LUNES 5 DE MAYO 2003
IÑAKI REGUEIRO- Estudiante de Derecho
de la UBA.
Yo tenía 11 años cuando ocurrió
el atentado. Como en otras ocasiones, estaba viendo televisión y comenzaron
repentinamente a transmitir la cobertura. Poco a poco toda la familia
se fue sumando, probablemente recordando imágenes similares que todavía
estaban frescas en la memoria. Mi madre despertó por un instante de
su asombro y contempló la situación: estaban todos viendo el odio hecho
acción, la apología mas siniestra de la muerte, la sangre a la vuelta
de la esquina, todos…inclusive su hijo de 11 años. "Apagá eso, esas
cosas no son para tu edad"- Me dijo, y se fue. Volví la cabeza y seguí
viendo, tratando de entender la frase de mi madre pero, sobre todo,
esas imágenes. ¿Por qué no debía ver eso? No era la primera vez que
pasaban cosas parecidas por televisión. ¿Qué había de prohibido en esa
confusión, en esa solicitud de materiales de primeros auxilios, en esa
lista de personas, en ese señor llevando en brazos a esa señora? A decir
verdad, no entendía mucho, en la escuela primaria nos pidieron que hagamos
una maqueta para conmemorar el hecho. Recuerdo estar haciéndola con
bloque de rasti y autos miniatura sin tener verdadera noción de lo que
estábamos representando. Ante la situación, tal vez los docentes optaron
por la reconstrucción de los sucesos en vez de tratar de ensayar alguna
respuesta a nuestras preguntas; explicar lo inexplicable. Y después,
el comentario de una persona conocida que estudiaba enfermería, que
luego de ver lo que cualquiera podría haber visto aquel 18 de julio
en un hospital, quedó tan conmocionada, tan impactada, que abandonó
su oficio. Y pasaron los años, casi 9. El año pasado, en la facultad
se organizó una charla sobre el juicio de la AMIA, cuando me enteré
decidí ir. Allí me pintaron un panorama de lo que había sido la investigación
del atentado y, una vez confirmada por expertos la desconfianza generalizada
en el sistema judicial, pude sacar mis propias conclusiones: Las de
una justicia que tarda sospechosa y grotescamente en llegar, que se
olvida cuál es su razón de ser y existir, a quienes sirve y debe proteger.
¿Qué pactos verdugos están ocultando la verdad?, ¿Qué oscura y compleja
trama de encubrimiento y corrupción está olvidándose de la vida? Pero
sobre todo: ¿Cómo pueden conciliar el sueño las personas que tienen
estas respuestas y las ocultan? Tengo 19 años y soy estudiante de Derecho,
y me niego a acostumbrarme a esta situación, a aceptar que la justicia
en mi país no exista y que el día de mañana puedo volver a prender el
televisor, y otra vez esas imágenes estarán ahí. A pesar de que todos
lo demos por sentado, a pesar de que en las aulas nos transmitan la
resignación, a pesar de que la opción parezca ser: o formar parte de
esta estructura o buscar suerte en otras latitudes, creo que nuestro
deber es combatir firmemente esta mentalidad, este orden de cosas, este
panorama infame que se presenta negro ante quien quiera levantar la
vista. Y considero que esa es una de las tantas luchas que mantiene
Memoria Activa, que tiene la difícil tarea de prender por sí sola las
velas en esta oscuridad, y así revelarnos la tan esperada verdad, verdad
que tenemos derecho a conocer, verdad que permita castigar a los culpables.
Desde mi humilde lugar los saludo y les transmito mi admiración. Así
como el atentado fue el odio hecho acción, ustedes transformaron el
dolor en acción positiva, en memoria y en justicia. No encuentro razón
más digna para continuar en esta lucha, motivo más noble para levantarse
todas las mañanas. Cuando comenté con mis allegados que iba a hablar
en esta ocasión (que vale decirlo: representa para mí un honor muy grande),
me preguntaban cuál era mi motivación para hacerlo, ¿por qué?: después
de todo sólo lo había visto por televisión. Y creo que detrás de esa
pregunta está una situación que vale la pena remarcar. El atentado de
1994 no fue solamente contra la AMIA, contra 85 víctimas inocentes,
contra una comunidad, un país, un pueblo. Ese día se olvidó la dignidad
de la vida, todos y cada uno de los Derechos Humanos, alguien se apropió
de algo sagrado que no le correspondía, fue un insulto a lo que nos
define: la humanidad. Y es la Humanidad con mayúscula, o sea, todos,
los que debemos reaccionar cuando algo así ocurra, cualquiera sea el
lugar o el momento. Recordando en el homenaje y persiguiendo justicia.
