LUNES 2 DE DICIEMBRE DE 2002

MARCELO POLAKOFF- Rabino.

Tengo un texto que escribí, después una mala noticia y después una buena. Estamos en la festividad de Jánuca rememorando un suceso que acaeció hace casi 2200 años, cuando unos pocos Macabeos triunfaron sobre los poderosos helenizantes que querían borrar la tradición judía, y lograron restablecer la soberanía sobre su suelo. ¿Y cómo hacemos esta fiesta?, la hacemos encendiendo velas durante ocho días, porque elegimos no recordar unos pocos militares sino celebrar el milagro de la permanencia de un mensaje que trasciende. Y la excusa para las velas es un pequeño relato que nos dice que se encontró un famoso guijarro de aceite consagrado en el templo de Jerusalem, una vez que los judíos reingresaron al recinto profanado, y cuyo contenido duraba solamente para un día, y como hacían falta ocho días para preparar una nueva partida y milagrosamente ese aceite permaneció encendido durante todos esos días, entonces para permitir que el candelabro siga ardiendo permanentemente, es por eso que hoy celebramos esta fiesta durante ocho días. Ahora, pregunta de nuestros sabios una pregunta muy inteligente: Si el aceite, que se encontró en el templo debía durar un día entero, el milagro entonces comenzó el segundo día cuando el fuego siguió prendido. Quiere decir entonces que la pregunta es ¿Por qué festejamos ocho días y no siete, el milagro duró siete?. ¿Cuál fue el milagro del primer día si el fuego tenía que encender y durar ese día?. El milagro sencillamente fue cómo ellos se contestaron, cómo los Macabeos se contestaron, la siguiente pregunta: ¿Tiene sentido encender este aceite ahora si igual se va a consumir antes de que podamos reponerlo? ¿Por qué no esperar una semana y encenderlo con la seguridad de poder continuarlo?. Aquellos judíos deben haber dudado, pero de todas formas encendieron la Menoráh, y ese fue el milagro del primer día. Nada aseguraba que la luz iba a seguir durando ocho días e igual lo encendieron, que nada aseguraba que la lucha tendría éxito y aún así lucharon. Y este milagro de fe no nos ha abandonado, hoy se reedita en nosotros con Memoria Activa, se ha convertido en antídoto contra la desesperanza, en un grito para voces apagadas, en la lucha y la batalla contra el olvido, en un ejercicio semanal de conciencia ciudadana y de apuesta cívica aún sin ninguna garantía, y con menos señales de éxito de las que nos gustaría apreciar. No tenemos la victoria asegurada y a pesar de ello, ponemos la cara de frente ante el dolor y sacamos pecho, y combatimos la indiferencia, la apatía diciéndole a todos los argentinos que encoger de hombros es encoger como hombres, es acortar el alma y es achicar la patria. En Jánuca algunos piadosos siguen la costumbre de preparar por la mañana el candelabro que se encenderá a la noche, y no es solamente que lo hacen en función de ser previsores y de no querer perder tiempo más tarde, sino que lo hacen conmemorando una muy vieja práctica del Beit ha Mikdash (el Templo de Jerusalem), llamada en hebreo Atabat Ha Neiroth a través de la cual el sumo Sacerdote ordenaba el candelabro, la Menoráh, y la dejaba lista cada mañana para volver a encenderla a la noche. Memoria Activa sin saberlo, también rinde homenaje a esta vieja práctica, cada lunes por la mañana preparamos los materiales, acercamos nuestro aceite no perecedero, traemos nuestra mecha bien embebida en memoria, y nos hacemos vasija de un clamor que no cesa. Y así mañana tras mañana, de contables e incontables lunes, por ahora la noche llega y sigue oscuro, pero nuestra permanencia en esta plaza la próxima mañana de lunes, es la garantía de que alguna otra noche por fin se va a encender la luz de la justicia. Ese es el texto. La mala noticia es que lo escribí y lo dije en Jánuca de 1999, y desde ese momento hasta hoy sigue oscuro. La buena noticia es también que desde ese momento hasta hoy nosotros seguimos acá.


