LUNES 3 DE JUNIO DE 2002

JUAN CARLOS GENÉ- Actor y director de actores. Muy buenos días, encuentro demasiado sugerente que en este año 2002, estén terminando 10 años de impunidad para los dos crímenes monstruosos que ocurrieron con las destrucciones de la Embajada de Israel y la AMIA. Lo sugerente surge de esta conciencia, hoy generalizada, de que durante estos 10 años hemos sido desvalijados, robados, estafados y humillados hasta extremos imposibles de imaginar. Y el error sería suponer que, todo este despojo y todo este salvaje marginamiento del pueblo argentino entero, puede analizarse separadamente de esos dos crímenes masivos con los que se atacó el corazón de nuestra nacionalidad. Una espiral de violencia y de corrupción, que comenzó en los años 70, protagonizada por un terrorismo de Estado que aún permanece impune, cedió el espacio a una democracia tímida, subordinada, temerosa y formal que se entregó a todas las aventuras financieras imaginables, y a los aventureros que las capitanearon y las siguen liderando. La degradación Nacional y corrupción estructural, hicieron que no se percibieran los ataques sangrientos, cuyo blanco fue la comunidad judía, sino como atentados contra una minoría, o si se percibieron como lo que eran en realidad, se simuló creer otra cosa. No sólo fueron crímenes indignantes, fueron hechos que abundaban en la intención de destruirnos como Nación. Por supuesto, ante todo, fue un acto de agresión a nuestro territorio, pero se agredió además, a uno de los pilares de nuestro sentido como país. El sentido que nos dan las comunidades que llegaron aquí, en el siglo 19 y en el 20, para incorporar a nuestra cultura la riqueza, vitalidad y variedad de las suyas. No viene al caso, por supuesto, por demasiado obvio, insistir que en los atentados no murieron solamente miembros de la comunidad judía, porque aquí no hay nada que separar. Murieron Argentinos agredidos de la manera más cobarde en territorio nacional y también extranjeros, a quienes la Constitución Nacional garantiza vida, hacienda y libertad. Se trata, a mi criterio, de un corolario casi lógico de esa ola de devastación de este país, pues cuando florece y se instala la corrupción como norma real, más firme y vigente que las formalidades de la ley, la pendiente hacia el crimen es inevitable. En esa atmósfera maduran todas las perversiones, y la historia muestra la frecuencia con la que esta clase de proceso, de degradación de lo humano, suelen ir acompañados como una excrecencia siniestra del antisemitismo. Opino, con Jorge Semprún, que el antisemitismo es el síntoma esencial del mal absoluto y como tal hay que tratarlo, y prevenirse contra sus adaptaciones a los tiempos, contra sus hipócritas intentos de justificarse en políticas circunstanciales en se encarna la gran tragedia de Medio Oriente. En nuestro país está presente, aún cuando quiera negarse o relativizarse su magnitud, porque qué más magnitud se necesita que los cientos de víctimas de estos asesinatos y los uniformes que vestían algunos de sus implicados en la llamada conexión Argentina. Este acto, que se renueva lunes a lunes en esta plaza, que debería ser la plaza de la justicia, es hoy uno más de los actos de resistencia y de legítima rebeldía que este pueblo Argentino, que hace tiempo ya, ha empezado a llamar a las cosas por su nombre. A los ladrones, ladrones, a los asesinos, asesinos, a los cómplices, cómplices, y que por eso quiere cambiar las cosas. Muchas gracias.


