LUNES 2 DE DICIEMBRE DE 2002
MARCELO POLAKOFF- Rabino.
Tengo un texto que escribí, después
una mala noticia y después una buena. Estamos en la festividad de Jánuca
rememorando un suceso que acaeció hace casi 2200 años, cuando unos pocos
Macabeos triunfaron sobre los poderosos helenizantes que querían borrar
la tradición judía, y lograron restablecer la soberanía sobre su suelo.
¿Y cómo hacemos esta fiesta?, la hacemos encendiendo velas durante ocho
días, porque elegimos no recordar unos pocos militares sino celebrar
el milagro de la permanencia de un mensaje que trasciende. Y la excusa
para las velas es un pequeño relato que nos dice que se encontró un
famoso guijarro de aceite consagrado en el templo de Jerusalem, una
vez que los judíos reingresaron al recinto profanado, y cuyo contenido
duraba solamente para un día, y como hacían falta ocho días para preparar
una nueva partida y milagrosamente ese aceite permaneció encendido durante
todos esos días, entonces para permitir que el candelabro siga ardiendo
permanentemente, es por eso que hoy celebramos esta fiesta durante ocho
días. Ahora, pregunta de nuestros sabios una pregunta muy inteligente:
Si el aceite, que se encontró en el templo debía durar un día entero,
el milagro entonces comenzó el segundo día cuando el fuego siguió prendido.
Quiere decir entonces que la pregunta es ¿Por qué festejamos ocho días
y no siete, el milagro duró siete?. ¿Cuál fue el milagro del primer
día si el fuego tenía que encender y durar ese día?. El milagro sencillamente
fue cómo ellos se contestaron, cómo los Macabeos se contestaron, la
siguiente pregunta: ¿Tiene sentido encender este aceite ahora si igual
se va a consumir antes de que podamos reponerlo? ¿Por qué no esperar
una semana y encenderlo con la seguridad de poder continuarlo?. Aquellos
judíos deben haber dudado, pero de todas formas encendieron la Menoráh,
y ese fue el milagro del primer día. Nada aseguraba que la luz iba a
seguir durando ocho días e igual lo encendieron, que nada aseguraba
que la lucha tendría éxito y aún así lucharon. Y este milagro de fe
no nos ha abandonado, hoy se reedita en nosotros con Memoria Activa,
se ha convertido en antídoto contra la desesperanza, en un grito para
voces apagadas, en la lucha y la batalla contra el olvido, en un ejercicio
semanal de conciencia ciudadana y de apuesta cívica aún sin ninguna
garantía, y con menos señales de éxito de las que nos gustaría apreciar.
No tenemos la victoria asegurada y a pesar de ello, ponemos la cara
de frente ante el dolor y sacamos pecho, y combatimos la indiferencia,
la apatía diciéndole a todos los argentinos que encoger de hombros es
encoger como hombres, es acortar el alma y es achicar la patria. En
Jánuca algunos piadosos siguen la costumbre de preparar por la mañana
el candelabro que se encenderá a la noche, y no es solamente que lo
hacen en función de ser previsores y de no querer perder tiempo más
tarde, sino que lo hacen conmemorando una muy vieja práctica del Beit
ha Mikdash (el Templo de Jerusalem), llamada en hebreo Atabat Ha Neiroth
a través de la cual el sumo Sacerdote ordenaba el candelabro, la Menoráh,
y la dejaba lista cada mañana para volver a encenderla a la noche. Memoria
Activa sin saberlo, también rinde homenaje a esta vieja práctica, cada
lunes por la mañana preparamos los materiales, acercamos nuestro aceite
no perecedero, traemos nuestra mecha bien embebida en memoria, y nos
hacemos vasija de un clamor que no cesa. Y así mañana tras mañana, de
contables e incontables lunes, por ahora la noche llega y sigue oscuro,
pero nuestra permanencia en esta plaza la próxima mañana de lunes, es
la garantía de que alguna otra noche por fin se va a encender la luz
de la justicia. Ese es el texto. La mala noticia es que lo escribí y
lo dije en Jánuca de 1999, y desde ese momento hasta hoy sigue oscuro.
La buena noticia es también que desde ese momento hasta hoy nosotros
seguimos acá.
