera, de quién yo me siento una especie
de hijo y un alumno, para mí es un honor hablar después de Vera; y también
dar testimonio frente a alguien a quien yo quiero mucho y que está de paso
acá en la Argentina, Claudia Kreiman, que es la hija de mi querida amiga
Susy Kreiman, y que muchas veces fue inspiración para mí en la lucha, en
la humilde lucha que yo llevo de acuerdo con la tradición judía. Y como
no tengo inmunidad ni diplomática ni de otro tipo, ni parlamentaria; yo
todo lo que digo en esta plaza siempre lo escribo. Las palabras de nuestros
maestros muchas veces nos ruborizan creyendo que nuestras manifestaciones,
nuestras expresiones o nuestras ideas son inéditas, y en realidad es como
dice el Eclasiastés, "no hay nada nuevo bajo el sol". Y el Talmud nos dice:
"si ves una generación sobre la cual hay muchos golpes y abatimientos, debes
fijarte y examinar a sus jueces, que son los responsables". Por eso la lectura
de la Torá que corresponde al Sábado que pasó, nuevamente nos vuelve a ruborizar
con su frase "tzedek, tzedek tirdof"; justicia, justicia perseguirás! Esta
reiteración de la justicia como sensación de algo que martilla nuestras
almas es interpretada de manera insistente, diciendo que el texto bíblico
repite dos veces la palabra "justicia", a partir de la idea que la justicia
misma debe ser impartida por una corte justa. Pero tal vez la pregunta que
queda flotando en el aire sea: ¿cómo se consigue esa corte justa? Porque,
saben lo que dice el propio Talmud? "Los jueces se parecen a su pueblo".
"Los jueces se parecen a su pueblo". Será verdad esto? O sea que la culpabilidad
está colocada en la imagen de los jueces, pero la responsabilidad por la
educación de sus valores está sustentada por los valores de la sociedad.
Y fíjense que interesante: detrás de esta impactante frase de "tzedek, tzedek
tirdof", aparece un caso extraño y misterioso que en forma de ritual describe
la Torá y que a los sabios de cada generación los costó comprender: Cuando
el Pueblo de Israel ingresa a la Tierra Prometida y funda sus nuevas ciudades,
sus nuevos barrios, de repente en el medio de la tierra, cuenta el texto
que puede aparecer un hombre muerto. Nadie sabe como murió, o siquiera si
alguien lo mató. Entonces frente a ese hombre muerto, la biblia ordena que
los jueces y los jefes deben medir la distancia que existe entre la víctima
y los barrios que rodean al muerto. Y determinarán cual es el barrio más
próximo al hombre muerto. Entonces los líderes de ese barrio van a traer
un animal para ofrecerlo en sacrificio. Y en ese momento "los ancianos"
lavarán sus manos con agua de arroyo y dirán públicamente: "nuestras manos
no han derramado esa sangre y nuestros ojos no han visto nada". Extraño
ritual, extraña declaración: "nuestras manos no han derramado esa sangre
y nuestros ojos no han visto nada". Los rabinos del Talmud perplejos ante
toda esta escena que relata la biblia se preguntaban: ¿Porqué los ancianos,
los hombres más honorables y respetados de la comunidad, sobre quienes se
supone que no hay sospecha alguna debían exclamar esta declaración de inocencia?