GRACIELA GRIMBERG- Rabina. Buenos días, ante todo quiero agradecer por invitarme y permitirme dar mi testimonio, dar mi palabra en esta plaza de la injusticia, frente a tribunales que a pesar de tener sus puertas abiertas, parecen cerradas para dar las respuestas a tanto dolor. Mucho es lo que se dijo hasta ahora, pero nunca desaparecerán los testimonios, ni las palabras, ni el grito silencioso o no, desde el corazón para pedir justicia. Cada ser humano que habita esta tierra, tiene derecho a recibir una respuesta frente a padres que no pueden compartir una cena con sus hijos, a hijos que no tendrán su primer día de clases, frente a abuelos que no verán a sus nietos mostrando su felicidad por haber encontrado el amor de su vida, frente a un amigo que no podrá escuchar ese secreto que solo un amigo conoce. El tiempo pasa pero el pedido de justicia está intacto, ya que las heridas aún permanecen abiertas, mientras no tengamos las respuestas, mientras los culpables no aparezcan. Este último sábado por la mañana leímos parashá Bahaloteja, donde se nos cuenta como Moisés recibió, a través de una visión, la orden de Dios de construir una Menorá, un candelabro, para el Beit Hamikdash, para el gran Templo. Parecería ser algo muy simple y, la verdad, lo es. Pero lo que nos llama la atención es cómo debía construirse. Leemos del texto bíblico: "un candelabro forjado de un bloque de oro macizo, desde la base hasta su flor". Un bloque macizo. Es así como deberíamos estar todos nosotros, unidos en un solo bloque, en un solo pedido de justicia, en una sola palabra. Un solo grito que nos indique que jamás cesaremos en nuestro reclamo de justicia. Mientras haya una sola muerte injustificada, una sola muerte antes de su hora establecida por nuestro Creador, nuestro reclamo estará vigente. No estamos pidiendo lo que no nos pertenece, pedimos aquello que por ser criaturas de Dios, nos pertenece, la vida. La historia del pueblo judío sufrió y conoció muchos momentos de dolor, de soledad y de no encontrar las respuestas a tanto dolor. El 18 de julio de 1994 fue, sin lugar a dudas, un día que nunca olvidaremos. Un día atroz, terrible para la comunidad judía de la Argentina. Nuestra sensación de dolor, sufrimiento, angustia, abandono e impotencia, no se detienen, a pesar del paso del tiempo. Los responsables, de que la explosión fuese un hecho real, los ideólogos, que con tanta saña la han imaginado, los colaboradores que no han respetado la vida humana y todas aquellas otras personas o hechos, parecen hoy como lo fueron ayer, gozar de tal impunidad, que podríamos creer que el tiempo no ha pasado, que estos casi 8 años, se hubieran detenido. Por lo tanto nuestras heridas, aún siguen sin cicatrizar. El reclamo de justicia sigue siendo lo más importante, lo fue ayer, lo es hoy y lo será mañana. No puedo ni quiero, como no lo querrán Ustedes, acostumbrarme a las explicaciones que, día a día nos dan, o a los tantos pedidos de disculpas. Sé que hay algunas personas que están detenidas por esta causa y que han sido llevadas a juicio oral. Pero eso solo no es suficiente. Para que nuestros muertos descansen en paz, necesitamos justicia. Una justicia que solo se encontrará cuando los culpables tengan nombre y apellido. Cuando podamos vivir en una sociedad que respete a sus habitantes y a sus vidas. Una sociedad más justa y que respete los valores humanos, tal como nos lo han enseñado nuestras escrituras. Muchas gracias.


HÉCTOR TIMERMAN- Periodista. Buenos días, hace 42 años fui víctima del primer atentado antisemita que yo sufrí en carne propia y recuerdo la fecha porque coincidió con la captura de Adolf Eichman en la Argentina. Ahora se acaban de cumplir 40 años de su enjuiciamiento en Israel y de su ajusticiamiento. Y lo recuerdo porque era bastante chico y en el barrio, yo vivía muy cerca de la casa donde después se secuestró a Adolf Eichman, debo haber sido una de las primeras personas judías que encontraron los otros chicos del barrio y donde descargaron su bronca. Hace poco, este mismo mes de mayo pero del 2002, fui víctima, yo (pero en realidad creo que toda la comunidad judía), de otro ataque antisemita esta vez producido por el General Brinzoni, el jefe del ejército. Brinzoni, que ya el año pasado había tenido que aceptar públicamente que había contratado para el ejército un abogado nazi, a un abogado que es dirigente del partido "Nuevo Triunfo", el partido nazi