ARTURO SAPIA- Secretario General
de la S.A.D.E.
Estoy emocionado y agradecido por
la invitación a conmemorar este nuevo lunes de lucha de Memoria Activa.
Los escritores argentinos, y todos los que amamos la paz y la justicia,
sabemos, por experiencia propia, y de otros pueblos que la perdieron,
que es el camino más corto hacia la barbarie, la disolución social y
el derrumbe de las instituciones de la República. Sin justicia, no hay
orden social, ni político, ni institucional, que pueda sostenerse en
el tiempo, tampoco se puede pensar en un país, en que los ciudadanos
puedan vivir con dignidad y respeto. En la causa AMIA se ha ido más
lejos, se han destruido pruebas, borrado rastros, eliminado testigos,
sembrado dudas donde había certezas, certezas donde debería dudarse,
siempre para beneficio e impunidad de los asesinos. Las garantías de
un juicio justo, que hubiera sido el que hubiéramos querido, se esfumaron,
se diluyeron, se dilataron con equívocos, idas y vueltas perfectamente
calculadas, organizadas y planificadas desde los pliegues del poder.
La desidia cómplice nos ha obligado, además de víctimas del atentado,
a constituirnos como fiscales, fiscales sin tregua ni descanso, buscando
la verdad con la más poderosa de las fuerzas del hombre, la fuerza del
amor. Memoria Activa es un símbolo de lucha por la justicia, al lado
de otras que empezaron antes, y otras que seguramente continuarán después,
si no los detenemos, las madres, el pueblo de Catamarca, los jubilados,
los niños de la calle, los desocupados, los sin techo, de Miguel Bru,
de Cabezas, es la misma lucha, somos uno y a la vez millones. Hay un
juicio, pero ¿habrá castigo?. Hay presos, pero ¿son todos los que debieran?.
¿Quiénes faltan?, faltan sin duda los encubridores, los que planearon,
los que ejecutaron, los responsables políticos del atentado, los que
escudándose y aprovechando la inmunidad y la impunidad de sus cargos,
facilitaron la fuga de los asesinos y de las pruebas. Esos mismos hoy,
siguen gobernando, son candidatos, manejan las relaciones exteriores,
hacen pactos para seguir en el poder, se votan entre ellos, en lo que
parece más una monarquía, donde el pueblo está de espaldas mientras
en el palacio, todo sigue igual, las mismas mafias, distintos ropajes,
las mismas caras, peleas cortesanas, crímenes cortesanos, se tiran cadáveres,
se pintan la cara, proclaman a la mejor policía del mundo. Son cobardes,
se arrodillan ante el dinero y el poder de los poderosos del mundo.
Son jenuflexos, incapaces, mentirosos e hipócritas, compran votos y
se reparten la comida de los pobres. No tienen vergüenza. El atentado
a la AMIA es sólo una muestra de lo que pueden hacer, de lo que son
capaces de hacer si los dejamos impunes. El esclarecimiento del atentado
es una de las muchas batallas que debemos dar. Es una de las muchas
batallas que peleamos los que no queremos entregarnos al horror de una
Nación decadente, pisoteada y temerosa que ya no confía en sus propias
fuerzas. Honremos a nuestros mártires, juremos justicia, y pongámonos
de pie, de una vez, y para siempre. Muchas gracias. 
LUNES 9 DE DICIEMBRE DE 2002
LOLA PRAÑO-GOMEZ- Dra. en Filosofía.
Buenos días con todos, en primer
lugar quiero agradecer a las personas que me han invitado a unirme a
Ustedes. Cuando recibí la invitación mi primera reacción fue, yo soy
extranjera ¿qué puedo decirles yo a ustedes que les diga algo?. Y decidí
que no importaba eso, que simplemente yo tenía que venir para mostrar
mi solidaridad con Ustedes y con la causa. Yo soy fundamentalmente investigadora,
o sea que soy de esos bichos que se pasan en la clase y en la oficina
leyendo, pero de alguna manera estoy conectada muy visceralmente con
lo que pasa especialmente en Argentina, por razones biográficas que
no voy a entrar a detallar, y no tiene sentido ni mi enseñanza ni la
investigación si no está conectada a mantener la memoria, a recordar.
