LUNES 1 DE DICIEMBRE DE 2003

MEMORIA ACTIVA –

Ha tomado estado público la difusión, por parte de la DAIA, con fecha 25 de noviembre de 2003, una nota de reconocimiento a la Dra. Marta Nercellas, suscripta por los Sres. José Hercman, Presidente; Julio Toker, Secretario General y Jorge Kirszenbaum, Vicepresidente Segundo. El quinto párrafo de esta comunicación dice textualmente: “a lo largo de estos difíciles y dolorosos años de lucha compartida en pos de la justicia para nuestros mártires asesinados por manos terroristas, hemos podido comprobar día a día su talento profesional, su coraje y, por sobre todas las cosas su conducta intachable”. Sólo vamos a referirnos a tres palabras del mencionado párrafo: “nuestros mártires asesinados”.

Nos preguntamos: ¿En qué momento, en cuál circunstancia, a partir de qué acto de transferencia; en cuál documento de representación los suscriptos, representantes de la entidad que presiden, pueden testimoniar públicamente en nombre, así lo dicen, de “nuestros (por la DAIA) mártires asesinados”?.

Jamás les otorgaríamos esa representación en nombre de nuestros familiares y de su sagrada memoria. Les vamos a decir por qué.

En nuestra opinión, la DAIA, a partir de la conducción del Dr. Rubén Beraja y hasta la fecha a través de las distintas representaciones legales ha defendido una investigación que calificamos de desastrosa, que ofende a la justicia y sobre todo a nuestros muertos. El Dr. Galeano, juez de esta causa defendido por la DAIA, es parte relevante de la metología de encubrimiento que se ha desarrollado durante estos 9 últimos años y parte de la estructura de impunidad que reina en nuestro país. Recién en estos momentos se inenta modificar esta situación. Recién ahora aparecen los gravísimos testimonios de la SIDE. La conducta del Dr. Galeano y la investigación del caso AMIA, han sido cuetionados por la opinión pública en general, por personalidades de nuestro país y del exterior, por escritores, artistas, músicos, pensadores, maestros, políticos, religiosos, periodistas, agrupaciones de derechos humanos de aquí y del exterior en la Plaza de la Memoria, donde estamos ahora.

Desde Elie Viessel a Ernesto Sábato, desde Mercedes Sosa a Ignacio Copani, desde Estela Carlotto a Mitilde Mellibovsky, desde Adolfo Perez Esquivel a Daniel Goldman, desde el Dr. David Baigún a Monner Sanz.

Nuestra agrupación ha pedido que el Dr. Galeano sea apartado de la causa, recusándolo y la diputada Nilda Garré ha solicitado su juicio político. La instrucción está plagada de barbaridades jurídicas.
El perfil de los testigos protegidos que no están incorporados a la justicia argentina es una verguenza. La nómina de disparates, ocultamientos y pérdidas de tiempo en el llamado a testigos e investigación de pistas es tremenda. Esto ocurre a 9 años de la mayor masacre ocurrida en nuestro país en democracia.

Nos preguntamos ¿cuales son los motivos reales de la actitud que ha tomado la DAIA hasta la fecha?; ¿en nombre de quién lo han hecho?.
Si han descubierto que hay algo por encima de la justicia sería bueno que nos lo hagan saber, hace más de 2000 años que en el pueblo judío se piensa que no.

Quizá crean que a nosotros nos place cuestionarlos. O quizás crean en la falacia de que estamos buscando beneficios económicos a través de la causa presentada ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA. En la primer página de este documento hacemos renuncia explícita a toda retribución económica. Esta presentación ha sido firmada a su vez por el CELS y el CEJIL.

O creen también, como ha sido manifestado en varias oportunidades, que defendemos a los delincuentes procesados de la policía de la Provincia de Buenos Aires, de esa maldita policía, que a nuestro entender, deberían estar 1000 años presos por los crímenes que cometieron, pero probados por la justicia, no comprada su presunta culpabilidad por un juez nacional, que con este procedimiento se pone a la altura de ellos.