más importante que hay en la Argentina, primero lo negó y después cuando Horacio Verbitsky lo descubrió y lo publicó en el diario tuvo que aceptarlo. Brinzoni hace tiempo que está tratando de tener algún tipo de acercamiento conmigo, supuestamente porque cree que si yo me incorporo a un diálogo con el ejército, el apellido -más que yo-, le va a dar cierto lustre a ese diálogo o a esa cierta reconciliación que ellos quieren tener. Yo nunca le contesté, hasta que oficialmente me invitó a participar, a dar una conferencia. Y ahí sí le mandé una carta, y le escribí una carta desde el punto de vista -rechazando su invitación, obviamente-, desde el punto de vista judío. Le decía que yo al participar de un diálogo con ellos implicaría perdonar al ejército por lo que le habían hecho, principalmente en mi caso, a mi padre, pero a todas las víctimas en general. Yo lo que decía es que nosotros no podemos perdonar que sólo las víctimas pueden perdonar, y que en el caso de mi padre además de ser torturado y humillado por su condición, según ellos, de enemigo de la patria o de subversivo fue peor, aún más humillado y aún más torturado, por su condición de judío, y que por lo tanto por esa historia, esa relación que tengo con el ejército durante 30 años de silencio y que ahora querían retomar un cierto diálogo, yo le exigía que como mi padre había sido torturado como judío, que él lleve adelante una forma de pedir perdón a las víctimas que existe dentro de la tradición judía. Yo le decía que él en nombre del ejército, vaya a la tumba de mi padre y le pida perdón a mi padre. Que yo no lo voy a perdonar, que yo no tengo nada que perdonar, pero que yo no voy a participar de ningún diálogo con él. Esto lo que hizo fue desatar la bestia antisemita que hay en él y todo el profundo antisemitismo que hay en el ejército. Me contestó de una manera bastante violenta, diciéndome que los cristianos, él como comandante en jefe, perdonan a todos sin mirar a quién, y después me dijo que me invitaba a reflexionar sobre "El mercader de Venecia" de Shakespeare. Yo decía que uno podía pensar que los generales están mejorando, que pasaron de "Los Protocolos de los Sabios de Zión" a Shakespeare, lo que implicaría un cierto grado de que la democracia no está en vano y que han decidido cultivarse. Pero cualquiera de nosotros que sabe algo sobre Shakespeare y que sabe algo sobre antisemitismo, reconoce que el hecho de decirle a un judío, y sobre todo en este diálogo que yo tengo con el ejército, en este supuesto diálogo- andá a leer "El mercader de Venecia" - era recordarle lo que le pasó a un judío en Venecia por tratar de decirle, o de vengarse, o de exigirle algo a los cristianos. Esto es lo que le pasó a él. Yo creo que lo que él me decía era- vos me estás exigiendo que yo le pida perdón a tu padre como un judío y yo te contesto con "El mercader de Venecia". Yo creo que cuando el general Brinzoni invita a un diálogo de esta manera, lo que está tratando de hacer no es muy diferente a lo que tratan de hacer los políticos que participan de algún acto de desagravio o de homenaje a las víctimas de los atentados a la Embajada de Israel y a la AMIA. Quieren establecer ellos cómo es el diálogo con las víctimas, quieren establecer ellos cuando comenzar el diálogo y cómo comenzarlo, y yo creo que ahí está el error de ellos. Ellos pueden secuestrarnos, pueden matarnos, pueden torturarnos, pueden humillarnos pero no pueden obligarnos a dialogar con ellos y ni siquiera a que los respetemos. Lo que ellos quieren hacer es matar la memoria, es decir nosotros comenzamos desde aquí, lo que pasó para atrás usted tendría que ser tan magnánimo de dejarlo, de decir esto no es importante. Cuando se cumplieron los 10 años del atentado a la Embajada yo escribí en un artículo que me llamaba la atención cómo se había ofendido Vanossi de que lo habían silbado. Y qué quería que hagan Vanossi?. Qué podía hacer la gente, las víctimas, los hijos de los muertos, los padres de los muertos, los hijos de los desaparecidos, qué otra cosa puede hacer que manifestar su bronca?. E inclusive lo hacía de forma pacífica, digo porque después de todo cuando los hijos de los desaparecidos hacen un escrache, lo hacen en forma muy humana, muy pacífica; nada que ver como se comportó el ejército, como se comportó la sociedad con sus padres. Y recordaba que cuando fue secuestrado Eichman en la Argentina, (y por eso empecé con