LUNES 6 DE AGOSTO DE 2001

Alicia Benmergui -Historiadora

Agradezco a Memoria Activa la honra con que me ha aceptado para dar mi testimonio en un acto de mera solidaridad permanente, en la que está en juego, no solo el recuerdo, sino también, nuestra propia sobrevivencia. Porque todos nosotros somos potenciales víctimas de un Estado que ha renunciado a impartir justicia. Nos lo demuestran las vallas, la cobertura que tiene el símbolo más antiguo de la historia, que son las Tablas de la Ley. Hace 3000 años, un pueblo estableció por primera vez, la prohibición de matar. No matarás, es uno de los 10 Mandamientos. Y la igualdad ante la Ley también está representada en esas Tablas que no podemos ver. Como no podemos velar, nosotros tenemos la firme demostración de que a este Estado no le importan sus ciudadanos, no le importan sus muertos. Y entonces, nosotros, los judíos que hemos escapado, cuyas familias han escapado de los progroms, del genocidio nazi, hemos venido a vivir acá, en paz y tranquilamente. Y en la primera explosión de la Embajada, no nos dimos cuenta que esto era el primer aviso. Pero cuando fue el segundo, de la AMIA, ahí nos avisaron de que también los judíos de la Argentina, formábamos parte del mismo mundo del cual habíamos escapado. Las dos explosiones fueron las más terribles que registra la historia Argentina. Pero además, las primeras que han tenido lugar en el mundo. Los primeros atentados antisemitas de tal gravedad, después de la 2° guerra. Y ahí estamos, los judíos, detrás de nuestras instituciones. Cercados, vallados, amenazados. Cada vez que hay un problema, alguien avisa: los judíos de la Argentina, están en peligro. En estos días, no hace más que nos avisaron. Y entonces que pasa con nosotros? Qué pasa con el resto de nuestro pueblo? Que está siendo deshuasado por ausencia de la Ley, por ausencia de la justicia que es arbitraria, que protege a los genocidas, a los que viven entre nosotros, a lo mejor a los que se pasean en esta plaza, a los que son nuestros vecinos, a los que se dicen nuestros amigos, a los que nos amenazan -porque nos amenazan también. Ellos tienen protección. Ellos fueron a ver como saltaba la AMIA por los aires. Y entonces, no quiero repetir exactamente los versos de Brecht porque están gastados, pero realmente son más vigentes que nunca. En este momento, un país que está siendo deshuasado, donde los más pobres, los más vulnerables están siendo destruidos, no por una bomba, no por un progrom; van a ser liquidados por el hambre y por la miseria. Y entonces, en estas rutas llenas de gente que hace manifestaciones en plazas donde todos hacen reclamos, pero donde no nos juntamos todos, lo que nos tiene que quedar claro es que primero vino el proceso y a los que no les perteneció, no se dieron por enterados. Después vinieron la Embajada y la AMIA. Rió Tercero, tantas cosas y bueno, como a nosotros nos tocó, no les importaba. Ahora vienen por nosotros. Tal vez no sea demasiado tarde, pero es un destino común compartido. Por favor, que la memoria sea un acto compartido de todo este pueblo, para que no terminen de destruirnos a todos juntos. Gracias


LUNES 13 DE AGOSTO DE 2001

Alumnos escuela Ironí Dalet, Israel.

Buenos días a todos. Nosotras representamos a Israel y estamos visitando la Argentina como parte de un programa de intercambio estudiantil. Lamentablemente en Israel conocemos el dolor que produce el terrorismo. Desde nuestra posición, queremos llamar a todo el mundo y a Israel a concretar la paz y a impedir atentados como la tragedia de AMIA o la desaparición y tortura de personas durante el proceso militar. Nosotras somos conscientes de la existencia de mecanismos políticos y económicos que hay detrás de las decisiones que llevan a concretar la paz. A pesar de esto, nosotros deseamos para nuestro futuro, para nuestra generación y las que vendrán, que la paz se lleva a cabo y les pedimos, con todo respeto, a ustedes, que hagan lo imposible para lograrlo. Estamos disfrutando mucho de nuestra estadía en Argentina. Tienen ustedes un país rico en naturaleza y en belleza. Los invitamos a ustedes a visitar Israel.