En este encuadre los dirigirentes de la DAIA se permiten decir “nuestros mártires asesinados”. Ni son mártires, ni les pertenecen. Han sido asesinados porque no se hizo justicia en el primer atentado a la Embajada de Israel. Han sido asesinados porque no hay justicia ni seguridad en nuestro país. Nuestros familiares no les pertenecen en lo más mínimo. En un acto perverso se han apropiado de su simbolismo y de su sagrada memoria, ignorando a las familias reales. Y encima de eso lo hacen utilizando nuestros muertos para justificar su actitud en estos 9 años.

Esta comunicación será enviada a todos los organismos de derechos humanos, entidades, sindicatos, personalidades del arte y la cultura, que han adherido públicamente a nuestra causa.


HORACIO RAFART- Director del grupo teatral “La cuarta pared”.

Después de tantos meses, tantos años, acá estamos como todos los lunes, reclamando.
En todo este tiempo de reclamo de justicia, ha pasado de todo en este país, pero acá estamos todavía, reclamando.
Cambiaron gobiernos y funcionarios, cayeron gobiernos y funcionarios y acá estamos, reclamando.
Y mientras reclamamos sin claudicar, el sabor amargo se disuelve nuevamente en nuestras gargantas.
La semana pasada amanecimos con la noticia de que estábamos ante una alerta roja. Un tercer atentado era factible en Argentina ya que así lo deducía un servicio de inteligencia extranjero.
Me pregunto. ¿Necesitamos a la C.I.A. para saber que estamos en alerta roja? ¿O acaso no lo sabíamos ya?
Acaso no sabemos desde hace más de 11 años cuando voló la Embajada. Desde ese día estamos en alerta roja.
Parece estúpido reforzar tanto la entrada de posibles sospechosos extranjeros al país, cuando los principales responsables tienen nombre y apellido y caminan libremente por el país hace muchos años.
Desde el 92 impune, el 94 impune, este suelo es el blanco perfecto para un tercer atentado impune.
Es obsceno escuchar a Duhalde reclamar palo y balas contra los grupos piqueteros que reclaman ser incluidos en el sistema.
Sr. Duhalde: Creador de la maldita policía, ¿Acaso reclamas palos contra los tantos comisarios sobrado que amparaste? ¿Reclamas balas como las que se llevaron a Kosteki y Santillán? ¿O acaso tus secuaces no intervinieron en los atentados?
Sr. Duhalde, usted no tiene cara, tiene prontuario, o más bien debería tenerlo. Gobernó con Menem y entregó el país y sólo por hambre de poder lo enfrentó. Creó la policía más corrupta e inútil, para nosotros no para sus intereses. Y cuando el pueblo le dijo que no en las urnas, entró por la ventana y usurpó con votos amigos el sillón de Rivadavia.
Y mientras estén sueltos todos estos, acá estaremos, reclamando. Es la mejor manera de honrar a los muertos. Es la mejor manera de honrar a los que están vivos. Que sepan sus familias que no están solos. Y es la mejor manera de honrar a nuestros hijos, que se merecen otro tipo de país.
Así que mientras los Duhalde, los Ruckauf, los Klodzcyk, los Galeano, los Nazareno y el hombre de los 10 millones de dólares (Carlos Menem) estén libres, que suenen nuestras voces, que suenen nuestros Shofar, que suenen las sirenas. Todo el país a los refugios, que estamos en alerta roja.


LUNES 8 DE DICIEMBRE DE 2003

ADRIANA REISFELD- Memoria Activa.