ARTURO SAPIA- Secretario General de la S.A.D.E.

Estoy emocionado y agradecido por la invitación a conmemorar este nuevo lunes de lucha de Memoria Activa. Los escritores argentinos, y todos los que amamos la paz y la justicia, sabemos, por experiencia propia, y de otros pueblos que la perdieron, que es el camino más corto hacia la barbarie, la disolución social y el derrumbe de las instituciones de la República. Sin justicia, no hay orden social, ni político, ni institucional, que pueda sostenerse en el tiempo, tampoco se puede pensar en un país, en que los ciudadanos puedan vivir con dignidad y respeto. En la causa AMIA se ha ido más lejos, se han destruido pruebas, borrado rastros, eliminado testigos, sembrado dudas donde había certezas, certezas donde debería dudarse, siempre para beneficio e impunidad de los asesinos. Las garantías de un juicio justo, que hubiera sido el que hubiéramos querido, se esfumaron, se diluyeron, se dilataron con equívocos, idas y vueltas perfectamente calculadas, organizadas y planificadas desde los pliegues del poder. La desidia cómplice nos ha obligado, además de víctimas del atentado, a constituirnos como fiscales, fiscales sin tregua ni descanso, buscando la verdad con la más poderosa de las fuerzas del hombre, la fuerza del amor. Memoria Activa es un símbolo de lucha por la justicia, al lado de otras que empezaron antes, y otras que seguramente continuarán después, si no los detenemos, las madres, el pueblo de Catamarca, los jubilados, los niños de la calle, los desocupados, los sin techo, de Miguel Bru, de Cabezas, es la misma lucha, somos uno y a la vez millones. Hay un juicio, pero ¿habrá castigo?. Hay presos, pero ¿son todos los que debieran?. ¿Quiénes faltan?, faltan sin duda los encubridores, los que planearon, los que ejecutaron, los responsables políticos del atentado, los que escudándose y aprovechando la inmunidad y la impunidad de sus cargos, facilitaron la fuga de los asesinos y de las pruebas. Esos mismos hoy, siguen gobernando, son candidatos, manejan las relaciones exteriores, hacen pactos para seguir en el poder, se votan entre ellos, en lo que parece más una monarquía, donde el pueblo está de espaldas mientras en el palacio, todo sigue igual, las mismas mafias, distintos ropajes, las mismas caras, peleas cortesanas, crímenes cortesanos, se tiran cadáveres, se pintan la cara, proclaman a la mejor policía del mundo. Son cobardes, se arrodillan ante el dinero y el poder de los poderosos del mundo. Son jenuflexos, incapaces, mentirosos e hipócritas, compran votos y se reparten la comida de los pobres. No tienen vergüenza. El atentado a la AMIA es sólo una muestra de lo que pueden hacer, de lo que son capaces de hacer si los dejamos impunes. El esclarecimiento del atentado es una de las muchas batallas que debemos dar. Es una de las muchas batallas que peleamos los que no queremos entregarnos al horror de una Nación decadente, pisoteada y temerosa que ya no confía en sus propias fuerzas. Honremos a nuestros mártires, juremos justicia, y pongámonos de pie, de una vez, y para siempre. Muchas gracias.


LUNES 9 DE DICIEMBRE DE 2002

LOLA PRAÑO-GOMEZ- Dra. en Filosofía.

Buenos días con todos, en primer lugar quiero agradecer a las personas que me han invitado a unirme a Ustedes. Cuando recibí la invitación mi primera reacción fue, yo soy extranjera ¿qué puedo decirles yo a ustedes que les diga algo?. Y decidí que no importaba eso, que simplemente yo tenía que venir para mostrar mi solidaridad con Ustedes y con la causa. Yo soy fundamentalmente investigadora, o sea que soy de esos bichos que se pasan en la clase y en la oficina leyendo, pero de alguna manera estoy conectada muy visceralmente con lo que pasa especialmente en Argentina, por razones biográficas que no voy a entrar a detallar, y no tiene sentido ni mi enseñanza ni la investigación si no está conectada a mantener la memoria, a recordar. Porque creo que hoy día es tal vez la única forma, o una de las únicas formas de lucha que quedan, creo que mientras haya memoria tenemos esperanza, y por eso yo venía acá como latinoamericana a decirles que me junto a Ustedes, agradezco ver estas manifestaciones y creo que mientras haya gente como Ustedes, que insiste en mantener la memoria y en que no nos describan la historia desde lugares en que nos borran, tenemos esperanza. Muchas gracias.


