LUNES 2 DE SEPTIEMBRE DE 2002

PABLO GABE- Director Comunitario de Adat Israel. Antes que nada, quiero agradecer a la gente de Memoria Activa por haberme invitado nuevamente a hablar. Estamos a tan solo cinco días de comenzar un nuevo año. Un año que nos ha dejado muchas cosas. Y con él, diez días después la llegada de otro Iom Kipur, conocido como el día del perdón. Es el día en el cual los pecados cometidos hacia D´s, quedarían expiados, si tenemos una actitud merecedora de esa expiación. En la lectura de la Torá que haremos en la sinagoga en la segunda mañana de Rosh Hashaná, leemos que el patriarca Abraham recibe el llamado de D´s. La respuesta de Abraham es simplemente Hineni, heme aquí. La orden de D´s es, ve con tu hijo hacia el monte moriá, para entregármelo en sacrificio. Sin dudar sobre la orden, Abraham toma a su hijo, y juntos se dirigen hacia el lugar indicado. Cuando llegan, el padre ata a su hijo al altar, y prepara todo para el brutal acontecimiento. En el momento en que Abraham va a bajar el cuchillo, un ángel de D´s baja del cielo, y le pide a Abraham que no descienda el cuchillo sobre el muchacho, ni que le haga daño, porque ahora comprendió que es una persona de fe hacia D´s. La realidad es que D´s sabía como iba a responder Abraham. La prueba era para que Abraham mismo se diese cuenta de la fe que tenía en el todopoderoso. Pero finalmente el sacrificio no llegó a consumarse. En la tradición judía, los sacrificios humanos están totalmente prohibidos. D´s no permite, que por una orden divina, mueran seres humanos. Por eso la diferencia entre él y el ángel. Para ordenar una muerte tiene que ser D´s, pero para evitarla, con un ángel es suficiente. Por su parte, cuando D´s llama a Abraham, este no sabía lo que iba a tener que hacer. Sin embargo responde Hineni, heme aquí. Cuando van caminando juntos, padre e hijo, uno para sacrificar y otro para ser sacrificado, Itzjak se dirige a su padre para hacerle una pregunta, y Abraham responde Hineni. El concepto Hineni, mas allá de querer decir presente, representa una actitud de predisposición para la tarea, para cumplir con aquellas cosas que tenemos que hacer y que, casi siempre, no sabemos de antemano de que puede llegar a tratarse. Los muertos en la Embajada y los muertos en la A.M.I.A. no sabían lo que le iba a pasar ese día. Sin embargo, cada mañana decían Hineni, presentes, e iban a trabajar comúnmente. A los responsables, material e ideológicamente de los atentados, les decimos Hineni, aquí estamos. A los que confundieron a la comunidad judía Argentina con el estado de Israel, les decimos Hineni. A los responsables de la no-investigación, les decimos Hineni. A los que se ocuparon de estar cerca de la causa A.M.I.A., solo para asegurarse de que no tocasen a sus amigos, les decimos Hineni. Como Abraham en el monte Moriá, les decimos a los que nunca estuvieron presentes, que estuvimos, estamos y estaremos siempre presentes, exigiendo justicia. Siempre dispuestos a actuar, cualquiera sean las consecuencias. Porque no hay nada más perverso, que dejar impune una muerte. 85 muertes que se podían haber evitado, pero que por diez millones de razones, no se evitó. ¿Y como termina la historia de Abraham e Itzjak? Abraham saca a su hijo del altar, y en su lugar coloca a un carnero, que lo entrega como ofrenda a D´s. Del carnero, sacamos el Shofar. Ese instrumento que suena cada mañana, cada Lunes aquí en la plaza. Ese mismo sonido será escuchado el próximo Domingo, en cada sinagoga del mundo, anunciando el comienzo de un nuevo año, y marcando el tiempo del balance, de la reflexión, de la mirada hacia nuestro interior. Quiera D´s, que en este nuevo año podamos ser aunque más no sea, testigos de la justicia, y no de la injusticia. Que los sacrificios humanos, no sean como en la antigüedad, sino que quienes tienen que sacrificarse, que lo hagan. Por la memoria de todos los que recordamos cada Lunes, cada 18. Porque después de todo, no es un sacrificio lo que les pedimos, sino que simplemente cumplan con su función, que para eso están donde el pueblo los puso. Y si no pueden, que se vayan y que no vuelvan nunca más. Para todos, Sahná Tová Umetuká, Ugmar Jatimá Tová.