Porque creo que hoy día es tal vez la única forma, o una de las únicas
formas de lucha que quedan, creo que mientras haya memoria tenemos esperanza,
y por eso yo venía acá como latinoamericana a decirles que me junto
a Ustedes, agradezco ver estas manifestaciones y creo que mientras haya
gente como Ustedes, que insiste en mantener la memoria y en que no nos
describan la historia desde lugares en que nos borran, tenemos esperanza.
Muchas gracias.
MARIA IBARRETA- Actriz.
Gracias, buenos días. En principio
quiero agradecer que me hayan cobijado para participar y compartir este
espacio de memoria y resistencia. Voy a leer un texto de un gran dramaturgo,
Bertold Brecht, y dice: "Quien aún vive que no diga nunca, jamás. Lo
seguro, no es seguro y seguirá siendo lo que es. Cuando hayan hablado
los gobernantes, hablarán los gobernados. ¿Quién osa decir jamás? ¿de
quien depende que siga la opresión? De nosotros, ¿de quien depende que
se la quiebre? De nosotros también. Tú que haz caído, levántate. Tú
que crees estar perdido, lucha. ¿Quién podrá detener a quien ha comprendido?
Pues los vencidos de hoy serán los vencedores mañana, y el jamás será
hoy". Buenos días y muchas gracias.
LUNES 16 DE DICIEMBRE DE 2002
EUGENIA BEKERIS- Artista Plástica.
Es un honor para mí sumarme una
vez más a este encuentro de Memoria Activa, en esta plaza de la dignidad
donde todos los lunes un grupo de personas se reúne desde hace tantos
años en reclamo de justicia para las víctimas de los atentados terroristas.
La Argentina sería otra sin esta presencia ya que después de los dos
atentados, podemos hablar de un país distinto. Exigiendo justicia en
un país atravesado por un pasado brutal con 30.000 desaparecidos, hijos
buscando a sus padres, abuelas recuperando nietos apropiados un pasado
que se continúa en presente desolador, donde la injusticia y el maltrato
a los ciudadanos, sigue siendo la ley. La ausencia de justicia por los
atentados y la ausencia de justicia en el plano social y económico son
ambas hijas de la cultura de la violencia y la impunidad que es característica
de la clase dominante de la Argentina y que llegó al paroxismo durante
la dictadura militar, así que es imposible obtener justicia en el caso
de la AMIA si no se logra modificar lo demás. La tragedia de la Argentina
está en la incapacidad actual de construir en el plano político una
alternativa democrática, a pesar de que la Argentina pelea desde abajo
creando redes solidarias para quienes lo perdieron todo antes. Las organizaciones
barriales, los movimientos de piqueteros podrán evitar que vuelvan al
poder los corruptos que todos conocemos bien, si las cosas van verdaderamente
mal quién puede excluir la hipótesis de la llegada de algún hombre fuerte
que instaure el autoritarismo. Es también a causa de esta situación
peligrosa, desesperante en el plano político que las luchas por la memoria
y todas las otras iniciativas solidarias que nacen desde abajo en la
sociedad, son particularmente importantes porque son elementos de resistencia
y construyen o mantienen viva la esperanza en un futuro diferente, se
podría decir que van perfigurando un futuro distinto. En la Argentina,
sabemos, continúa la política económica para la exclusión y el exterminio
y no ha cambiado su rumbo durante décadas beneficiando a algunos pocos
y perjudicando a la mayoría. Sabemos hoy que cada muerte, a cada hora,
en cada lugar de nuestro país por hambre, humillación y exclusión tiene
una causa, un responsable con nombre y apellido que deberá ser juzgado
por asesinato. No puedo evitar los pantallasos que me llevan a recordar
escenas de guetos durante la segunda guerra en Europa, cuando veo a
mis compatriotas comer de la basura, dormir en las veredas, juntar cartón
en carros que desfilan en cualquier momento del día por todo el país,
casas tomadas, fábricas cerradas, trabajadores sin destino junto a sus
familias. Personas una vez más deshumanizadas hasta desaparecer nuevamente
como un número más para las estadísticas, si esto no es un genocidio
entonces ¿qué es?. ¿Qué será en este triste contexto nuestro destino
y el de nuestros hijos creciendo de esta cultura inédita?. Si comprendemos
que el dolor que provoca este plan siniestro en la intimidad de nuestra
vida es el de todos y si sabemos que cada víctima somos cada uno de
nosotros, que cada niño que muere somos nosotros, que cada ciudadano
que pierde sus derechos a una vida digna somos nosotros, que cada piquetero
nos representa a todos y anticipa nuestro destino hemos de encontrar
una estrategia eficaz para exigir una vez más juicio y castigo a los
responsables de la gran tragedia argentina. Un piquetero decía que luchaba
por no morir en el anonimato y en el silencio, una pintada decía en
un muro "no les importamos ni vivos ni muertos", es evidente que para
quienes hacen de nuestro presente un infierno estas reflexiones son
ciertas, pero para nosotros las cosas son muy diferentes. A nosotros
sí nos importa la vida y por eso luchamos por la justicia, si le damos
el verdadero valor que debe tener la vida cada muerte injusta adquirirá
su valor. Como artista plástica e hija de sobrevivientes de la Shoá,
no soy indiferente ni al pasado ni al presente, la memoria debe ser
del pasado y del presente para no olvidarnos del verdadero valor de
la vida, para conservar nuestra conciencia lo más intacta posible nuestra
capacidad reflexiva y solidaria para hacer de nuestro país un lugar
más justo para todos. 