El pasado miércoles 3 de diciembre, muchos de nosotros lloramos de emoción y de bronca. Mi hermana Noemí dijo: “Son los hombres los que escriben la historia, nadie está al margen por acción u omisión.”
Creo que todos los que luchamos por la verdad y que cada lunes estamos presentes en esta plaza, hace 488 semanas, merecíamos una resolución como la que los camaristas Dres. Irurzum, Catani y Vigliani, dictaron esta semana. La cámara dijo que Galeano no fue imparcial y por ello lo expulsó, lo apartó definitivamente de la causa AMIA. Para memoria Activa, fue expulsado mucho antes. El hecho que un juez adicto al poder corrupto, que cometió innumerables irregularidades en el expediente, que registra la masacre más sangrienta de la historia argentina, haya sido apartado de la causa hoy, no nos produce alegría. 85 muertes, 85 historias a más de nueve años sólo deberíamos tener justicia, no nos conformamos con la recusación del juez Galeano, su apartamiento es sólo un principio del fin de una historia negra en la justicia argentina. Pedimos el juri de enjuiciamiento para él, sus cómplices y todos los que cubrieron de impunidad este expediente.
Alertamos infinitas veces desde Memoria Activa, el peligro que corría la causa AMIA. En esta se invirtieron cientos de horas y de pesos y no fue para investigar sino para vivir de ella. ¿Por qué? Esta es nuestra pregunta. ¿Por qué?, ¿Por qué las instituciones querellantes, AMIA y DAIA, defendieron la instrucción a pesar de haber tenido acceso al total de los cuerpos y a los legajos reservados, se han permitido callar, no cuestionar la investigación cuando eran evidentes las falacias que producían la nulidad de las pruebas?.
Nunca le creímos a Galeano, por eso en el año 1999 denunciamos al Estado Argentino ante la O.E.A., porque no se cuidó a nuestros familiares y por la falta de justicia. En esta nuestra solitaria y pacífica lucha, en estos años de apriete, de desconfianza, de divisiones y de difamaciones, de la búsqueda de la verdad con el peso aplastante de 3.400 días sin la presencia de nuestros seres queridos, a Galeano todavía le esperan momentos amargos. El T.O.F. debe marcar las decenas de irregularidades cometidas, el Juez Bonadío debe pedirse si se lo procesa o no, y esperamos ver el pedido de juicio político pedido por la diputada Nilda Garré.
La nuestra no fue la querella más crítica, fue la única que marcó de cerca la lamentable investigación que tuvimos que padecer, nosotros vamos por los autores, por los cómplices y por los encubridores porque Justicia, justicia perseguimos para seguir viviendo, es nuestro lema y nuestro motor.
Gracias.
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LEONARDO RABINOVICH- Sociólogo.

Bueno entre algunas de las cosas que Ana mencionaba, o no mencionó mejor dicho, yo conocí muy bien ese edificio de la calle Pasteur, yo trabajé ahí en la década del 60 durante cinco años en mi época de estudiante. Un edificio muy querido, una segunda casa en aquella época de mi juventud, así que aquella mañana en mi medida y en mi memoria este crimen horrendo también me sacudió, por lo que tenía que ver con mi vida personal.
Hoy cuando venía para acá me preguntaba, qué podía yo decir que no se haya dicho en este lugar y en estos minutos digamos que cada semana Ustedes ocupan aquí, qué se puede agregar a tanto dolor expresado a tanta demanda de justicia, de verdad, a tanta protesta contra la impunidad. Qué denuncia se puede agregar a tantas argumentaciones, a tantas incertidumbres, ocultamientos, trampas, traiciones, delitos que se han venido produciendo en todo este tiempo. El sentido creo yo pensaba, está en esta repetición, en esta obstinada repetición no es una mera reiteración de demandas digamos, es una repetición y como tal tiene algo de algo igual cada semana y de algo diferente. Igual porque arranca del mismo nudo, con la misma fuerza de ese crimen impune, de ese dolor que se hace intolerable justamente por la impunidad que constantemente ese nudo se trata de ocultar en estos laberintos, en estas sombras que vuelta a vuelta ocultan la causa la postergan en el tiempo, pero también tiene algo de diferente que es esta marca que semana a semana vamos agregando y en la cual yo les tengo que agradecer que me hayan hecho este espacio para sumarme a Ustedes. Acá se viene a escribir lo que todavía no está escrito en las sentencias judiciales, se viene a decir lo que todavía no está dicho en las condenas que estamos esperando, es un espacio muy importante y en mi reciente experiencia en este reingreso que he hecho en la docencia universitaria, les puedo decir que la herencia de los 90 con su carga de impunidad, de indecencia, de frivolidad etcétera, no nos permite ser muy optimistas en cuanto a la fortaleza con que las nuevas generaciones puedan defender los valores que nosotros queremos trascender. Esto le agrega a este espacio esa significación que no por adicional deja de ser menos significativa, es dejar un testimonio, dejar una historia, plantar una demanda de dignidad que merecieron las víctimas del atentado, que merecemos también nosotros los familiares, los amigos, que merecen todos los hombres de buena voluntad que habitan este suelo.
Nuevamente gracias por dejarme estar con Ustedes, hay que persistir, hay que resistir esta es nuestra única arma en la procura de justicia. Nada más esto es todo lo que tenía que decir para Ustedes hoy.