MARIA IBARRETA- Actriz.

Gracias, buenos días. En principio quiero agradecer que me hayan cobijado para participar y compartir este espacio de memoria y resistencia. Voy a leer un texto de un gran dramaturgo, Bertold Brecht, y dice: "Quien aún vive que no diga nunca, jamás. Lo seguro, no es seguro y seguirá siendo lo que es. Cuando hayan hablado los gobernantes, hablarán los gobernados. ¿Quién osa decir jamás? ¿de quien depende que siga la opresión? De nosotros, ¿de quien depende que se la quiebre? De nosotros también. Tú que haz caído, levántate. Tú que crees estar perdido, lucha. ¿Quién podrá detener a quien ha comprendido? Pues los vencidos de hoy serán los vencedores mañana, y el jamás será hoy". Buenos días y muchas gracias.


LUNES 16 DE DICIEMBRE DE 2002

EUGENIA BEKERIS- Artista Plástica.

Es un honor para mí sumarme una vez más a este encuentro de Memoria Activa, en esta plaza de la dignidad donde todos los lunes un grupo de personas se reúne desde hace tantos años en reclamo de justicia para las víctimas de los atentados terroristas. La Argentina sería otra sin esta presencia ya que después de los dos atentados, podemos hablar de un país distinto. Exigiendo justicia en un país atravesado por un pasado brutal con 30.000 desaparecidos, hijos buscando a sus padres, abuelas recuperando nietos apropiados un pasado que se continúa en presente desolador, donde la injusticia y el maltrato a los ciudadanos, sigue siendo la ley. La ausencia de justicia por los atentados y la ausencia de justicia en el plano social y económico son ambas hijas de la cultura de la violencia y la impunidad que es característica de la clase dominante de la Argentina y que llegó al paroxismo durante la dictadura militar, así que es imposible obtener justicia en el caso de la AMIA si no se logra modificar lo demás. La tragedia de la Argentina está en la incapacidad actual de construir en el plano político una alternativa democrática, a pesar de que la Argentina pelea desde abajo creando redes solidarias para quienes lo perdieron todo antes. Las organizaciones barriales, los movimientos de piqueteros podrán evitar que vuelvan al poder los corruptos que todos conocemos bien, si las cosas van verdaderamente mal quién puede excluir la hipótesis de la llegada de algún hombre fuerte que instaure el autoritarismo. Es también a causa de esta situación peligrosa, desesperante en el plano político que las luchas por la memoria y todas las otras iniciativas solidarias que nacen desde abajo en la sociedad, son particularmente importantes porque son elementos de resistencia y construyen o mantienen viva la esperanza en un futuro diferente, se podría decir que van perfigurando un futuro distinto. En la Argentina, sabemos, continúa la política económica para la exclusión y el exterminio y no ha cambiado su rumbo durante décadas beneficiando a algunos pocos y perjudicando a la mayoría. Sabemos hoy que cada muerte, a cada hora, en cada lugar de nuestro país por hambre, humillación y exclusión tiene una causa, un responsable con nombre y apellido que deberá ser juzgado por asesinato. No puedo evitar los pantallasos que me llevan a recordar escenas de guetos durante la segunda guerra en Europa, cuando veo a mis compatriotas comer de la basura, dormir en las veredas, juntar cartón en carros que desfilan en cualquier momento del día por todo el país, casas tomadas, fábricas cerradas, trabajadores sin destino junto a sus familias. Personas una vez más deshumanizadas hasta desaparecer nuevamente como un número más para las estadísticas, si esto no es un genocidio entonces ¿qué es?. ¿Qué será en este triste contexto nuestro destino y el de nuestros hijos creciendo de esta cultura inédita?. Si comprendemos que el dolor que provoca este plan siniestro en la intimidad de nuestra vida es el de todos y si sabemos que cada víctima somos cada uno de nosotros, que cada niño que muere somos nosotros, que cada ciudadano que pierde sus derechos a una vida digna somos nosotros, que cada piquetero nos representa a todos y anticipa nuestro destino hemos de encontrar una estrategia eficaz para exigir una vez más juicio y castigo a los responsables de la gran tragedia argentina. Un piquetero decía que luchaba por no morir en el anonimato y en el silencio, una pintada decía en un muro "no les importamos ni vivos ni muertos", es evidente que para quienes hacen de nuestro presente un infierno estas reflexiones son ciertas, pero para nosotros las cosas son muy diferentes. A nosotros sí nos importa la vida y por eso luchamos por la justicia, si le damos el verdadero valor que debe tener la vida cada muerte injusta adquirirá su valor. Como artista plástica e hija de sobrevivientes de la Shoá, no soy indiferente ni al pasado ni al presente, la memoria debe ser del pasado y del presente para no olvidarnos del verdadero valor de la vida, para conservar nuestra conciencia lo más intacta posible nuestra capacidad reflexiva y solidaria para hacer de nuestro país un lugar más justo para todos.