Dra. GRACIELA BAVASTRO- Médica.
Quiero agradecer esta invitación
a compartir con Ustedes este momento. Me siento conmocionada, por vuestra
generosidad y ecumenismo, y por la oportunidad que se ofrece a cada
disertante de expresar sus sentimientos, que son en verdad lo que nos
une. ¿Dónde estábamos los que aquí estamos, ese 18 de julio?. La mayoría
de Ustedes lo recordará con exactitud, porque sus vidas se detuvieron
y ya nunca volvieron a ser iguales. Yo, sólo recuerdo un gran dolor
que fortuitamente coincidió con otro 18 de julio, veintitrés años antes,
en que di a luz con dolor a mi primer hija, sin vida. Un gran dolor
y la misma pregunta. ¿Por qué?. Aquella circunstancia personal no tuvo
respuesta. Aún no se conocían los medios diagnósticos que años después
ayudaron en estos casos. Sólo confié que Dios me daría otra oportunidad
y así fue. Hace 8 años ante este otro dolor también me pregunté. ¿Para
qué? ¿Quiénes? ¿Por qué aquí? ¿Por qué a nosotros?. Hasta ahora más
sospechas que conclusiones. Una intrincada red, una tragedia de enredos
y los sospechosos de siempre. Esos que se arrastran en los oscuros laberintos
de las incertidumbres. Esas que cubren con sus tinieblas las preguntas
que en el transcurso de estos últimos 30 años nos hacemos sobre los
30.000 desaparecidos, la explosión de Río Tercero, la Embajada de Israel,
el asesinato de Cabezas y hasta la actualidad con los crímenes del 20
de diciembre, de Diego Peralta, Ezequiel Desandi, Verón y Kostecki entre
otros. Distintas motivaciones pero el mismo instinto asesino. Como médica
sé del esfuerzo y labor artesanal que se pone al servicio de la vida,
desde su concepción hasta su fin. Siempre pensé que si todos pudieran
acceder al conocimiento profundo de los mecanismos que mantienen los
organismos vivos, no nos animaríamos a matar ni a una hormiga, para
no interrumpir tamaña maravilla. Pero ellos, los asesinos intelectuales
y los de hecho, tienen otros códigos y otros sentimientos, a pesar de
estar formados por la misma materia. Así es desde el comienzo de nuestra
especie. La tragedia de Caín y Abel perpetuada a través del tiempo.
Pero este pueblo ha ido aprendiendo de sus dolores, ha sacado fuerzas
de sus debilidades, ha compartido su dolor con sus pares y partiéndolo
con otros, ha madurado y creado estrategias. A pesar del desgarramiento
profundo no ha pensado en la venganza ni en la muerte. Otras son las
armas: la constancia, la solidaridad, el apoyo mutuo, la paciencia,
el coraje y el convencimiento de que Dios está de nuestro lado. Las
Madres iniciaron y marcaron este rumbo. Hemos aprendido y cada vez somos
más. Sólo la justicia aliviará el dolor, no importa cuánto esfuerzo
demande, cuánto tiempo sea necesario, cuántas palabras deban expresarse.