¿Quién los acusa de la muerta? ¿Quién se los imaginaba sospechosos de un
terrible acto de asesinato? ¿Para qué debían los ancianos lavarse las manos,
si en realidad era casi imposible imaginarse que ellos pudiesen cometer
un acto de tamaña inmoralidad? Es ahí mismo donde los sabios talmúdicos
nos dan una pista para comprender el porqué de esta declaración. Lo que
los ancianos dicen públicamente, no es una declaración de inocencia ante
la sospecha de una muerte o un crimen, es algo mucho más profundo, mucho
más impactante. Ellos, como líderes no se lavan las manos -literalmente-
diciendo que no tienen nada que ver, sino que declaran que "no hubo contribución
negligente por parte de ellos, que no hubo omisión cuando eventualmente
podían haber evitado la muerte". Al decir "no hemos visto" están manifestando
que jamás han visto a un hombre desolado después de una bomba, abandonado,
sino le hubiesen ofrecido ayuda y protección. Los ancianos, que en este
caso representan el símbolo de responsabilidad y garantía de los valores
en la sociedad, están obligados a asegurar a todo el pueblo que ellos hicieron
"todo" lo posible para prevenir la tragedia y que no se lavan las manos
por su negligencia. Y de hecho, si no hubiesen previsto lo que estaba ocurriendo,
no hubiesen sido solamente responsables, sino fundamentalmente culpables.
La enseñanza es clara: nada de lo que pasa en la sociedad puede ser ajena
a la sociedad, ni la muerte, ni la elección de jueces: porque hay una responsabilidad
moral ante aquellas cosas que, aparentemente distantes, tenemos el poder
de prever y no lo hacemos. Frente al dolor del otro, hay una responsabilidad
propia. Conocimos durante los últimos años de historia a tantos supuestos
líderes, que siendo testigos dijeron: "Nuestras manos no han derramado esa
sangre".: son mentirosos, ladrones e hipócritas. ¿Estarán esos líderes sentados
ahora dentro de un mes en el supuesto juicio oral? O como en tantos momentos
de la Argentina, conseguirán escabullirse y se lavarán las manos? Theodor
Adorno, el gran poeta nos enseñó que: "todo lo que se necesita para que
la injusticia triunfe es buena gente que no haga nada". ![]()
Vera Jarash - Madre de Plaza de Mayo - Fundación Memoria Histórica y Social Argentina - Periodista.
Buenos días a todos. Por supuesto
me voy a referir a la memoria. Hace pocos días estuve hablando aquí, en
Buenos Aires, con un historiador italiano que se llama Bruno Groppo y es
un profesor que enseña en la Sorbona de París, y viene muy a menudo a la
Argentina. Él ha hecho estudios sobre el antifascismo y recientemente se
ha ocupado de este tema que es la imposibilidad del olvido, cuando se trata
de crímenes de lesa humanidad y de hechos horrorosos del pasado. Estos hechos,
por más tiempo que pasa, pueden pasar 20, 40, 60 años, y vuelven a golpear
fuertemente, exigiendo entrar en la memoria colectiva. Groppo recordaba
al respecto, daba algunos ejemplos de que este destape traía de vuelta a
la atención de todos, no solamente los crímenes, sino las complicidades,
y también las indiferencias, que son muchas veces culposas. Y daba los ejemplos
de Alemania, el genocidio de la Shoa, del régimen de Vichy, e inclusive
refiriéndose a Francia, a los hechos de Argelia. Decía que así se destapaban
viejas vergüenzas, y todos estos hechos volvían a entrar en discusión y
en reflexión. En algunos casos traían inclusive justicia, tardía, pero justicia
al fin. Recientemente también he oído hablar muchas veces, está de moda
en la Argentina, la memoria. La palabra moda no se si es la más adecuada,
pero es cierto, es cierto que desde hace un par de años por lo menos, hay
mucho más empeño en la memoria, y esto creo que es muy, muy importante,
para que no se repitan estas historia terribles. De hecho hay muchas organizaciones,
muchas entidades que tienen a la memoria como su objetivo principal, ustedes,
nosotros, somos un ejemplo de ellos; la fundación a la que yo pertenezco,
que nació unos años después de caída la dictadura, y que creo que fue la
primera en apuntar y apostar a la función de la memoria, sin por ello abdicar