Carlos Cullen - Filósofo - Profesor.

Agradezco esta posibilidad de estar físicamente presente con ustedes en esta mañana. Permítanme citarles el texto de un gran luchador de la memoria. "Ninguna justicia parece posible o pensable sin un principio de responsabilidad, más allá de todo presente vivo, en aquello que desquicia el presente vivo, ante los fantasmas de los que aún no han nacido o de los que han muerto ya, víctimas o no de guerras, de violencias políticas o de otras violencias, de exterminaciones nacionalistas, racistas, colonialistas, sexistas o de otro tipo: de las opresiones del imperialismo capitalista o de cualquier otra forma de totalitarismo" (J. Derrida). En este presente desquiciado, interpelados por la justicia, resistiendo al olvido, la exclusión y la dispersión, nos reúne la memoria como gesto responsable, como grito desgarrado, como esperanza incansable. Y es largo y es ancho el camino de la memoria responsable de justicia, tan largo como el tiempo de esperar al que no llegará nunca, y tan ancho como el espacio donde hasta el horizonte se borra. La memoria nos reúne, y nos junta en la lucha contra tanta injusticia, incluyendo en la injusticia la falta de justicia, o la justicia simulada, o la justicia injustamente demorada. En este lugar y en este momento, cada lunes, la memoria se siente capaz de actuar, activa, responsable. Irrumpe en el relato de la vida cotidiana y en la rutina de la vida ciudadana, como dolor de la injusticia, y engendra más responsabilidad, porque testimoniar es sabernos poner o exponernos ante el otro, es saber que podemos responder, porque seguimos escuchando la palabra que nos interpela desde la dignidad violada, ignorada, desaparecida, excluida, marginada. Quiero decir, aquí y ahora, como hombre sencillamente dedicado al pensamiento y a la enseñanza universitaria, que estas nuevas -o no tan nuevas- formas de atentar contra la dignidad ajustando, profundizando la pobreza, la desocupación, la ignorancia, la impunidad, seguirán siendo resistidas porque la memoria es activa, no deja olvidar la injusticia y nos hace responsables de trabajar por la justicia. Muchas gracias.


Osvaldo Bayer - Escritor.