LUNES 15 DE DICIEMBRE DE 2003

SILVIA CONTRERAS- Psicoanalista.

Buenos días, desde ya quiero agradecer esta invitación para dar mi testimonio. Esto me emociona un poco y también me angustia, así que si no leo bien discúlpenme.
¿Cómo transmitir con palabras aquello que no se puede decir con palabras?
Porque no se trata solamente de la tristeza, sino del dolor que provocan los crímenes aberrantes.
Me pregunto una y otra vez, cómo se puede elaborar este dolor, y la respuesta que me doy es siempre la misma, pedir justicia.
Recuerdo aquel día que estaba tranquila en mi casa hasta que un ruido y un temblor espantoso irrumpieron, ¿qué había pasado?.
Un nuevo acto criminal contra la humanidad había sucedido.
Todo el barrio se hundió en la oscuridad y la desesperación, jamás podré olvidar la sensación que tuve de terror, la situación me traspasaba, aun no tenía conciencia de cuanto todo aquello me iba a afectar.
Después pasaron los días y los años, entonces la falta de justicia junto con la impunidad se instalaron en la mesa de la obscenidad, ocultando sistemáticamente la verdad.
Es hora de dar lugar a la verdad, es por eso que llamamos a la puerta de la justicia y de un juez imparcial.
Sr. Juez no se trata de un misterio a develar, se trata de investigar y buscar la verdad de los hechos para producir justicia, que en esta causa sería realmente algo nuevo.
Pensaba, ¿cuál es la función y la posición de un juez imparcial en relación a la causa en cuestión? Y se me ocurrió pensarlo en estos términos: de entrada se puede presentar como imparcial, pero será en todo caso el resultado de sus decisiones, qué camino decida transitar, si el de la lógica de la verdad ó se dejará seducir por el poder y los sinvergüenzas de siempre. Entonces podemos decir que juez imparcial es una posición también de llegada. Cuestión que podremos ir verificando paso a paso.
Una vez más, pido justicia.
Gracias.


ANDRÉS KLIPPHAN- Periodista.

Primero gracias por invitarme otra vez y estoy muy nervioso porque es difícil hablar ante Ustedes sabiendo todo el dolor que tienen durante todos estos años. Recién me hacían acordar, cuando leía la compañera, de ese día. Me acuerdo que recién comenzaba a colaborar en Página 12 y yo vivía en caballito y desde allá yo había escuchado la tremenda explosión, nos llamamos por teléfono con un compañero que él también vivía en once y había escuchado. Fuimos siguiendo un poco así el humo como para ver qué había sido y un poco por casualidad nos encontramos entre medio de los escombros, tratando de ayudar. Pasó tanto tiempo que uno no puede creer que haya, recuerdo 2 cosas una esa, cuando estábamos un poco de casualidad ahí y después cuando me tocó ir a cubrir una conferencia de prensa del entonces Ministro del Interior Carlos Ruckauf, cuando había dicho que juraba por la memoria de sus hijos que no iba a parar hasta que se haga justicia, uno piensa cómo puede ser, tantas mentiras digamos en nombre de todas las personas que yacían allá abajo.
Bueno he escrito algo, un poco quería comentarles que hace unos años cuando me invitaron por primera vez a esta plaza, recuerdo que hacíamos mención a la participación de la Policía Bonaerense en el atentado de la AMIA. Ese día cuestionábamos también la instrucción del juez Galeano y decíamos que la causa estaba viciada. Hoy lamentablemente afirmamos que la impunidad de los asesinos que volaron la AMIA, sigue prácticamente asegurada por la desastrosa investigación de ese abogado que no merece ser llamado Juez de La Nación. Si los policías que hoy están presos quedan en libertad, es o porque son inocentes o porque las pruebas que existían para condenarlos fueron destruidas una a una por este juez que como mínimo, es un inepto. A esta altura del juicio oral todo parece indicar que Galeano hizo todo para que la impunidad de los asesinos quede asegurada. Semanas atrás nos enteramos que Galeano escondía en un cajón un video de la SIDE donde se ve y escucha al abogado del policía Ribelli pidiendo involucrar a otro policía para salvar así a su cliente. ¿Cuántas otras pruebas ocultó Galeano? ¿Cuántas filmaciones y pagos clandestinos hizo la SIDE y Galeano? ¿Cuántas veces la SIDE de Menem, De La Rua y de Duhalde viajaron al exterior para sobornar al testigo “C” para que diga como chirolita, lo que le convenía a tal o cual gobierno?
A medida que avanza el juicio oral, queda en claro que Galeano trabajó para ocultar a los verdaderos asesinos, para desviar la verdadera investigación según los vaivenes políticos.
A esta altura del juicio oral queda en claro que si verdaderamente algo está cambiando en la Argentina y por la memoria de todos esos seres queridos, Galeano debería estar preso. Quizás de esa manera comience a caer el oscuro manto que impide que los responsables de la masacre de la AMIA, sigan en libertad. Está claro también que un simple cambio de juez, es decir de Galeano a Canicova Corral, no aseguran la verdad para eso hace falta mucho más que discurso de transparencia, hace falta una verdadera voluntad política y que paguen ante la ley quienes todos estos años mintieron asegurando que buscaban justicia para los muertos de la AMIA.
Gracias.