Dra. GRACIELA BAVASTRO- Médica.

Quiero agradecer esta invitación a compartir con Ustedes este momento. Me siento conmocionada, por vuestra generosidad y ecumenismo, y por la oportunidad que se ofrece a cada disertante de expresar sus sentimientos, que son en verdad lo que nos une. ¿Dónde estábamos los que aquí estamos, ese 18 de julio?. La mayoría de Ustedes lo recordará con exactitud, porque sus vidas se detuvieron y ya nunca volvieron a ser iguales. Yo, sólo recuerdo un gran dolor que fortuitamente coincidió con otro 18 de julio, veintitrés años antes, en que di a luz con dolor a mi primer hija, sin vida. Un gran dolor y la misma pregunta. ¿Por qué?. Aquella circunstancia personal no tuvo respuesta. Aún no se conocían los medios diagnósticos que años después ayudaron en estos casos. Sólo confié que Dios me daría otra oportunidad y así fue. Hace 8 años ante este otro dolor también me pregunté. ¿Para qué? ¿Quiénes? ¿Por qué aquí? ¿Por qué a nosotros?. Hasta ahora más sospechas que conclusiones. Una intrincada red, una tragedia de enredos y los sospechosos de siempre. Esos que se arrastran en los oscuros laberintos de las incertidumbres. Esas que cubren con sus tinieblas las preguntas que en el transcurso de estos últimos 30 años nos hacemos sobre los 30.000 desaparecidos, la explosión de Río Tercero, la Embajada de Israel, el asesinato de Cabezas y hasta la actualidad con los crímenes del 20 de diciembre, de Diego Peralta, Ezequiel Desandi, Verón y Kostecki entre otros. Distintas motivaciones pero el mismo instinto asesino. Como médica sé del esfuerzo y labor artesanal que se pone al servicio de la vida, desde su concepción hasta su fin. Siempre pensé que si todos pudieran acceder al conocimiento profundo de los mecanismos que mantienen los organismos vivos, no nos animaríamos a matar ni a una hormiga, para no interrumpir tamaña maravilla. Pero ellos, los asesinos intelectuales y los de hecho, tienen otros códigos y otros sentimientos, a pesar de estar formados por la misma materia. Así es desde el comienzo de nuestra especie. La tragedia de Caín y Abel perpetuada a través del tiempo. Pero este pueblo ha ido aprendiendo de sus dolores, ha sacado fuerzas de sus debilidades, ha compartido su dolor con sus pares y partiéndolo con otros, ha madurado y creado estrategias. A pesar del desgarramiento profundo no ha pensado en la venganza ni en la muerte. Otras son las armas: la constancia, la solidaridad, el apoyo mutuo, la paciencia, el coraje y el convencimiento de que Dios está de nuestro lado. Las Madres iniciaron y marcaron este rumbo. Hemos aprendido y cada vez somos más. Sólo la justicia aliviará el dolor, no importa cuánto esfuerzo demande, cuánto tiempo sea necesario, cuántas palabras deban expresarse. Este clamor persistirá y será una bruma permanente que rodeará a los autores de estos hechos. Ellos deben saber que tampoco para ellos la vida será igual y que reconocer sus culpas y aceptar la condena debe ser el camino.