JUDITH GOCIOL- Periodista. Bueno voy a leer. Me pregunto, frente a una bomba que mata a 85 personas en la AMIA, ¿Corresponde preocuparse por los 70 mil volúmenes de la que hasta ese 18 de julio era la biblioteca judía más importante de América Latina, y que también funcionaba en el edificio de la calle Pasteur? ¿Corresponde pensar en las cartas del Barón Hirsch y las de Sigmund Freud o en esos viejos volúmenes que tenían una Estrella de David y una etiqueta celeste porque habían llegado a la Argentina salvados del Nazismo? Me pregunto: ¿Corresponde investigar que pasó con los libros durante la dictadura, cuando a la par desaparecieron 30 mil personas? ¿Preocuparse por los textos peronistas secuestrados de los anaqueles de las bibliotecas municipales?. Pensar en la torre de cubos, una obra para chicos escrita por Laura Devetach prohibida, según el decreto oficial por su ilimitada fantasía. Me lo pregunté cientos de veces y pienso que sí, que es necesario sobre todo ahora que ha pasado un poco el tiempo. Lo sé, el tiempo no mitiga el dolor. He visto llorar a sobrevivientes del holocausto que ya pasaron a edad, que tenían sus padres antes de ser asesinados, llorar con lágrimas húmedas 50 años después. He visto llorar a Graciela Cabal, escritora, al recordar que había quemado libros durante la dictadura en la bañera de su casa, con vergüenza a escondidas de sus hijos, llorar con lágrimas húmedas 25 años después. Pero el tiempo que no mitiga el dolor aumenta las perspectivas y permite miradas menos ancladas en la coyuntura y en la urgencia. Los sistemas democráticos se permiten olvidar la cultura, los regímenes autoritarios jamás, son mucho menos ignorantes de lo que se cree, lo que no disminuye sino que aumenta su bestialidad. Los militares argentinos sabían perfectamente la peligrosidad, por decirlo en términos de ellos, de los libros como vehículos de ideas, de crecimiento y de libertad, y por eso pusieron en funcionamiento una compleja infraestructura de control cultural y educativa, equipos de censura, análisis bibliográfico, memos de inteligencia, abogados, intelectuales académicos, proyectos editoriales, decretos, presupuestos y oficinas. A la desaparición de personas se correspondió el proyecto también sistemático de desaparición de la palabra, una plenitud macabra. Asesinar los cuerpos y también el pensamiento, la dimensión física y la simbólica, lo material y lo inmaterial, lo finito y lo inmortal, el presente y el futuro. Lo mismo en la Alemania nazi, en la dictadura y en la AMIA. Pero el plan cultural de 1976 no sólo estaba destinado a destruir un discurso sino a intentar imponer otro, quedó incompleto, no le faltó intención sino tiempo. A los militares se le vinieron encima Las Malvinas, sin embargo del daño social que causaron recién empezamos a despabilarnos el 19 y 20 de diciembre. Quedan aún otras dimensiones que profundizar, la responsabilidad empresaria y la de los jueces, esos dos poderes hasta ahora intocables. Pero sobre todo la responsabilidad civil, desde la conexión local en el caso de la AMIA hasta los verdugos voluntarios, como bautiza Daniel Volthagen en su libro, a las personas comunes y corrientes que colaboraron con el nazismo. Un ejemplar de Proteo, la novela de Morris West, fue puesta en manos del entonces Ministro del Interior Armando Arguindegui durante la dictadura, por David Lacroze que era Presidente de la Junta Nacional de Granos y es un reconocido personaje del ambiente agropecuario que escribe con frecuencia en el diario Clarin. "Entiendo que este señor a través de este libro ha sido una de las personas que más daño le ha hecho a la imagen de nuestro país y del gobierno en el exterior" observó en la nota que acompañaba la obra le mandó a Arguindegui. Durante la intendencia de Osvaldo Cachiatore, el hoy renombrado abogado constitucionalista Germán Bidercampos, escribió el libro "Poder de policía de moralidad en materia de espectáculos y de publicaciones", una especie de sostén jurídico legal del régimen, publicado por aquella Secretaría de Cultura de la Ciudad. La gama es amplia y depara sorpresas, me refiero sin embargo especialmente a nosotros, ciudadanos anónimos. "El frasquito" de Luis Guzmán, fue prohibido por la dictadura gracias a los buenos oficios de una mujer trabajadora ad honorem, vía liga de madres de familia del comité de moralidad municipal, y recorría las calles en busca de lo que ella consideraba de material imprudente. Me pregunto: ¿Cómo vivían esos padres y esos hijos cuyas casas lindaban con los campos de concentración argentinos metidos en barrios como Flores? ¿De qué conversarían? ¿ Cómo encenderían la luz?. Me pregunto: ¿Qué hice yo el día que estalló la bomba en la AMIA?. Un rato después, pasadas las once, fui a la entrevista que tenía pautada hacía una semana, y la hicimos en un piso de Coronel Díaz y Las Heras desde cuyo ventanal se veían pasar decenas de ambulancias y se escuchaban sirenas que no dejaban de sonar. Recién a la noche me acerqué al edificio destruido y me anoté para prestar ayuda. Hasta hoy me pregunto: ¿ Cómo puede ser que hayamos hecho esa entrevista igual? ¿De qué cosa importante hablábamos mientras vidas, libros y muertes se definían entre los escombros?. Una semana después participé del rescate de los ejemplares de la biblioteca del IVO, que pasaban de mano en mano a través de una cadena de brazos solidarios desde lo que había sido el tercer piso del antiguo edificio de Pasteur 633, hasta la calle. Varios de los volúmenes sobrevivieron al estallido sin siquiera moverse de los estantes, apenas cubiertos de polvillo, libros que tuvieron más vida que las propias vidas. ¿Correspondía o no correspondía?. Creo que recién cuando la enorme dimensión de lo íntimo sea revisado, podremos decir seguros que nunca más.


LUNES 9 DE SEPTIEMBRE DE 2002

Laura Pautassi- Investigadora en Políticas Sociales. Buen día, agradezco la posibilidad de estar aquí y compartir algunas reflexiones con Ustedes. Yo quisiera rescatar dos figuras que tienen que ver con la impunidad que vivimos en este país permanentemente. La figura de lo que significaba la AMIA como institución social, de brindar prestaciones específicas a sus filiados y la impunidad como símbolo de lo que ha sucedido con la AMIA, incluso con su función social que estaba desarrollando permanentemente y la impunidad que estamos viviendo con la destrucción permanente y que nos asegura a todos los argentinos del sistema de educación, de salud de que ya no se garantiza el vínculo, el derecho al trabajo, la posibilidad de que una persona tenga acceso a una vivienda digna. Creo que este símbolo que es la AMIA, insisto, desde su función social que cumplía de garantizarle prestaciones sociales a sus asegurados, pero que esto implica a la comunidad, se vincula con la impunidad que estamos viviendo permanentemente todos los argentinos, con la gravedad que significa ya no tener garantizado el acceso a la salud, principalmente el acceso al trabajo, el acceso a la justicia como un indicador claro del retroceso y la degradación permanente que estamos sometidos todos los argentinos. Creo que esta posibilidad des estar permanentemente refrescando y haciendo un voto contra la impunidad es un modo de estar también diciendo, o manifestando un voto contra la impunidad en términos de trabajo, contra la impunidad en términos de acceso a la salud, a la educación. Los índices que estamos conociendo de lo que está aumentando la desnutrición infantil, también nos hacen ver de la impunidad de las clases gobernantes estos últimos años, que expresamente quisieron lograr este resultado. No existen, como suelen afirmar muchos también de los organismos internacionales, efectos no deseados de implementar un modelo, no existen efectos no deseados de la impunidad con esto se está buscando un resultado concreto. Creo que esto es muy claro, es una conducta muy deseada, muy propia de la coaliciones gobernantes que hemos tenido estos años y sobre las cuales estamos todos decididos, de alguna manera como sociedad, a ponerle un freno; de seguir recordando y de no permitir más que haya un saqueo a la educación pública, a salud, al derecho al trabajo y a cada uno de los ciudadanos. Por eso creo que es muy importante seguir en esta dirección, de estar manifestando todos y las diversas formas que están logrando la impunidad en este país. Muchas gracias.


