DISCURSOS DEL 3 DE SEPTIEMBRE

Bernardo Gruman - Ciudadano de la plaza.

Buen día. Estimados amigos: Desde hace mucho tiempo, tenía el deseo de expresar mi solidaridad con Memoria Activa. Hoy lo hago de viva voz, en la seguridad y la convicción de representar a muchos ciudadanos aquí presentes como así también a las mujeres y hombres ausentes que comulgan con nuestras ideas y luchan, algunos desde el anonimato, contra la impunidad y corrupción. A 372 semanas de la masacre de la AMIA y antes de la Embajada de Israel, todavía no se han encontrado a los criminales y sus instigadores. Lo que se han desviado, con mucha intención las pistas que eventualmente podrían haber llevado a un posible esclarecimiento. Yo soy un inmigrante salvado de la Shoa. Soy por tradición judío (no ortodoxo), soy por nacimiento polaco (nací en Varsovia), soy por nostalgia francés (hice mis estudios en París) y soy por adopción argentino. Llegué a este entonces bendito país a los 12 años de edad. Ahora tengo 78 años con hijos, nietas y un bisnieto argentinos. Al arribar yo no sabía hablar castellano. Lo aprendí fácilmente y, cosa curiosa, saben quién me ayudaba a hacer los deberes? Cáiganse de espaldas: el vigilante de la esquina. Esto ocurrió en el barrio de Villa Crespo. Menciono este detalle, comparándolo por ejemplo con la policía bonaerense de ahora. Como ven es una diferencia del día a la noche. Mi esposa es judía checa y también ella se salvó de la Shoa. Toda mi familia o más bien gran parte de ella, abuelos, tíos, primos y demás familiares murieron en las cámaras de gas. Todos eran judíos polacos. En cambio, mis tíos y primos que vivían en Francia se salvaron, dado que actuaban en la Resistencia francesa y desde los bosques luchaban como partisanos contra la bestia nazi. Debido al antisimitismo reinante en Polonia, mis padres escaparon a Francia, el país de la gran Revolución de 1789, gran defensor de los derechos humanos, cuyo escudo reza: Libertad, igualdad, Fraternidad!! También ahí nos discriminaban. Cuando tenía seis años, mis compañeros en el colegio del estado, me insultaban sin haber hecho yo provocación alguna. "Judío sucio", me decían. Como ser en castellano "judío de mierda". Ello afianzó más mi dignidad de hombre judío y me dije entonces: Bérele o Bernardito, no te doblegues, ten siempre la frente alta, porque judíos fueron tus antepasados que sufrieron más que vos por los pogroms en la época de los zares en Rusia, como asimismo en Polonia, antes por las Cruzadas, por la Inquisición y otros hechos atroces, hasta llegar a la Shoa donde los nazis masacraron a seis millones de judíos entre los cuales se encontraban un millón quinientos mil niños. Debo agregar además, que durante la dictadura militar, en el año 1976, fui amenazado por el solo hecho de ser judío, avisándome en una carta que próximamente iba a ser "boleta". Esa circunstancia, nos obligó a mi compañera y a mí a expatriarnos. Por todo lo que acabo de mencionar y mucho más, soy un miembro solidario de Memoria Activa. Todos los lunes, llueva o truene, digo presente: desde el momento en que la AMIA sufrió esa explosión con la tristemente famosa Trafic. Yo casualmente me salvé, por cuanto hacía solamente 5 minutos antes había concurrido a la AMIA para hacer un trámite. Agradezco profundamente a los organizadores de los actos de Memoria Activa, por haberme permitido expresar mis vivencias, sentimientos e inquietudes como un ciudadano mas de la plaza y, reitero, esencialmente contra la impunidad. Sólo espero que se haga justicia. Como corolario, les voy a leer dos poemas míos. Uno que escribí hace 60 años aproximadamente que se titula "Libertad", y el otro "Máximas para mis hijos", escrito en el año 1969.

LIBERTAD: Todos los hombres deben siempre tener Presente lo que significa la dignidad y El honor de ser libres. La libertad es fruto de una lucha Continua desde la creación humana. La libertad solo se consigue con tesón Y perseverancia. Hay hombres que se creen superiores: Son los pedantes. Hay hombres que se creen inferiores: Son los temerosos. Vivir libre, es respirar a pleno pulmón. MAXIMAS PARA MIS HIJOS: Quisiera ser... ¡Despierta tus sentidos dormidos! Muéstrate a ti mismo tus capacidades. Ten fe y confianza. Descarta los pensamientos dubitativos. Eres joven aún. Tus posibilidades múltiples son. No debes desaprovecharlas. Decisión, voluntad, ahínco. No más pleitesías ni honores Para aquellos que creen ser Supremos por sus dineros!! Su padre, año 1969. Para mis hijas mellizas Elena y Diana y para mi hijo Héctor de 19 y 16 años respectivamente. Muchas gracias.


Oscar Raúl Cardoso - Periodista.

Es esta, creo, estoy en conflicto con la memoria, la tercera o cuarta vez que Memoria Activa ha tenido la gentileza de invitarme a prestar el testimonio. Y siendo así, y teniendo en cuenta las más de 300 semanas que nos separan del hecho que motiva esta presencia, les debo confesar que cuando venía para acá, yo miraba, pensaba lo que les iba a decir, organizar las ideas, sintiendo el vértigo de la originalidad. No para parecer distinto, ni más ni menos inteligente que los otros oradores que han estado en esta plaza, sino para decir algo que sirva. Que en verdad esta presencia alguien viéndola con ironía o con cinismo, puede considerarla tautológica. Una repetición innecesaria. Reflexionando sobre esto, me hizo ver que lo importante no es lo nuevo que se diga en estas circunstancias, sino acumular diciendo lo mismo. Reclamando la justicia que, como conocemos del origen de los tiempos, en la filosofía occidental, los filósofos decían (Platón, Aristóteles, y aún antes que ellos), definían la buena vida. La vida que merece ser vivida. No como una buena vida como acumulación de cosas materiales o circunstancias de comodidad, sino aquella que justificaba. Que hace que el hombre se pueda mirar -hoy en un espejo, antes en aguas quietas- ver su rostro y decir: hay una razón para que yo esté aquí. Sin justicia no hay ninguna razón para que ninguno estemos aquí. La justicia, en el caso que nos ocupa en esta manifestación, en estos lunes de Memoria Activa, es saber que hasta tanto no tengamos la verdad, no la conozcamos, vamos a tener nuestra memoria, pero más grave aún, nuestro futuro comprometido. Sin respuesta a los interrogantes, sin justicia, sin (como dijeron los que me precedieron) un juicio justo, no hay futuro de libertad para la sociedad argentina. Digo bien, para toda la sociedad argentina, no sólo para la comunidad judía, para toda la sociedad argentina, ese futuro y también su memoria, su recuerdo, está comprometido por la mentira. De modo tal, que aunque solo sea una redundancia, lo único que puedo aportar como testimonio, es sumarme a ese reclamo de justicia. Muchas gracias.