NORA WASSNER- Familiar de víctima de AMIA.

Desde que recibí la invitación allá muy lejos, en México, me preguntaba qué puedo compartir con Ustedes, y un torbellino de imágenes vinieron. 18 de julio de 1994, una mañana de lunes como cualquier lunes, llevé a los chicos a la escuela y me fui al consultorio, una llamada de mi madre, un atentado en la AMIA, Andrés estaba trabajando ahí. Viajamos esa noche, hacía 6 años que no venía a Argentina. La rabia, la angustia, el miedo. Pasaban los días, el cuerpo de Andrés no aparecía. 1994 de repente era 1976, eran los asesinados y los desaparecidos, era la pérdida y la desolación, era mi hermana adorada y su familia y sus proyectos, y yo tan lejos allá en México, que desgarramiento. En ese momento se me vino encima todo el miedo, toda la angustia que guardé, escondí en el '76 cuando un avión nos llevó a Israel, nos separó de todo lo nuestro y sólo tenía 18 años y Diana 16, y no tenía miedo, quizás esa tristeza que marcó mi vida. Y Diana me contaba de Memoria Activa, esta lucha incansable de 8 años de semana tras semana exigiendo justicia, peleando por la vida, por una vida mejor para nuestros hijos. Y para mí Memoria Activa era el sostén de mi hermana, era su familia, eran también los portavoces de mis gritos de justicia de mis Nunca Más allá lejos en México. Los que tuvimos la posibilidad de construir una vida, los que tenemos memoria. Y hoy estoy acá, con mis hijos, con mi familia, con mis queridos amigos dolida con la miseria, con el hambre, con las desigualdades de nuestros países. Que sepan, como dice Liliana Felipe, que es una cantautora argentina que vive en México: "Que sepan esa especie sin memoria, que son los asesinos, los políticos que aquí estamos, que aquí estaremos, que tenemos memoria, que solamente con memoria se construyen proyectos, se construye la vida".


LUNES 23 DE DICIEMBRE DE 2002

CRISTINA ESCOFET- Dramaturga.

Buenos días, gracias por haberme invitado y por poder compartir con Ustedes un fragmento de algo que siento como si fuera mío, Eduardo Galeano, "Patas para arriba, la escuela del mundo del revés": Nos han acostumbrado al desprecio de la vida y a la prohibición de recordar. Los medios de comunicación y los centros de educación no suelen contribuir mucho que digamos a la integración de la realidad y su memoria. Cada hecho está divorciado de los demás hechos, divorciado de su propio pasado y divorciado del pasado de los demás. La cultura de consumo nos adiestra para creer que las cosas ocurren porque sí. Incapaz de reconocer sus orígenes, el tiempo presente proyecta el futuro como su propia repetición, donde mañana es otro nombre de hoy. La organización desigual del mundo que humilla a la condición humana pertenece al orden eterno y la injusticia es una fatalidad que estamos obligados a aceptar o aceptar. La historia se repite o se repite solo como penitencia de quienes son incapaces de escucharla, no hay historia muda, por mucho que la quemen, por mucho que la rompan, por mucho que la mientan la historia humana se niega a callarse la boca. El tiempo que fue sigue latiendo vivo dentro del tiempo que es, aunque el tiempo que es no lo quiera o no lo sepa. El derecho de recordar, no figura entre los derechos humanos consagrados por las Naciones Unidas, pero hoy es más que nunca necesario reivindicarlo y ponerlo en práctica, no para repetir el pasado sino para evitar que se repita, no para que los vivos seamos ventrílocuos de los muertos, sino para que seamos capaces de hablar con voces no condenadas al eco perpetuo de la estupidez y la desgracia. Cuando de veras está viva la memoria, no contempla la historia sino que la invita a hacer más que en los museos donde la pobre se aburre. La memoria está en el aire que respiramos, y bella desde el aire nos respira. Recordar el pasado para liberarnos de sus maldiciones, no para atar los pies del tiempo presente sino para que el presente camine libre de trampas. Hasta hace algunos siglos se decía recordar para decir despertar y todavía la palabra se usa en ese sentido en algunos lugares de América Latina. La memoria despierta es contradictoria como nosotros y nunca está quieta, y como nosotros cambia, no nació para ancla tiene más bien vocación de catapulta, quiere ser punto de partida no de llegada. Ella no reniega de la nostalgia pero prefiere la esperanza, su peligro, su intemperie. Creyeron los griegos que la memoria es hermana del tiempo y de la mar, y no se equivocaron. Por eso la impunidad es hija de la mala memoria. Muchas gracias.