Fomentando esta idea, levantando las banderas de la paz y la tolerancia,
y repudiando con firmeza el horror y la violencia, podemos construir
una sociedad más consciente, cuyos dirigentes prediquen con el ejemplo,
y nos aseguren que lo que ocurrió el 18 de julio de 1994, no se repita,
nunca más. 
ROBERTO MOLDAVSKY- Publicación
Nueva Sion, Familiar víctima masacre de la AMIA.
LAS COSAS POR SU NOMBRE Antes que
nada quisiera agradecer a la gente de Memoria Activa, por concederme
el honor de hablar en esta plaza. Casualmente la última vez que me invitaron
era también una fecha muy cercana al aniversario del Levantamiento del
Gheto de Varsovia. Hace pocos días conmemorábamos a aquellos que resistieron
la agresión nazi, y los llamabamos héroes. -A los nazis los llamamos
asesinos, a los que hicieron la vista gorda los llamamos cómplices y
a quienes ayudaron en las matanzas les decimos colaboracionistas. -Los
judíos llamamos justos a quienes arriesgaron su vida para salvar gente,
y por supuesto, a los millones de muertos los llamamos víctimas. Cada
cosa por su nombre y a cada uno lo que le corresponde. En el terrible
ataque a la sede de la AMIA, y luego de tantos lunes, me gustaría al
menos ordenarme las ideas y llamar a las cosas también por su nombre.
-A los 85 muertos les decimos víctimas. -Al que puso la bomba lo llamamos
asesino. -Al Estado y a sus dirigentes que no tomaron la decisión política
para que se esclarezca el caso, les decimos cómplices. -A la dirigencia
de la comunidad judía que cruzó la plaza para pedir perdón por decir
la verdad, los llamamos cobardes. -A la conexión local la conocemos
por MALDITA POLICÍA. -A los países que organizaron el atentado, los
sindicamos como autores intelectuales. Hasta aquí los títulos salen
solos. Cada cosa por su nombre y a cada cual lo que le corresponde.
Y a quién tenía la responsabilidad de llevar adelante la investigación,
y en cambio destruyó pruebas, no citó a testigos claves, embarró la
cancha y no cumplió con su deber, no lo voy a llamar juez porque no
se lo merece. Y a quienes aún con el dolor de la irremediable pérdida
nunca claudicaron: -se reúnen cada lunes en esta plaza, -impulsaron
la causa y denunciaron cada irregularidad, -se bancaron calumnias y
amenazas, -Y nos enseñaron que "Justicia perseguirás" no es sólo una
frase, sino una lucha cotidiana. A esos, la gente los llama Memoria
Activa. Porque a cada cosa por su nombre y a cada uno lo que le corresponde.

LUNES 12 DE MAYO DE 2003
ISIDORO VEGH- Psicoanalista.
Buenos días. Le preguntaba a Irma
si podía entretenerlos apenas un ratito más y me dijo: después de tanto
tiempo que estamos acá, nos va a venir bien…Le agradezco su amabilidad.