Gabriela M. Bortz- Alumna del Natan Gesang. RUTINA Se despertó temprano a la mañana. Como de costumbre, se dirigió al baño, se duchó, afeitó, peinó y vistió. Fue a la cocina y preparó el desayuno para toda la familia, despertó a su esposa y les dio un beso a sus hijas que aún dormían. Salió a las 8 y media. En el camino a la oficina recordó que le había prometido a su mujer pasar por la tintorería, pagar el cable, la cuota del club y hacer unas compras en el supermercado. De pronto comenzó a meditar sobre su vida, como, de hecho, solía hacer cuando se sentía feliz. Pensó en su actividad económica y concluyó que estaba conforme con su pasar. Pensó sobre su vida sentimental y descubrió que nunca había sido más feliz que entonces, junto a su mujer y a sus niñas, las luces de sus ojos. Incluso se le ocurrió la posibilidad de realizar junto a ellas un hermoso viaje, tal vez el año entrante o el siguiente, cuando lograra reunir el dinero suficiente. Por lo pronto, le pareció buena idea el intentar remodelar un poco el living: reemplazar el sillón, pintar las paredes y, quizás, comprar un bonito cuadro. Siguió imaginando y pensó en el día que las chicas sean Bnot Mitzvá y en la fiesta y en el vals y en la aliá y en... ¡CRASH!. Mala suerte, chocó el auto. "No importa, recién son las nueve menos cuarto", pensó. "Resuelvo rápido este asunto y llego temprano al laburo igual". Se bajó del coche y se fijó en los daños: su paragolpes había volado y del baúl del taxista de adelante no quedaba rastro alguno. "Ufff, sí que la hice buena", dijo. "Mi mujer siempre me dice que me concentre y no divague cuando manejo, a ver si algún día aprendo a hacerle caso". El otro conductor estaba fuera de sí y no escuchaba razón alguna. Requería miles de dólares como compensación, argüía sobre un juicio y murmuraba palabras ininteligibles entre escupidas e insultos. Incluso sacó las llaves dispuesto a hacer por lo menos un rayón del tamaño de la Avenida 9 de Julio en el auto del pobre soñador. Intercambió los datos con el taxista. Estaba seguro que este pequeño percance le costaría por lo menos lo que había imaginado como primer año de aportes para ese hermoso viaje que iba a realizar con su familia. El mayor problema, pensó, iba a ser el tener que decírselo a su esposa, quien, de seguro, lo iba a querer golpear con un cenicero. "Pero no importa", se dijo, "ella me quiere igual". Se preguntó cómo pagaría todo. Una parte probablemente la cubriría el seguro, ahora la otra... Bueno, ya iba a pensar en algo. Podía trabajar algunas horas extra y ahorrar un poco de dinero, no había mayores problemas con eso. Pero el asunto no terminó ahí. El otro conductor incluso lo amenazó con ir a juicio. Reclamó una indemnización por no poder contar con su medio de trabajo por varios días, si no eran semanas. El miserable hombre, abatido como estaba, abandonó el lugar tan pronto como una grúa se llevó el taxi abollado y a su conductor furioso. Decidió evadir las nuevas preocupaciones que el accidente vial le había traído y volver a su meditación. Pensó en cómo amaba a su esposa y a sus hijas y cómo siempre iba a tratar de alejar los problemas de sus vidas y cómo no iba a dejar que las presiones lo agobien y lo priven de la felicidad de estar siempre con ellas y cómo... Frenó de golpe. Se asustó enormemente: ¿dos accidentes en un mismo día?. No, por suerte. Bah, ¿qué clase de suerte era esa?: control de tránsito. Un policía entrado en años lo miraba de reojo a través de su ventana. Lentamente se le acercó y le extendió un papel. "Exceso de velocidad", dijo él. Le tomó los datos, completó la boleta y se la hizo firmar. Todo el procedimiento tomó como 15 minutos. A pesar de las interrupciones y las pérdidas de tiempo todavía tenía tiempo para, aunque sea, ir al cajero automático a hacer un retiro y pagar la cuota del club antes de entrar a la oficina. Rápidamente se volvió a sumir en sus pensamientos. Recordó que al día siguiente había arreglado con sus ex compañeros de la facultad para jugar al fútbol a la nochecita y comer pizza todos juntos, como todos los martes. Se mostró entusiasmado ante la idea. Cayó en la cuenta que hacía muchos años que no veía a Víctor, una amistad de la secundaria. Se preguntó qué sería de su vida y si finalmente había conseguido aquél codiciado puesto en la gerencia de una empresa automotriz. Finalmente llegó al cajero. Introdujo la primer tarjeta: no había fondos. Intentó con otra: era imposible sacar el dinero. Probó con la tercera: gracias a Di's había algo. Retiró $100. Se había demorado un poco más de la cuenta. "Bueno, no importa. Son las 9 y veinte y todavía tengo cuarenta minutos para abonar la cuota mensual del club y llegar al trabajo", pensó. Volvió a subirse al auto. Arrancó y nuevamente se introdujo en el seno de sus propios pensamientos. De pronto se dio cuenta que era lunes y que le había prometido a su madre pasar a visitarla a las 9 con su mujer y sus hijas. Iban a ir a comer y esperaba recibir noticias de su hermana que estaba en Israel. Hacía mucho que no sabía nada de ella. Mientras conducía a través de las calles de Buenos Aires se le desabrochó un botón de la camisa. Se lo abotonó nuevamente y pensó que era un sutil indicio de que tenía que volver a comenzar la dieta y bajar de peso. Se propuso con firmeza comer ensalada. Rápidamente se contestó a sí mismo que estaban a mitad de julio y que hacía demasiado frío para vivir a ensalada. Se sugirió inscribirse en una clase de gimnasia, pero se dijo que no disponía de demasiado tiempo y que terminaba el día extenuado. Llegó al club, acababa de abrir sus puertas. Pagó el mes, conversó durante un rato con los recepcionistas y el coordinador de Educación Física y tomó, por las dudas, un folleto con los horarios del gimnasio. Ya eran las diez menos cuarto. Se subió al coche y se dirigió al trabajo. Muchas calles estaban cortadas y era difícil tomar un camino no demasiado largo. A todo esto ya eran las diez menos diez. Pasó un minuto. Escuchó por radio dónde había cortes de tránsito. Pasó otro minuto en el que se puso a pensar por dónde seguir. Ya eran las 9 y 52 minutos. Agarró por Pasteur. 09-09-02 GERARDO PUNDIK- Shofar de la Plaza. En primer lugar quiero agradecer a memoria Activa la posibilidad de permitirme prestar testimonio. Les agradezco también el poder, como ciudadano de la plaza, manifestar a través del sonido del Shofar, mi indignación por la no investigación de los atentados a la AMIA y la Embajada. Y también como protesta para lograr un total esclarecimiento de los mismos. Vine a la plaza por primera vez hace 3 años a escuchar el testimonio de mi hijo Nicolás, que hablaba en nombre de la Juventud en Guardia hasta que aclare, y quedé subyugado por el sonido del Shofar en el minuto de silencio. Tal fue la sensación que tuve que no tardé en pedirle al Dr. Abraham Skorka, Rabino de mi comunidad Bnei Tikvá, que me enseñe a tocarlo. No sólo me enseñó, sino que me prestó el Shofar con el cual me acerqué a tocar en la plaza. El actual es un regalo personal que recibí. Hay muchas razones y momentos en los que se toca el Shofar, este es un instrumento natural de viento, de los más antiguos conocidos en el mundo. En tiempos bíblicos los judíos lo utilizaban como instrumento musical, o de batalla, para llamar a asamblea, o bien para transmitir noticias. Su principal uso es religioso, y se lo escucha principalmente en las festividades de Rosh Ha Shaná y Iom Kipur. Yo siento que a través del sonido de mi Shofar intento todos los lunes transmitir mi bronca por la pérdida de valores, por la pérdida de las vidas en los atentados de AMIA y Embajada, por la pérdida de los 30 mil desaparecidos, por la pérdida de los trabajos, por la pérdida de vidas por la inseguridad, por la pérdida de los valores éticos de los gobernantes y políticos, por la pérdida del derecho a vivir dignamente, y por sobre todas las cosas por la pérdida de justicia. Hago votos para dejarnos de perder y recuperemos la dignidad. Shaná Tová. Muchas gracias