Este clamor persistirá y será una bruma permanente que rodeará a los
autores de estos hechos. Ellos deben saber que tampoco para ellos la
vida será igual y que reconocer sus culpas y aceptar la condena debe
ser el camino.
NORA WASSNER- Familiar de víctima
de AMIA.
Desde que recibí la invitación
allá muy lejos, en México, me preguntaba qué puedo compartir con Ustedes,
y un torbellino de imágenes vinieron. 18 de julio de 1994, una mañana
de lunes como cualquier lunes, llevé a los chicos a la escuela y me
fui al consultorio, una llamada de mi madre, un atentado en la AMIA,
Andrés estaba trabajando ahí. Viajamos esa noche, hacía 6 años que no
venía a Argentina. La rabia, la angustia, el miedo. Pasaban los días,
el cuerpo de Andrés no aparecía. 1994 de repente era 1976, eran los
asesinados y los desaparecidos, era la pérdida y la desolación, era
mi hermana adorada y su familia y sus proyectos, y yo tan lejos allá
en México, que desgarramiento. En ese momento se me vino encima todo
el miedo, toda la angustia que guardé, escondí en el '76 cuando un avión
nos llevó a Israel, nos separó de todo lo nuestro y sólo tenía 18 años
y Diana 16, y no tenía miedo, quizás esa tristeza que marcó mi vida.
Y Diana me contaba de Memoria Activa, esta lucha incansable de 8 años
de semana tras semana exigiendo justicia, peleando por la vida, por
una vida mejor para nuestros hijos. Y para mí Memoria Activa era el
sostén de mi hermana, era su familia, eran también los portavoces de
mis gritos de justicia de mis Nunca Más allá lejos en México. Los que
tuvimos la posibilidad de construir una vida, los que tenemos memoria.
Y hoy estoy acá, con mis hijos, con mi familia, con mis queridos amigos
dolida con la miseria, con el hambre, con las desigualdades de nuestros
países. Que sepan, como dice Liliana Felipe, que es una cantautora argentina
que vive en México: "Que sepan esa especie sin memoria, que son los
asesinos, los políticos que aquí estamos, que aquí estaremos, que tenemos
memoria, que solamente con memoria se construyen proyectos, se construye
la vida". 
LUNES 23 DE DICIEMBRE DE 2002
CRISTINA ESCOFET- Dramaturga.
Buenos días, gracias por haberme
invitado y por poder compartir con Ustedes un fragmento de algo que
siento como si fuera mío, Eduardo Galeano, "Patas para arriba, la escuela
del mundo del revés": Nos han acostumbrado al desprecio de la vida y
a la prohibición de recordar. Los medios de comunicación y los centros
de educación no suelen contribuir mucho que digamos a la integración
de la realidad y su memoria. Cada hecho está divorciado de los demás
hechos, divorciado de su propio pasado y divorciado del pasado de los
demás. La cultura de consumo nos adiestra para creer que las cosas ocurren
porque sí. Incapaz de reconocer sus orígenes, el tiempo presente proyecta
el futuro como su propia repetición, donde mañana es otro nombre de
hoy. La organización desigual del mundo que humilla a la condición humana
pertenece al orden eterno y la injusticia es una fatalidad que estamos
obligados a aceptar o aceptar. La historia se repite o se repite solo
como penitencia de quienes son incapaces de escucharla, no hay historia
muda, por mucho que la quemen, por mucho que la rompan, por mucho que
la mientan la historia humana se niega a callarse la boca. El tiempo
que fue sigue latiendo vivo dentro del tiempo que es, aunque el tiempo
que es no lo quiera o no lo sepa. El derecho de recordar, no figura
entre los derechos humanos consagrados por las Naciones Unidas, pero
hoy es más que nunca necesario reivindicarlo y ponerlo en práctica,
no para repetir el pasado sino para evitar que se repita, no para que
los vivos seamos ventrílocuos de los muertos, sino para que seamos capaces
de hablar con voces no condenadas al eco perpetuo de la estupidez y
la desgracia. Cuando de veras está viva la memoria, no contempla la
historia sino que la invita a hacer más que en los museos donde la pobre
se aburre. La memoria está en el aire que respiramos, y bella desde
el aire nos respira. Recordar el pasado para liberarnos de sus maldiciones,
no para atar los pies del tiempo presente sino para que el presente
camine libre de trampas. Hasta hace algunos siglos se decía recordar
para decir despertar y todavía la palabra se usa en ese sentido en algunos
lugares de América Latina. La memoria despierta es contradictoria como
nosotros y nunca está quieta, y como nosotros cambia, no nació para
ancla tiene más bien vocación de catapulta, quiere ser punto de partida
no de llegada. Ella no reniega de la nostalgia pero prefiere la esperanza,
su peligro, su intemperie. Creyeron los griegos que la memoria es hermana
del tiempo y de la mar, y no se equivocaron. Por eso la impunidad es
hija de la mala memoria. Muchas gracias. 