Bueno, muchas gracias por el honor que me dan ustedes de poder estar en este lugar. Esto es un reencuentro con las queridas víctimas y una muestra más de nuestra irrenunciable decisión de exigir el castigo a los culpables. No olvidaremos jamás aquella noticia del cobarde atentado preparado desde arriba contra ese ente del trabajo solidario que es la AMIA, contra gente que no llevaba ni guardaba armas, sino que estaba dedicado al bien común, a ayudar, la palabra comunitaria por excelencia. Desde esa mañana del estallido del cinismo y de la cobardía maléfica, los argentinos todos llevamos una mancha en el pecho que nos dice: no fuimos capaces de descubrir a los culpables del asesinato masivo de la AMIA y de la Embajada de Israel, en los que están involucrados no sólo los poderes del exterior que todos conocemos, sino sus mensajeros en conexión con los altos poderes argentinos, con la policía, con los llamados servicios de informaciones, que no son otra cosa que aparatos para recibir coimas y preparar impunemente ataques contra los pilares sanos de la sociedad que no se doblegan al método mafioso de los que quieren más y más poder. Sin ninguna duda, en el vil atentado contra la civilidad que fue el de la AMIA, se trajo la guerra de Medio Oriente a casa por la facilidad que se contaba en esferas gubernamentales argentinas de preparar el atentado en forma abiertamente oficial. Se nota en que, salvo pequeños esbirros -algunos de los cuales actuaron por Yabrán en el caso Cabezas- la investigación no avanzó porque tenía que internarse en pasillos, despachos, salones y hasta aposentos gubernamentales. Así quedó la vergüenza manchándonos para siempre. Todos sabemos muy bien quienes fueron, pero todo se ahoga en los vericuetos de la burocracia y la falta de vergüenza. El asesinato por la espalda de la bella gente de la AMIA es el más bajo y el más canalla de ese período que soportamos, poblado de apellidos de medio oriente y de manejos tortuosos de venta de armas a países en lucha, donde el soborno alcanzó hasta las más altas esferas del poder civil y militar. Todo quedó con mal olor, con un horrible mal olor de encubrimiento, de dolo, de muerte para ganar dinero. Continuaron así las sombras que habían dejado sobre nuestra sociedad los tiempos de la desaparición de personas. Las actuales autoridades miran al cielo en vez de profundizar hasta sus últimas consecuencias un crimen que nos ha manchado de sangre y barro a todos los argentinos. En vez de dirigir todos los cañones contra los evidentes culpables, nos cubrimos con discursillos lamentables donde las palabras libertad, democracia, justicia, se convierten en palabrejas que tranquilizan, cada vez más, a los mercaderes internacionales del crimen y sus miserables aliados locales. Nos imaginamos las horas de soledad de los seres queridos de las víctimas. No hubo tiempo para el llanto ante tanto odiosas y execrables circunstancias. La mano criminal, artera, no tembló en ningún momento porque sabía que estaba protegida por los símbolos nacionales. Que vergüenza para los hombres y las mujeres libres de la Argentina! Los asesinos usaron la puerta abierta de aquellos que se dicen argentinos, y nos han aplastado de deudas, de sobornos, de delitos, de ridículas poses ante la galería de los que hoy son designados como nuestros notables. La barbarie del atentado contra la AMIA, el hambre de nuestros niños, la pobreza de la mitad de los hogares