LUNES 2 DE SEPTIEMBRE DE 2002

PABLO GABE- Director Comunitario de Adat Israel. Antes que nada, quiero agradecer a la gente de Memoria Activa por haberme invitado nuevamente a hablar. Estamos a tan solo cinco días de comenzar un nuevo año. Un año que nos ha dejado muchas cosas. Y con él, diez días después la llegada de otro Iom Kipur, conocido como el día del perdón. Es el día en el cual los pecados cometidos hacia D´s, quedarían expiados, si tenemos una actitud merecedora de esa expiación. En la lectura de la Torá que haremos en la sinagoga en la segunda mañana de Rosh Hashaná, leemos que el patriarca Abraham recibe el llamado de D´s. La respuesta de Abraham es simplemente Hineni, heme aquí. La orden de D´s es, ve con tu hijo hacia el monte moriá, para entregármelo en sacrificio. Sin dudar sobre la orden, Abraham toma a su hijo, y juntos se dirigen hacia el lugar indicado. Cuando llegan, el padre ata a su hijo al altar, y prepara todo para el brutal acontecimiento. En el momento en que Abraham va a bajar el cuchillo, un ángel de D´s baja del cielo, y le pide a Abraham que no descienda el cuchillo sobre el muchacho, ni que le haga daño, porque ahora comprendió que es una persona de fe hacia D´s. La realidad es que D´s sabía como iba a responder Abraham. La prueba era para que Abraham mismo se diese cuenta de la fe que tenía en el todopoderoso. Pero finalmente el sacrificio no llegó a consumarse. En la tradición judía, los sacrificios humanos están totalmente prohibidos. D´s no permite, que por una orden divina, mueran seres humanos. Por eso la diferencia entre él y el ángel. Para ordenar una muerte tiene que ser D´s, pero para evitarla, con un ángel es suficiente. Por su parte, cuando D´s llama a Abraham, este no sabía lo que iba a tener que hacer. Sin embargo responde Hineni, heme aquí. Cuando van caminando juntos, padre e hijo, uno para sacrificar y otro para ser sacrificado, Itzjak se dirige a su padre para hacerle una pregunta, y Abraham responde Hineni. El concepto Hineni, mas allá de querer decir presente, representa una actitud de predisposición para la tarea, para cumplir con aquellas cosas que tenemos que hacer y que, casi siempre, no sabemos de antemano de que puede llegar a tratarse. Los muertos en la Embajada y los muertos en la A.M.I.A. no sabían lo que le iba a pasar ese día. Sin embargo, cada mañana decían Hineni, presentes, e iban a trabajar comúnmente. A los responsables, material e ideológicamente de los atentados, les decimos Hineni, aquí estamos. A los que confundieron a la comunidad judía Argentina con el estado de Israel, les decimos Hineni. A los responsables de la no-investigación, les decimos Hineni. A los que se ocuparon de estar cerca de la causa A.M.I.A., solo para asegurarse de que no tocasen a sus amigos, les decimos Hineni. Como Abraham en el monte Moriá, les decimos a los que nunca estuvieron presentes, que estuvimos, estamos y estaremos siempre presentes, exigiendo justicia. Siempre dispuestos a actuar, cualquiera sean las consecuencias. Porque no hay nada más perverso, que dejar impune una muerte. 85 muertes que se podían haber evitado, pero que por diez millones de razones, no se evitó. ¿Y como termina la historia de Abraham e Itzjak? Abraham saca a su hijo del altar, y en su lugar coloca a un carnero, que lo entrega como ofrenda a D´s. Del carnero, sacamos el Shofar. Ese instrumento que suena cada mañana, cada Lunes aquí en la plaza. Ese mismo sonido será escuchado el próximo Domingo, en cada sinagoga del mundo, anunciando el comienzo de un nuevo año, y marcando el tiempo del balance, de la reflexión, de la mirada hacia nuestro interior. Quiera D´s, que en este nuevo año podamos ser aunque más no sea, testigos de la justicia, y no de la injusticia. Que los sacrificios humanos, no sean como en la antigüedad, sino que quienes tienen que sacrificarse, que lo hagan. Por la memoria de todos los que recordamos cada Lunes, cada 18. Porque después de todo, no es un sacrificio lo que les pedimos, sino que simplemente cumplan con su función, que para eso están donde el pueblo los puso. Y si no pueden, que se vayan y que no vuelvan nunca más. Para todos, Sahná Tová Umetuká, Ugmar Jatimá Tová.