SANDRA LORENZANO- Escritora.
Gracias, buenos días les agradezco
mucho la invitación a compartir con Ustedes esta mañana y este reclamo.
Estoy muy conmovida y espero que la lectura salga bien. Soy de la raza
del libro con que se construyen las moradas, escribió Edmon Yabes dueño
de ninguna patria, dueño de todas las voces y de la mirada oblicua de
la extranjería. Los libros, las palabras son la morada aquello que nos
protege de la intemperie que nos da asideros ante el dolor, aquello
que hace que no sea grito permanente el desgarramiento. Suelo arroparme
con palabras, buscar su tibieza en el desamparo, su rostro familiar
ante lo desconocido. Suelo buscar en las palabras la protección que
la realidad tantas veces nos niega, quizás por eso empecé con esa frase
de Edmon Yabes, porque también para mí la patria está en los libros
aunque por supuesto hay lugares en el mundo que me duelen más que otros,
lugares donde cada noticia del diario se me hace carne, donde cada mañana
en la plaza es una marca para siempre. Entre esos lugares está el que
eligieron hace más de un siglo mis abuelos para fundar una vida, para
que crecieran sus hijos y los hijos de sus hijos mientras el mundo fuera
mundo y las estirpes condenadas a cien años de soledad, nacieran sólo
con las huellas de la memoria. Y fue por ese río de sueñera y de barro,
dice un verso entrañable, maravilloso y atroz origen y final para tantos,
llegaron cantando en idiomas que ya no recordamos con la nostalgia grabada
para siempre en las pupilas. Pero la historia parece tantas veces desconocer
los deseos y los amores, los anhelos antiguos de aquellos inmigrantes,
y el mundo siguió siendo mundo y las estirpes siguieron condenadas a
los desencuentros, pero como dijo el poeta cumplida no fue su joven
voluntad, no fuimos felices como ellos lo soñaron no nos cubrió un cielo
protector, no siempre supimos del amor y de la risa, no pudimos dejar
que nuestras raíces crecieran en paz, ni las nuestras ni las de los
hijos de nuestros hijos. Y vamos por el mundo con nuestro hogar a cuestas
y un determinado brillo en la mirada, o una cierta cadencia en el habla
muestra ese lugar que nos duele más que otros. Tengo un dolor aquí del
lado de la patria, escribió la uruguaya Cristina Perirrosi. Pero a pesar
del horror, de la muerte, de los infinitos exilios, a pesar de haber
atravesado el siglo más terrible de la historia de la humanidad, a pesar
del humo que ahuyentó a los pájaros de Bujembald, del ruido ensordecedor
que nos cubrió un día cualquiera de agosto del 45, a pesar de los 30.000
árboles truncados que nunca crecerán en nuestros bosques, a pesar de
las ausencias que cubren el aire, de los trenes negros y de los blancos,
de no haber podido cumplir aquel viejo sueño, a pesar de julio del 94
estamos aquí diciendo presente, exigiendo justicia convocando con el
Shofar a aquellos abuelos del principio de los tiempos compartiendo
con ellos nuestras palabras, nuestras moradas. Y es así simplemente
porque tenemos memoria aunque tantas veces quieran borrarla por decreto,
cancelarla con enmiendas y con leyes. La memoria nos salva del ahogo,
nos convierte en militantes de la vida, nos permite que estos lunes
en la plaza sean también una charla cercana íntima con nuestros muertos
queridos, una charla íntima que alguien llamó testimonios aunque sepamos
que nadie puede dar testimonio sino el testigo y que los verdaderos
testigos son en realidad aquellos que no están. Y sin embargo es por
ellos que tenemos la obligación de seguir hablando, de seguir recordando,
de seguir dando nuestro imposible testimonio porque sabemos que el antónimo
del olvido no es la memoria sino la justicia , es que salimos de nuestras
moradas acompañados por todos por los que están y por los que no están,
por los que fueron y serán por los siglos de los siglos así sea.
