PABLO GABE- Director Comunitario de Adat Israel. Antes
que nada, quiero agradecer a la gente de Memoria Activa por haberme invitado
nuevamente a hablar. Estamos a tan solo cinco días de comenzar un nuevo
año. Un año que nos ha dejado muchas cosas. Y con él, diez días después
la llegada de otro Iom Kipur, conocido como el día del perdón. Es el día
en el cual los pecados cometidos hacia D´s, quedarían expiados, si tenemos
una actitud merecedora de esa expiación. En la lectura de la Torá que haremos
en la sinagoga en la segunda mañana de Rosh Hashaná, leemos que el patriarca
Abraham recibe el llamado de D´s. La respuesta de Abraham es simplemente
Hineni, heme aquí. La orden de D´s es, ve con tu hijo hacia el monte moriá,
para entregármelo en sacrificio. Sin dudar sobre la orden, Abraham toma
a su hijo, y juntos se dirigen hacia el lugar indicado. Cuando llegan, el
padre ata a su hijo al altar, y prepara todo para el brutal acontecimiento.
En el momento en que Abraham va a bajar el cuchillo, un ángel de D´s baja
del cielo, y le pide a Abraham que no descienda el cuchillo sobre el muchacho,
ni que le haga daño, porque ahora comprendió que es una persona de fe hacia
D´s. La realidad es que D´s sabía como iba a responder Abraham. La prueba
era para que Abraham mismo se diese cuenta de la fe que tenía en el todopoderoso.
Pero finalmente el sacrificio no llegó a consumarse. En la tradición judía,
los sacrificios humanos están totalmente prohibidos. D´s no permite, que
por una orden divina, mueran seres humanos. Por eso la diferencia entre
él y el ángel. Para ordenar una muerte tiene que ser D´s, pero para evitarla,
con un ángel es suficiente. Por su parte, cuando D´s llama a Abraham, este
no sabía lo que iba a tener que hacer. Sin embargo responde Hineni, heme
aquí. Cuando van caminando juntos, padre e hijo, uno para sacrificar y otro
para ser sacrificado, Itzjak se dirige a su padre para hacerle una pregunta,
y Abraham responde Hineni. El concepto Hineni, mas allá de querer decir
presente, representa una actitud de predisposición para la tarea, para cumplir
con aquellas cosas que tenemos que hacer y que, casi siempre, no sabemos
de antemano de que puede llegar a tratarse. Los muertos en la Embajada y
los muertos en la A.M.I.A. no sabían lo que le iba a pasar ese día. Sin
embargo, cada mañana decían Hineni, presentes, e iban a trabajar comúnmente.
A los responsables, material e ideológicamente de los atentados, les decimos
Hineni, aquí estamos. A los que confundieron a la comunidad judía Argentina
con el estado de Israel, les decimos Hineni. A los responsables de la no-investigación,
les decimos Hineni. A los que se ocuparon de estar cerca de la causa A.M.I.A.,
solo para asegurarse de que no tocasen a sus amigos, les decimos Hineni.
Como Abraham en el monte Moriá, les decimos a los que nunca estuvieron presentes,
que estuvimos, estamos y estaremos siempre presentes, exigiendo justicia.
Siempre dispuestos a actuar, cualquiera sean las consecuencias. Porque no
hay nada más perverso, que dejar impune una muerte. 85 muertes que se podían
haber evitado, pero que por diez millones de razones, no se evitó. ¿Y como
termina la historia de Abraham e Itzjak? Abraham saca a su hijo del altar,
y en su lugar coloca a un carnero, que lo entrega como ofrenda a D´s. Del
carnero, sacamos el Shofar. Ese instrumento que suena cada mañana, cada
Lunes aquí en la plaza. Ese mismo sonido será escuchado el próximo Domingo,
en cada sinagoga del mundo, anunciando el comienzo de un nuevo año, y marcando
el tiempo del balance, de la reflexión, de la mirada hacia nuestro interior.