JUDITH GOCIOL- Periodista. Bueno voy a leer. Me pregunto, frente a una bomba que mata a 85 personas en la AMIA, ¿Corresponde preocuparse por los 70 mil volúmenes de la que hasta ese 18 de julio era la biblioteca judía más importante de América Latina, y que también funcionaba en el edificio de la calle Pasteur? ¿Corresponde pensar en las cartas del Barón Hirsch y las de Sigmund Freud o en esos viejos volúmenes que tenían una Estrella de David y una etiqueta celeste porque habían llegado a la Argentina salvados del Nazismo? Me pregunto: ¿Corresponde investigar que pasó con los libros durante la dictadura, cuando a la par desaparecieron 30 mil personas? ¿Preocuparse por los textos peronistas secuestrados de los anaqueles de las bibliotecas municipales?. Pensar en la torre de cubos, una obra para chicos escrita por Laura Devetach prohibida, según el decreto oficial por su ilimitada fantasía. Me lo pregunté cientos de veces y pienso que sí, que es necesario sobre todo ahora que ha pasado un poco el tiempo. Lo sé, el tiempo no mitiga el dolor. He visto llorar a sobrevivientes del holocausto que ya pasaron a edad, que tenían sus padres antes de ser asesinados, llorar con lágrimas húmedas 50 años después. He visto llorar a Graciela Cabal, escritora, al recordar que había quemado libros durante la dictadura en la bañera de su casa, con vergüenza a escondidas de sus hijos, llorar con lágrimas húmedas 25 años después. Pero el tiempo que no mitiga el dolor aumenta las perspectivas y permite miradas menos ancladas en la coyuntura y en la urgencia. Los sistemas democráticos se permiten olvidar la cultura, los regímenes autoritarios jamás, son mucho menos ignorantes de lo que se cree, lo que no disminuye sino que aumenta su bestialidad. Los militares argentinos sabían perfectamente la peligrosidad, por decirlo en términos de ellos, de los libros como vehículos de ideas, de crecimiento y de libertad, y por eso pusieron en funcionamiento una compleja infraestructura de control cultural y educativa, equipos de censura, análisis bibliográfico, memos de inteligencia, abogados, intelectuales académicos, proyectos editoriales, decretos, presupuestos y oficinas. A la desaparición de personas se correspondió el proyecto también sistemático de desaparición de la palabra, una plenitud macabra. Asesinar los cuerpos y también el pensamiento, la dimensión física y la simbólica, lo material y lo inmaterial, lo finito y lo inmortal, el presente y el futuro. Lo mismo en la Alemania nazi, en la dictadura y en la AMIA. Pero el plan cultural de 1976 no sólo estaba destinado a destruir un discurso sino a intentar imponer otro, quedó incompleto, no le faltó intención sino tiempo. A los militares se le vinieron encima Las Malvinas, sin embargo del daño social que causaron recién empezamos a despabilarnos el 19 y 20 de diciembre. Quedan aún otras dimensiones que profundizar, la responsabilidad empresaria y la de los jueces, esos dos poderes hasta ahora intocables. Pero sobre todo la responsabilidad civil, desde la conexión local en el caso de la AMIA hasta los verdugos voluntarios, como bautiza Daniel Volthagen en su libro, a las personas comunes y corrientes que colaboraron con el nazismo. Un ejemplar de Proteo, la novela de Morris West, fue puesta en manos del entonces Ministro del Interior Armando Arguindegui durante la dictadura, por David Lacroze que era Presidente de la Junta Nacional de Granos y es un reconocido personaje del ambiente agropecuario que escribe con frecuencia en el diario Clarin. "Entiendo que este señor a través de este libro ha sido una de las personas que más daño le ha hecho a la imagen de nuestro país y del gobierno en el exterior" observó en la nota que acompañaba la obra le mandó a Arguindegui. Durante la intendencia de Osvaldo Cachiatore, el hoy renombrado abogado constitucionalista Germán Bidercampos, escribió el libro "Poder de policía de moralidad en materia de espectáculos y de publicaciones", una especie de sostén jurídico legal del régimen, publicado por aquella Secretaría de Cultura de la Ciudad. La gama es amplia y depara sorpresas, me refiero sin embargo especialmente a nosotros, ciudadanos anónimos. "El frasquito" de