JORGE DUBATTI- Crítico e historiador
teatral.
Como crítico e historiador teatral
quiero interpretar mi presencia en este foro en representación de los
teatristas que Ustedes saben, los que amamos el teatro sabemos de la
necesidad de la memoria, el teatro lucha por los mismos principios y
los mismos fines de Memoria Activa. El teatro que inspiran las musas
"Melpómene depsícori talía" y las musas son hijas, como decían los griegos,
de Zeus y de Nemosine, la memoria. El teatro insiste una y otra vez,
en que el hombre sólo es hombre a través de la experiencia de la memoria,
memoria del pasado y memoria del presente como recién decía Cristina
Escofet. Fuente de identidad y fuente de los valores, condición para
la justicia el mismo espíritu que anima a Memoria Activa. El teatro
habla además de una memoria en reunión, una memoria ejercida en el encuentro
de presencias, en el contacto de áureas que es la base del teatro, eso
que diferencia al teatro del cine el encuentro de presencia de los teatristas,
el público y los técnicos. Una memoria que es combivio con los otros
y con uno mismo es decir memoria de socialización y memoria de intimidad.
Sobre el peligro de perder la memoria hablan muchísimas obras del teatro
argentino, yo recuerdo una entre otras "El visco" de Marta De Gracia
en el que un grupo de personajes grotescos y enajenados no puede recordar
su pasado y en consecuencia no logra reconocer su lugar en el mundo.
Lo mismo podemos decir de "Pablo" de Eduardo Pablovsky, recuerdo la
indicación que les daba la directora Laura Schusen a los artistas, los
personajes de "Pablo" debían iniciar sus acciones y en el medio de su
desarrollo olvidaban el sentido de esas acciones y las interrumpían.
Sobre las ventajas de la memoria hablan para nombrar sólo algunos de
los espectáculos actuales, el ciclo de "Teatro por la Identidad" y "El
fulgor argentino" del grupo Catalinas Sur, la memoria de la historia,
la memoria de lo sucedido. La memoria es en el teatro también una fuerza
irreprimible que proviene de las aguas profundas del sujeto, como es
en el caso de "Alles tu Alles" la pieza que en Buenos Aires se conoció
como "Polvo eres" de Harold Pinter, una mujer que no pudo haber sufrido
por su edad la experiencia de los campos de concentración nazis, de
lo contrario sería un anacronismo porque vive en el presente y tiene
40 años, recuerda atribulada e involuntariamente la experiencia de los
campos como parte de su propio pasado, las imágenes opresivas de bebés
secuestrados, entradas en el mar y trenes vuelven a ella una y otra
vez mientras intenta evocar otras circunstancias de su pasado, a pedido
de su pareja Deblin, quien le exige información sobre los vínculos con
un amante. El recuerdo del horror del exterminio emerge en la mujer
como la corriente de una napa profunda de la conciencia colectiva la
de un imaginario compartido que, como sostiene Pinter políticamente,
aflora incluso en aquellos que no han participado directamente ni en
el génesis del horror ni lo han padecido, o aquellos que se creen egoístamente
al margen del dolor. Como el teatro esta tribuna habla de la necesidad
de la memoria, como el teatro este espacio invita a la memoria como
acto de presencias, como combivio, como reunión y encuentro de intimidad.
Como las piezas de Pablovsky y de Harold Pinter esta tribuna sostiene
que la memoria es una herramienta de lucha sin mella, una herramienta
incandescente, una herramienta que brilla en la oscuridad de los tiempos
adversos con la inspiración de la justicia tan esperada. 
LUNES 30 DE DICIEMBRE DE 2002
IRMA BEIGEL- Memoria Activa.