LUNES 16 DE SEPTIEMBRE DE 2002

Día del Perdón.


LUNES 23 DE SEPTIEMBRE DE 2002

HORACIO RAFART- Actor y director teatral. Bueno yo, la primera vez que estuve en esta plaza fue porque me invitaron, esta vez pedí venir porque creo que es una necesidad y es un espacio nuestro y que no podemos dejarlo. Vivimos días oscuros. Días de temor. Días en que al levantarnos, sabemos que tendremos que enfrentarnos con los titulares de los diarios. Enfrentarnos a esos titulares y salir a la calle a verle la cara a esa realidad. Secuestros. Muertos y más muertos. Desocupación, desesperanza y más desesperanza. Marginación, hambre y más hambre. Políticas de un país en el que más de la mitad de la población queda excluida. Políticas que condenan a morir a miles de argentinos antes del primer año de vida. Políticas donde las únicas industrias que prosperan son las de los cartoneros. Hermoso primer mundo. La realidad de hoy nos golpea cada vez más fuerte, y sólo pretenden que tengamos paciencia. Pretenden que nos quedemos calladitos y en casa. Escuchar a funcionarios decir que van a investigar "hasta las últimas consecuencias" a los responsables del criminal atentado a Estela Carlotto, y que sólo tengamos fe en la justicia. Repugna. ¿Y por qué repugna?. Porque siempre nos mintieron. Nos dijeron que con la democracia "se come y se educa". Nos dijeron que el "Nunca Más", que el salariazo, que la revolució productiva. Y miles de mentiras más. Pero no son mentiras comunes, son mentiras que arrastran vidas. Vidas de 30.000 Vidas de triple A Vidas de la Embajada Vidas del gatillo fácil Vidas de la AMIA Vidas de la represión en las calles a la protesta social. Todo esto tiene un punto común y una causa similar. Todo esto es posible porque vivimos en un país donde la justicia está ausente. Sumemos todas estas vidas. Las del hambre, las de la represión, las de los atentados. ¿Cuánto da esta cuenta? A Ezequiel, el joven asesinado en el Riachuelo por el hijo de un ex jefe de la maldita bonaerense, sumémoslo también. Y sumamos, y sumamos. Acá en esta plaza cada lunes, sumamos y sumamos. Siempre agregamos más nombres a esa interminable lista de terror. Estos nombres pertenecen a argentinos. Argentinos, integrantes de una sociedad casi autista que ve caer a sus mejores ciudadanos. Cuando suceden estas cosas, desde el poder nos dicen "que son indeseables que no saben vivir en democracia y que quieren llevarnos a épocas ya superadas por los argentinos". Los argentinos, "señores" no superamos nada. A los argentinos siempre nos siguieron pasando cosas. Cosas terribles. Y nos van a seguir pasando si no encontramos el camino, el bien común o sea: la justicia. No estamos acá para amenazar, ni para insultar aunque la rabia nos inunda. Estamos acá para pedir, para reclamar. Acá pedimos por nuestros hijos, nuestros padres y nuestros hermanos. Acá pedimos por los que no son nuestros hijos, ni nuestros padres, ni nuestros hermanos. Acá pedimos por todos. Acá pedimos justicia. Acá pedimos que se destruya la red de impunidad que permite la tragedia, la pasada y la que vendrá. Pedimos juicio y castigo a todos los asesinos. Pero un juicio real, no la farsa de juicio como el de la causa AMIA. Acá pido que esta Suprema Corte, prostituta del poder de turno, se vaya. Pero no a su casa, sino a una celda. Acá pido que los Duhalde- Menem- Ruckauf y compañía nos dejen vivir en paz. Que no abusen de la impunidad que les da el poder. El pueblo tiene paciencia, pero hasta un límite. Que recuerden que Hitler tenía de custodia a las SS y a la Gestapo, y no le alcanzó ni a él, ni a los otros criminales que hasta el día de hoy son perseguidos y enjuiciados. Que recuerden que Mussollini tenía el mundo en sus manos y un día el pueblo decidió que ese mundo le quede patas para arriba. Por favor, escuchen bien y no nos jodan más: Sólo queremos justicia.