DISCURSOS DEL 10 DE SEPTIEMBRE DE 2001

Álvaro Abós - Escritor - Periodista. Buenos días. A requerimiento de Memoria Activa, vengo a dar mi testimonio a este lugar donde tantos me han precedido, para expresar que como argentino y como escritor, me duele el crimen cometido en la AMIA el 18 de julio de 1994, como si hubiera sucedido ayer. Dentro de pocos días, comenzará en este lugar un proceso que seguramente no nos contentará, porque la impunidad de los criminales persiste y uno de los tantos desamparos a los que nos arrojó el crimen continúa mortificándonos en la Argentina: me refiero a la sensación de que quienes deberían cuidarnos, son nuestros enemigos. A este mismo edificio vino el lunes 22 de julio de 1985 Jorge Luis Borges, para escuchar una sesión del juicio a los militares genocidas. Al salir, declarándose escéptico, dijo: "descreo de castigos y premios, como descreo del infierno y del cielo". Pero agregó: "sin embargo, no condenar el crimen sería fomentar la impunidad y convertirse en su cómplice". Sabemos que la justicia no es de este mundo, y que la justicia y el estado de este país están degradados, pero también sabemos que debemos reclamarlas sin pausa, porque cada esfuerzo que hagamos para restaurar la utopía de un orden justo es una victoria contra la impotencia y el desánimo. Otro escritor, Primo Levi, que sobrevivió a un campo de concentración, decía que él no podía comprender el odio nazi -quizás en ese caso, comprender era justificar- pero podía esforzarse en comprender "de dónde nacía ese odio". Hay una cualidad preciosa en la vida de los seres humanos, y de las sociedades que es la perseverancia, la paciencia, la "ardiente paciencia", como la llamaba un poeta. Por eso, cada vez que caen una mujer o un hombre inermes, como sucedió en AMIA, caemos todos y la civilización retrocede; pero cada vez que alguien vence el miedo y la inercia, cada vez que se recuerda y se reclama justicia, aún con un gesto pequeño y cotidiano, todos ganamos una gran batalla. Es por estas y otras muchas razones que traigo en este lunes 10 de septiembre de 2001, el testimonio de mi dolor y también el de mi homenaje, agradecimiento y admiración a Memoria Activa, por esta "ardiente paciencia" para librar cada día, un combate por la dignidad de todos nosotros. Gracias. 10-09-01 Dr. Abel Fainstein - Psicoanalista. Años atrás, en los pasillos de la institución que hoy presido, la APA, conocí a "Chiesa y Galarraga", nuestros imprenteros. Yo era el Director del Centro de extensión comunitaria y tuve la oportunidad de trabajar con ellos en relación a nuestras impresiones institucionales. Su trato me llevó a encargarles luego mi propia papelería. Me parecieron buena gente. El 18 de julio de 1994 estando atendiendo en mi consultorio, a pocas, pero no tan pocas cuadras de aquí, escuché el estruendo de lo que luego supe fue el atentado a la AMIA. Fue brutal. Era obvio que algo grave había pasado. El impacto fue también brutal cuando me enteré de lo sucedido. Eran muchas vidas perdidas, pero no solo eso. Junto al atentado a la Embajada de Israel, lo ocurrido dinamitaba también, mi lugar en el mundo, el país donde nací y al que tengo la sensación de haber nacido queriendo: la Argentina. Provengo de gauchos judíos. Disfruté de la Escuela Bialik de Villa Devoto cada tarde durante el jardín de infantes y la escuela primaria judía. Pertenezco a una familia tradicionalmente judía. Tengo a mi padre, abuelos y familiares cercanos enterrados en cementerios judíos. La AMIA es parte de nuestro patrimonio comunitario y cultural, y el edificio de Pasteur era un referente obligado cuando decíamos AMIA. Algo de todo eso cayó entre los escombros. Pese a que las personas muertas no eran de mi conocimiento directo, teníamos mucho en común en esas circunstancias. Aún los transeúntes ocasionales de la calle Pasteur o los obreros que trabajaban en el edificio. Sin embargo cuando a las pocas horas me enteré que Galarraga estaba entre los muertos, sentí un nuevo impacto. El que se tratara de alguien con quien había tenido trato directo me acercaba aún más a la tragedia y a los familiares y amigos de las víctimas. Por este motivo agradecí hace tiempo atrás el llamado de Humberto Chiesa para que hablara en estas reuniones. Me permitiría decir algo de esto que hoy comparto con ustedes. Sin embargo, el encuentro recién se concreta hoy por invitación de un colega que acercó mi nombre, y debo entonces a ustedes un nuevo agradecimiento por poder dar aquí mi testimonio. Un testimonio que incluye al del grupo de colegas de la APA que después del atentado y en conjunto con el Hospital de Clínicas José de San Martín, atentimos a los damnificados y sus familias trabajando para evitar su victimización, y que desde entonces funciona en nuestra institución para estudiar los efectos de la realidad social y en especial de la violencia social sobre el psiquismo. Sabemos de las implicancias de dar testimonio en el contexcto individual y social. Sobre todo cuando la inseguridad jurídica favorece la sensación de desamparo. Dar testimonio ordena el tiempo y el espacio, haciendo posible el proceso de elaboración. Ayuda al ejercicio activo de la memoria, y por consiguiente, también a la construcción del imaginario social. En lo personal es una forma de elaboración, de implicarse en lo sucedido, que como escribió Joe Goldman, es lo contrario a olvidar, esconderse o no comprometerse. Es además el resultado de un proceso de elaboración y como tal, requiere de un tiempo previo de trabajo psíquico. Quizá el tiempo que medió entre el primer llamado de Humberto Chiesa y el día de hoy, y que no fue poco. Dar testimonio permite reconocerse, pasar a ser protagonista activo de la historia en vez de quedar en el lugar fijo de damnificado, o pero aún, de víctima. Sabemos que esto último además de compromete nuestro bienestar, favorece el volvernos depositarios de aspectos renegados por el resto de la sociedad, con el consiguiente perjuicio para el devenir del conjunto de la misma. Como psicoanalistas, sabemos de la acción de la realidad social sobre el psiquismo, ya sea estructurándolo o desestructurándolo. También de los efectos nocivos de desmentir sus efectos. De esto, y por esto, vengo a dar testimonio ante ustedes. Jorge Semprun, víctima del holocausto y de diferentes totalitarismos, nos ha enseñado estas cosas en "La escritura o la vida". Fue el orador inaugural del reciente Congreso Psicoanalítico Internacional, y habló allí parafraseando a Freud en "El porvenir de una ilusión " de: "la ilusión de un porvenir". Apostamos a ello cuando estamos aquí ofreciendo nuestros testimonios y reclamando justicia. Muchas gracias.


Dr. Abel Fainstein - Psicoanalista.