Y entonces digo que hoy como ayer vuelvo a este lugar. Si hoy como ayer
es que vuelvo, es porque hoy como ayer algo está pendiente. Está pendiente,
sin duda, una deuda con la comunidad judía, pero como tantas veces fue
dicho, está también pendiente una deuda con todos nosotros como ciudadanos
argentinos. Y, como también fue dicho, está pendiente una deuda con
cada uno de nosotros como sujeto, más allá de los límites de cualquier
nacionalidad. Hoy como ayer asistimos a un fenómeno aparentemente novedoso
y que se reitera, encontramos levemente sorprendidos, no mucho, que
muchos que se dicen sensibles al dolor de los desposeídos, que se presentan
como progresistas, en algunos casos se nombran como revolucionarios,
comienzan hablando de un antisionismo en nombre de la lucha, del pueblo
palestino, se deslizan con cierta rapidez a una posición anti-israelí
y terminan desenmascarándose con una franca posición antisemita. Este
es un fenómeno con el que hoy nos encontramos de nuevo. Permítanme,
entonces, ya que fui nombrado como Psicoanalista en mi práctica, que
les diga lo que son mis reflexiones, aunque sin duda que hay otras muchas
posibilidades de pensar. ¿Porqué creo que esto vuelve una vez más a
reiterarse?, ¿porqué una vez más hay un antisemitismo que se despliega
de este modo?, ¿qué es el pueblo judío, ese que nombrara este hermoso
poema de Borges, donde con la capacidad del poeta de la que yo carezco,
sintetiza brevemente lo que ahora quiero explicar?. ¿Por qué hay antisemitismo
que se extiende a lo largo de los siglos y los siglos y los milenios?,
¿por qué?, ¿qué es el judío?, ¿porqué Shylock se quiere representar
como el judío avaro-emblema?… cuando justamente si algo caracteriza
al pueblo judío como dice el poema de Borges, es que es un pueblo que
por su vivencia en la diáspora había hecho del libro, su patria, es
el pueblo que es emblema de la espiritualidad. ¿Por qué?, ¿qué es el
shofar? El shofar es lo que queda del acuerdo, según dice el antiguo
testamento, que está en la base de las tres religiones monoteístas:
la judía, la cristiana, la del Islam…, dice que se extrae de ese carnero
que se mató en el lugar del hijo de Abraham. Abraham es el patriarca,
al cual Dios lo invita a un pacto. La palabra circuncisión en hebreo
quiere decir también pacto. Fíjense que en el mundo cristiano el año
comienza con el festejo de una circuncisión, no con el nacimiento de
Cristo…Algo muy profundo se está diciendo ahí. La gente no lo piensa.
¿Por qué comienza el año festejando la circuncisión de nuestro señor
Jesucristo? Quiere decir que el ser humano no inicia su vida el día
que nace, sino el día que es incluido en un orden simbólico, en la comunidad
con los otros hombres. Y, ¿cuál es el pacto que hizo Dios con Abraham
y que está en el antiguo testamento?. Dios le dice a Abraham que le
va a dar un hijo como un milagro, porque su mujer por las leyes biológicas
ya no podía, a cambio de que él acepte la circuncisión. Y en otro momento
lo invita a matar a su hijo y suspende luego ese crimen y le dice que
en su lugar alcanza con que hagas la ofrenda de un carnero. De ahí viene
este shofar, son los cuernos de ese carnero. ¿Qué viene a representar?
Lo que dice como uno de los principales mandamientos las Tablas de la
Ley, esas que por vergüenza están tapadas ahí enfrente. Dice: no matarás.
Y en el comienzo, que dice soy tu Dios, tu Dios único, más allá de quien
sea creyente o no creyente, quiere decir que ningún ser humano puede
ocupar el lugar de Dios. Si Dios es único, nadie puede pedir idolatría,
y puede arrogarse el derecho de decir "Yo doy la vida" o "Yo quito la
vida". Entonces, el judaísmo representa como emblemático, por lo menos
en nuestro mundo occidental, ese límite a una tendencia que está en
el ser humano. Todos los seres humanos tenemos una tendencia a matar,
a gozar del otro hasta el extremo, y el judaísmo representa con el antiguo
testamento que también toma las otras dos grandes religiones, representa
ese anhelo de un límite que reconoce en el otro a mi semejante. Y al
que no puedo quitar la visa sin usurpar el lugar de Dios. Quiero concluir
diciendo esto: Hoy como ayer estamos ante una nueva oportunidad. Con
lo que dije, quiero decir que antisemitismo hubo, hay y va a seguir
habiendo. Nadie se haga ilusión que esto termina. No termina nunca.