el tema del secuestro de Eichman) mi padre que era en ese entonces secretario del diario El Mundo, le pidió a Ernesto Sábato que escriba un artículo sobre el secuestro de Eichman en la Argentina. Y Sábato escribió algo que decía simplemente que si él hubiera sido una víctima del nazismo, si él hubiera estado en un campo de concentración, si él hubiera sido pariente de alguien que estuvo en un campo de concentración y se encontraba a Eichman lo hubiera matado a palos, si hubiera tenido un hacha lo hubiera hachado a pedazos a Eichman; eso es lo que contestó Sábato. En ese momento Aba Eban que estaba en la Naciones Unidas, leyó ese artículo para explicar cuál era el sentimiento de un Argentino no judío sobre el secuestro de Eichman. Nadie acusó a Sábato de ser un violento, yo no creo que Vanossi o los diputados, o los ministros del Menemismo que iban a los actos antes, hubieran acusado a Sábato de ser un violento. Hemos perdido hasta el respeto a poder protestar, el respeto que tiene la víctima de poder protestar. Y eso es lo que creo que tenemos que yo le quise transmitir a Brinzoni, que él no podía elegir cómo yo tenía que tener una relación con él, que él no podía indicarme cómo yo tenía que olvidar ó perdonar, que yo tenía una dignidad y que él podía haber torturado a mi padre o lo podía haber secuestrado, pudieron haber humillado a mi madre como la humillaron, pero que lo que ni iban a poder hacer era obligarme a perder mi dignidad, como hombre y como judío. Que por lo tanto yo no iba a ir a dialogar con él hasta que no les pida perdón a mis padres. Lo curioso es que lo que me pasó a mí es lo mismo que lo que les pasa a ustedes en la plaza, o en los actos, he recibido innumerables llamadas de diputados, de políticos, de periodistas pidiéndome que baje el tono, que me olvide, que el ejército ya pidió perdón. Digo- cómo el ejército pidió perdón y nombró a un nazi como abogado, el ejército pidió perdón e invita a las fiestas del 25 de mayo al general Galtieri, al general Menendez- ¿qué clase de perdón es ese? ¿Por qué no nombra a un general democrático? ¿Por qué no hacen justicia? ¿Por qué no está la gente presa?. Hasta entonces yo creo que no hay que tener un diálogo, lo que tenemos que hacer es seguir manteniendo nuestra dignidad. Gracias.


LUNES 10 DE JUNIO DE 2002

NELSON CASTRO- Periodista. Bueno, buenos días para todos y perdonen la demora, y sin dudas que vivo esta invitación, que Ustedes me hacen, como un verdadero honor y una obligación moral que creo tenemos todos los que entendemos lo que significa el valor de la vida humana en cualquier sociedad y de lo que significa, como peligro para la vida humana en cualquier sociedad, la impunidad. Debo decir que, con mucho dolor, veo que cada lunes hay necesidad de reunirse para recordar a los que murieron, y pera recordar la falta de justicia, hacia aquellos que murieron, hacia sus familiares y hacia la sociedad. También debo confesarles que junto con este compromiso moral, a mi me duele que no haya más gente aquí, porque en la medida que no nos demos cuenta que lo que significa la lucha de reclamo de justicia, y esta denominación tan justa de lo que es la memoria y en la medida en que no la ejerzamos en forma activa, los muertos de ayer serán los muertos de hoy y los del mañana. Porque estaremos dejando libre, para los delincuentes, el camino de la libre acción, que significa la acción sin pena y sin castigo; y esto del castigo no tiene ningún afán de revancha, sino que tiene una visión moral, si no hay castigo para los que actúan mal vamos a tener más gente que actúe mal. Si en una sociedad da lo mismo actuar mal que actuar bien, seguramente vamos a vivir en una sociedad menos decente y una sociedad menos decente es una sociedad más peligrosa para todos. Vuestras víctimas, nuestras víctimas así lo marcan. En este momento se está desarrollando el juicio, que tiene que ver una parte seguramente mínima de lo que fue la tragedia en la AMIA. Cuanta indiferencia ¿no?, somos poquitos los que nos ocupamos y son poquitas las cosas que vienen saliendo de esto, y si somos poquitos los que nos ocupamos, va a ser muy difícil saber la verdad. Y si no sabemos la verdad, como en tantas otras cosas, vamos a seguir sufriendo. La Argentina sufrió el ataque contra la Embajada de Israel en marzo de 1992, de eso nunca se supo nada y por eso hubo otro atentado, otro ataque terrorista. La verdad es que debemos