Años atrás, en los pasillos de la institución que hoy presido, la APA, conocí a "Chiesa y Galarraga", nuestros imprenteros. Yo era el Director del Centro de extensión comunitaria y tuve la oportunidad de trabajar con ellos en relación a nuestras impresiones institucionales. Su trato me llevó a encargarles luego mi propia papelería. Me parecieron buena gente. El 18 de julio de 1994 estando atendiendo en mi consultorio, a pocas, pero no tan pocas cuadras de aquí, escuché el estruendo de lo que luego supe fue el atentado a la AMIA. Fue brutal. Era obvio que algo grave había pasado. El impacto fue también brutal cuando me enteré de lo sucedido. Eran muchas vidas perdidas, pero no solo eso. Junto al atentado a la Embajada de Israel, lo ocurrido dinamitaba también, mi lugar en el mundo, el país donde nací y al que tengo la sensación de haber nacido queriendo: la Argentina. Provengo de gauchos judíos. Disfruté de la Escuela Bialik de Villa Devoto cada tarde durante el jardín de infantes y la escuela primaria judía. Pertenezco a una familia tradicionalmente judía. Tengo a mi padre, abuelos y familiares cercanos enterrados en cementerios judíos. La AMIA es parte de nuestro patrimonio comunitario y cultural, y el edificio de Pasteur era un referente obligado cuando decíamos AMIA. Algo de todo eso cayó entre los escombros. Pese a que las personas muertas no eran de mi conocimiento directo, teníamos mucho en común en esas circunstancias. Aún los transeúntes ocasionales de la calle Pasteur o los obreros que trabajaban en el edificio. Sin embargo cuando a las pocas horas me enteré que Galarraga estaba entre los muertos, sentí un nuevo impacto. El que se tratara de alguien con quien había tenido trato directo me acercaba aún más a la tragedia y a los familiares y amigos de las víctimas. Por este motivo agradecí hace tiempo atrás el llamado de Humberto Chiesa para que hablara en estas reuniones. Me permitiría decir algo de esto que hoy comparto con ustedes. Sin embargo, el encuentro recién se concreta hoy por invitación de un colega que acercó mi nombre, y debo entonces a ustedes un nuevo agradecimiento por poder dar aquí mi testimonio. Un testimonio que incluye al del grupo de colegas de la APA que después del atentado y en conjunto con el Hospital de Clínicas José de San Martín, atentimos a los damnificados y sus familias trabajando para evitar su victimización, y que desde entonces funciona en nuestra institución para estudiar los efectos de la realidad social y en especial de la violencia social sobre el psiquismo. Sabemos de las implicancias de dar testimonio en el contexcto individual y social. Sobre todo cuando la inseguridad jurídica favorece la sensación de desamparo. Dar testimonio ordena el tiempo y el espacio, haciendo posible el proceso de elaboración. Ayuda al ejercicio activo de la memoria, y por consiguiente, también a la construcción del imaginario social. En lo personal es una forma de elaboración, de implicarse en lo sucedido, que como escribió Joe Goldman, es lo contrario a olvidar, esconderse o no comprometerse. Es además el resultado de un proceso de elaboración y como tal, requiere de un tiempo previo de trabajo psíquico. Quizá el tiempo que medió entre el primer llamado de Humberto Chiesa y el día de hoy, y que no fue poco. Dar testimonio permite reconocerse, pasar a ser protagonista activo de la historia en vez de quedar en el lugar fijo de damnificado, o pero aún, de víctima. Sabemos que esto último además de compromete nuestro bienestar, favorece el volvernos depositarios de aspectos renegados por el resto de la sociedad, con el consiguiente perjuicio para el devenir del conjunto de la misma. Como psicoanalistas, sabemos de la acción de la realidad social sobre el psiquismo, ya sea estructurándolo o desestructurándolo. También de los efectos nocivos de desmentir sus efectos. De esto, y por esto, vengo a dar testimonio ante ustedes. Jorge Semprun, víctima del holocausto y de diferentes totalitarismos, nos ha enseñado estas cosas en "La escritura o la vida". Fue el orador inaugural del reciente Congreso Psicoanalítico Internacional, y habló allí parafraseando a Freud en "El porvenir de una ilusión " de: "la ilusión de un porvenir". Apostamos a ello cuando estamos aquí ofreciendo nuestros testimonios y reclamando justicia. Muchas gracias.


Naomí Meyer - Fundadora de la Comunidad Bet-El.

Quería compartir con ustedes algunas palabras que escribió Marshall hace varios años. Estamos reunidos aquí porque tenemos memoria. ¿Y que es memoria? La memoria puede ser una prisión que encierre la creatividad del alma humana. La memoria puede estar en el dolor y la sangre que fluye de las heridas abiertas por mil latigazos. La memoria puede producir una parálisis que nos deje encadenados para siempre a antiguos tormentos o a luminosos sueños de gloria, sin escapatoria posible. La memoria es también la facultad del hombre de atesorar en recónditas zonas de su mente, aquellas sonrisas, miradas, lágrimas, sufrimientos y amor, que constituyen la celebración del pasado. La memoria puede ser la fuerza que impulsa al ser humano a nuevas dimensiones de vida y amor; hacia un nuevo futuro desconocido hasta ahora. La memoria es también un puente vital en el cual se fusionan pasado y presente, transformando el futuro, si uno puede encontrar la fortaleza necesaria para combatir con los poderes que quieren mantener el status-quo y esa insensibilidad que se disfraza de madurez y profundidad. La falta de memoria, encadena al hombre a la rueda sin fin del eterno retorno, donde "ein jadash tajat hashemesh", nada es nuevo bajo el sol, y donde escena tras escena de brutalidad, humanidad, sufrimiento, es repetida una y otra vez. La falta de memoria lleva al alma humana a vivir prisionera de un pasado condenado a la eterna repetición, en el cual sentimientos, emociones, frustraciones, errores y dolor, están destinados a ser repetidos, donde los árboles no tienen raíces, y donde la identidad es artificialmente fabricada. Estamos reunidos aquí, para recordar la falta de justicia. Es fácil olvidar... pero no olvidaremos! Es fácil estar callado... pero no nos callaremos! Es fácil ser insensible al dolor del hermano... pero no seremos insensibles y abriremos nuestros corazones. Ejerzamos nuestra memoria para que nunca más permitamos que persona o fuerza alguna tomen la ley en sus propias manos. Aseguremos la voluntad de la mayoría reafirmando los derechos de las minorías. Afrontemos con honestidad y profundidad la extraordinaria complejidad de los problemas que se nos presentan. Renunciemos a todo credo idólatra que nos haga caer en la magia y la mitología. Que nuestra memoria nos sirva de tal modo, que los sueños dorados del pasado, así como sus tormentos y dolores, puedan fundirse juntos en una democracia social flexible que sea capaz de responder a las exigencias del futuro. Si así lo hacemos, habremos respondido al pasado; estaremos respondiendo al momento; estaremos respondiendo al futuro. Está escrito en el libro de Devarim (30:19): "Convoco al cielo y a la tierra a testimoniar contra ti en este día. Ante ti he desplegado la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Por lo tanto, elige la Vida, que tú y tus hijos puedan vivir". "Ubajarta bajaim..." Escogd, pues la vida. Muchas gracias.


DISCURSOS DEL 17 DE SEPTIEMBRE DE 2001

Quique Churba - Memoria Activa

El martes 11 de septiembre, en horas de la mañana, volvimos a vivir el horror. Distintos escenario, el mismo horror. Otro vehículo suicida que impacta contra un blanco civil. Y más tarde otro, y otro, y un cuarto avión que parece no alcanzar el objetivo, pero sí la masacre fue cumplida. Un sin número de muertos. El mismo horror. Uno, cientos o miles de seres humanos, producen el mismo dolor. Otra vez la dantesca escena, los edificios que se desmoronan sobre la gente. Un chofer suicida, un piloto suicida. Los cuerpos mutilados, los desaparecidos, el olor a muerte. Los gritos del espanto vuelven a invadir el mundo. Nuestro mundo. Otro país, el mismo atentado. Nosotros, desde Memoria Activa, rechazamos el fanatismo terrorista, los fundamentalismos, y reivindicamos la vida. No nos alineamos con la venganza, sí con la búsqueda y el castigo a los culpables. Nosotros nos solidarizamos con los familiares de las víctimas de este inmensa tragedia. Desde la creación del hombre, la vida en el mundo es su condición más sagrada, y en este sentido, creemos en el derecho de los seres humanos sin distinción de raza, color, religión o condición social, a vivir. Este fue otro ataque a la humanidad. Una vez mas somos vulnerables. Lo repudiamos desde lo más profundo del ser. Estamos expuestos y la indiferencia con estas masacres es el caldo de cultivo de la impunidad. El único alineamiento que protege la vida es con la justicia y la verdad. En las masacres de la Embajada de Israel y de la AMIA, ambas investigaciones nos avergüenzan. Llevaron la impunidad a sus últimas consecuencias. Con una instrucción incompleta, no podemos esperar un juicio justo. El fracaso de la investigación después de 7 años, obliga a Memoria Activa a seguir creando las condiciones para que la ética y la justicia se pronuncien. Solo resta esperar que ante el horror compartido llegue nuestro mensaje como hace 374 lunes: "Justicia, justicia perseguirás, para que vivas"