Quiera D´s, que en este nuevo año podamos ser aunque más no sea, testigos
de la justicia, y no de la injusticia. Que los sacrificios humanos, no sean
como en la antigüedad, sino que quienes tienen que sacrificarse, que lo
hagan. Por la memoria de todos los que recordamos cada Lunes, cada 18. Porque
después de todo, no es un sacrificio lo que les pedimos, sino que simplemente
cumplan con su función, que para eso están donde el pueblo los puso. Y si
no pueden, que se vayan y que no vuelvan nunca más. Para todos, Sahná Tová
Umetuká, Ugmar Jatimá Tová. ![]()
JUDITH GOCIOL- Periodista. Bueno voy a leer. Me pregunto,
frente a una bomba que mata a 85 personas en la AMIA, ¿Corresponde preocuparse
por los 70 mil volúmenes de la que hasta ese 18 de julio era la biblioteca
judía más importante de América Latina, y que también funcionaba en el edificio
de la calle Pasteur? ¿Corresponde pensar en las cartas del Barón Hirsch
y las de Sigmund Freud o en esos viejos volúmenes que tenían una Estrella
de David y una etiqueta celeste porque habían llegado a la Argentina salvados
del Nazismo? Me pregunto: ¿Corresponde investigar que pasó con los libros
durante la dictadura, cuando a la par desaparecieron 30 mil personas? ¿Preocuparse
por los textos peronistas secuestrados de los anaqueles de las bibliotecas
municipales?. Pensar en la torre de cubos, una obra para chicos escrita
por Laura Devetach prohibida, según el decreto oficial por su ilimitada
fantasía. Me lo pregunté cientos de veces y pienso que sí, que es necesario
sobre todo ahora que ha pasado un poco el tiempo. Lo sé, el tiempo no mitiga
el dolor. He visto llorar a sobrevivientes del holocausto que ya pasaron
a edad, que tenían sus padres antes de ser asesinados, llorar con lágrimas
húmedas 50 años después. He visto llorar a Graciela Cabal, escritora, al
recordar que había quemado libros durante la dictadura en la bañera de su
casa, con vergüenza a escondidas de sus hijos, llorar con lágrimas húmedas
25 años después. Pero el tiempo que no mitiga el dolor aumenta las perspectivas
y permite miradas menos ancladas en la coyuntura y en la urgencia. Los sistemas
democráticos se permiten olvidar la cultura, los regímenes autoritarios
jamás, son mucho menos ignorantes de lo que se cree, lo que no disminuye
sino que aumenta su bestialidad. Los militares argentinos sabían perfectamente
la peligrosidad, por decirlo en términos de ellos, de los libros como vehículos
de ideas, de crecimiento y de libertad, y por eso pusieron en funcionamiento
una compleja infraestructura de control cultural y educativa, equipos de
censura, análisis bibliográfico, memos de inteligencia, abogados, intelectuales
académicos, proyectos editoriales, decretos, presupuestos y oficinas. A
la desaparición de personas se correspondió el proyecto también sistemático
de desaparición de la palabra, una plenitud macabra. Asesinar los cuerpos
y también el pensamiento, la dimensión física y la simbólica, lo material
y lo inmaterial, lo finito y lo inmortal, el presente y el futuro. Lo mismo
en la Alemania nazi, en la dictadura y en la AMIA. Pero el plan cultural
de 1976 no sólo estaba destinado a destruir un discurso sino a intentar
imponer otro, quedó incompleto, no le faltó intención sino tiempo. A los
militares se le vinieron encima Las Malvinas, sin embargo del daño social
que causaron recién empezamos a despabilarnos el 19 y 20 de diciembre. Quedan
aún otras dimensiones que profundizar, la responsabilidad empresaria y la
de los jueces, esos dos poderes hasta ahora intocables. Pero sobre todo
la responsabilidad civil, desde la conexión local en el caso de la AMIA
hasta los verdugos voluntarios, como bautiza Daniel Volthagen en su libro,
a las personas comunes y corrientes que colaboraron con el nazismo. Un ejemplar
de Proteo, la novela de Morris West, fue puesta en manos del entonces Ministro
del Interior Armando Arguindegui durante la dictadura, por David Lacroze
que era Presidente de la Junta Nacional de Granos y es un reconocido personaje
del ambiente agropecuario que escribe con frecuencia en el diario Clarin.
"Entiendo que este señor a través de este libro ha sido una de las personas
que más daño le ha hecho a la imagen de nuestro país y del gobierno en el
exterior" observó en la nota que acompañaba la obra le mandó a Arguindegui.