argentinos, la situación de las escuelas públicas y de nuestros hospitales, la burla de la sociedad de trabajo, todo pertenece al mismo panorama: a la deshonra de sus gobernantes, a la deshonestidad de sus cuerpos represivos que tendrían que servir al orden y a la justicia. Todo se subsumió en la Argentina de los que poseen los poderes. Nuestro destino como nación y la decencia argentina no se soluciona con Don Torcuato, sino -y en primer lugar- esclareciendo definitivamente la agresión bárbara contra la AMIA, que ha sido el peor ataque a la honorabilidad de estas tierras y sus habitantes. Queridos amigos: no nos dejemos caer en el deshonor del olvido. Sigamos luchando por borrar la mancha que cubre el espíritu argentino. No dejemos tranquilos a los asesinos. Persigámoslos todos los días en sus madrigueras blindadas y protegidas por el ambiente mafioso. No nos conformemos con el juicio a los pequeños serviles de manos ensangrentados y bolsillos asegurados. Lleguemos a quienes tramaron, prepararon y fueron solícitos cumplidores de la cobarde agresión. Hagámoslo por la memoria de las queridas víctimas de la AMIA y por nuestra propia dignidad. Muchas gracias.


LUNES 20 DE AGOSTO DE 2001

Alejandro Hartman - Cineasta

Buenos días. Me cuesta hablar acá. Primero que nada, me recuerdo el momento en que fue el tremendo atentado, el de la AMIA, que fue el que quizás yo tomé más conciencia de todo esto. Y porqué me acordaba, porque hacía no mucho tiempo yo había ido a la AMIA a averiguar si la tumba de mis abuelos había sido profanada o no en un cementerio. Creo que esa fue la única vez que fui a la AMIA, y me había impactado mucho estar ahí por lo que estaba haciendo. Entonces, definitivamente el atentado fue como una descarga encima, muy tremenda. Lo sentí como una bomba encima mío. Pero hoy pensaba de que hablar, y quizás porque tuve un hijo hace bastante poco y pienso en los nenes, en la ingenuidad, en lo que es crecer y en todo eso, y me venían a la mente una serie de ingenuidades y cosas en las que yo creía mientras era chico y ahora mientras voy creciendo se me van yendo y descreo cada vez más. Me acuerdo, por ejemplo, cuando era chico, una de las cosas de las que hablaba, decía, en este país nunca hubo una guerra, Argentina nunca estuvo en guerra. Y de repente cuando empezaba a no ser tan chico, había una guerra. Cuando era adolescente, salía de noche y decía: que ciudad más segura, que lugar más seguro para vivir, Buenos Aires. Inclusive cuando hablaba con gente de otros países le contaba eso, que buena ciudad. Y bueno, crezco y de repente no es más así eso. Y también otra de mis ingenuidades era que (yo era muy chico en los setenta) hay democracia, vino la democracia, está para quedarse, podemos vivir en paz, no hay antisemitismo. Y de repente si había antisemitismo, y si había la profanación de las tumbas y si había dos atentados tremendos. Y hoy día, la verdad es que me cuesta mucho crecer. Y tengo un hijo y me gustaría hacerlo crecer de otra manera. Entonces en que tengo que creer? Creo que yo y todos tenemos que creer en que tenemos que encontrar a los responsables de esto. Tienen que aparecer, tienen que tener su castigo. Y que eso que está ahí tapado -hace mucho que paso por acá y está tapado-, no se que hay atrás, las Tablas de la Ley no están. Y quizás es un acto de sinceridad que no estén, no se bien como leerlo. Bueno eso es todo, y hay que seguir luchando. Gracias.