Marcelo Polakoff - Seminarista

"Tojelet memushaja majalá lev", o sea "la esperanza que se demora enferma al corazón". Así dice el Rey Salomón en la Biblia, en el capítulo 13 del libro de los Proverbios. Enorme sabiduría comprimida en tan pocas palabras. Es que a condición de que no se la prolongue demasiado, de que no se desmesure su expectación, la esperanza es realmente buena. De hecho, además, es un síntoma de cambio, una sedienta pasión por un futuro más prometedor. Porque el que no espera, y no por eso desespera, es como si aceptara pasivamente la situación en la que se halla, sin pretender modificación o avance alguno. Sin embargo, la esperanza, como la memoria, es por definición activa. Por eso no existe esperanza desinteresada. Pero cuando, como dice la Biblia, la esperanza se demora, enferma el corazón. Y frente al octavo Rosh Hashaná desde el atentado a la AMIA, quienes estamos aquí lunes tras lunes, es evidente que tenemos el corazón enfermo. Y con los atentados del martes en Estados Unidos, más aún. Vivimos en un mundo que tiene el Occidente con poco fundamente y el Oriente con mucho fundamentalismo. Y estamos enfermos de ser espectadores de frases hechas, enfermos de tener que seguir repitiendo que la onda expansiva de cualquier atentado tiene que vivirse como propia, enfermos de seguir insistiendo en que la impunidad es la mejor garantía para un próximo desastre, y más aún, estamos enfermos de exigir lo que por derecho nos pertenece. Pues bendita sea nuestra enfermedad. Porque nos aleja de la indiferencia y de la apatía. Porque nos hace doler cuando a otros les duele, no importa cuán lejos se hallen. Porque nos hace partícipes necesarios de la lucha por un país mejor. Porque nos contagia pasión por la justicia. Y porque nos incuba asco por la impunidad. Rosh Hashaná, el año nuevo judío que comienza en este atardecer es también llamado Iom Hazikaron. Día del recuerdo. Y hoy volvemos a recordar a nuestros familiares y amigos asesinados. Rosh Hashaná también es llamado Iom Truá. Día del toque de shofar. Y seguimos tocando aún sin que aquí enfrente, en el palacio, se escuche. Enfermo del corazón por la esperanza demorada, como todos ustedes, como todos los lunes, cada vez que me voy de esta plaza, me siento más sano. Pero me voy a curar, nos vamos a curar todos, cuando llegue algún Rosh Hashaná que pueda ser con justicia, también llamado Iom Hadim, el Día del Juicio. Shaná Tová.


Laura Ginsberg

Otra vez el horror. Otra vez la masacre y la devastación. Otra vez el dolor, la angustia, la desolación, la pérdida definitiva y permanente a la vez. Otra vez el derecho a la vida de miles y miles de personas que caminaban, trabajaban o estudiaban herido de muerte violenta. Otra vez la voladura de la AMIA y la masacre de nuestros familiares en la calle Pasteur ante nuestros ojos. Otra vez las certezas oficiales que no se hicieron esperar. Como siempre, el cerebro de la criminalidad está afuera, lejos, inhallable, pero poderoso, como siempre. Otra vez carece de importancia el hecho que algunos de sus súbditos suicidas ya estaban en la mira del FBI desde hacía mucho tiempo y no se hizo nada al respecto. Otra vez carece de importancia alguna que los terroristas hubieran residido en territorio norteamericano, que se hubieran entrenado en territorio norteamericano, y que contaran con una consistente red de apoyo local integrada por una cantidad indeterminada de personas de filiación desconocida, también habitantes del suelo norteamericano. Otra vez la trampa perversa de ser parte de un conflicto bélico, detrás del cual De la Rúa ya se encolumnó cual obediente soldado en deuda, sin importarle que las voladuras de la embajada de Israel y la AMIA ocurrieron poco tiempo después de la intervención activa de su predecesor Menem en la guerra del Golfo. Hace meses atrás, el Secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, sabía de qué hablaba ante la Comisión de Defensa del Senado, cuando dijo: "El terrorismo forma parte del lado oscuro de la globalización. Es triste, pero es una de las consecuencias de hacer negocios en todo el mundo, negocios que nosotros, como norteamericanos, no dejaremos de hacer". Otra vez el derecho a la vida es ultrajado y las víctimas son y seguirán siendo la moneda de cambio de los intereses de los Estados que se dicen democráticos. Mientras los crímenes se siguen cometiendo, seguimos padeciendo la injusticia y la mentira institucionalizadas de industria nacional. Los De la Rúa y compañía no perdieron la oportunidad de parlotear acerca de su comprensión de la situación por la terrible experiencia vivida hace 7 y casi 10 años. Un capítulo aparte merece Galeano. Este juez experto se puso a disposición de las autoridades estadounidenses para colaborar con el esclarecimiento de los atentados. En efecto, Galeano podría poner en práctica su capacidad de negociación con los principales sospechosos, tal como lo hizo con Telleldín. Podría dar cátedra acerca de cómo se destruye y/o pierde evidencia de manera deliberada, de cómo se apremian testigos y de cómo se escribe un código de procedimientos para cada ocasión. Galeano podría poner en práctica su capacidad para lograr la sanción de leyes que garanticen los fines más siniestros. También estaría en condiciones de demostrar sus habilidades para hacer lobby con el establishment judío norteamericano, ya que algunas voces comentan que, en las oficinas de Melvyn Weiss, los Picasso alternan con una foto que el multimillonario comparte con el mismísimo Galeano. Es más, este juez que se ha dedicado más de 7 años de su vida profesional con exclusividad a encontrar los responsables de la voladura de la AMIA podría detallar los requisitos para montar un juicio oral y así vender una parodia de justicia. Pero no nos engañemos. Galeano no llegó hasta acá en soledad. Galeano es el articulador de una política de Estado imprescindible para que la propia estructura del Estado Nacional no tenga que sentarse en el banquillo de los acusados durante el juicio que comenzará el próximo lunes. Este juicio no es sinónimo de justicia. No será un juicio justo y como resultado del mismo no vamos a saber la verdad de lo que pasó. Los jueces del Tribunal Oral Federal Nº 3 siguen los pasos de Galeano. Ya resolvieron que la reconstrucción no la van a hacer y que el juicio no se va a transmitir por televisión para quitarle la trascendencia nacional e internacional que tiene. Nos rechazaron testigos que no son menores como Corach, Di Tella, Hugo Franco, Itzhak Aviran y los empleados del juzgado de Galeano por "super abundantes", como si hubiera "muchos" ministros del Interior o de Relaciones Exteriores, o "muchos" jefes de la Dirección Nacional de Migraciones, o "muchos" empleados del juzgado que conozcan el código propio que se escribió Galeano para instruir esta causa. Nuestra intervención en el juicio oral será determinante para denunciar todas las irregularidades que se cometan, a pesar de las advertencias de los abogados de DAIA y AMIA en el sentido que no permitirán "politizar" el juicio. Todos sabemos que este juicio pretende cerrar el tema, porque ni el Estado argentino, ni la dirigencia de la comunidad judía ni el Estado de Israel están dispuestos a sostenerlo abierto por más tiempo. Finalizado el juicio, no se habla más de la masacre de la AMIA. En nuestro país, los juicios, vienen a cerrar la impunidad de los crímenes, mientras que los gobiernos - Menem o De la Rúa- intentan venderle al resto del mundo que en Argentina hay "justicia". Otra vez volverán a fracasar.