Luis Guzmán, fue prohibido por la dictadura gracias a los buenos oficios de una mujer trabajadora ad honorem, vía liga de madres de familia del comité de moralidad municipal, y recorría las calles en busca de lo que ella consideraba de material imprudente. Me pregunto: ¿Cómo vivían esos padres y esos hijos cuyas casas lindaban con los campos de concentración argentinos metidos en barrios como Flores? ¿De qué conversarían? ¿ Cómo encenderían la luz?. Me pregunto: ¿Qué hice yo el día que estalló la bomba en la AMIA?. Un rato después, pasadas las once, fui a la entrevista que tenía pautada hacía una semana, y la hicimos en un piso de Coronel Díaz y Las Heras desde cuyo ventanal se veían pasar decenas de ambulancias y se escuchaban sirenas que no dejaban de sonar. Recién a la noche me acerqué al edificio destruido y me anoté para prestar ayuda. Hasta hoy me pregunto: ¿ Cómo puede ser que hayamos hecho esa entrevista igual? ¿De qué cosa importante hablábamos mientras vidas, libros y muertes se definían entre los escombros?. Una semana después participé del rescate de los ejemplares de la biblioteca del IVO, que pasaban de mano en mano a través de una cadena de brazos solidarios desde lo que había sido el tercer piso del antiguo edificio de Pasteur 633, hasta la calle. Varios de los volúmenes sobrevivieron al estallido sin siquiera moverse de los estantes, apenas cubiertos de polvillo, libros que tuvieron más vida que las propias vidas. ¿Correspondía o no correspondía?. Creo que recién cuando la enorme dimensión de lo íntimo sea revisado, podremos decir seguros que nunca más.


LUNES 9 DE SEPTIEMBRE DE 2002

Laura Pautassi- Investigadora en Políticas Sociales. Buen día, agradezco la posibilidad de estar aquí y compartir algunas reflexiones con Ustedes. Yo quisiera rescatar dos figuras que tienen que ver con la impunidad que vivimos en este país permanentemente. La figura de lo que significaba la AMIA como institución social, de brindar prestaciones específicas a sus filiados y la impunidad como símbolo de lo que ha sucedido con la AMIA, incluso con su función social que estaba desarrollando permanentemente y la impunidad que estamos viviendo con la destrucción permanente y que nos asegura a todos los argentinos del sistema de educación, de salud de que ya no se garantiza el vínculo, el derecho al trabajo, la posibilidad de que una persona tenga acceso a una vivienda digna. Creo que este símbolo que es la AMIA, insisto, desde su función social que cumplía de garantizarle prestaciones sociales a sus asegurados, pero que esto implica a la comunidad, se vincula con la impunidad que estamos viviendo permanentemente todos los argentinos, con la gravedad que significa ya no tener garantizado el acceso a la salud, principalmente el acceso al trabajo, el acceso a la justicia como un indicador claro del retroceso y la degradación permanente que estamos sometidos todos los argentinos. Creo que esta posibilidad des estar permanentemente refrescando y haciendo un voto contra la impunidad es un modo de estar también diciendo, o manifestando un voto contra la impunidad en términos de trabajo, contra la impunidad en términos de acceso a la salud, a la educación. Los índices que estamos conociendo de lo que está aumentando la desnutrición infantil, también nos hacen ver de la impunidad de las clases gobernantes estos últimos años, que expresamente quisieron lograr este resultado. No existen, como suelen afirmar muchos también de los organismos internacionales, efectos no deseados de implementar un modelo, no existen efectos no deseados de la impunidad con esto se está buscando un resultado concreto. Creo que esto es muy claro, es una conducta muy deseada, muy propia de la coaliciones gobernantes que hemos tenido estos años y sobre las cuales estamos todos decididos, de alguna manera como sociedad, a ponerle un freno; de seguir recordando y de no permitir más que haya un saqueo a la educación pública, a salud, al derecho al trabajo y a cada uno de los ciudadanos. Por eso creo que es muy importante seguir en esta dirección, de estar manifestando todos y las diversas formas que están logrando la impunidad en este país. Muchas gracias.