ENRIQUE CHURBA- Memoria Activa. Buenos días, en estos últimos días varios hechos fueron marcando hitos en la historia negra de nuestro país. Las graves declaraciones de del Canciller Carlos Ruckauf desviando la responsabilidad del Estado Argentino en los brutales atentados contra la Embajada y la AMIA. Nuevamente los periodistas de Punto Doc se han convertido en Fiscales, investigando y denunciando negociados entre Corach y Aviran, hechos gravísimos, que han sido denunciados infinidad de veces por nosotros en esta plaza. También en esta semana el principal preso, Carlos Telleldín imputado como cómplice en las 85 muertes por el caso AMIA, el hombre clave del atentado ya sea porque tuvo participación o porque sabe más de lo que dice, aparentemente intentó suicidarse. El servicio Penitenciario Federal lo ocultó a los abogados, al T.O.F. y a sus familiares. Nos preguntamos: ¿Qué se esconde detrás de todo esto?.


Dr. MARIO ELFFMAN- Juez. Buenos días, disculpen ustedes pero tengo una doble necesidad, la de ser conciso y personalmente la de ser preciso, así que me voy a apoyar en algunas notas. Cuando advertí ayer en la promoción gráfica de este acto que se me anunciaba como juez, función en la que apenas llevo 9 meses, tomé conciencia de que me tocaba testimoniar por ser integrante de un aparato judicial de nula estimación social: sin eufemismos, de un total desprestigio social. No se trata de esquivar el bulto diciendo que tal o cual juez o tal y cual corte carecen de credibilidad, porque el desprestigio de un órgano del poder no es compatible con el prestigio personal de quienes lo componen. Por eso, tampoco es útil recurrir al argumento de que hay muchos jueces que honran sus responsabilidades, porque es una verdad de Perogrullo, cuando lo que hay que señalar es a quienes las deshonren. Esa denuncia de los estigmas del sistema judicial, desde su cúspide, las hace la sociedad que las padece. Pero no basta el señalamiento: a esa misma sociedad le cabe la responsabilidad de participar de la creación de una justicia para los nuevos tiempos que hayan de llegar, y para las garantías de los derechos que hayan de primar en una real transición hacia esa sociedad. Hay que pensar desde el escenario judicial en otra actitud de los jueces. Pero pasar de un quietismo judicial a un activismo de los jueces no significa tolerar que se avance todavía más en el autoritarismo y en el discrecionalismo: significa pasar del juez remoto al próximo; del a/social al integrado; del indiferente al comprometido. Y nos falta muchísimo todavía, para pasar de Su Señoría al Ciudadano, al Vecino y al Servidor Social. Reconocer que no habrá justicia sin independencia del Poder Judicial ya no puede ser leído en relación a los otros Poderes formales: que eso se logre es indispensable, pero es insuficiente si no se obtiene independencia de los jueces respecto de los poderes económicos, globalizados e imperializados. O de las mafias, mimetizadas o no en el núcleo del poder, como lo ilustró el proceso de 'mani pulite' en Italia. El único antídoto, desde un nuevo compromiso judicial, consiste en fortalecer las garantías: leal, consciente y consecuentemente. En evitar que los Derechos Humanos sigan sometidos a un permanente estado de sitio. En asegurar órganos judiciales útiles, representativos de protección real. Pero con real garantismo, porque garantismo no es negación es realización de la justicia: es cumplir con el deber de otorgar protección práctica y específica a los Derechos del Hombre. Hablo de garantías hospitalarias, como dice Augusto Morello. Garantías universales, comprensibles y accesibles, no privatizadas ni compradas por los poderosos. Garantías antidiscriminatorias e igualadoras. Garantías de búsqueda constante y de logro de la verdad. No ficciones procesales, no juicios que transitan de a pie, por las colectoras, y con anteojeras para no mirar el camino principal. O que ni siquiera transiten. Que, en realidad, no son procesos sino recesos, y denegaciones de justicia. El obispo Estanislao Karlic dijo ayer, en Tucumán, que uno de los pecados de la Argentina es la impunidada. Humildemente, me permito añadir: sí, pero no se le pueden conceder más indulgencias. Justicia real para todos; continua, efectiva y cuyas soluciones se den en un tiempo razonable. Porque aquí ocurre que se critican los fallos que, cumpliendo con Tratados Internacionales disponen la libertad de procesados que no tiene sentencia justa en tiempo adecuado. Pero se silencia la responsabilidad de quienes no han sabido o no han querido dictar esa sentencia en la ocasión y en la forma debidas: que, en todo caso, estimulan con su inercia los posibles abusos de algunos defensores, los clásicos embarradores de cancha. Cualquier comparación con el tránsito a la nada de las investigaciones judiciales por los atentados a la Embajada de Israel o a la AMIA, no tiene nada de casual. Eso, nuestro pueblo lo tiene muy claro. Quiero ser parte de Jueces que no se crean una maquinita de reproducción de precedentes, sino que procuren ser directores protagónicos e inteligentes operadores de esas garantías. Jueces que deben (debemos) reconocer de una vez por todas que nuestra principal responsabilidad, en cualquier instancia, es defender y aplicar la Constitución y los Derechos de Humanidad. Porque ayer, una entidad de generales retirados, tuvo espacio en la prensa para afirmar que los jueces carecen de atribuciones para desconocer una ley a pretexto de que contraría la Constitución. Jueces que aprendamos a entender que toda democracia que se extingue en la escalinata del Palacio de Justicia no es democracia. Porque es evidente que la actual organización de justicia es una promesa incumplida de la democracia, parafraseando a Norberto Bobbio en una de sus obras mayores. Y porque el tránsito entre la concepción jerárquica, un verticalismo inmovilizador y una armazón mafiosa de la sociedad, no hace sino a distintos tramos de una misma concepción anti-republicana. Hemos avanzado algo, pero mucho menos de lo indispensable, con el régimen de designación y de remoción de jueces establecidos en la reforma constitucional de 1994. Pero rápidamente se amañan las cosas para que sigan siendo nombrados jueces quienes gocen del favor del poder, y sigan zafando del juicio político quienes lo conserven; por la vía que fuere y sin reparar en los medios que se empleen: incluyendo los chantajes recíprocos. Justicia, justicia perseguirás; cuantas veces se dijo acá. Quienes tiene tan activa su memoria como su ansia de superación de los dramas de nuestra sociedad no solamente deben perseguir justicia: lo que deben hacer es alcanzarla. No es un finalismo místico, no puede ser una lamentación, no es una utopía echada al monte como la de Serrat. Tenemos que recorrer juntos muchos caminos hasta llegar a obtener aquella certeza del campesino alemán que, presionado por el Emperador para que le vendiera sus tierras, dijo: "no habrá capricho del príncipe que pueda obligarme a hacerlo, mientras en Berlín exista un juez". La justicia que nos falta, más se valora cuanto más nos falta. Por eso siempre será bueno luchar para lograrla. Aunque a veces nos sintamos pocos, o fatigados. Porque esa lucha seguirá viva, y con ella la memoria, mientras se siga escuchando un grito plural en una plaza, ante una estatua de ojos vendados y escondida entre mármoles interiores, o mientras sigamos siendo capaces de conmovernos con el lamento del Shofar. Muchas Gracias.