Tomás Abraham - Filósofo.

Por primera vez en mi vida he decidido visitar mi país natal, Rumania, y ver la ciudad en la que nací, Timisoara, y en la que nació mi padre, Sighisoara. Mis padres y yo dejamos Rumania en septiembre de 1948 y jamás volvimos. Les propuse volver, 53 años después, junto a mi mujer. Acabo de regresar. Nunca vi Sinagogas encadenadas. Jamás sospeché la sensación que se puede sentir ante candados que cuelgan en las puertas de templos cerrados. Nunca supe ni imaginé que es recorrer un cementerio abandonado mientras se busca una tumba y se rasga el moho de la lápida para descubrir el lugar final de mi abuelo. Nunca estuve en un pueblo de 30.000 habitantes en el que vive un solo judío de 88 años quien sobrevivió tres años en Auschiwtz. Jamás vi de este modo lo que significa la palabra genocidio. No es matar a millones en un campo de exterminio. No es liquidar cuerpos. Masacrar poblaciones. Es más que eso, es borrar de la faz de la tierra a un pueblo con su historia, sus creencias, sus símbolos, sus fiestas, sus comidas, sus lugares de encuentro. Eso es lo que vi en mi pueblo y en el de mi padre, especialmente en el de mi padre. No voy a olvidar lo que me sucedió en el momento en que el señor Raducan -el de 88 años- levantó su brazo para alcanzar sobre un ropero una gran llave de hierro con la que me abrió una doble puerta que conectaba al vestíbulo con la Sinagoga. Esa luz aún me hace llorar. Entré en el templo de mis ancestros, hermoso, radiante, de colores vivos, ventanales enormes, un templo ortodoxo con su altar en el medio, sin órgano, y un semicírculo de bancos sobre peldaños de colores claros, pasteles, del crema al celeste. Nunca vi una Sinagoga así, alegre, con dos palmeras dibujadas sobre una pared que simbolizan a la ciudad de Jerusalem. Un templo maravilloso, pequeño, para una comunidad de 180 familias de la que no quedó nadie, salvo el señor Raducan. Por eso lloré, y por eso lloro, porque todo estaba preparado para iniciar un servicio religioso en ese mismo momento, porque se sentía que en aquel lugar la gente acababa de irse a sus casas para almorzar el sábado después de la ceremonia, pero por supuesto que esto no era así: el templo estaba vivo y su gente muerta. Pero esta muerte es doble. Porque nadie está para evocarla, no hay descendientes, es tierra arrasada. Mi presencia junto a los de los míos, estableció un contacto que seguramente hace mucho nadie había hecho. Vi el nombre de mi abuelo, vi su tumba también. Entré a la casa de mi padre, lo hice junto a él, la misma que dejó cuando tenía nuevo años, hace 71. No había cambiado, por suerte, recorrimos el jardín de su abuela, mi bisabuela, huerto que mi padre recordaba mucho más grande, quizás tanto como lo marca la diferencia entre su cuerpo actual y el de su infancia. Quería evocar esto que me acaba de suceder junto a ustedes, porque ustedes sí están evocando, si están haciendo testimonio en este día de Rosh Hashaná. Gracias. 17-09-01 Marcelo Polakoff - Seminarista "Tojelet memushaja majalá lev", o sea "la esperanza que se demora enferma al corazón". Así dice el Rey Salomón en la Biblia, en el capítulo 13 del libro de los Proverbios. Enorme sabiduría comprimida en tan pocas palabras. Es que a condición de que no se la prolongue demasiado, de que no se desmesure su expectación, la esperanza es realmente buena. De hecho, además, es un síntoma de cambio, una sedienta pasión por un futuro más prometedor. Porque el que no espera, y no por eso desespera, es como si aceptara pasivamente la situación en la que se halla, sin pretender modificación o avance alguno. Sin embargo, la esperanza, como la memoria, es por definición activa. Por eso no existe esperanza desinteresada. Pero cuando, como dice la Biblia, la esperanza se demora, enferma el corazón. Y frente al octavo Rosh Hashaná desde el atentado a la AMIA, quienes estamos aquí lunes tras lunes, es evidente que tenemos el corazón enfermo. Y con los atentados del martes en Estados Unidos, más aún. Vivimos en un mundo que tiene el Occidente con poco fundamente y el Oriente con mucho fundamentalismo. Y estamos enfermos de ser espectadores de frases hechas, enfermos de tener que seguir repitiendo que la onda expansiva de cualquier atentado tiene que vivirse como propia, enfermos de seguir insistiendo en que la impunidad es la mejor garantía para un próximo desastre, y más aún, estamos enfermos de exigir lo que por derecho nos pertenece. Pues bendita sea nuestra enfermedad. Porque nos aleja de la indiferencia y de la apatía. Porque nos hace doler cuando a otros les duele, no importa cuán lejos se hallen. Porque nos hace partícipes necesarios de la lucha por un país mejor. Porque nos contagia pasión por la justicia. Y porque nos incuba asco por la impunidad. Rosh Hashaná, el año nuevo judío que comienza en este atardecer es también llamado Iom Hazikaron. Día del recuerdo. Y hoy volvemos a recordar a nuestros familiares y amigos asesinados. Rosh Hashaná también es llamado Iom Truá. Día del toque de shofar. Y seguimos tocando aún sin que aquí enfrente, en el palacio, se escuche. Enfermo del corazón por la esperanza demorada, como todos ustedes, como todos los lunes, cada vez que me voy de esta plaza, me siento más sano. Pero me voy a curar, nos vamos a curar todos, cuando llegue algún Rosh Hashaná que pueda ser con justicia, también llamado Iom Hadim, el Día del Juicio. Shaná Tová.


Carlos Susevich - Padre de víctima de la masacre de la Embajada de Israel.