Pero yo no soy pesimista. Vengo a decir lo siguiente: en una semana
se elige un nuevo gobierno. Me preguntaban unos jóvenes periodistas:
¿espera algo?, por supuesto que espero. No sólo espero, además digo
y por eso estoy acá, reclamo que el nuevo gobierno pague las deudas
pendientes. Va a ser elegido con el voto de todos nosotros, no son los
dueños del país. Nos van a representar porque los votamos, tienen la
obligación de cumplir con la deuda pendiente. Y, cuando digo esto, digo
la otra cara de la moneda, como psicoanalista digo que si nosotros descubrimos
que el ser humano, todos, tienen tendencia a lo peor, pero también descubrimos
que todos los seres humanos, y la prueba es todos los que estamos acá
sosteniendo esto en tantas semanas y semanas, también tenemos un eterno
anhelo de libertad y de respeto por el otro que también nos constituye.
Muchas gracias. 
ELIAHU TOKER- Escritor.
Somos una generación atravesada
de cicatrices. Hace un par de semanas, recordamos el día de la Shoá,
el día del Holocausto. Quisiera traer hoy a Memoria Activa el recuerdo
de un hombre singular, vinculado a aquellos días del compromiso, es
decir, un hombre vinculado al espíritu de esta plaza de la memoria,
de la responsabilidad y de la dignidad. Su nombre era Arthur Ziguelboim,
uno de los líderes del partido socialista judío Buhn, en la Polonia
anterior al estallido de la Segunda Guerra Mundial. Como recordarán,
cuando las tropas alemanas invadieron Polonia, impusieron a la numerosa
población judía de esa ciudad, la constitución de un consejo judío conformado
por líderes de la comunidad Yudenrath, cuyo rol sería hacerse cargo
de que se cumplan las sucesivas imposiciones nazis. Y una de las primeras
imposiciones nazis a ese Yudenrath fue que se hiciese cargo de organizar
y dirigir el voluntario ingreso de todos los judíos de esa ciudad y
susu suburbios, a un recinto crecado por altos muros, un gueto, el tristemente
célebre gueto de Varsovia. Arthur Ziguelboim integraba ese primer Yudenrath
de Varsovia como representante del Buhn (la generalización demonizó
y maldijo el término Yudenrath , por más que no todos los concejos judíos
de los guetos fueran iguales y por más que algunos de ellos dieran pruebas
de verdadero compromiso y heroísmo). Como reacción a la orden nazi de
que el Yudenrath del gueto de Varsovia, del que él formaba parte, dirigiese
y supervisase el voluntario encierro de los judíos, Arthur Ziguelboim
en un discurso ante sus colegas primero, y en una plaza ante la población
judía varsoviana después, reclamó que de ninguna manera fuesen los judíos
a encerrarse voluntariamente entre los muros de un gueto. Cuando el
resto del consejo judío decidió acatar la orden nazi, Ziguelboim renunció
al Yudenrath y presionado por su partido, salió del territorio ocupado
y se radicó en Londres, integrando allí el gobierno polaco en el exilio.
Su obsesión era alentar desde Londres al mundo acerca de lo que estaba
ocurriendo con los judíos en Europa, y exigir que detuviese la multimillonaria
masacre que en esos mismos momentos estaba siendo ejecutada. Para comprobar
cual era realmente la situación, la dirección londinense del gobierno
polaco en el exilio, envió a Polonia a Jean Karsky en calidad de correo
secreto. En octubre de 1942, entró Jean Karsky clandestinamente a Varsovia,
entrevistando allí a dirigentes de lo que quedaba de la comunidad judía.
A su vuelta a Londres, ratificó Jean Karsky todo lo realizado por Ziguelboim.
Traía además, un mensaje de los judíos polacos: estos exigían que sus
líderes en el mundo libre se dirigiesen a las agencias noticiosas y
a los entes gubernamentales ingleses y americanos, demandándoles garantías
de que harían lo posible por salvar lo que quedaba aún del judaísmo
europeo. Y también exigían que si hiciese falta para presionar a los
gobiernos y a los medios, los judíos polacos exigían que esos líderes
del mundo libre declarasen una huelga de hambre, dejándose morir llegado
el caso, con tal de sacudir la indiferencia del mundo y movilizar su
conciencia. ¿Qué hubiese sucedido si los judíos de Varsovia se hubiesen
negado a entrar voluntariamente al gueto?, ¿qué hubiese sucedido si
los líderes judíos del mundo libre hubiesen declarado entonces una masiva
huelga de hambre para forzar a los gobiernos aliados a salir de su indolencia
asesina?, no podemos saberlo, pero lo cierto es que nada de eso sucedió.