y dejar de lado la lucha por la verdad y la justicia. Una lucha en la que
estaban empeñados y comprometidos todos sus miembros, desde la época en
que el terrorismo de estado secuestraba, torturaba, mataba, desaparecía
a miles de seres humanos, entre los cuales nuestros familiares. Además surgieron
otras entidades, siempre con el tema de la memoria como objetivo, junto
a los otros de lucha por la verdad y la justicia. Yo creo que un buen ejemplo
es Memoria Activa, que todos los lunes, desde hace años, está siempre acá,
parada ante estos tribunales de la injusticia, exigiendo verdad y que se
haga justicia. Nuestra fundación y todos nosotros que estamos en los organismos
de derechos humanos, confiábamos en que nuestro trabajo iba a lograr el
"Nunca Más". Desgraciadamente, no fue así. Las bombas de la Embajada de
Israel y de la AMIA, demuestran que lamentablemente no podemos confiar mucho
cuando hay impunidad. La impunidad que existe en la Argentina, es una demostración
de que los hechos se pueden repetir o darse hechos semejantes. Como bien
decía Primo Levy, lo que pasó una vez puede volver a suceder. Sin embargo,
creo y creemos muchos de nosotros que hay siempre rendijas de esperanza,
en que a través de nuestra actividad, de nuestro activismo, de ser militantes
de la memoria, se pueda lograr que el pueblo tome una verdadera conciencia
de lo que ha pasado, y de lo que puede pasar, y afine sus antenas para poder
sintonizar a tiempo cuando hay peligro, cuando hay síntomas, cuando hay
circunstancias de concreto peligro. Quiero recordarles hoy y aquí, si ustedes
me lo permiten, que dentro de pocos días, el 4 de septiembre, llega aquí
una comisión desde Israel, para ocuparse de recoger testimonios -ya lo está
haciendo en parte- sobre los casos de nuestros desaparecidos judíos. Esto
es bastante el fruto de la actividad de una asociación que se creó no hace
mucho con esta finalidad de traer de nuevo la verdad sobre los hechos que
ocurrieron sobre los 2.000 casos de los desaparecidos judíos, que no fueron
secuestrados probablemente por ser judíos, pero que si fueron tratados en
forma especial por serlo, ya que hay testimonios de sobrevivientes de que
así fue. Hay 21 casos de niños que fueron sustraídos a sus madres judías
después de partos ocurridos en cautiverio. Las Abuelas los están buscando,
incansablemente, y confiando en lograr que recuperen su identidad. De esta
venida de la Comisión, y de lo que se pueda hacer en el futuro, esperamos
poder, no solamente recuperar la verdad, lograr justicia -de ser posible-,
y también de ser posible recuperar los restos de nuestros seres queridos
para constatar la muerte y dar sepultura -los religiosos según los ritos
judíos y los no religiosos también necesitan lo mismo, algún rito, alguna
ceremonia- y esa constatación que se necesaria, lo demuestran todas las
culturas desde tiempos inmemoriales. También como acá damos testimonios
personales, quiero decirles que yo soy una judía italiana, a los 11 años
vine a la Argentina con mis familiares, con mi familia, que eligió la hospitalidad
argentina, huyendo de las persecuciones racistas del fascismo de Mussolini.
Tenía un maravilloso abuelo que fue deportado y murió en Aushwitz y muchos
años después, mi única hija, también maravillosa, muy querida por todos,
tuvo un destino similar en argentina. Son historias en cierta medida paralela,
son historias circulares. Y hay muchas familias que tienen historias así,
circulares. De hecho hay sobrevivientes de Aushwitz en la argentina que
han perdido también sus hijos, que son desaparecidos. Bueno, yo rindo homenaje
a Memoria Activa, porque realmente son ejemplares en su perseverancia cívica
y ética de estar aquí pidiendo constantemente verdad y justicia. Y además
quisiera en recuerdo y en homenaje a tantas víctimas de la AMIA, las de
la Embajada de Israel y las de nuestros desaparecidos que nos empeñemos,
apostemos a seguir en esta lucha, pero también apostemos a la vida, apostemos
a que se logre un mundo mejor, un mundo de paz y de justicia, un mundo de
democracia afianzada, de libertad, y de recuperar la dignidad para todos.
Así que brindemos a la vida: Lejaim. Nada más. ![]()