Durante la intendencia de Osvaldo Cachiatore, el hoy renombrado abogado
constitucionalista Germán Bidercampos, escribió el libro "Poder de policía
de moralidad en materia de espectáculos y de publicaciones", una especie
de sostén jurídico legal del régimen, publicado por aquella Secretaría de
Cultura de la Ciudad. La gama es amplia y depara sorpresas, me refiero sin
embargo especialmente a nosotros, ciudadanos anónimos. "El frasquito" de
Luis Guzmán, fue prohibido por la dictadura gracias a los buenos oficios
de una mujer trabajadora ad honorem, vía liga de madres de familia del comité
de moralidad municipal, y recorría las calles en busca de lo que ella consideraba
de material imprudente. Me pregunto: ¿Cómo vivían esos padres y esos hijos
cuyas casas lindaban con los campos de concentración argentinos metidos
en barrios como Flores? ¿De qué conversarían? ¿ Cómo encenderían la luz?.
Me pregunto: ¿Qué hice yo el día que estalló la bomba en la AMIA?. Un rato
después, pasadas las once, fui a la entrevista que tenía pautada hacía una
semana, y la hicimos en un piso de Coronel Díaz y Las Heras desde cuyo ventanal
se veían pasar decenas de ambulancias y se escuchaban sirenas que no dejaban
de sonar. Recién a la noche me acerqué al edificio destruido y me anoté
para prestar ayuda. Hasta hoy me pregunto: ¿ Cómo puede ser que hayamos
hecho esa entrevista igual? ¿De qué cosa importante hablábamos mientras
vidas, libros y muertes se definían entre los escombros?. Una semana después
participé del rescate de los ejemplares de la biblioteca del IVO, que pasaban
de mano en mano a través de una cadena de brazos solidarios desde lo que
había sido el tercer piso del antiguo edificio de Pasteur 633, hasta la
calle. Varios de los volúmenes sobrevivieron al estallido sin siquiera moverse
de los estantes, apenas cubiertos de polvillo, libros que tuvieron más vida
que las propias vidas. ¿Correspondía o no correspondía?. Creo que recién
cuando la enorme dimensión de lo íntimo sea revisado, podremos decir seguros
que nunca más. ![]()
Laura Pautassi- Investigadora en Políticas Sociales.
Buen día, agradezco la posibilidad de estar aquí y compartir algunas reflexiones
con Ustedes. Yo quisiera rescatar dos figuras que tienen que ver con la
impunidad que vivimos en este país permanentemente. La figura de lo que
significaba la AMIA como institución social, de brindar prestaciones específicas
a sus filiados y la impunidad como símbolo de lo que ha sucedido con la
AMIA, incluso con su función social que estaba desarrollando permanentemente
y la impunidad que estamos viviendo con la destrucción permanente y que
nos asegura a todos los argentinos del sistema de educación, de salud de
que ya no se garantiza el vínculo, el derecho al trabajo, la posibilidad
de que una persona tenga acceso a una vivienda digna. Creo que este símbolo
que es la AMIA, insisto, desde su función social que cumplía de garantizarle
prestaciones sociales a sus asegurados, pero que esto implica a la comunidad,
se vincula con la impunidad que estamos viviendo permanentemente todos los
argentinos, con la gravedad que significa ya no tener garantizado el acceso
a la salud, principalmente el acceso al trabajo, el acceso a la justicia
como un indicador claro del retroceso y la degradación permanente que estamos
sometidos todos los argentinos. Creo que esta posibilidad des estar permanentemente
refrescando y haciendo un voto contra la impunidad es un modo de estar también
diciendo, o manifestando un voto contra la impunidad en términos de trabajo,
contra la impunidad en términos de acceso a la salud, a la educación. Los
índices que estamos conociendo de lo que está aumentando la desnutrición
infantil, también nos hacen ver de la impunidad de las clases gobernantes
estos últimos años, que expresamente quisieron lograr este resultado. No
existen, como suelen afirmar muchos también de los organismos internacionales,
efectos no deseados de implementar un modelo, no existen efectos no deseados
de la impunidad con esto se está buscando un resultado concreto. Creo que
esto es muy claro, es una conducta muy deseada, muy propia de la coaliciones
gobernantes que hemos tenido estos años y sobre las cuales estamos todos
decididos, de alguna manera como sociedad, a ponerle un freno; de seguir
recordando y de no permitir más que haya un saqueo a la educación pública,
a salud, al derecho al trabajo y a cada uno de los ciudadanos. Por eso creo
que es muy importante seguir en esta dirección, de estar manifestando todos
y las diversas formas que están logrando la impunidad en este país. Muchas
gracias. ![]()
Gabriela M. Bortz- Alumna del Natan Gesang. RUTINA
Se despertó temprano a la mañana. Como de costumbre, se dirigió al baño,
se duchó, afeitó, peinó y vistió. Fue a la cocina y preparó el desayuno
para toda la familia, despertó a su esposa y les dio un beso a sus hijas
que aún dormían. Salió a las 8 y media. En el camino a la oficina recordó
que le había prometido a su mujer pasar por la tintorería, pagar el cable,
la cuota del club y hacer unas compras en el supermercado. De pronto comenzó
a meditar sobre su vida, como, de hecho, solía hacer cuando se sentía feliz.