SANDRA LORENZANO- Escritora.

Gracias, buenos días les agradezco mucho la invitación a compartir con Ustedes esta mañana y este reclamo. Estoy muy conmovida y espero que la lectura salga bien. Soy de la raza del libro con que se construyen las moradas, escribió Edmon Yabes dueño de ninguna patria, dueño de todas las voces y de la mirada oblicua de la extranjería. Los libros, las palabras son la morada aquello que nos protege de la intemperie que nos da asideros ante el dolor, aquello que hace que no sea grito permanente el desgarramiento. Suelo arroparme con palabras, buscar su tibieza en el desamparo, su rostro familiar ante lo desconocido. Suelo buscar en las palabras la protección que la realidad tantas veces nos niega, quizás por eso empecé con esa frase de Edmon Yabes, porque también para mí la patria está en los libros aunque por supuesto hay lugares en el mundo que me duelen más que otros, lugares donde cada noticia del diario se me hace carne, donde cada mañana en la plaza es una marca para siempre. Entre esos lugares está el que eligieron hace más de un siglo mis abuelos para fundar una vida, para que crecieran sus hijos y los hijos de sus hijos mientras el mundo fuera mundo y las estirpes condenadas a cien años de soledad, nacieran sólo con las huellas de la memoria. Y fue por ese río de sueñera y de barro, dice un verso entrañable, maravilloso y atroz origen y final para tantos, llegaron cantando en idiomas que ya no recordamos con la nostalgia grabada para siempre en las pupilas. Pero la historia parece tantas veces desconocer los deseos y los amores, los anhelos antiguos de aquellos inmigrantes, y el mundo siguió siendo mundo y las estirpes siguieron condenadas a los desencuentros, pero como dijo el poeta cumplida no fue su joven voluntad, no fuimos felices como ellos lo soñaron no nos cubrió un cielo protector, no siempre supimos del amor y de la risa, no pudimos dejar que nuestras raíces crecieran en paz, ni las nuestras ni las de los hijos de nuestros hijos. Y vamos por el mundo con nuestro hogar a cuestas y un determinado brillo en la mirada, o una cierta cadencia en el habla muestra ese lugar que nos duele más que otros. Tengo un dolor aquí del lado de la patria, escribió la uruguaya Cristina Perirrosi. Pero a pesar del horror, de la muerte, de los infinitos exilios, a pesar de haber atravesado el siglo más terrible de la historia de la humanidad, a pesar del humo que ahuyentó a los pájaros de Bujembald, del ruido ensordecedor que nos cubrió un día cualquiera de agosto del 45, a pesar de los 30.000 árboles truncados que nunca crecerán en nuestros bosques, a pesar de las ausencias que cubren el aire, de los trenes negros y de los blancos, de no haber podido cumplir aquel viejo sueño, a pesar de julio del 94 estamos aquí diciendo presente, exigiendo justicia convocando con el Shofar a aquellos abuelos del principio de los tiempos compartiendo con ellos nuestras palabras, nuestras moradas. Y es así simplemente porque tenemos memoria aunque tantas veces quieran borrarla por decreto, cancelarla con enmiendas y con leyes. La memoria nos salva del ahogo, nos convierte en militantes de la vida, nos permite que estos lunes en la plaza sean también una charla cercana íntima con nuestros muertos queridos, una charla íntima que alguien llamó testimonios aunque sepamos que nadie puede dar testimonio sino el testigo y que los verdaderos testigos son en realidad aquellos que no están. Y sin embargo es por ellos que tenemos la obligación de seguir hablando, de seguir recordando, de seguir dando nuestro imposible testimonio porque sabemos que el antónimo del olvido no es la memoria sino la justicia , es que salimos de nuestras moradas acompañados por todos por los que están y por los que no están, por los que fueron y serán por los siglos de los siglos así sea.