LUNES 22 DE DICIEMBRE DE 2003

NATASHA ZARETSKY- Ciudadana de la Plaza.

Buenos días, hoy estoy hablando con Ustedes porque esta noche me voy de Argentina, vuelvo a Nueva York a mi Universidad. Agradezco la oportunidad de hablar en esta plaza una vez más en mi último día.
Ya pasaron más de dos años y medio desde mi primer lunes acá, cuando llegué para hacer mi tesis, fue el 25 de julio de 2001, en la época de los antes. Antes del comienzo del juicio, antes del 11 de septiembre, antes del 20 de diciembre. Y ya que es mi último lunes acá quise reflexionar sobre todo lo que pasó y lo que vi durante este tiempo y pensé de todos los testimonios que había escuchado y me pregunté: ¿Qué puedo decir yo que ya no se haya dicho? ¿Qué podría agregar? ¿Qué podría decir a partir de todos los lunes que compartí con Ustedes?
Recién hablando con alguien sobre la cantidad de material escrito sobre el atentado me dijo una frase que me impactó, esta persona dijo: hay ríos de tinta. Ríos de tinta para todas las palabras que se imprimieron y se escribieron y se pensaron y se sintieron después del atentado.
También acá en esta plaza nos encontramos con ríos, ríos de palabras todas las palabras habladas y gritadas, todas esas palabras que traemos cada semana y que pueden llenar ríos y mares. Esas palabras que se enfrentan a la violencia, las dos violencias, del atentado y de la impunidad. Son esas palabras las que nos unen, el motivo por el que venimos cada lunes. Pero también quería comentar algo que no tiene que ver con palabras sino con detalles, detalles tal vez insignificantes en las que me fijé a la manera de mi querido amigo Jack Fuchs, que me enseñó a prestar atención a las cosas pequeñas. Uno de los detalles que siempre me llamó la atención es el sol, por casualidad la gran mayoría de mis lunes acá fueron días llenos de sol, días puros con cielos azules que parecían alucinantes frente al hecho que nos convocaba. El 11 de septiembre de 2001 también fue un día de sol, un día hermoso ese día en el que todo cambió, la naturaleza siguió como siempre indiferente, disonante con lo que el ser humano estaba viviendo.
Pero no todos los lunes en esta plaza son de sol, también hay lunes de frío o tormenta, y hace algunas semanas era un lunes de lluvia. Estaba lloviendo y lloviendo y nos encontramos más concentrados, yo miraba como todos estábamos bajo los paraguas tratando de escuchar bajo la lluvia fría que caía. Veía como alguien protegía con su paraguas a los oradores para que pudieran seguir leyendo sus palabras que aquel día sí se transformaron en ríos de tinta que iban cayendo de la hoja mientras eran dichas, escapando de nuestras manos casi como en comentarios de la impermanencia de todo. No sé porque pero me puse a mirar el piso y me fijé en los pies, en todos los pies que estaban ahí sufriendo la lluvia, todos los pies que lunes a lunes suben y bajan de colectivos, de subtes, que marcan el camino hasta acá. Yo quisiera nombrar a una de esas personas en particular, alguien que ya no está con nosotros, a Bernardo Gruman, que como tantas otras personas mientras pudo siempre vino.
Y todos esos días ahí parados, sin el uso de la palabra también cuentan algo importante, también son un testimonio.
Hoy hablé de la época de antes y lamentablemente seguimos estando en el antes quizás más grave porque a pesar del tiempo pasado estamos todavía viviendo en el antes de saber la verdad y en el antes de llegar a la justicia. Podría haber comentado sobre muchas cosas, pero quise nombrar estos detalles, tal vez pequeños pero creo que significativos, que todos los pies que lleguen acá cada lunes, que permanecen parados bajo la lluvia y bajo el sol, que traen a las personas que están acá escuchando, que quizás estos pies son nuestra permanencia, estos pies que están acá por todos los que no pueden estar y que aún si no bastaran, son el comienzo son la base fundamental a partir de la cual es posible luchar contra la indiferencia y seguir reclamando justicia.
Gracias.