Y, cuando en abril de 1943 se supo del Levantamiento del Gueto de Varsovia,
ahogado por la brutal represión nazi, sin que hubiese reacción alguna
de los gobiernos del mundo, en repudio y protesta, decidió Arthur Ziguelboim
quitarse la vida. Lo hizo allí, en Londres, a los 49 años, el 12 de
mayo de 1943, hace hoy exactamente 60 años. En su carta de despedida
decía Ziguelboim, entre otras cosas; no puedo guardar silencio, no puedo
seguir viviendo mientras los restos de la población judía de Polonia
de los que soy un representante, están pereciendo. Mis amigos del gueto
de Varsovia murieron con las armas en la mano en una última y heroíca
batalla. No fue mi destino morir junto con ellos, pero les pertenezco.
Con mi muerte quiero lanzar mi última protesta contra la pasividad con
que el mundo está permitiendo el exterminio del pueblo judío. Mi vida
pertenece al pueblo judío de Polonia, y por lo tanto a él la ofrendo.
Deseo que el puñado que queda de los tantos millones de judíos polacos
puedan sobrevivir para ver junto con el pueblo polaco la liberación
que transforme a ese país en un mundo de libertad, justicia y socialismo.
Creo que surgirá esa Polonia y que advendrá un mundo así. Digo adiós
a todos y a todo cuanto amé. Arthur Ziguelboim. Estoy muy lejos de poder
ni de querer juzgar a la población judía de Varsovia o a ese primer
Yudenrath, porque no sé como hubiese broado uno mismo allí, en esa circunstancia.
Pero creo sí, que algo aprendimos de la historia y creo que Memoria
Activa constituye el ejemplo de ese aprendizaje: un conjunto de judíos
que en una situación crítica no aceptó encerrarse en su gueto, salió
a la calle y sigue en la calle todavía, reclamando en voz alta, de igual
a igual, su derecho ciudadano, judío y argentino a la verdad, a la igualdad,
a la memoria y a la justicia. Gracias. 
LUNES 19 DE MAYO DE 2003
DIANA WANG - Escritora
El doceavo mandamiento: no serás
víctima.
Era 1938. Sigmund Freud estaba por abandonar Viena, su Viena querida.
Tenía 82 años. Había rechazado las reiteradas invitaciones
para establecerse en el exterior porque consideraba que Austria era
su lugar a pesar de haber sido echado de la Universidad, a pesar de
que sus libros habían sido quemados por difundir la ciencia judía.
Cuando una de sus hijas, Anna, fue detenida por la Gestapo, decidió
que era suficiente, que debían irse. La escena es en la puerta
de su casa en el 19 de la Bergasse. Freud sale de allí para siempre
rumbo a Inglaterra. En la calle está el camión cargado
con todas sus pertenencias, y se acerca un oficial uniformado quien,
gentil pero firmemente, le dice “firmeg esto” y le entrega
un papel. Freud comprende que es su salvoconducto, la condición
para poder alejar a su familia del peligro. Lo lee. El documento era
una declaración delirante sobre el excelente trato deparado por
las autoridades alemanas, y dejaba constancia de que abandonaba Austria
por su propia voluntad y en total libertad. Freud se encontró
ante un dilema. Si, luego de las humillaciones sufridas, firmaba semejante
barbaridad, excusaba a los nazis de todo lo que le habían hecho
y dejaba un testimonio falso de su proceder. Pero, si no lo firmaba,
estaba claro que ni él ni su familia podrían ponerse a
salvo. Luego de un instante de reflexión, con una sonrisa en
los labios dijo: “Firmaré esta declaración con mucho
gusto Sr Oficial. ¿Me permite que agregue algo?”. El oficial
aceptó de buen grado, y Freud agregó: “y puedo recomendar
a los nazis a todo aquel que así lo solicite”. Con lo cual,
magistralmente, resolvió su dilema, pues firmó la declaración
según se le exigía y al mismo tiempo, aunque aparentemente
la confirmaba, la descalificó de plano y desnudó la maniobra
al incluir la palabra “recomendar”.