Alumnos Escuela de Madrijim de la Sociedad Hebraica Argentina.

Parte de mi identidad es todo lo que fui adquiriendo en el transcurso de mi vida, a través de mis padres, de lo que me enseñaron en la escuela, de mis amigos. Desde chiquito aprendí, prematuramente, el significado de la palabra injusticia, porque era inevitable. Era inevitable no toparme con los palotes a la salida del colegio, no confundirme al ver tantos chicos pidiendo plata en la calle, cuando me enseñaron que todos tenemos los mismos derechos. Tenía muchas preguntas, pero nadie parecía saber responderlas. Otra parte de mi identidad, lo que según mi criterio elijo para mi presente y mi futuro, son las ideas que voy formando a medida que crezco. Hoy, son mis ideales los cuales ame dan confianza y fuerza para defender lo que creo justo. Conservo aún las preguntas que surgieron en mi infancia, y que resultaron ser parte de mi formación, de las cuales recibí algunas respuestas que no llegaron a conformarme. A nosotros, como jóvenes de la Escuela de Madrijim de la Sociedad Hebraica Argentina, estas respuestas nos generan nuevas inquietudes, las que nos llevan a que sea parte de nuestra identidad el estar hoy aquí presentes, en la Plaza de la Memoria y de la Identidad, representando lo que creemos justo. Gracias


Isidoro Vegh - Psicoanalista.

Buenos días. Estoy conmovido, como supongo que todos ustedes, escuchando una vez más el shofar que escuché desde muy niño. Podría, junto a ustedes, proponerles elevar una plegaria, se que hizo y estaría bien. Sería un modo de volver a reunirnos con los que hoy ya no están. Podría también invitarlos a acompañarme mientras leo un poema que dijera de nuestro horror, de nuestro dolor, de nuestros anhelos. Se que se hizo, podría hacerlo, y estaría bien. Reclamo junto a ustedes justicia. Que la justicia avance por el carril de la verdad. Se que se hizo, lo estoy haciendo, y está bien. Pero además quiero decirles algo de lo que mi práctica cotidiana como psicoanalista me enseña, como a cualquier psicoanalista desde hace 100 años. Nuestra práctica nos enseña cotidianamente, que los seres humanos, nos guste o no nos guste, estamos todos habitados por lo mejor, pero también por lo peor. Hay quienes, como los que aquí estamos, y por suerte muchos otros, para quienes lo mejor va a salir enlazando, acotando a lo peor, lo mejor va a triunfar, aún en las peores circunstancias. En el otro extremo están aquellos que aún en las mejores circunstancias, no dudarán desde la mañana a la noche, en pensar o ver y hacer lo peor. El problema es que entre esos dos polos, hay una inmensa mayoría habitada por lo mejor y lo peor, y que, el resultado de lo que emerja va a depender de cómo se enhebren los lazos sociales. Es esto lo que me lleva con todo gusto, a participar en esta Memoria Activa. Primero para reclamar, como recién se dijo, por una justicia que todavía aguardamos. Pero es mucho más que eso. Fue una bomba, y luego fue otra bomba, y memoramos muchas bombas, y podemos predecir otras si es que no ejercemos esta Memoria Activa. Activa, que quiere decir? Que nosotros no respondemos a una bomba con otra bomba. Sería desdecir nuestra ética, lo que este shofar nos recuerda. Nosotros estamos marcados por una palabra en hebreo que se dice: lejaim, vida. Y luchamos por una vida acorde con la justicia. Y cómo la promovemos? Con una Memoria Activa. Haciendo de tal modo imposible, para aquellos que tiran bombas, que puedan volver a hacerlo. Eso es lo que me mueve a estar hoy acá, junto a ustedes y a decir: adelante, nuestra lucha no cesa. Seguiremos siempre en Memoria Activa. Gracias.