. LUNES 29 DE DICIEMBRE DE 2003

DIANA WANG- Escritora.

Reflexiones sobre comienzos, finales y sentidos

.Algunas cosas se saben cuándo y cómo terminan. Uno sabe, por ejemplo, cuándo termina de cursar una carrera, cuando termina de leer un libro, cuando termina un dolor de cabeza, cuando termina de coser un dobladillo, cuando termina un gran amor, cuando termina el año. Hay otras cosas que son más difíciles de saber y no permiten definir el punto de terminación de manera concluyente. Lo que nos reúne cada lunes es una de esas cosas. Comienzos y terminaciones tiene que ver con sucesos y decisiones.

Los comienzos.
Este comienzo, aquel lunes 18 de julio de 1994, no fue decidido por nosotros. Pero no hubo un solo comienzo, hubo varios. Veamos. Hubo este comienzo explícito, concreto y brutal con la voladura de la AMIA, la muerte de las 85 personas, la secuela de heridos. Hubo otro comienzo en los dos años previos de la mano de la impunidad por la embajada de Israel. Y hubo también comienzos más furtivos y anteriores, más difíciles de rastrear e identificar en los excalibures de la política, en escritorios, llamadas telefónicas, complots, conflictos, intereses, conveniencias nacionales e internacionales, comienzos con fechas y protagonistas más borrosos pero igualmente determinantes.
Como sea, todos estos comienzos han sido independiente de nosotros. Los hechos criminales de los que somos víctimas, sean individuales o masivos, los determinan los demás.

La reacción.
¿Qué podemos hacer nosotros? Después del estupor inicial, viene la necesidad de agruparse, compartir el llanto y la vulnerabilidad, confrontar las versiones de lo sucedido, aprender del otro estrategias para hacer soportable el dolor. Enseguida viene la pregunta “por qué”, y junto con ella la necesidad de conocer el “cómo”, el “quién”, el “cuánto”, el “dónde”, el “para qué”. Juntarse y preguntar, al aire libre, en esta plaza. Tal vez buscar algún sentido, tal vez el entender cómo funcionan las piezas en juego ayude a calmar el dolor, alivie el agujero negro abierto por el horror inesperado. Pero en nuestro caso las cosas no fueron así. En lugar de respuestas, cada vez fueron más las preguntas, han sido más y más los obstáculos para saber, las promesas de los funcionarios fueron retóricas cínicas, las investigaciones enturbiaron los hechos. Preguntar se ha vuelto un hecho político cuya respuesta, infortunadamente, ya conocemos.
El ataque fue independiente de nosotros. Reunirnos acá a lo largo de todos estos años depende de nuestra voluntad. El juicio, con su magra ilusión de justicia, no es independiente de nosotros. Tampoco lo son las preguntas, la insistencia, la persistencia y la determinación. Eso fue decisión nuestra. También lo será la decisión de terminar, y permítanme que haga hoy esta pregunta, al terminar el año: ¿cómo se empieza a terminar?