Buenos días. Por razones que son obvias, al iniciar este acto, no podemos dejar de referirnos a la tremenda barbarie desatada por el odio de grupos terroristas el pasado martes 11 de septiembre, en la ciudad de New York, y al horror que hemos percibido al observar las imágenes transmitidas, de lo que significa la demencia irracional del terrorismo mundial. Es muy lamentable que tenga que haber ocurrido esta tremenda y horrible masacre, en la que perdieron la vida miles de inocentes, a cuyos familiares hacemos llegar nuestro más sentido recuerdo de pésame y solidaridad, para que buena parte del mundo tome conciencia de lo que significa una sociedad que vive jaqueada desde su nacimiento por constantes y brutales atentados terroristas -me refiero concretamente a Israel- y que aquí, en nuestro país, la ciudadanía y especialmente nuestra comunidad, perciba que nadie está a salvo, sino toma conciencia que debemos todos involucrarnos y luchar para desterrar para siempre la existencia del terrorismo, venga del sector que sea. Hoy, 17 de septiembre de 2001, recordamos que se cumplen 9 años y medio del brutal atentado cometido contra la Embajada de Israel con el resultado de 29 muertos -entre los que está una hija mía- y más de 200 heridos, primer ataque masivo antisemita en Argentina, la destrucción total de una representación diplomática, primer e inédito hecho en los anales de la historia de la humanidad, sin ningún sospechoso individualizado ni detenido, pero también mañana, 18 de septiembre de 2001, se cumplirán 7 años y dos meses del subsiguiente trágico atentado de la AMIA, que dejó también 85 víctimas fatales y más de 300 heridos. Estos dos atentados, sin duda planeados en el exterior, fueron posibles debido a la sospechosa complicidad en su autoría material, de sectores denominados genéricamente como conexión local, que tenían la obligación irrenunciable de proteger a los que en esos dos lugares desarrollaban pacíficamente sus lícitas tareas, y me refiero concreta y estrictamente, a las fuerzas de seguridad argentinas, que albergan en algún sector, bolsones de profundos sentimientos racistas, desprovistos del honor del que deben hacer gala los afectados a tareas de vigilancia y protección de la vida y seguridad de todos los que habitamos este suelo. Estos dos bárbaros magnicidios tuvieron lugar durante un pasado gobierno, seriamente sospechado de graves conexiones con sectores políticos de países que protegen, entrenan y encubren asesinos terroristas, y casi con absoluta certeza, como venganza por el incumplimiento de falsas promesas y mentirosos proyectos fantasiosos de quien detentaba la primera magistratura del gobierno que estaba en el poder. En cuanto a la investigación del atentado a la Embajada de Israel, a cargo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que solo tiene de suprema su inoperancia total y absoluta, con la única y honorable salvedad de la actividad desarrollada por el Secretario Penal de la misma, el Dr. Canevari, que trabaja exhaustivamente en este tema, seguiremos denunciando un evidente desinterés y posible encubrimiento por parte de los nueve integrantes de la Corte, que solo se limitan a un diluido e inconsistente comunicado de prensa, cada vez que se acerca un nuevo aniversario de este brutal crimen, y corrobora esta aseveración, el informe elaborado y hecho público por la Comisión Bicameral de Seguimiento de los atentados, el pasado mes de febrero de 1998 que decía textualmente: "que es palmariamente visible, que la Corte Suprema no ha actuado con la debida diligencia y eficiencia que la investigación requería, y que la instrucción de la causa llevada a cabo por un órgano colegiado como es la Suprema Corte de Justicia de la Nación, llevó al fracaso de la investigación. Lapidario, no?. En cuanto a la investigación del segundo atentado, el de la AMIA, esta investigación está plagada de desaciertos, falsas pistas, pruebas perdidas, aparición de testigos ahora por la profusión de avisos de la recompensa de $ 3.000.000 que distorsionan sus declaraciones, y luego se desdicen, el rechazo por el juzgado del requerimiento de distintas medidas procesales, pedidas por los letrados de los familiares, el desdoblamiento de la causa en innumerables cuerpos, que aunque forman parte del mismo juicio, no se conocen, el no haber accedido a la reconstrucción del hecho, y el no haberse citado a innumerables testigos, que podrían haber aportado datos importantes, todo esto configura un panorama bastante difícil de poder llevar adelante con resultados óptimos, la substanciación del juicio que se iniciará el próximo 24 de septiembre, y como corolario, la declaración, varios años después, de quien fuera secretario del juzgado que actúa en esta investigación, quien denunció, ahora, gravísimas faltas de acción del juez actuante, el mismo q ue se ofreció para colaborar con la investigación de los atentados en Estados Unidos. Esta situación da pié a un doble análisis objetivo, observamos en referencia al grave atentado en los EE.UU., como en pocos días u horas, una decisión política fuerte, equivocada o no, permite acentuar una investigación profunda, y comenzar a producir resultados, sean estos ciertos o equivocados, se verán a posteriori. Pero en cambio aquí, en nuestro país, no hubo ni hay decisión política para investigar responsablemente los dos atentados, a pesar de la promesa de los actuales integrantes del gobierno, que nunca cumplieron, y recién ahora se toma en cuenta, hechos conocidos hace años, que en las tres fronteras y en la Ciudad del Este, tienen asiento sectores de fundamentalismo terrorista. Lástima que ya hubo dos atentados con las víctimas conocidas. Pero si hay algo que agrede a los sentimientos de los familiares de las víctimas de ambos atentados, es el total desinterés de todos los integrantes de los partidos políticos, cuyos representantes están en sus bancas, tanto Senadores como Diputados, solo preocupados organizando trenzas políticas, en un intenso enfrentamiento por sectores de poder y exclusivamente dedicados a conseguir ventajas personales. Ni que hablar de integrantes del gobierno, todos ellos luchan para perpetuarse en sus puestos, cuidando no ser desplazados, y tienen conciencia que la ciudadanía no les cree en absoluto ni a ellos ni a los políticos, ya que todos percibimos que tienen un doble discurso, mientras los familiares de las víctimas y todo el pueblo, sufre las consecuencias de su deplorable actitud. Por eso, en estos días, en que se inicia el nuevo año judío y en el que los familiares tendremos algún lugar vacío; yo en mi mesa el de mi hija; a los familiares nos ha causado sorpresa y desconcierto, observar la intensa movilización político-gubernamental, a la que se han sumado nuestras autoridades desde el trágico atentado acaecido el martes pasado en EE.UU., actitudes que nunca vimos en años anteriores. O será que ciertos factores de intereses y dependencia tienen más fuerza que el recuerdo de más de 110 ciudadanos argentinos masacrados todavía sin investigación ni justicia? Nunca olvidaremos actitudes, nombres y comportamientos de los factores de poder de este, nuestro país. Nunca declinaremos nuestra lucha, ni tampoco jamás claudicaremos. Muchas gracias.