Pensó en su actividad económica y concluyó que estaba conforme con su pasar.
Pensó sobre su vida sentimental y descubrió que nunca había sido más feliz
que entonces, junto a su mujer y a sus niñas, las luces de sus ojos. Incluso
se le ocurrió la posibilidad de realizar junto a ellas un hermoso viaje,
tal vez el año entrante o el siguiente, cuando lograra reunir el dinero
suficiente. Por lo pronto, le pareció buena idea el intentar remodelar un
poco el living: reemplazar el sillón, pintar las paredes y, quizás, comprar
un bonito cuadro. Siguió imaginando y pensó en el día que las chicas sean
Bnot Mitzvá y en la fiesta y en el vals y en la aliá y en... ¡CRASH!. Mala
suerte, chocó el auto. "No importa, recién son las nueve menos cuarto",
pensó. "Resuelvo rápido este asunto y llego temprano al laburo igual". Se
bajó del coche y se fijó en los daños: su paragolpes había volado y del
baúl del taxista de adelante no quedaba rastro alguno. "Ufff, sí que la
hice buena", dijo. "Mi mujer siempre me dice que me concentre y no divague
cuando manejo, a ver si algún día aprendo a hacerle caso". El otro conductor
estaba fuera de sí y no escuchaba razón alguna. Requería miles de dólares
como compensación, argüía sobre un juicio y murmuraba palabras ininteligibles
entre escupidas e insultos. Incluso sacó las llaves dispuesto a hacer por
lo menos un rayón del tamaño de la Avenida 9 de Julio en el auto del pobre
soñador. Intercambió los datos con el taxista. Estaba seguro que este pequeño
percance le costaría por lo menos lo que había imaginado como primer año
de aportes para ese hermoso viaje que iba a realizar con su familia. El
mayor problema, pensó, iba a ser el tener que decírselo a su esposa, quien,
de seguro, lo iba a querer golpear con un cenicero. "Pero no importa", se
dijo, "ella me quiere igual". Se preguntó cómo pagaría todo. Una parte probablemente
la cubriría el seguro, ahora la otra... Bueno, ya iba a pensar en algo.
Podía trabajar algunas horas extra y ahorrar un poco de dinero, no había
mayores problemas con eso. Pero el asunto no terminó ahí. El otro conductor
incluso lo amenazó con ir a juicio. Reclamó una indemnización por no poder
contar con su medio de trabajo por varios días, si no eran semanas. El miserable
hombre, abatido como estaba, abandonó el lugar tan pronto como una grúa
se llevó el taxi abollado y a su conductor furioso. Decidió evadir las nuevas
preocupaciones que el accidente vial le había traído y volver a su meditación.
Pensó en cómo amaba a su esposa y a sus hijas y cómo siempre iba a tratar
de alejar los problemas de sus vidas y cómo no iba a dejar que las presiones
lo agobien y lo priven de la felicidad de estar siempre con ellas y cómo...
Frenó de golpe. Se asustó enormemente: ¿dos accidentes en un mismo día?.
No, por suerte. Bah, ¿qué clase de suerte era esa?: control de tránsito.
Un policía entrado en años lo miraba de reojo a través de su ventana. Lentamente
se le acercó y le extendió un papel. "Exceso de velocidad", dijo él. Le
tomó los datos, completó la boleta y se la hizo firmar. Todo el procedimiento
tomó como 15 minutos. A pesar de las interrupciones y las pérdidas de tiempo
todavía tenía tiempo para, aunque sea, ir al cajero automático a hacer un
retiro y pagar la cuota del club antes de entrar a la oficina. Rápidamente
se volvió a sumir en sus pensamientos. Recordó que al día siguiente había
arreglado con sus ex compañeros de la facultad para jugar al fútbol a la
nochecita y comer pizza todos juntos, como todos los martes. Se mostró entusiasmado
ante la idea. Cayó en la cuenta que hacía muchos años que no veía a Víctor,
una amistad de la secundaria. Se preguntó qué sería de su vida y si finalmente
había conseguido aquél codiciado puesto en la gerencia de una empresa automotriz.