Otro año más que termina sin justicia
para nuestros familiares y amigos asesinados en la AMIA. Un año con
un juicio oral y escondido en un bunker helado, lejos de las cámaras
y de la prensa. Posiblemente en el próximo año el mundo verá el cierre
definitivo de la causa AMIA, y no veremos el juzgamiento de los asesinos
ni de los autores materiales e intelectuales, ni de los cómplices y
encubridores, ni de los responsables de la falta de investigación. A
lo largo del año desfilaron, con su cassette aprendido de memoria, por
los tribunales de Comodoro Py bomberos, policías, delirantes, mitómanos,
ladrones de autos, prostitutas, perejiles y otras yerbas. Pero no vimos
y se supone que no veremos en el banquillo de los acusados a los Menem,
los Duhalde, al entonces secretario de inteligencia Hugo Franco, ni
a los sucesivos Ministros del Interior Ruckauf y Corach, todos responsables
máximos de las fuerzas de seguridad del país, todos culpables por acción
u omisión. Ellos permitieron que el atentado tuviera lugar y consintieron
que la masacre múltiple de nuestros familiares y amigos, fuera enterrada
nuevamente por la impunidad y el encubrimiento y por su complicidad.
Las palabras también se cansan, cuando mañana a las doce digamos adiós
a este año terrible en nuestro país, lo haremos con la oscura certeza
de que estamos frente a un nuevo genocidio, sabemos quienes fueron los
viejos genocidas, los responsables de la desaparición forzada de 30.000
personas y de la apropiación de millares de niños. Y sabemos hoy quienes
son los nuevos genocidas, los mismos que conocieron, ocultaron y avalaron
los dos atentados más sangrientos de la historia argentina, máximos
responsables de las políticas corruptas que llevaron a que un país hermoso
se convierta en la tierra arrasada que mata por desnutrición a sus pobladores.
Los nuevos genocidas también son culpables de robarnos los afectos,
tenemos amigos que están muy lejos peleando por las posibilidades de
desarrollo que esta tierra argentina les niega. A Miriam Kladniew en
Madrid, a Pablo Gurevich en Barcelona, a Nicolás Lew en Londres, a Marta
Utin en Madrid, a Mirta que hoy está pero que parte nuevamente a los
Estados Unidos, todos ellos Memoria Activa los abrazamos con todo nuestro
amor en este fin de año. Y para todos nosotros, habitantes de la plaza
de los lunes, de Memoria Activa, que a los brindis y los augurios se
sume el potente deseo de un 2003 sin hambre, con justicia y con trabajo.

LILIANA VITALE- Cantante.
Quiero cantarles, compartir con
Ustedes dos pequeñas canciones. La primera la hice en ocasión de visitar
Perú a raíz de una situación de también Genocidio aquí en Latinoamérica.
La segunda es una canción de Peteco Carabajal. Ahí va la primera: La
piel enrojecida, el calor Enrojecido el cielo, no hay perdón No veo
el horizonte, de este mar Una nube de humo, más allá. Flota el agua
en el aire, entristece Todo el interior duele, enloquece. Rojo sangre
caliente, se olvidó Mienten que sólo uno se murió. Soledad de cien años,
soledad Que sólo recordemos la verdad. Un silencio peruano, por favor
Un nudo en la garganta se cerró. "Arde la vida" de Peteco Carabajal
tiene unas bellas palabras, que dicen así: Yo voy dejando notas sobre
las piedras entre las telas suaves, por el camino Sólo algunas me guardo
las que hice mías, las que llevan con ellas mis pensamientos lo demás
va quedando en las horas, en las infinitas melancolías. Todo va transformándose
en cada instante como un fuego chispeante arde la vida. Quiero cantar
palabras que expresen mundos miradas inocentes, atardeceres, la soledad,
el miedo, las esperanzas, encuentros, emociones y despedidas. Quiero
unirme al clamor de la madre que ha perdido la luz de su vientre. Todo
se va incluyendo y nos pertenece a cada ser viviente una utopía. Felicidad
de arena, aguas transparentes Como se nos escapa de entre las manos
Si perdemos al ángel que nos protege andaremos sin rumbo, ya sin camino.
Sólo existe belleza en las almas translucidas por nuestras miradas Todo
va transformándose en cada instante Como un fuego chispeante, arde la
vida. 