Gabriela M. Bortz- Alumna del Natan Gesang. RUTINA Se despertó temprano a la mañana. Como de costumbre, se dirigió al baño, se duchó, afeitó, peinó y vistió. Fue a la cocina y preparó el desayuno para toda la familia, despertó a su esposa y les dio un beso a sus hijas que aún dormían. Salió a las 8 y media. En el camino a la oficina recordó que le había prometido a su mujer pasar por la tintorería, pagar el cable, la cuota del club y hacer unas compras en el supermercado. De pronto comenzó a meditar sobre su vida, como, de hecho, solía hacer cuando se sentía feliz. Pensó en su actividad económica y concluyó que estaba conforme con su pasar. Pensó sobre su vida sentimental y descubrió que nunca había sido más feliz que entonces, junto a su mujer y a sus niñas, las luces de sus ojos. Incluso se le ocurrió la posibilidad de realizar junto a ellas un hermoso viaje, tal vez el año entrante o el siguiente, cuando lograra reunir el dinero suficiente. Por lo pronto, le pareció buena idea el intentar remodelar un poco el living: reemplazar el sillón, pintar las paredes y, quizás, comprar un bonito cuadro. Siguió imaginando y pensó en el día que las chicas sean Bnot Mitzvá y en la fiesta y en el vals y en la aliá y en... ¡CRASH!. Mala suerte, chocó el auto. "No importa, recién son las nueve menos cuarto", pensó. "Resuelvo rápido este asunto y llego temprano al laburo igual". Se bajó del coche y se fijó en los daños: su paragolpes había volado y del baúl del taxista de adelante no quedaba rastro alguno. "Ufff, sí que la hice buena", dijo. "Mi mujer siempre me dice que me concentre y no divague cuando manejo, a ver si algún día aprendo a hacerle caso". El otro conductor estaba fuera de sí y no escuchaba razón alguna. Requería miles de dólares como compensación, argüía sobre un juicio y murmuraba palabras ininteligibles entre escupidas e insultos. Incluso sacó las llaves dispuesto a hacer por lo menos un rayón del tamaño de la Avenida 9 de Julio en el auto del pobre soñador. Intercambió los datos con el taxista. Estaba seguro que este pequeño percance le costaría por lo menos lo que había imaginado como primer año de aportes para ese hermoso viaje que iba a realizar con su familia. El mayor problema, pensó, iba a ser el tener que decírselo a su esposa, quien, de seguro, lo iba a querer golpear con un cenicero. "Pero no importa", se dijo, "ella me quiere igual". Se preguntó cómo pagaría todo. Una parte probablemente la cubriría el seguro, ahora la otra... Bueno, ya iba a pensar en algo. Podía trabajar algunas horas extra y ahorrar un poco de dinero, no había mayores problemas con eso. Pero el asunto no terminó ahí. El otro conductor incluso lo amenazó con ir a juicio. Reclamó una indemnización por no poder contar con su medio de trabajo por varios días, si no eran semanas. El miserable hombre, abatido como estaba, abandonó el lugar tan pronto como una grúa se llevó el taxi abollado y a su conductor furioso. Decidió evadir las nuevas preocupaciones que el accidente vial le había traído y volver a su meditación. Pensó en cómo amaba a su esposa y a sus hijas y cómo siempre iba a tratar de alejar los problemas de sus vidas y cómo no iba a dejar que las presiones lo agobien y lo priven de la felicidad de estar siempre con ellas y cómo... Frenó de golpe. Se asustó enormemente: ¿dos accidentes en un mismo día?. No, por suerte. Bah, ¿qué clase de suerte era esa?: control de tránsito. Un policía entrado en años lo miraba de reojo a través de su ventana. Lentamente se le acercó y le extendió un papel. "Exceso de velocidad", dijo él. Le tomó los datos, completó la boleta y se la hizo firmar. Todo el procedimiento tomó como 15 minutos. A pesar de las interrupciones y las pérdidas de tiempo todavía tenía tiempo para, aunque sea, ir al cajero automático a hacer un retiro y pagar la cuota del club antes de entrar a la oficina. Rápidamente se volvió a sumir en sus pensamientos. Recordó que al día siguiente había arreglado con sus ex compañeros de la facultad para jugar al fútbol a la nochecita y comer