BERNARDO GRUMAN- Poeta, ciudadano de la Plaza. Estimados amigos de Memoria Activa: Esta es la segunda vez que tengo el honor de usar este micrófono, lo cual agradezco. Yo soy un salvado del Holocausto. Casi todos los miembros de mi familia, abuelos, tíos y primos, en total 80 personas, murieron previamente torturados, en el campo de concentración de Auschwitz. Procedían del pequeño pueblo de Sikulow Podlaski, situado a 160 Km de Varsovia. En cambio mis tíos y primos, que vivían en París como pobres judíos inmigrantes, fueron también perseguidos por la policía de Vichy o por la tristemente S.S., pero afortunadamente lograron esconderse y refugiarse en los bosques franceses, convirtiéndose en Partizanos, tras lo cual pudieron sobrevivir. Por suerte mi esposa y yo pudimos salvarnos, por cuanto nuestros padres residían en la Argentina. Durante el famoso "proceso", recibí muchas amenazas de muerte, comunicándome que por ser judío próximamente iba a ser "boleta". Luego vino un coche Falcon a buscarme, evidentemente para torturarme y después matarme por el sólo hecho de ser judío. Mi compañera y yo tuvimos que expatriarnos a los Estados Unidos de Norteamérica, pero evidentemente los afectos pueden más, y el 17 de enero de 1977 volvimos a Buenos Aires. Tenía entonces 53 años. Ahora tengo 79 años, pero mi espíritu es el de un joven de 20 años. Yo soy un viejo-joven con 53 años de casado con mi novia, o sea mi esposa, abuelos de 7 nietas y bisabuelos de 2 bisnietos. Los amigos me llaman Bernardo el poeta, y cumpliendo con este título he compuesto Lo siguiente: Himno a memoria Activa Ocho años de lucha con tesón Ocho años en la Plaza Ocho años de convicción Ocho años de esperanza. Ocho años de oradores diversos Ocho años con científicos, periodistas y otra gente Ocho años en estos actos estamos inmersos Ocho años con amigos que se presentan voluntariamente. Ocho años que la causa AMIA pasó por diversos ejes Ocho años junto a las Madres de Plaza de Mayo Ocho años de tejes y manejes Hombro con hombro sin desmayo. Ocho años pidiendo justicia Ocho años exigiendo a los culpables su castigo Ocho años frente al Palacio de la Injusticia Ocho años con falsos testigos. Ocho años junto a los sobrevivientes Ocho años de impunidad Ocho años junto a amigos y parientes Ocho años exigiendo castigo a los que tiene responsabilidad. Ocho años todos los lunes en esta Plaza de la Memoria Ocho años de solidaridad y paciencia Ocho años escribiendo esta triste historia Ocho años pidiendo a las autoridades conciencia. Bernardo Gruman, Luchador de La Plaza