La carta pretendía ponerlo en un callejón sin salida.
No sólo lo obligaba a testimoniar sobre la “cordialidad”
de los nazis y su “don de gentes”, sino que lo instalaba
en el lugar de la víctima, de alguien que está con las
manos atadas y que no puede más que someterse pasivamente a lo
que sucede. Con una magistral maniobra, no aceptó ese lugar y,
al mejor estilo de los yudokas, invirtió las posiciones: de víctima
se volvió en denunciante.
Los judíos hemos sido caracterizados muchas veces como víctimas.
Para muchos, incluso para muchos judíos, la condición
de víctima es parte central de su identidad. Eliahu Toker y Rudy
acaban de nacer su segundo libro de humor judío. El título
es un milagro de inteligencia y síntesis: “El pueblo elegido
y otros chistes judíos”. Hay allí la famosa frase
atribuida a Billy Cristal que dice que las fiestas judías se
pueden resumir así: nos quisieron matar, no pudieron, a comer!
El humor judío, tan revelador de nuestra fibra más íntima
y vulnerable, tan impúdico en mostrarla, es elocuente: nos vemos
a nosotros mismos como víctimas. En nuestro diálogo con
Dios, ese diálogo personal que todo judío siente que tiene
el derecho a tener, sea creyente o no, lo increpamos en primera persona,
le reclamamos, ya sin ningún humor, ¿por qué hemos
sido elegidos, por qué la gente no mira para otro lado y busca
a otro pueblo con el cual agarrársela, qué tenemos de
atractivo, cuál es el imán? En lugar de la marca de Caín,
¿cuál es la marca de Abel que llevamos en la frente?
Freud con su magistral maniobra, no acepta inscribirse en la condición
de víctima, se sacude la impotencia, la desesperanza.
Es lo que siento cada lunes acá, en esta plaza. Memoria Activa
también se ha sacudido el lugar de víctima. La víctima
es pasiva, la víctima es inerme, la víctima se encierra
para lamentarse, la víctima es impotente, la víctima,
para seguir siendo víctima sólo puede llorar y aguantar.
La condición de víctima nos ata las manos porque desde
la posición de víctimas, estamos en manos del otro, dependemos
de sus decisiones y conductas, nos anulamos como sujetos de acción
y pasamos a estar objetos del otro. La condición de víctima,
si bien para algunos pueda ser un espacio seguro de identidad porque
es el conocido, nos hunde más y más en el regodeo del
sufrimiento. Porque para seguir siendo víctimas, hay que mantener
bien vigente el sufrimiento, no hay que emprender ninguna acción
para cambiar nada, sólo sentarse a esperar la siguiente situación
de ser victimizados, dicho así, en voz pasiva.
No es lo que pasa en Memoria Activa. No es el espíritu de esta
gente. Lejos de guardarnos escondidos en un lamento perenne, el grito
de “justicia, justicia perseguirás” invoca a la acción.
Para perseguir hay que moverse, hay que caminar, hay que hacer, interpelar,
reclamar, protestar, insistir, ser obstinados, inventar recursos, adivinar
brechas. En este camino, lo que estamos haciendo, como Freud en la escena
que describí, es salir del rincón supuestamente seguro
y protector de la víctima al espacio inclemente de la calle,
al aire libre de las bocinas y la gente que pasa pensando en otra cosa.
Este movimiento es un riesgo, ocupamos espacios que no nos son tradicionales,
espacios en los que decimos “judío” así, desnudo,
sin necesitar de otros eufemismos más delicados, para que suene
mejor. Nos hemos vuelto visibles de un modo que antes no había
sucedido.
Siempre recurro a la Shoá, no sólo porque es parte de
mi vida, sino porque sigue siendo una fuente inagotable de lecciones
y aprendizajes. Algunas personas, no muchas, conocen cómo vivían
los judíos en los guetos de la Europa ocupada por los nazis.