Finalmente llegó al cajero. Introdujo la primer tarjeta: no había fondos.
Intentó con otra: era imposible sacar el dinero. Probó con la tercera: gracias
a Di's había algo. Retiró $100. Se había demorado un poco más de la cuenta.
"Bueno, no importa. Son las 9 y veinte y todavía tengo cuarenta minutos
para abonar la cuota mensual del club y llegar al trabajo", pensó. Volvió
a subirse al auto. Arrancó y nuevamente se introdujo en el seno de sus propios
pensamientos. De pronto se dio cuenta que era lunes y que le había prometido
a su madre pasar a visitarla a las 9 con su mujer y sus hijas. Iban a ir
a comer y esperaba recibir noticias de su hermana que estaba en Israel.
Hacía mucho que no sabía nada de ella. Mientras conducía a través de las
calles de Buenos Aires se le desabrochó un botón de la camisa. Se lo abotonó
nuevamente y pensó que era un sutil indicio de que tenía que volver a comenzar
la dieta y bajar de peso. Se propuso con firmeza comer ensalada. Rápidamente
se contestó a sí mismo que estaban a mitad de julio y que hacía demasiado
frío para vivir a ensalada. Se sugirió inscribirse en una clase de gimnasia,
pero se dijo que no disponía de demasiado tiempo y que terminaba el día
extenuado. Llegó al club, acababa de abrir sus puertas. Pagó el mes, conversó
durante un rato con los recepcionistas y el coordinador de Educación Física
y tomó, por las dudas, un folleto con los horarios del gimnasio. Ya eran
las diez menos cuarto. Se subió al coche y se dirigió al trabajo. Muchas
calles estaban cortadas y era difícil tomar un camino no demasiado largo.
A todo esto ya eran las diez menos diez. Pasó un minuto. Escuchó por radio
dónde había cortes de tránsito. Pasó otro minuto en el que se puso a pensar
por dónde seguir. Ya eran las 9 y 52 minutos. Agarró por Pasteur. 09-09-02
GERARDO PUNDIK- Shofar de la Plaza. En primer lugar quiero agradecer a memoria
Activa la posibilidad de permitirme prestar testimonio. Les agradezco también
el poder, como ciudadano de la plaza, manifestar a través del sonido del
Shofar, mi indignación por la no investigación de los atentados a la AMIA
y la Embajada. Y también como protesta para lograr un total esclarecimiento
de los mismos. Vine a la plaza por primera vez hace 3 años a escuchar el
testimonio de mi hijo Nicolás, que hablaba en nombre de la Juventud en Guardia
hasta que aclare, y quedé subyugado por el sonido del Shofar en el minuto
de silencio. Tal fue la sensación que tuve que no tardé en pedirle al Dr.
Abraham Skorka, Rabino de mi comunidad Bnei Tikvá, que me enseñe a tocarlo.
No sólo me enseñó, sino que me prestó el Shofar con el cual me acerqué a
tocar en la plaza. El actual es un regalo personal que recibí. Hay muchas
razones y momentos en los que se toca el Shofar, este es un instrumento
natural de viento, de los más antiguos conocidos en el mundo. En tiempos
bíblicos los judíos lo utilizaban como instrumento musical, o de batalla,
para llamar a asamblea, o bien para transmitir noticias. Su principal uso
es religioso, y se lo escucha principalmente en las festividades de Rosh
Ha Shaná y Iom Kipur. Yo siento que a través del sonido de mi Shofar intento
todos los lunes transmitir mi bronca por la pérdida de valores, por la pérdida
de las vidas en los atentados de AMIA y Embajada, por la pérdida de los
30 mil desaparecidos, por la pérdida de los trabajos, por la pérdida de
vidas por la inseguridad, por la pérdida de los valores éticos de los gobernantes
y políticos, por la pérdida del derecho a vivir dignamente, y por sobre
todas las cosas por la pérdida de justicia. Hago votos para dejarnos de
perder y recuperemos la dignidad. Shaná Tová. Muchas gracias ![]()
LUNES 16 DE SEPTIEMBRE DE 2002