insistir en la necesidad de exigir la justicia, una sociedad en la cual no hay justicia es una sociedad en la cual la vida es difícil y es riesgosa. Estas víctimas que hoy recordamos son testimonio de que esto no es ni una entelequia, ni ninguna frase enunciativa de mero corte intelectual, es una realidad, y les confieso que como realidad me duele. No quiero vivir en una sociedad en la cual no haya justicia, no quiero vivir en una sociedad en la cual haya tanto delito impune, y si la sociedad no se compromete en esta lucha seguiremos teniendo más impunidad, es decir más gente que sufre, es decir más muertes y esto es moralmente inaceptable. Sepan de mi solidaridad con todos Ustedes y de mi dolor. Me conduelo todos los días cuando recuerdo estas muertes injustas e inmorales. Y por eso los acompaño con mucha humildad, en estos actos de memoria, persiguiendo esta justicia por la cual hoy todos sufrimos tanto y sus familiares han muerto. Gracias


DANIEL MALNATTI- Periodista. Bueno, antes que nada quiero agradecerles a todos Ustedes la posibilidad de poder compartir, todos juntos, más cerca. Bueno, estar más cerca y compartir todos juntos el ejercicio de la esperanza y la memoria, porque como bien dice el dicho, lo último que se pierde es la memoria. Porque muchos de nosotros estamos desesperanzados, sabemos a quienes nos enfrentamos y sabemos las posibilidades de éxito que queremos de conseguir justicia, sin embargo a través del uso de la memoria vamos a poder congelar la esperanza para el día en que se den las condiciones, el día en que se pueda dar la justicia, ese día la tengamos. Yo conozco muy bien este lugar, los pasillos de tribunales, yo me recibí de abogado hace 10 años, soy un señor mayor a pesar de que trabajo de adolescente crónico, he trabajado aquí por muchos años, como abogado, y cuando elegí la profesión de abogado lo hice porque a pesar de que tenía pocos años y era adolescente, anidaba en mí un sentimiento de justicia. A través de los años de ejercicio y recorrer los pasillos, que también ustedes habrán fatigado, me di cuenta que era muy difícil. La burocracia y los intereses espurios hacían muy difícil acceder a la justicia y me desilusioné entonces empecé a estudiar periodismo, en una etapa en la década del noventa, en el que parecía ser que los periodistas iban a ser los fiscales de la República. Un error, pero de alguna manera creo que hicimos lo que tuvimos que hacer, periodismo de investigación, tomaba en ese momento la avanzada, todavía hay algunos que lo siguen haciendo, pero bueno el tema era que con eso se desnaturalizaba un poco el ejercicio de periodismo pero lo hicimos. Entonces me puse a trabajar en investigaciones, en periodismo gráfico y también me desilusioné, me di cuenta que no se podía hacer todo lo que uno quería hacer, que uno no podía decir todo lo que tenía para decir. Bueno ya me iba a dedicar a la veterinaria o a la jardinería cuando por suerte me ofrecieron trabajar en un programa en donde a través del humor podemos devaluar un poco la realidad que nos duele tanto, y de esa manera poder seguir viviendo. En el fondo tanta ironía, tanto sarcasmo, tanto cinismo nos deja a unos vacíos y pienso que aveces no es suficiente para mí. Como corolario diría que lo que nos llevó al punto en el que estamos, no sé si se puede decir malas palabras pero Ustedes saben que fueron los políticos y el tema fue que los políticos nunca estuvieron a la altura del pueblo, los políticos nunca confiaron en nosotros. Si Alfonsín el día que dijo "felices pascuas", hubiese dicho "a luchar por la dignidad de la patria", hubiese estado seguro que el pueblo y todos nosotros lo íbamos a apoyar; y si Chacho Alvarez hubiese dicho "vamos todos juntos a combatir la corrupción del senado" el pueblo se hubiese levantado y no tendríamos la instituciones indignas que tenemos ahora. Entonces lo único que nos queda, lamentablemente, es confiar en nosotros que estamos acá haciendo uso de la memoria, confiar en otra gente que se reúne acá cerca también a pedir por sus ahorros, que es trabajo acumulado, y por otra gente que se reúne también más cerca del puente a hacer piquetes para pedir trabajo. Lo único que nos queda es la esperanza, y a los que perdimos un poco la esperanza, la memoria; para que el día que el régimen caiga haya gente que diga queremos la justicia y queremos que a los culpables les toque lo que les corresponde: Juicio y castigo.