LUNES 27 DE AGOSTO DE 2001

Daniel Godlman - Rabino Comunidad Bet-El.

Un amigo antes me decía si saqué abono para hablar aquí, y yo pensaba que siempre que Memoria Activa me pida, yo voy a estar acá. Siempre que Memoria Activa me pida que yo hable, que yo de mi testimonio y que yo pueda responder con mi acción, siempre voy a estar acá. Y después de escucharla a Vera, de quién yo me siento una especie de hijo y un alumno, para mí es un honor hablar después de Vera; y también dar testimonio frente a alguien a quien yo quiero mucho y que está de paso acá en la Argentina, Claudia Kreiman, que es la hija de mi querida amiga Susy Kreiman, y que muchas veces fue inspiración para mí en la lucha, en la humilde lucha que yo llevo de acuerdo con la tradición judía. Y como no tengo inmunidad ni diplomática ni de otro tipo, ni parlamentaria; yo todo lo que digo en esta plaza siempre lo escribo. Las palabras de nuestros maestros muchas veces nos ruborizan creyendo que nuestras manifestaciones, nuestras expresiones o nuestras ideas son inéditas, y en realidad es como dice el Eclasiastés, "no hay nada nuevo bajo el sol". Y el Talmud nos dice: "si ves una generación sobre la cual hay muchos golpes y abatimientos, debes fijarte y examinar a sus jueces, que son los responsables". Por eso la lectura de la Torá que corresponde al Sábado que pasó, nuevamente nos vuelve a ruborizar con su frase "tzedek, tzedek tirdof"; justicia, justicia perseguirás! Esta reiteración de la justicia como sensación de algo que martilla nuestras almas es interpretada de manera insistente, diciendo que el texto bíblico repite dos veces la palabra "justicia", a partir de la idea que la justicia misma debe ser impartida por una corte justa. Pero tal vez la pregunta que queda flotando en el aire sea: ¿cómo se consigue esa corte justa? Porque, saben lo que dice el propio Talmud? "Los jueces se parecen a su pueblo". "Los jueces se parecen a su pueblo". Será verdad esto? O sea que la culpabilidad está colocada en la imagen de los jueces, pero la responsabilidad por la educación de sus valores está sustentada por los valores de la sociedad. Y fíjense que interesante: detrás de esta impactante frase de "tzedek, tzedek tirdof", aparece un caso extraño y misterioso que en forma de ritual describe la Torá y que a los sabios de cada generación los costó comprender: Cuando el Pueblo de Israel ingresa a la Tierra Prometida y funda sus nuevas ciudades, sus nuevos barrios, de repente en el medio de la tierra, cuenta el texto que puede aparecer un hombre muerto. Nadie sabe como murió, o siquiera si alguien lo mató. Entonces frente a ese hombre muerto, la biblia ordena que los jueces y los jefes deben medir la distancia que existe entre la víctima y los barrios que rodean al muerto. Y determinarán cual es el barrio más próximo al hombre muerto. Entonces los líderes de ese barrio van a traer un animal para ofrecerlo en sacrificio. Y en ese momento "los ancianos" lavarán sus manos con agua de arroyo y dirán públicamente: "nuestras manos no han derramado esa sangre y nuestros ojos no han visto nada". Extraño ritual, extraña declaración: "nuestras manos no han derramado esa sangre y nuestros ojos no han visto nada". Los rabinos del Talmud perplejos ante toda esta escena que relata la biblia se preguntaban: ¿Porqué los ancianos, los hombres más honorables y respetados de la comunidad, sobre quienes se supone que no hay sospecha alguna debían exclamar esta declaración de inocencia? ¿Quién los acusa de la muerta? ¿Quién se los imaginaba sospechosos de un terrible acto de asesinato? ¿Para qué debían los ancianos lavarse las manos, si en realidad era casi imposible imaginarse que ellos pudiesen cometer un acto de tamaña inmoralidad? Es ahí mismo donde los sabios talmúdicos nos dan una pista para comprender el porqué de esta declaración. Lo que los ancianos dicen públicamente, no es una declaración de inocencia ante la sospecha de una muerte o un crimen, es algo mucho más profundo, mucho más impactante. Ellos, como líderes no se lavan las manos -literalmente- diciendo que no tienen nada que ver, sino que declaran que "no hubo contribución negligente por parte de ellos, que no hubo omisión cuando eventualmente podían haber evitado la muerte". Al decir "no hemos visto" están manifestando que jamás han visto a un hombre desolado después de una bomba, abandonado, sino le hubiesen ofrecido ayuda y protección. Los ancianos, que en este caso representan el símbolo de responsabilidad y garantía de los valores en la sociedad, están obligados a asegurar a todo el pueblo que ellos hicieron "todo" lo posible para prevenir la tragedia y que no se lavan las manos por su negligencia. Y de hecho, si no hubiesen previsto lo que estaba ocurriendo, no hubiesen sido solamente responsables, sino fundamentalmente culpables. La enseñanza es clara: nada de lo que pasa en la sociedad puede ser ajena a la sociedad, ni la muerte, ni la elección de jueces: porque hay una responsabilidad moral ante aquellas cosas que, aparentemente distantes, tenemos el poder de prever y no lo hacemos. Frente al dolor del otro, hay una responsabilidad propia. Conocimos durante los últimos años de historia a tantos supuestos líderes, que siendo testigos dijeron: "Nuestras manos no han derramado esa sangre".: son mentirosos, ladrones e hipócritas. ¿Estarán esos líderes sentados ahora dentro de un mes en el supuesto juicio oral? O como en tantos momentos de la Argentina, conseguirán escabullirse y se lavarán las manos? Theodor Adorno, el gran poeta nos enseñó que: "todo lo que se necesita para que la injusticia triunfe es buena gente que no haga nada".