LUNES 30 DE SEPTIEMBRE DE 2002

FANNY MANDELBAUM- periodista. KARINA MAZZOCCO- Actriz. LAURA OLIVA- Actriz. Estar aquí en la plaza es solidarizarse, por eso yo quiero agradecer públicamente a Laura y Karina, quienes por su trabajo se acuestan muy tarde, y sin embargo hoy dijeron presente. Me eligieron aquí para hablar porque soy la más vieja supongo, y yo venía para acá y me acordaba ese poema que todos tuvimos que estudiar en el secundario que decía: "no me contéis más cuentos. La cuna del hombre, la cuna con cuentos", y yo me acordaba de esto, cuando en Ambito Financiero se publicó que se había esclarecido el tema de la AMIA. Luego leyendo a ese excelente periodista que es Raúl Kollmann, y preguntas que le hizo a la gente de la SIDE, si se va a saber en qué lugar estuvo la Traffic durante esos días, y le dijeron es muy difícil, siguió preguntando ¿Se va a saber quienes son los argentinos que estuvieron escondiendo esa Traffic? Le dijeron, es muy difícil. Y también haciendo un ejercicio de la memoria, recordaba cuando pocos días después del atentado a la AMIA, llegó gente hacia mí que me dijo, hay unos iraníes muy raros en un departamento de la calle tapiales. Y yo hablé con gente de la Policía Bonaerense, inocente de mí, y les comenté esto que nos habían dicho, los puse en contacto con los testimonios que me habían dado, se hizo vigilancia en el lugar y, por supuesto, desconociendo la jerarquía con la que se manejan en la Policía Bonaerense pensé que de esa forma estaba dando una pista que iba a ser investigada. Tuvieron que pasarles todos los datos al Juez Bergesio, el Juez Bergecio le pasó los datos al POC (Policía del Orden Constitucional) y se suponía que el POC le pasaba los datos a Galeano. Cuando vi que no se había hecho absolutamente nada y estoy hablando del año 1994, cuando vi que no se había hecho absolutamente nada me dirigí a Galeano, quien todavía tenía su despacho acá en frente, hablé y le conté todo lo que sabía y además le aporté los datos que la Policía Bonaerense había investigado y como se había manejado el tema. Galeano dijo desconocer absolutamente todo y ahí quedó la cosa pero prometió que iba a investigar. Fueron pasando los años, Galeano no investigó el lugar y cuando ya estaban en Comodoro Py, y cuento esta historia que ya la conté porque creo que ahora tiene validez, volví a ir a hablar con él pero además hablé con Barbacchia y Mullen les conté esta historia, dijeron desconocerla. Les aporté el testimonio del Comisario Abesani que era quien había hecho inteligencia por mi pedido sobre eso, y prometieron investigar. Hizo falta crear una Brigada Anti Terrorista con el Comisario Palacios al frente, para que después de muchos años, si no me equivocó debe haber sido en el año 97 o 98, se dignaran a ir al departamento de la calle Tapiales. Allí a pesar de que alguien avisó, porque cuando llegó la policía a hacer el allanamiento había comida fresca sobre la mesa pero no había seres humanos, se encontraron pasaportes falsos, dólares falsos y un libro de cómo desarmar y armar un motor de automóvil. Si eso no era suficiente, en ese departamento vivió Moshen Rabani quien ahora es acusado de haber sido el nexo entre los terroristas. Si eso no era suficiente, cuando Rabí Mustachi llegó a la Argentina, el primer llamado telefónico que hizo desde Ezeiza fue al departamento de la calle Tapiales. Por eso vuelvo al principio, no me cuenten más cuentos. Toma no me cuentes más cuentos, CIA no me cuenten más cuentos. Investiguen, porque si alguien denunció siendo el número 3 en la inteligencia iraní que se pagaron 10 millones de dólares para no investigar, Oyarbide no me cuentes más cuentos aprendé a hacer los exhortos y no te ocupes de otro tipo de cosas, averiguá de donde salió ese dinero y de esa forma vamos a saber la verdad. No me pongas propagandas políticas en los diarios diciendo que está todo en orden y que este gobierno sí llegó al fin, no hemos llegado al fin, creo que no siquiera estamos en el principio. No traten de salvar a Ribelli que de simple comisario denunció que su padre un jubilado ferroviario le donó 2 millones de dólares, de donde cuando la jubilación del padre de Ribelli era de $195. Así que basta de cuentos, manténganme despierta y díganme la verdad. Gracias.