¿Pensar en terminar?
¿Cuáles son los requerimientos para terminar? ¿El esclarecimiento? ¿Cuál? ¿El esclarecimiento total? Si no es así, ¿qué grado de esclarecimiento? ¿La captura, confesión o prueba de los crímenes de los culpables? ¿El castigo mediante sentencia judicial y reclusión de los responsables en sus variados niveles? ¿El reconocimiento estatal, retórico o no, del compromiso del Estado? ¿cómo se termina una cosa como ésta, con un final que pareciera que permanecerá abierto cual sello y rúbrica de la impunidad?
Hay gente que me pregunta sorprendida por qué sigo con el tema de la Shoá, si hace tanto que terminó, por qué no doy vuelta la página y sigo con mi vida. Como si mi vida fuera independiente de la Shoá, como si mi vida no hubiera estado dibujada en tantos derroteros determinantes por aquel desastre de la humanidad. ¿Qué contestar a esa gente? Cuando hacen la pregunta revelan lo poco que entienden del fenómeno en sí, lo lejos que creen que están de sus consecuencias, lo ignorantes que están de la forma en que ha diseñado el mundo en el que vivimos. Tampoco saben que hay estudios que dicen que este tipo de sucesos atraviesa a las personas y a las sociedades a lo largo de por lo menos siete generaciones y que negarlo, ponerlo entre paréntesis no sólo no cambia nada sino que le proporciona un valor tóxico multiplicador. Por eso, también respecto de la Shoá me pregunto ¿cómo se termina con algo que forma parte de nuestra identidad? ¿Alguna vez se alivia la sed de saber, de aprender, de difundir lo aprendido, de vacunar a la sociedad contra el bacilo de los totalitarismos, de los salvadores de la humanidad que defienden fines pero se despreocupan por los medios?

Esperamos alivio.
Termina el año. Otro año más. Se acerca el 2004 con su anuncio de diez años. Diez años han pasado. Y no hemos recibido el alivio del esclarecimiento. En estos diez años de encuentros, de esperas, de ilusiones, de desilusiones, de rupturas, de re-encuentros, de nuevos golpes, contextos políticos diversos, no hemos recibido alivio.
Digo “alivio” porque lo perdido no se recupera, los muertos no resucitan, el reloj no vuelve atrás sus agujas. Para algunos el alivio será simplemente el reconocimiento social de lo sucedido. Para otros vendrá de la mano de la venganza. Para otros, el alivio implicará la lucha en diferentes foros ampliando la lente e incluyendo otros hechos similares. Para otros, el alivio será la convicción del esclarecimiento y la condena a los culpables. Para muchos el alivio será el benefactor olvido. Pero todos sabemos que el alivio es una parte, que nunca será completo.
No me refiero sólo al alivio personal. En la voladura de la AMIA convergen temas y niveles diferentes de nuestra realidad nacional y su exposición, principalmente en Memoria Activa, ha revelado el grado de contaminación cotidiana en el que vivimos. ¿Cómo se consigue el alivio social de tamaña afrenta, de la profunda traición a nuestra confianza, a nuestras convicciones ciudadanas y humanistas?

¿Cuándo termine el juicio?
Tenemos el juicio, claro, y con él el intento de condena del puñado de culpables marginales que supieron conseguir. Pero ¿qué pasará cuando termine el juicio? Este juicio parcial, pequeño, pero igualmente importante dado que es lo único que hay. Se dijo repetidamente en esta plaza que el culpable de la voladura de la AMIA era el Estado Argentino y dentro de esta formulación, personajes tristemente célebres diluidos, cómplices, confundidos en revuelto montón. ¿Hasta dónde las incumbencias de cada uno? ¿cómo adjudicar culpas de manera justa? ¿cómo trazar la línea adecuada entre los responsables concretos y aquellos un tanto más alejados, los que firmaron decretos, tratados, pactos, alejados aparentemente de la violencia de la bomba porque su campo de batalla eran escritorios y oficinas? ¿Hasta qué círculos del poder hay que hacer extensiva la asignación de la responsabilidad para que se esclarezca lo sucedido? Por eso, ¿qué va a pasar cuando termine el juicio? ¿Qué queremos que pase? ¿Cuándo y cómo se termina?
Las Abuelas de Plaza de Mayo luchan por la recuperación de todos y cada uno de los nietos robados durante la Dictadura Militar. Su lucha terminará cuando se recupere el último de estos nietos. ¿Cuándo terminará la nuestra? ¿Cuál es el requerimiento?
Adicionalmente, terminado el juicio, ¿hasta dónde el alcance social y moral de la sentencia? ¿qué es lo debería suceder para que algo esencial se modifique en la sociedad?