JORGE DUBATTI- Crítico e historiador teatral.

Como crítico e historiador teatral quiero interpretar mi presencia en este foro en representación de los teatristas que Ustedes saben, los que amamos el teatro sabemos de la necesidad de la memoria, el teatro lucha por los mismos principios y los mismos fines de Memoria Activa. El teatro que inspiran las musas "Melpómene depsícori talía" y las musas son hijas, como decían los griegos, de Zeus y de Nemosine, la memoria. El teatro insiste una y otra vez, en que el hombre sólo es hombre a través de la experiencia de la memoria, memoria del pasado y memoria del presente como recién decía Cristina Escofet. Fuente de identidad y fuente de los valores, condición para la justicia el mismo espíritu que anima a Memoria Activa. El teatro habla además de una memoria en reunión, una memoria ejercida en el encuentro de presencias, en el contacto de áureas que es la base del teatro, eso que diferencia al teatro del cine el encuentro de presencia de los teatristas, el público y los técnicos. Una memoria que es combivio con los otros y con uno mismo es decir memoria de socialización y memoria de intimidad. Sobre el peligro de perder la memoria hablan muchísimas obras del teatro argentino, yo recuerdo una entre otras "El visco" de Marta De Gracia en el que un grupo de personajes grotescos y enajenados no puede recordar su pasado y en consecuencia no logra reconocer su lugar en el mundo. Lo mismo podemos decir de "Pablo" de Eduardo Pablovsky, recuerdo la indicación que les daba la directora Laura Schusen a los artistas, los personajes de "Pablo" debían iniciar sus acciones y en el medio de su desarrollo olvidaban el sentido de esas acciones y las interrumpían. Sobre las ventajas de la memoria hablan para nombrar sólo algunos de los espectáculos actuales, el ciclo de "Teatro por la Identidad" y "El fulgor argentino" del grupo Catalinas Sur, la memoria de la historia, la memoria de lo sucedido. La memoria es en el teatro también una fuerza irreprimible que proviene de las aguas profundas del sujeto, como es en el caso de "Alles tu Alles" la pieza que en Buenos Aires se conoció como "Polvo eres" de Harold Pinter, una mujer que no pudo haber sufrido por su edad la experiencia de los campos de concentración nazis, de lo contrario sería un anacronismo porque vive en el presente y tiene 40 años, recuerda atribulada e involuntariamente la experiencia de los campos como parte de su propio pasado, las imágenes opresivas de bebés secuestrados, entradas en el mar y trenes vuelven a ella una y otra vez mientras intenta evocar otras circunstancias de su pasado, a pedido de su pareja Deblin, quien le exige información sobre los vínculos con un amante. El recuerdo del horror del exterminio emerge en la mujer como la corriente de una napa profunda de la conciencia colectiva la de un imaginario compartido que, como sostiene Pinter políticamente, aflora incluso en aquellos que no han participado directamente ni en el génesis del horror ni lo han padecido, o aquellos que se creen egoístamente al margen del dolor. Como el teatro esta tribuna habla de la necesidad de la memoria, como el teatro este espacio invita a la memoria como acto de presencias, como combivio, como reunión y encuentro de intimidad. Como las piezas de Pablovsky y de Harold Pinter esta tribuna sostiene que la memoria es una herramienta de lucha sin mella, una herramienta incandescente, una herramienta que brilla en la oscuridad de los tiempos adversos con la inspiración de la justicia tan esperada.


LUNES 30 DE DICIEMBRE DE 2002

IRMA BEIGEL- Memoria Activa.