 


LUNES 17 DE JUNIO DE 2002

DANIEL COLODENCO- Médico. Buen día, para mí esta es una plaza contra el silencio. Muchas veces el silencio fue una manera de expresar la incertidumbre ante hechos o situaciones inexplicables, callar era mejor que intentar una respuesta imposible. En la tradición judía el silencio fue entendido como una manera de expresar el aspecto inaccesible e incognocible de la voluntad divina. El poeta hebreo Uri Tzvi Grimberg llamó a los judíos asesinados durante el Holocausto "los santos del silencio". Adri Neer denominó a este silencio "el exilio de la palabra", pero el silencio no fue, ni es la única respuesta judía a lo inexplicable, a aquello que parece carecer de sentido. El interrogar, el cuestionar, el polemizar, también fue una manera de responder, de plantarse frente a aquello que parece, o quiere hacerse parecer como inconcebible. Basta recordar los planteos de Abraham, de David o de Job, sus planteos se atrevieron a desafiar al mismo Dios y a sus decisiones. En la historia Argentina el silencio también distinguió mucho de los tramos de su pasado, "de eso no se habla", "mejor no hablar de ciertas cosas", "el silencio es salud", son frases que todos hemos escuchado en infinidad de oportunidades. El silencio puede ser funcional para quienes no quieren que las cosas sean develadas, mantener las cosas en silencio es parte de la estrategia para evitar que se resuelvan. El encubrimiento es esencial para quienes recurren al silencio para que nada salga a la luz. Esta plaza, la plaza de Memoria Activa, funcionó desde su creación como un antídoto contra el silencio, un lugar desbordante, exultante de voces disimiles, plurales, de infinidad de timbres y sonidos, graves y agudas pero todas con un común denominador, el silencio es cómplice de los perpetradores y de sus mandantes. Voces que reclaman justicia, el clamor de las voces que rompió el silencio de los poderosos llevó a la destrucción de Sodoma y Gomorra. Las voces que desde esta plaza reclaman por la verdad seguirán abatiendo la calma silenciosa de quienes entrelazados por la corrupción suponen que la justicia nunca llega. Gracias.


JUDITH FARBERMAN- Historiadora. MEMORIA, HISTORIA, IMPUNIDAD Me pidieron que desde mi campo de estudio, que es la Historia, intentara una reflexión sobre la impunidad. Voy a empezar con un lugar común: la impunidad es una de las llagas más infamantes y dolorosas de nuestro país, quizás es la que más nos aleja de otros países institucionalmente más sólidos. Y es así porque la impunidad es una larga cadena, que comprende actos silenciosos y que pasan casi desapercibidos y otros que, como el atentado contra la AMIA, se expresan como un cataclismo, capaz de dejar tras de sí un tendal de víctimas. También es un lugar común recordar que esas víctimas no son solamente quienes murieron en el atentado, sus seres queridos, la comunidad judía: es la sociedad argentina en su conjunto la que fue agredida. Sin embargo, esta afirmación que podría formar parte del sentido común, no es vivida por todos de de esa manera. En otras palabras, no todos los ciudadanos se han apropiado en su memoria de este sentido colectivo de agresión. La extremada fragmentación de la sociedad argentina en las últimas décadas seguramente tiene que ver con ello. De aquí que creo que puede ser oportuna una reflexión sobre los vínculos que unen Historia y Memoria. En realidad, las fronteras entre una y otra son problemáticas y la Historia como disciplina ha comenzado preocuparse por esta relación desde no hace mucho tiempo, más precisamente a partir de la herencia lacerante que dejaron las guerras europeas y los crímenes de los regímenes fascistas. Para Pierre Nora la diferencia entre memoria e Historia reside en que la primera es la ejercitada por los grupos vivos. Por ende, se encuentra en constante evolución, está abierta a la dialéctica del olvido y de la manipulación. En cambio, la historia se presenta como una representación problemática e incompleta de lo que ya no existe más. Es una representación del pasado y, a diferencia de la memoria, que es afectiva, múltiple, acelerada, colectiva, demanda una