DISCURSOS DEL 24 DE SEPTIEMBRE DE 2001

Diana Malamud - Memoria Activa

El inicio del juicio oral abre una puerta a otra parte del camino. Entramos en la cuenta recesiva, hoy, lunes 24 de septiembre de 2001, es el comienzo del final de esto que llamamos causa AMIA. El mundo los estará mirando, no podrán ante los ojos del mundo seguir sosteniendo tanta impunidad, y ésta es hoy nuestra principal esperanza. Esta es la razón por la cual estamos adentro de este juicio, porque tenemos expectativas en esta nueva etapa. Expectativas de que salgan de las tinieblas de la impunidad todos los que trabajaron para ocultar, para encubrir, para destruir la posibilidad de llegar algun día a obtener la verdad. Sabemos que lo que se perdió es irrecuperable y sabemos también que hay responsables de ello. Expectativas de que el mundo constate las irregularidades que venimos denunciando lunes a lunes en esta plaza desde hace más de 7 años y ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA. Los ojos del mundo los estarán observando. · La Comisión Interamericana de Derechos Humanos envió a su presidente, Dr. Claudio Grossman, como veedor para toda la causa AMIA. Será la única persona ajena al proceso que tendrá un lugar en la sala de audiencias. Escribió el diario Clarín: "De todas las presencias, la que más agitó los ánimos en el Gobierno y en el ambiente judicial es la del jurista chileno Grossman. No sólo por el peso de la figura -además de presidente de la CIDH es el decano de la American University- sino por su misión: al final del juicio redactará un informe sobre la calidad jurídica de la investigación. Si bien el Gobierno pidió que el informe se limitara al juicio oral, terminará por abarcar toda la causa AMIA". Su presencia es producto de nuestra demanda contra el Estado argentino ante la Comisión. Allí denunciamos que el Estado "omitió su deber de prevenir, investigar y sancionar el atentado" y violó "el derecho de las víctimas y sus familiares a obtener justicia". Ahora muchos se están subiendo a nuestro tren, pareciera que muchos dejaron de considerarnos locos, pareciera que cada vez se dificulta más sostener lo insostenible. El Juez Galeano jamás ha hecho la plancha, siempre nadó con su mejor estilo para ir hundiendo una a una todas las fojas de la causa AMIA, y con ellas nuestra posibilidad de encontrar la verdad. Sin embargo servirá si el Tribunal Oral Federal Nº 3 hace como debe y como esperamos su trabajo. Servirá, nos servirá a los familiares, nos servirá a los argentinos, si a raíz de este juicio hay castigo para todos los que hicieron posible que esta investigación sea un modelo mundial de lo que no se debe hacer. Valdrá la pena si no se intenta, una vez más, ocultar el encubrimiento, el mal desempeño, la complicidad, y los grandes negociados que han venido sucediendo en esta causa ya desde antes de aquel espantoso 18 de julio de 1994. Ya nadie podrá sostener que la instrucción del Juez Galeano ha sido impecable, cuando él mismo acaba de reconocer que filmaba a imputados y testigos a escondidas y que luego destruyó los videos. ¿Quién podrá asegurarnos que no destruyó otras pruebas?, ¿quién podrá convencernos de que siguió los procedimientos que impone la ley?. Por esto, esta mañana, presentamos ante el Tribunal Oral Federal, un pedido de citación a Galeano para saber que otras pruebas destruyó, y ante la Cámara, solicitamos se lo aparte de la causa AMIA mal llamada residual. Este juicio servirá para demostrarle al mundo el minucioso trabajo realizado por las fuerzas de seguridad para que nunca se pueda encontrar a los asesinos de la AMIA. Hoy pesa más que nunca sobre la cabeza del Juez Galeano y de los Fiscales Mullen, Barbaccia y Nisman que se llegue a un juicio con tan poco, pesa sobre ellos haber perdido miserablemente el tiempo. Pesará sobre ellos, y sobre todos los de más arriba que ellos. Pesará sobre ellos y sobre los de más abajo que ellos que jugaron a la obediencia debida. Pesará sobre ellos y sobre los de los costados, que debían ser dedos acusadores y sin embargo sostuvieron e impulsaron esta farsa, disfrazándose de víctimas. Pesará sobre todos ellos que jamás sepamos a ciencia cierta quién mató a los muertos de la AMIA. Pesará sobre los que ejercieron el poder entonces y ahora, que nuestros familiares permanezcan por siempre sepultados bajo los escombros. Y lo que es peor, pesará sobre todos ellos los posibles y futuros atentados, porque todos ellos consintieron la impunidad. Este Tribunal Oral tiene hoy una dura y dificil prueba, nos deberá demostrar que existe una ley y que es cumplida. Nos deberán demostrar que existe castigo para los partícipes, para los complices y para los encubridores. Este Tribunal Oral tiene la posibilidad de abrir el camino para que los culpables y todos los que contribuyeron a que jamás podamos saber toda la verdad, sean castigados. Los ojos del mundo estarán puestos en ellos, nuestros ojos estarán puestos en ellos, los ojos de los padres de los muertos estarán puestos en ellos, los ojos de los hijos de los muertos estarán puestos en ellos, los ojos de los esposos de los muertos estarán puestos en ellos, los ojos de los hermanos y amigos de los muertos estarán puestos en ellos. Y lo que es peor, 85 muertos pesarán sobre sus espaldas cada día que pase y no se haga justicia.


Mauricio Tenembaum - Convergencia

Desde la iniciación de la lucha de los familiares por un auténtico conocimiento de cual fue la tragedia y cuales fueron los responsables, porqué se eligió nuestro país y porqué se eligió la AMIA, DAIA, IWO, y porqué se eligió la comunidad judía para el segundo atentando que se realizó en nuestro país; es que un grupo de dirigentes de nuestra comunidad no conformes con la tradicional lentitud, concupiscencia y por último complicidad de los dirigentes y las instituciones madres de la comunidad tuvieron siempre, entendíamos que era imprescindible que los familiares se organizaran, y así desde el comienzo de Memoria Activa, un grupo de instituciones, el ICUF, Convergencia, el Bund, el Grupo Encuentro, decidió jugarse al lado de ellos. Entendíamos que el poder político tenía una larga tradición en el mundo, de tener la complicidad, el silencio de dirigentes de las comunidades. Desde que el antisemitismo moderno existe, el proceso Dreyfuss fue el punto de partida de una experiencia de ese tipo. Hubo ministros judíos en el gobierno francés. Hubo financistas judíos amigos y socios de los militares franceses. Miraron para un costado, y así se pudo realizar el proceso que condenó a Dreyfuss. Otra experiencia terrible fue la de la planificación de la solución final del problema judío en Van Si. Se conocían los detalles. El gobierno norteamericano conocía cual era el programa, porque así se lo había hecho llegar el Congreso Judío Mundial y algunos combatientes antifascistas que tenían información de lo que se preparaba. Sin embargo, judíos miembros de la Suprema Corte, judíos miembros del gobierno de Roosevelt, decían no lo podemos creer, esto está fraguado. De la mismo manera, hubo una experiencia terrible durante la existencia de la unión Soviética. Los mejores hijos de la intelectualidad judía, que militaban en el Comité antifascista, que habían manifestado su fe y su confianza y su amor por su país, fueron asesinados y fusilados con la complicidad y el silencio de los dirigentes de la Comunidad judía Soviética y con la complicidad de jueces también judíos. Y por último, llegamos a esta experiencia. Dudábamos de que podía ser posible que realmente se tuviera una actitud combativa, sin embargo el pueblo judío exigía una combatividad que se manifestó en la Plaza de los Congresos con la tarde de los paraguas. Cientos de miles de personas dijeron: queremos que se haga una investigación, que se averigüe que es lo que ocurrió, porqué no se hizo nada con el atentado a la Embajada y sabiendo que detrás de esto corríamos el riesgo de que se repitiera el tercer atentado. El tercer atentado afortunadamente no se dio, pero el plan criminal de los terroristas se sigue llevando a la práctica. El atentado contra las torres gemelas es un acto que merece la condena unánime, sin ningún tipo de atenuante, que condujo a la muerte a miles de norteamericanos, hijos del pueblo, miembros de 50 países que trabajaban a la primera hora. Eran los pobres de Nueva York, esos fueron asesinados, y cuando decimos sin atenuantes, es porque entendemos que a veces hay gente que tiene confusiones y no entiende que todos los actos de terrorismo son todos reaccionarios, porque son actos que se hacen a espaldas del trabajoso hecho político que conduce a consolidar la democracia, conduce a mejorar las condiciones de vida de los pueblos. Son actos cometidos por perversos fanáticos, que de ninguna manera merecen el mejor y el menor de los respetos. Es así que en esta tribuna que levanto en nombre de los compañeros de las cuatro instituciones que teníamos que decir algo de que no todos los dirigentes estuvieron distantes de Memoria Activa ni de los familiares, que no todos los dirigentes estuvieron distantes de la exigencia del esclarecimiento, que no todos los dirigentes fueron cómplices del apoyo en calidad de buena persona o en calidad de hombre honesto del Dr. Galeano. De que había un sector minoritario, pero que de cualquier modo salimos al encuentro de prejuicios que instalaban que la combatividad de los miembros de Memoria Activa tenía que ver porque sufrían en carne propia el dolor pero no sabían como había que actuar en materia política. Después descalificaban la combatividad de Memoria Activa, después descalificaron el abucheo del acto en la calle Pasteur, y por último, terminaron descalificando el pedido de Memoria Activa para que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos tomara actuación. Hoy entonces, quienes hemos acompañado y lo seguiremos haciendo a Memoria Activa, exigimos justicia, pero decimos que cada uno de los hechos que yo he narrado, el proceso Dreyfuss, la solución final del problema judío, los casos de la persecución antisemita en la Unión Soviética, como muchos otros, que se sepa que todo se conoció, que muchos fueron condenados, que muchos sufrieron en carne propia, no solamente la condena de la justicia como ocurrió en Nuremberg, sino que tuvieron el oprobio de los pueblos y están incorporados a la lista de los indeseables dentro del pueblo judío. Por lo tanto soy optimista y acompaño a Memoria Activa en no bajar los brazos, en entender que si esas cosas pudieron esclarecerse, si Dreyfuss pudo estar en libertad, si los asesinos nazis fueron condenados en Nuremberg y en muchos otros lugares, si lo mismo se hizo en la Unión Soviética desde el punto de vista político-ideológico, lo mismo va a ocurrir acá, se va a saber quienes fueron los criminales, tarde o temprano se los va a condenar porque ya están condenados por la opinión pública, están condenados por todos los bien pensantes, fundamentalmente porque tienen a Memoria Activa y crecientes números de luchadores de derechos humanos que nos acompañan en esta acción. Shalom.