Otro año más que termina sin justicia para nuestros familiares y amigos asesinados en la AMIA. Un año con un juicio oral y escondido en un bunker helado, lejos de las cámaras y de la prensa. Posiblemente en el próximo año el mundo verá el cierre definitivo de la causa AMIA, y no veremos el juzgamiento de los asesinos ni de los autores materiales e intelectuales, ni de los cómplices y encubridores, ni de los responsables de la falta de investigación. A lo largo del año desfilaron, con su cassette aprendido de memoria, por los tribunales de Comodoro Py bomberos, policías, delirantes, mitómanos, ladrones de autos, prostitutas, perejiles y otras yerbas. Pero no vimos y se supone que no veremos en el banquillo de los acusados a los Menem, los Duhalde, al entonces secretario de inteligencia Hugo Franco, ni a los sucesivos Ministros del Interior Ruckauf y Corach, todos responsables máximos de las fuerzas de seguridad del país, todos culpables por acción u omisión. Ellos permitieron que el atentado tuviera lugar y consintieron que la masacre múltiple de nuestros familiares y amigos, fuera enterrada nuevamente por la impunidad y el encubrimiento y por su complicidad. Las palabras también se cansan, cuando mañana a las doce digamos adiós a este año terrible en nuestro país, lo haremos con la oscura certeza de que estamos frente a un nuevo genocidio, sabemos quienes fueron los viejos genocidas, los responsables de la desaparición forzada de 30.000 personas y de la apropiación de millares de niños. Y sabemos hoy quienes son los nuevos genocidas, los mismos que conocieron, ocultaron y avalaron los dos atentados más sangrientos de la historia argentina, máximos responsables de las políticas corruptas que llevaron a que un país hermoso se convierta en la tierra arrasada que mata por desnutrición a sus pobladores. Los nuevos genocidas también son culpables de robarnos los afectos, tenemos amigos que están muy lejos peleando por las posibilidades de desarrollo que esta tierra argentina les niega. A Miriam Kladniew en Madrid, a Pablo Gurevich en Barcelona, a Nicolás Lew en Londres, a Marta Utin en Madrid, a Mirta que hoy está pero que parte nuevamente a los Estados Unidos, todos ellos Memoria Activa los abrazamos con todo nuestro amor en este fin de año. Y para todos nosotros, habitantes de la plaza de los lunes, de Memoria Activa, que a los brindis y los augurios se sume el potente deseo de un 2003 sin hambre, con justicia y con trabajo.


LILIANA VITALE- Cantante.

Quiero cantarles, compartir con Ustedes dos pequeñas canciones. La primera la hice en ocasión de visitar Perú a raíz de una situación de también Genocidio aquí en Latinoamérica. La segunda es una canción de Peteco Carabajal. Ahí va la primera: La piel enrojecida, el calor Enrojecido el cielo, no hay perdón No veo el horizonte, de este mar Una nube de humo, más allá. Flota el agua en el aire, entristece Todo el interior duele, enloquece. Rojo sangre caliente, se olvidó Mienten que sólo uno se murió. Soledad de cien años, soledad Que sólo recordemos la verdad. Un silencio peruano, por favor Un nudo en la garganta se cerró. "Arde la vida" de Peteco Carabajal tiene unas bellas palabras, que dicen así: Yo voy dejando notas sobre las piedras entre las telas suaves, por el camino Sólo algunas me guardo las que hice mías, las que llevan con ellas mis pensamientos lo demás va quedando en las horas, en las infinitas melancolías. Todo va transformándose en cada instante como un fuego chispeante arde la vida. Quiero cantar palabras que expresen mundos miradas inocentes, atardeceres, la soledad, el miedo, las esperanzas, encuentros, emociones y despedidas. Quiero unirme al clamor de la madre que ha perdido la luz de su vientre. Todo se va incluyendo y nos pertenece a cada ser viviente una utopía. Felicidad de arena, aguas transparentes Como se nos escapa de entre las manos Si perdemos al ángel que nos protege andaremos sin rumbo, ya sin camino. Sólo existe belleza en las almas translucidas por nuestras miradas Todo va transformándose en cada instante Como un fuego chispeante, arde la vida.