pizza todos juntos, como todos los martes. Se mostró entusiasmado ante la idea. Cayó en la cuenta que hacía muchos años que no veía a Víctor, una amistad de la secundaria. Se preguntó qué sería de su vida y si finalmente había conseguido aquél codiciado puesto en la gerencia de una empresa automotriz. Finalmente llegó al cajero. Introdujo la primer tarjeta: no había fondos. Intentó con otra: era imposible sacar el dinero. Probó con la tercera: gracias a Di's había algo. Retiró $100. Se había demorado un poco más de la cuenta. "Bueno, no importa. Son las 9 y veinte y todavía tengo cuarenta minutos para abonar la cuota mensual del club y llegar al trabajo", pensó. Volvió a subirse al auto. Arrancó y nuevamente se introdujo en el seno de sus propios pensamientos. De pronto se dio cuenta que era lunes y que le había prometido a su madre pasar a visitarla a las 9 con su mujer y sus hijas. Iban a ir a comer y esperaba recibir noticias de su hermana que estaba en Israel. Hacía mucho que no sabía nada de ella. Mientras conducía a través de las calles de Buenos Aires se le desabrochó un botón de la camisa. Se lo abotonó nuevamente y pensó que era un sutil indicio de que tenía que volver a comenzar la dieta y bajar de peso. Se propuso con firmeza comer ensalada. Rápidamente se contestó a sí mismo que estaban a mitad de julio y que hacía demasiado frío para vivir a ensalada. Se sugirió inscribirse en una clase de gimnasia, pero se dijo que no disponía de demasiado tiempo y que terminaba el día extenuado. Llegó al club, acababa de abrir sus puertas. Pagó el mes, conversó durante un rato con los recepcionistas y el coordinador de Educación Física y tomó, por las dudas, un folleto con los horarios del gimnasio. Ya eran las diez menos cuarto. Se subió al coche y se dirigió al trabajo. Muchas calles estaban cortadas y era difícil tomar un camino no demasiado largo. A todo esto ya eran las diez menos diez. Pasó un minuto. Escuchó por radio dónde había cortes de tránsito. Pasó otro minuto en el que se puso a pensar por dónde seguir. Ya eran las 9 y 52 minutos. Agarró por Pasteur. 09-09-02 GERARDO PUNDIK- Shofar de la Plaza. En primer lugar quiero agradecer a memoria Activa la posibilidad de permitirme prestar testimonio. Les agradezco también el poder, como ciudadano de la plaza, manifestar a través del sonido del Shofar, mi indignación por la no investigación de los atentados a la AMIA y la Embajada. Y también como protesta para lograr un total esclarecimiento de los mismos. Vine a la plaza por primera vez hace 3 años a escuchar el testimonio de mi hijo Nicolás, que hablaba en nombre de la Juventud en Guardia hasta que aclare, y quedé subyugado por el sonido del Shofar en el minuto de silencio. Tal fue la sensación que tuve que no tardé en pedirle al Dr. Abraham Skorka, Rabino de mi comunidad Bnei Tikvá, que me enseñe a tocarlo. No sólo me enseñó, sino que me prestó el Shofar con el cual me acerqué a tocar en la plaza. El actual es un regalo personal que recibí. Hay muchas razones y momentos en los que se toca el Shofar, este es un instrumento natural de viento, de los más antiguos conocidos en el mundo. En tiempos bíblicos los judíos lo utilizaban como instrumento musical, o de batalla, para llamar a asamblea, o bien para transmitir noticias. Su principal uso es religioso, y se lo escucha principalmente en las festividades de Rosh Ha Shaná y Iom Kipur. Yo siento que a través del sonido de mi Shofar intento todos los lunes transmitir mi bronca por la pérdida de valores, por la pérdida de las vidas en los atentados de AMIA y Embajada, por la pérdida de los 30 mil desaparecidos, por la pérdida de los trabajos, por la pérdida de vidas por la inseguridad, por la pérdida de los valores éticos de los gobernantes y políticos, por la pérdida del derecho a vivir dignamente, y por sobre todas las cosas por la pérdida de justicia. Hago votos para dejarnos de perder y recuperemos la dignidad. Shaná Tová. Muchas gracias


LUNES 16 DE SEPTIEMBRE DE 2002

Día del Perdón.


LUNES 23 DE SEPTIEMBRE DE 2002