Osvaldo Baratucci - Sec. Gral. de ARGRA

Comienza el juicio por el atentado perpetrado contra la sede de la AMIA. Un acto terrorista llevado a cabo no solo contra la comunidad judía, sino contra toda la sociedad. Contra todos aquellos que pretendemos vivir en un mundo mejor, menos injusto, más solidario, basado en la comprensión y no en el odio, en la integración y no en la segregación. Comienza el juicio sobre la base de una investigación deficiente, llena de puntos oscuros. No sabemos donde se armó la Trafic con los explosivos que detonaron ese día, quién manejó esa camioneta hasta la sede de la AMIA. No sabemos nada de los terrositas, cómo entraron al país, por donde entraron, donde se alojaron. No sabemos que organización hay atrás del atentado y muchos otros datos que no han sido investigados con la profundidad, el profesionalismo y la seriedad que semejante hecho merece. De esto, los argentinos sabemos bastante. Porque la gran mayoría de juicios que se han llevado adelante en los últimos años para juzgar hechos violentos -recordemos María Soledad, el soldado Carrazco, Bordón, y tantos otros que no han tomado estado público- sufrieron y sufren las mismas deficiencias, líneas de investigaciones falsas, destrucción de pruebas, testigos falsos, presiones políticas. Y llegamos a la instancia judicial sin tener a la totalidad de los responsables en el banquillo de los acusados. Los reporteros gráficos hemos sufrido esto en la investigación y el juicio que se llevó adelante por esclarecer el crimen de nuestro compañero José Luis Cabezas. No esclarecer totalmente estos terribles hechos, es dejar una puerta abierta para que el terrorismo internacional lo vuelva a repetir. El 11 de septiembre, en los Estados Unidos de América, hemos tenido otra prueba contundente de esto. Pero a pesar de todo, los argentinos nunca clamamos por venganza. Si reclamamos justicia. Nuestras Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, nuestros HIJOS de desaparecidos que sufrieron en carne propia los horrores del terrorismo de estado, que es también terrorismo, nunca clamaron por venganza, si reclaman justicia. Los familiares de los muertos en la Embajada de Israel y en la AMIA, no claman por venganza, si por justicia. Es hora que el altivo y soberbio norte mire hacia abajo y vea al sur, donde sabemos de sufrimientos, de persecuciones, de injusticias, de miedo, de hambre, de terrorismo y de terrorismo de estado, de torturas y desapariciones, de niños desnutridos y enfermos. Por todo esto, y en honor a la memoria de los muertos de las torres gemelas y a la de todos los muertos inocentes del terrorismo, unánomos en un solo grito: no a la venganza, si a la justicia. No queremos más guerras, no queremos más muertos. 7 años han pasado desde el atentado de la AMIA. 7 años, dos gobiernos con sus diferentes Ministros, Diputados, Senadores, Jueces, Cortes Supremas, jefes de la SIDE, de la Policía, de las Fuerzas Armadas. 7 años han pasado, y no sabemos nada. Por eso estamos hoy aquí junto a Memoria Activa. Porque queremos saber, queremos entender, queremos renovar el compromiso de seguir exigiendo justicia para nuestros muertos, para nosotros, para nuestros hijos. No es una guerra del bien contra el mal. Es una lucha de los que amamos la vida, la paz, la solidaridad entre los pueblos, contra los amantes de la muerte, de la opresión y la violencia. Quiero terminar, citando una frase que leí ayer y me impactó muchísimo. La escribió Eduardo Galeano, y decía: "En la lucha del bien contra el mal, siempre es el pueblo quien pone los muertos". Gracias.


David Baigún - Penalista - Prof. de la UBA.

Ayer, fue el atentado de la Embajada, y todos nos quedamos perplejos, azorados, en el asombro. Después, el atentado de la AMIA, y nuevamente el asombro. Esa perplejidad que es totalmente irracional, que proviene de nuestras emociones. Hace pocos días, el terror en Nueva York, en Washington, los miles de desaparecidos, y vuelve la perplejidad, volvemos al asombro. Tal vez mañana, nuevamente el asombro ante el arraso de pueblos, y porqué no mañana otro nuevo atentado con granadas o elementos sofisticados, o guerras bacteriológicas. Siempre, siempre, en el asombro. Y yo me pregunto, es que este mundo nos quiere acostumbrar al asombro como si fuera un hecho de la naturaleza? Es que se nos quiere mostrar la historia como si el terror formara parte de la civilización? Es que somos impotentes para cambiar este rumbo? Yo creo que el primer paso, es recuperar la memoria. Volver al modelo de justicia que el ideario del iluminismo pregonó hace ya más de dos siglos. Una justicia real, que surja de un Estado democrático, de la igualdad social, de jueces comprometidos con la verdad, y no genuflexos ante el poder. De jueces que en ningún momento dejen de indignarse ante las atrocidades y de pensar en las víctimas. Acostumbrarnos al asombro, es sinónimo de pasividad y de quietismo. Nuestra actitud debe ser la contrapartida. Luchar por una justicia de hombres probos, que condene a los responsables de las atrocidades, que no se embarque como aquí se dijo en el camino de la venganza. Por eso, como decía muy bien recién Tenembaum, somos optimistas. Somos optimistas no porque la justicia actual de nuestro país se acerque a este modelo de justicia, no por eso, lejos están de este modelo. Somos optimistas porque existen hombres solidarios dispuestos a combatir hasta última instancia. Y esta justicia que nosotros tenemos, deberá tener en cuenta, y sentirá seguramente la presión de todos aquellos ciudadanos que siempre amamos la libertad, que luchamos por ella y que hemos sido siempre contrarios a la venganza.


Víctor Abramovich - Director del CELS

La lucha histórica de los organismos de derechos humanos contra la impunidad, es básicamente, la lucha por el respeto del estado de derecho y por el fortalecimiento de las instituciones democráticas. La impunidad es, en esencia, la falta de respuesta de las instituciones democráticas a las demandas sociales de justicia. La impunidad es, básicamente, el producto de la deficiencia de las instituciones democráticas. De la justicia, de la policía, de los organismos de inteligencia, de la administración del Estado.