Otro camino.
En Sudáfrica en 1995, luego del cruel apartheid que ha generado miles de víctimas y miles de perpetradores que debían seguir conviviendo socialmente, inspirada por el arzobispo anglicano Desmond Tutu, se fundó la Truth and Reconciliation Comission, -Comisión por la Verdad y la Reconciliación. Su fundamento fue la imposibilidad de llevar a juicio a todos los culpables y la necesidad de dar una lección moralizadora a la sociedad. La comisión creó un registro público de violaciones a los derechos humanos y ofreció la amnistía total a los perpetradores. Basados en la idea de que la pública confesión de los crímenes tendría un valor social superior al de un proceso judicial, establecieron como condición para la amnistía la total confesión pública de sus crímenes y abusos. Hasta noviembre de 2000, más de 6.000 perpetradores se presentaron a testimoniar, de los cuales fueron amnistiados cerca de novecientos. No lo consiguieron los otros 5.000 porque la Comisión consideró que sus confesiones fueron incompletas. El testimonio público actúa en contra de la amnesia social, de la indiferencia social. Los perpetradores amnistiados, deberán convivir con su propia confesión y la aceptación explícita de sus culpas. Las audiencias públicas instalaron el tema en la narrativa social, generan intensos debates y brindan una lección de derechos humanos al resto de la sociedad que no puede más que intervenir en la discusión. Ése es el efecto moralizador que tendrá sobre varias generaciones futuras.

Acá: ¿imposible?
Los perpetradores argentinos, no me refiero sólo a los de la voladura de la AMIA por supuesto, suman un buen número. La idea de que confiesen públicamente sus crímenes, suena imposible, lejana. Esa imposibilidad es una medida de lo que está mal en nuestra sociedad, de la perversión de los valores esenciales que sostienen nuestra convivencia como grupo humano. Los ejercitadores del Mal con mayúsculas, del Mal generado en el Estado, probablemente piensen, como entonces, en la corrección de sus conductas. Aún cuando dudaran, difícilmente se expondrían públicamente porque acá nadie cree y menos aún nadie dice: “me equivoqué”, “evalué erradamente” o “convenía a los intereses de ese momento”, “no debí haber hecho eso”. Ya sé que sugerir esto es casi risible y pensarán que soy una ilusa. Pero temo que si no se hace, las cosas siguen igual, el vicio de la impunidad, el segual, la desconsideración por el bienestar y la vida, el “todo vale” que ha caracterizado muchos aspectos de nuestra vida como sociedad, sigan vigentes. No se ha establecido aún un debate respecto de estos temas. ¿El fin justifica los medios? Algo tan básico como eso, algo que podría ser ejemplificado con la voladura de la AMIA, no está instalado como tema de reflexión. Hay una campaña para evitar los accidentes de tránsito que dice que hay que obedecer la ley, tan simple como eso. Éste es otro tema que no se ha instalado como prioritario en la reflexión social. La culpa de un Estado se transfiere en un sentido a todas las siguientes generaciones de ciudadanos.


Memoria Activa, hito social.
Tememos, sospechamos, sabemos que nunca habrá una completa exposición ni explicación de las causales de lo sucedido. Sabemos que el dolor y la ira no terminan para las víctimas. ¿Cómo y cuándo se termina esto entonces? ¿Cuál es el límite de la lucha? ¿Cómo se incluye en la narrativa social, en la conciencia nacional más allá de las frases hechas, como alerta, como escuela de civismo y responsabilidad política?
Memoria Activa se ha constituido en el espacio social en el que estas preguntas se formulan, en el que algunas respuestas y proposiciones son planteadas; se ha inscripto en la historia de las luchas y las reivindicaciones, no sólo las judías. Cuando se estableció este espacio eran pocos, aunque heroicos, los antecedentes de luchas similares. Este lugar frente a Tribunales, el sonido del shofar, el grito compartido de “justicia”, la presencia de testimonios tan heterogéneos como comprometidos, es un despertador incómodo que sacude nuestra modorra todos los lunes.
Independientemente de cómo y cuándo se termine, lo hecho hecho está. Tal vez nunca serán develados los culpables, tal vez nunca se llegue al esclarecimiento total, tal vez nunca recibamos el alivio del reconocimiento estatal del compromiso del Estado, pero el establecimiento de este espacio será un hito en la historia de la dignidad de los argentinos.