operación intelectual y un discurso crítico. La memoria supone además una elaboración de los hechos. Las imágenes en las que cristaliza no siempre se corresponden con lo que fue la realidad histórica. A veces, en la conformación de esas imágenes colectivas intervienen agentes externos -los medios de comunicación o la propaganda en determinados contextos tiene una influencia muy poderosa sobre ellas- pero también actitudes que provienen de la misma sociedad, que se defiende, olvidando lo que duele demasiado recordar. De alguna manera, los historiadores son los guardianes del pasado. Ellos deberían ser capaz de guardar lo que la memoria colectiva cancela, ya sea por dolor como por conveniencia del poder. Entiendo que Memoria Activa, al igual que como lo hicieron antes, por ejemplo, las Madres de Plaza de Mayo tiene el mérito de mantener viva la memoria de un pasado reciente que, en la medida en que el tiempo transcurre sin que se haga justicia, va dejando de ser reciente, de aparecer en la primera plana de los diarios, de estar presente, por no ser ya novedoso, en la mente de cada ciudadano. Mantener viva la memoria no es un recurso menor. Porque nuestra sociedad ha siempre recordado poco y ha tendido a apegarse más a los tiempos vertiginosos del periodismo que los tiempos largos de la historia. Creo que la tenaz continuidad de estas reuniones es un noble ejercicio de paciencia, que vale la pena en la medida en que combate a ese gran aliado de la impunidad que es el olvido. Creo finalmente también que el hacer visible una situación de injusticia, el no dejar de recordársela a los demás, evoca en una asociación solidaria todos los actos impunes, más y menos visibles, de cada día. .


LUNES 24 DE JUNIO DE 2002

GRUPO DE TEATRO "LOS HISTÓRICOS" GUSTAVO MASO- Actor. Buenos días a toda la gente, a los ciudadanos. Estamos aquí, yo siempre los miraba por televisión, lo escuchaba por la radio digamos que lo seguía de lejos. Esta es la primera vez y estoy con un frío interno. Nosotros manejamos el humor con "Los históricos" y hoy obviamente que no vamos a hacer humor. Pero sí me gustaría recordar una fecha como hoy, un 24 de junio que también están recordando los 67 años de la muerte de Gardel y los 2 años de Rodrigo, que hoy es la fogata de San Juan, una fiesta pagana que se hacía en la antigüedad los pueblos antiguos cuando no había ni religión, ni se discutía por dioses ni nada, se buscaba un día como hoy, luego del suelticio que se recordaba el 21 de junio, la noche mágica, los campesinos recogían la pastura, el cultivo, y con lo amarillo hacían las piras y armaban la fogata en toda Europa y en América. Todo esto era una fiesta que se daba en todo el mundo y a lo mejor nadie sabía de otros que esto sucedía en un mismo día, en una misma noche, y la gente le pedía a la naturaleza una buenaventura para la próxima temporada, le pedía a la naturaleza un cultivo con el que podían comer, alimentarse a sus hijos y a sus familias. Y esto pasaba y nosotros tenemos la idea, yo hablo en nombre de "Los históricos", porque me parece que no se puede hablar en nombre de nadie, cuando se habla en nombre de alguien que no es uno, se complica la cosa uno pone en otro algo que uno debe hacer, si uno quiere hacerlo lo hace uno y lo dice uno, si no se complica, se han hecho cosas terribles en nombre de tal y tal cosa, justamente eso es lo que no queremos. Quería resaltar en este momento el tema de que en la civilización, el hombre debería luchar para poder comer, para poder vivir, para tener una vida justa, para estar con sus seres queridos, para estar con ellos, para eso debería ser la vida y no matar al otro para poder obtener algo del otro, terrible, sea por lo que fuere. Hoy nos gobierna lacramente a los Argentinos y al mundo, la economía y demás y la justicia queda como a un costado, la memoria queda como a un costado, queda como una cosa media hasta folklórica por momentos, sin embargo ustedes hacen que la memoria esté justamente activa y yo auguro por eso porque la tierra prometida sea el lugar donde se pueda cultivar la diferencia y que los sueños nos unan y que la realidad no nos mate. Gracias.