Vera Jarash - Madre de Plaza de Mayo - Fundación Memoria Histórica y Social Argentina - Periodista.

Buenos días a todos. Por supuesto me voy a referir a la memoria. Hace pocos días estuve hablando aquí, en Buenos Aires, con un historiador italiano que se llama Bruno Groppo y es un profesor que enseña en la Sorbona de París, y viene muy a menudo a la Argentina. Él ha hecho estudios sobre el antifascismo y recientemente se ha ocupado de este tema que es la imposibilidad del olvido, cuando se trata de crímenes de lesa humanidad y de hechos horrorosos del pasado. Estos hechos, por más tiempo que pasa, pueden pasar 20, 40, 60 años, y vuelven a golpear fuertemente, exigiendo entrar en la memoria colectiva. Groppo recordaba al respecto, daba algunos ejemplos de que este destape traía de vuelta a la atención de todos, no solamente los crímenes, sino las complicidades, y también las indiferencias, que son muchas veces culposas. Y daba los ejemplos de Alemania, el genocidio de la Shoa, del régimen de Vichy, e inclusive refiriéndose a Francia, a los hechos de Argelia. Decía que así se destapaban viejas vergüenzas, y todos estos hechos volvían a entrar en discusión y en reflexión. En algunos casos traían inclusive justicia, tardía, pero justicia al fin. Recientemente también he oído hablar muchas veces, está de moda en la Argentina, la memoria. La palabra moda no se si es la más adecuada, pero es cierto, es cierto que desde hace un par de años por lo menos, hay mucho más empeño en la memoria, y esto creo que es muy, muy importante, para que no se repitan estas historia terribles. De hecho hay muchas organizaciones, muchas entidades que tienen a la memoria como su objetivo principal, ustedes, nosotros, somos un ejemplo de ellos; la fundación a la que yo pertenezco, que nació unos años después de caída la dictadura, y que creo que fue la primera en apuntar y apostar a la función de la memoria, sin por ello abdicar y dejar de lado la lucha por la verdad y la justicia. Una lucha en la que estaban empeñados y comprometidos todos sus miembros, desde la época en que el terrorismo de estado secuestraba, torturaba, mataba, desaparecía a miles de seres humanos, entre los cuales nuestros familiares. Además surgieron otras entidades, siempre con el tema de la memoria como objetivo, junto a los otros de lucha por la verdad y la justicia. Yo creo que un buen ejemplo es Memoria Activa, que todos los lunes, desde hace años, está siempre acá, parada ante estos tribunales de la injusticia, exigiendo verdad y que se haga justicia. Nuestra fundación y todos nosotros que estamos en los organismos de derechos humanos, confiábamos en que nuestro trabajo iba a lograr el "Nunca Más". Desgraciadamente, no fue así. Las bombas de la Embajada de Israel y de la AMIA, demuestran que lamentablemente no podemos confiar mucho cuando hay impunidad. La impunidad que existe en la Argentina, es una demostración de que los hechos se pueden repetir o darse hechos semejantes. Como bien decía Primo Levy, lo que pasó una vez puede volver a suceder. Sin embargo, creo y creemos muchos de nosotros que hay siempre rendijas de esperanza, en que a través de nuestra actividad, de nuestro activismo, de ser militantes de la memoria, se pueda lograr que el pueblo tome una verdadera conciencia de lo que ha pasado, y de lo que puede pasar, y afine sus antenas para poder sintonizar a tiempo cuando hay peligro, cuando hay síntomas, cuando hay circunstancias de concreto peligro. Quiero recordarles hoy y aquí, si ustedes me lo permiten, que dentro de pocos días, el 4 de septiembre, llega aquí una comisión desde Israel, para ocuparse de recoger testimonios -ya lo está haciendo en parte- sobre los casos de nuestros desaparecidos judíos. Esto es bastante el fruto de la actividad de una asociación que se creó no hace mucho con esta finalidad de traer de nuevo la verdad sobre los hechos que ocurrieron sobre los 2.000 casos de los desaparecidos judíos, que no fueron secuestrados probablemente por ser judíos, pero que si fueron tratados en forma especial por serlo, ya que hay testimonios de sobrevivientes de que así fue. Hay 21 casos de niños que fueron sustraídos a sus madres judías después de partos ocurridos en cautiverio. Las Abuelas los están buscando, incansablemente, y confiando en lograr que recuperen su identidad. De esta venida de la Comisión, y de lo que se pueda hacer en el futuro, esperamos poder, no solamente recuperar la verdad, lograr justicia -de ser posible-, y también de ser posible recuperar los restos de nuestros seres queridos para constatar la muerte y dar sepultura -los religiosos según los ritos judíos y los no religiosos también necesitan lo mismo, algún rito, alguna ceremonia- y esa constatación que se necesaria, lo demuestran todas las culturas desde tiempos inmemoriales. También como acá damos testimonios personales, quiero decirles que yo soy una judía italiana, a los 11 años vine a la Argentina con mis familiares, con mi familia, que eligió la hospitalidad argentina, huyendo de las persecuciones racistas del fascismo de Mussolini. Tenía un maravilloso abuelo que fue deportado y murió en Aushwitz y muchos años después, mi única hija, también maravillosa, muy querida por todos, tuvo un destino similar en argentina. Son historias en cierta medida paralela, son historias circulares. Y hay muchas familias que tienen historias así, circulares. De hecho hay sobrevivientes de Aushwitz en la argentina que han perdido también sus hijos, que son desaparecidos. Bueno, yo rindo homenaje a Memoria Activa, porque realmente son ejemplares en su perseverancia cívica y ética de estar aquí pidiendo constantemente verdad y justicia. Y además quisiera en recuerdo y en homenaje a tantas víctimas de la AMIA, las de la Embajada de Israel y las de nuestros desaparecidos que nos empeñemos, apostemos a seguir en esta lucha, pero también apostemos a la vida, apostemos a que se logre un mundo mejor, un mundo de paz y de justicia, un mundo de democracia afianzada, de libertad, y de recuperar la dignidad para todos. Así que brindemos a la vida: Lejaim. Nada más.


LUNES 6 DE AGOSTO DE 2001 LUNES 13 DE AGOSTO DE 2001
LUNES 20 DE AGOSTO DE 2001 LUNES 27 DE AGOSTO DE 2001