SERGIO WIDDER- Centro Simón Wiesenthal. Buenos días. Me parece prudente empezar con unas palabras que no son mías, pero de las cuales me permito apropiarme esta mañana: "Escribir, para mí [para la autora de estas palabras] es algo muy serio. No es una diversión o un entretenimiento o un desahogo o un alivio. No lo es porque nunca olvido que las palabras escritas pueden hacer un gran bien pero también un gran mal, pueden curar pero también matar. Estudia la Historia y verás que detrás de cada manifestación del Bien o del Mal hay un escrito. Un libro, un artículo, un manifiesto, un poema, una oración, una canción. (Una Biblia, una Torah, un Corán, un 'Das Kapital')". [fin de la cita] Puede ser una casualidad, pero empecé a leer el libro La Rabia y el orgullo, de Oriana Fallaci (donde está incluida la cita a la que hice referencia) esta misma semana, después de un episodio donde estuvo involucrada la organización en la cual trabajo, el Centro Simon Wiesenthal. Probablemente uds. ya estén al tanto: el fin de semana pasado me llegó un mensaje por correo electrónico, enviado por una agrupación política, el Movimiento Nacional y Popular, que al enviar su propaganda proselitista electrónica se encarga de dejar constancia que [vuelvo a citar] "este correo se envía desde el Movimiento Nacional y Popular que lidera el compañero Adolfo Rodríguez Saa" [fin de cita] En ese mail, que seguramente llegó a centenares o miles de destinatarios, se transcribía un artículo firmado por el Lic. Roberto Baschetti, autor de diversos libros. El artículo se titula "Aguinis: la gesta del marrano", y pretende ser una respuesta a un escrito de Marcos Aguinis que publicó La Nación, referido al ya suspendido concurso escolar "Yo te presento al Adolfo", que fue pensado para resaltar la persona y la figura del ex-presidente y actual candidato Adolfo Rodriguez Saa. Si bien no sabemos quién había autorizado el concurso, todos tuvimos oportunidad de saber que el propio Rodríguez Saa lo desautorizó y criticó públicamente la idea, el sólo hecho de que a alguien en la provincia de San Luis se le ocurriera el disparate de promover esa competencia escolar. Pues bien, Aguinis criticó la realización del concurso (como acabo de decir, luego también lo criticó el propio afectado, Rodríguez Saa), y el Lic. Baschetti decidió emprenderla contra el primero (contra Aguinis, no contra R. Saa). Ocurre que en su apasionamiento, Baschetti se olvidó de Aguinis, se olvidó de Argentina, se desvió, e introdujo en su escrito a Israel, al conflicto de Medio Oriente, al judaísmo y al sionismo, y como corolario, al terrorismo. Juzguen ustedes mismos: [cito a Baschetti] "Y ya que estamos con Aguinis y con los nazis debemos recordar que la misma metodología que estos últimos usaron con los judíos en la Segunda Guerra Mundial, ahora los sionistas del Estado de Israel la aplican con los palestinos que luchan denodadamente por recuperar su tierra: matan, destruyen, encarcelan y aterrorizan, dejándole a este heroico pueblo una sola salida posible: la violencia superlativa" [fin de la cita]. Por si no escucharon bien, o no prestaron atención, repito la última parte, reitero cuál es la única salida posible que presenta el artículo de Baschetti que circuló por mail a través del Movimiento Nacional y Popular: "la violencia superlativa". Por supuesto, y dado que como les dije, estos e-mails dicen explícitamente que son enviados desde el Movimiento Nacional y Popular que lidera Rodríguez Saa, le escribimos a Rodríguez Saa desde el Centro Wiesenthal para preguntarle cuál era su relación con el Movimiento Nacional y Popular, cuál es su opinión acerca del conflicto que desgraciadamente atraviesa Israel y el Medio Oriente, y pidiéndole que definiera sin ambigüedades su postura ante el terrorismo. Le pedimos también que, en caso de repudiar el contenido de ese artículo, expulsara de su movimiento a quienes promovían la violencia y el terror. No hace falta que diga aquí, en esta plaza, qué significa apoyar y promover el terrorismo; no hace falta explicarlo aquí, en esta plaza de la memoria donde lunes tras lunes, semana tras semana, en Memoria Activa estamos reclamando para que de una vez por todas se haga justicia en los atentados contra la Embajada de Israel y contra la AMIA. Afortunadamente, hubo una reacción inmediata: el mismo día que el diario La Nación publicó la noticia sobre nuestra carta, recibí la visita de integrantes de la conducción del Movimiento Nacional y Popular que vinieron a verme en nombre de Adolfo R. Saa, desautorizando el contenido del mail, repudiando la apología de la violencia, y comprometiendo una declaración formal y escrita del propio candidato, además de una reunión con él (que todavía no tuvo lugar). Como dije, afortunadamente Rodríguez Saa nos contestó por carta que "rechazo todo tipo de terrorismo, así como a sus apologistas"; y concluyó [cito sus palabras] "con toda claridad, rechazo la solución de la violencia superlativa como forma de solución de cualquier tipo de conflictos entre países civilizados" [fin de cita]. Vuelvo entonces a la cita con la que abrí este diálogo en la plaza: "Escribir, para mí [para la autora de estas palabras] es algo muy serio. No es una diversión o un entretenimiento o un desahogo o un alivio. No lo es porque nunca olvido que las palabras escritas pueden hacer un gran bien pero también un gran mal, pueden curar pero también matar. Estudia la Historia y verás que detrás de cada manifestación del Bien o del Mal hay un escrito. Un libro, un artículo, un manifiesto, un poema, una oración, una canción. (Una Biblia, una Torah, un Corán, un 'Das Kapital')". Aunque muchos puedan dudar, las palabras de Rodríguez Saa condenando la violencia tienen valor. Pero hay una diferencia sustancial entre Oriana Fallaci y Rodríguez Saa. Falacci reconoce y les otorga poder a las palabras, porque las palabras constituyen su medio, su herramienta de acción. No es el caso de Rodríguez Saa, quien como hombre de la política debe honrar la palabra con acciones que le den valor. De lo contrario, serán efectivamente palabras huecas e inútiles. Muchas gracias.


Darío HAMUI - Periodista-Mantener activa a la memoria.

La memoria acompaña a todos los que reclaman en la plaza frente al Palacio de la Injusticia y la mantienen activa exigiendo que se encuentre a los culpables de los atentados de la AMIA y de la Embajada de Israel, hechos catastróficos que jamás serán olvidados. Pero presenciando el Juicio Oral, al que estoy asistiendo, pude comprobar que la memoria que concurre inclaudicable a la plaza Lavalle los lunes por la mañana, suele no asistir a los Tribunales de Comodoro Py cada vez que se cita a un testigo del caso AMIA, que ya lleva un año de ejercicio y que para nada está esclarecido. Las siguientes son algunas de las trilladas frases que se repiten en las respuestas de los declarantes y que imposibilitan a la exactitud de los datos, se suele escuchar: "No recuerdo exactamente lo que pasó" se puede escuchar, "no puedo precisar la fecha" o "no estoy tan seguro porque ocurrió hace ocho años". Amparados en el tiempo perdido, y con gran parte de razón, los testigos suelen recurrir a esas muletillas avaladas por todos, puesto que para ellos resulta difícil acordarse de un pasado no inmediato. Por eso, uno se lamenta por la lentitud de la Justicia que permite que los años pasen volando y la causa siga con dificultades para despegar. Ante cualquier duda, surge siempre el mismo modelo de respuesta, como la que se escuchó en la corte cuando el ex jefe de la Brigada de Explosivos, Carlos López, estuvo más de 12 horas netas declarando y dijo: "no puedo precisar exactamente los días que estuvieron los socorristas israelíes y cuándo se fueron" o "no recuerdo haber llamado al juzgado". Muchas veces se usan estas expresiones para no contradecirse con lo manifestado anteriormente al juez de instrucción Juan José Galeano. Por eso, con la simple justificación de no recordar, quedan excusados. Y mientras más se demora en la búsqueda de la verdad, más escurridiza se va volviendo la memoria. El tiempo pasa, pero la memoria se mantiene Activa en los concurrentes de la plaza, en los familiares de las víctimas, en los que sufren las injusticias de esta Argentina sin reminiscencias del horror porque se siguen cometiendo los mismos errores que no llevan a una resolución. La memoria es traicionera y más aún en un país tan desleal. Y por más de que en la corte a veces quede desactivada, hay que refrescarla perseverando que los que tienen que encontrar a los criminales no sufran de amnesia.