GRUPO DE TEATRO "LOS HISTÓRICOS" FABIO MARCOFF- Actor. Buenos días yo simplemente quiero decir que me da un poco de vergüenza estar acá porque me invitaron y no haber venido por iniciativa propia. Me parece que este es un derecho que tenemos a pedir justicia, a sentirnos ciudadanos dignos y aunque sea si todos viniésemos una vez aquí, una vez con los jubilados, y con todas estas aberraciones que están pasando la cosa sería diferente. Pero hoy me siento realmente muy emocionado y gracias a estar aquí me siento también parte de la sociedad. Me siento uno más y nada eso solamente. Gracias.


GRACIELA MAGLIE- Autora y guionista de televisión. Para nosotros los autores, el tiempo y la memoria son casi exclusivamente la materia prima con la que trabajamos. Cómo se articula en el futuro, el presente y el pasado, configura en gran medida qué hace de cada narración, de cada relato un hecho único. A veces para definir un personaje los autores nos interrogamos acerca de cómo se relaciona éste con su pasado personal, familiar, afectivo, amoroso; entonces tendremos personajes en los que el tiempo a obrado sobre su subjetividad mellando viejos dolores, antiguos rencores. Otros en los que el tiempo ha acrecentado el sufrimiento y tal vez la convicción de que jamás se podrán perdonar las afrentas vividas. Pero con los hechos históricos, con ciertos horrendos crímenes históricos, los personajes que no han sido víctimas directas, si es que esta idea cabe, tienden a construir la ficción de que han quedado a salvo y casi inexorablemente se refugian en el paso del tiempo como cielo protector e inexorablemente sucumben al olvido. Por eso Memoria Activa no es sólo necesaria, es imprescindible. Porque me recuerda el horror de que pertenezco a un país en el que se ha perpetrado el más devastador atentado ejercido contra la comunidad judía desde la segunda guerra mundial. Todos sabemos que hubieron víctimas judías y no judías en la masacre, pero también sabemos que se apuntó a corazón mismo de la comunidad judía en nuestro país y es precisamente por eso que hoy, como no judía, que yo quiero decir que nadie, que ningún habitante de este país judío o no judío, nativo o extranjero, está ni estará a salvo hasta que se haga justicia. A los familiares de las víctimas del homicidio de AMIA, a casi 8 años del hecho, quiero decirles que no soy familiar directa de ninguna de las 86 personas asesinadas, pero que sé lo que es el amor a un hijo, a un esposo, a un hermano, a una madre, que me conduelo y me compadezco por el dolor intransferible de esas pérdidas. Pero que estoy aquí no sólo para compartir el dolor de estos familiares, sino el irrenunciable futuro de justicia que Memoria Activa se propone, en la absoluta convicción de que nadie, ni mi hijo, ni mi hermano, ni mi marido, ni yo misma estaremos a salvo si no se identifica y condena a todos los culpables de la masacre, a sus cómplices y a sus encubridores y si no se pone seriamente en cuestión a las instituciones de la República que obraron como guarida de estos asesinos. Porque desde aquel 18 de julio de 1994, día del hecho atroz, hemos asistido a la más impúdica exhibición de impunidad de la que nuestra historia tenga memoria en el marco de una democracia. Instituciones de la República que está presuntamente diseñadas para brindar protección al ciudadano, han revelado ser protagonistas de la trama de complicidad y encubrimiento, cuando no partícipe directas del hecho. Amigos, estoy acá para darles las gracias porque no me permiten olvidar, estoy aquí porque el caso AMIA expone como en un relato, que ojalá se torne inolvidable para todos, un pasado de corrupción e impunidad que se prolonga en este anunciado presente de iniquidad. Para que recordemos juntos que muchos de los criminales están allí sueltos, que andan entre nosotros, ayer nomás hemos leído una noticia periodística que nos hiela la sangre que se nos informa del amedrentamiento ejercido sobre el hijo de un involucrado tal vez para silenciarlo. Estoy aquí entonces para reclamar la identificación y condena de todos los culpables, junto a ustedes y para poder pensar en un futuro para todos que garantice el imperio de la verdad y la justicia. Es un sueño muy grande tal vez, pero si llegáramos a concretarlo Memoria Activa ha sido sin duda, una de sus principales artífices. Muchísimas gracias.