Lo que pocas personas saben es todo lo que hicieron los judíos,
además de los conocidos levantamientos, para salir de la condición
de víctimas, las innumerables resistencias que emprendieron.
Déjenme mencionar tan sólo algunas: mantenían escuelas
clandestinas, conferencias, conciertos, debates, coros, decenas de publicaciones,
redes de ayuda social y comunitaria, comedores populares, enfermería
y medicina social, grupos de trabajo y de cuidado de niños. No
aceptaron ser víctimas, no fueron pasivos, no había calles
exteriores donde salir a demostrar a los no judíos, pero hicieron
de las vidas de los que estaban en los guetos un espacio de dignidad
que hoy reeditamos acá, ya no en un gueto sino en la calle, al
aire libre, públicos y expuestos.
La Shoá sigue siendo una escuela tanto de lo peor como de lo
mejor del ser humano. Voy a terminar con una cita del profesor Yehuda
Bauer, erudito historiador de la Shoá, que propone que agreguemos
tres mandamientos a los diez existentes:
Décimo primero: “Tú y tus hijos y los hijos de tus
hijos no serán nunca perpetradores”;
Décimo segundo: “Tú y tus hijos y los hijos de tus
hijos no permitirán jamás ser convertidos en víctimas”;
y
Décimo tercero: “Tú y tus hijos y los hijos de tus
hijos no serán nunca jamás observadores pasivos de asesinatos
masivos, genocidios o –ojalá que nunca más suceda-
una tragedia como la que fue el holocausto”.
Estos nuevos mandamientos le hablan a nuestra responsabilidad, tanto
individual como social y querría que fueran enseñados
en las escuelas, rezados en las oraciones, repetidos e incorporados
a la ética humanista. Situaciones como la Shoá, como la
Guerra Sucia que sufrimos los argentinos, los atentados y las oscuras
complicidades de los perpetradores, y todas las situaciones de victimización,
que son infinitas, que siempre se renuevan, sostenidas en la codicia,
en el ansia de poder, nos fuerzan a revisar nuestra conducta constantemente
y a medir cada paso.
Memoria Activa viene honrando estos tres nuevos mandamientos. El onceavo
porque hace un firme rechazo y denuncia de las conductas criminales
de los perpetradores. El décimo tercero porque ésta ha
sido tribuna de denuncia de cuanto ataque ha sufrido la comunidad argentina
y muchas veces la internacional, en formas de asesinatos, masacres y
ejercicio criminal del poder. Pero en donde Memoria Activa es un ejemplo,
es en relación al doceavo mandamiento, aquél que dice,
y lo repito, “Tú y tus hijos y los hijos de tus hijos no
permitirán jamás ser convertidos en víctimas”.
Memoria Activa es un ejemplo de rebelión contra la victimización.
Aún cuando la justicia perseguida nos sea esquiva, el sólo
hecho de no aceptar ser víctimas, es un hito en la órbita
de lo judío. Y el no aceptarse como víctima es un acto
que va de adentro hacia fuera. Nadie lo hace por otro, ningún
candidato en la reciente campaña política hizo mención
alguna sobre el tema de AMIA. Pues así son y así están
las cosas. No nos aceptamos como víctimas, y sabemos que no es
sólo por nosotros: es por nuestra y por vuestra dignidad.
Página
Web de Diana Wang
TOMÁS ABRAHAM- Filósofo.
Buenos días a todos.
Estoy acá no por ningún nombre que tenga, sino porque
soy judío. La conducta de la justicia argentina ya ni siquiera
es materia de discusión. El juicio por el crimen colectivo de
la AMIA es un ejemplo. Nueve años de encubrimiento también
dan testimonio de esto. Le irresponsabilidad de la política exterior
argentina, su aventurerismo, la desorganización del sistema de
seguridad paralelo a su corrupción estructural, son responsables
de los crímenes de hace 10 años. Pero a esto hay que sumarle
lo que se ha llamado conexión interna, pero no me refiero sólo
al apoyo logístico y operativo del asesinato; si no de la complejidad
ideológica de un antisemitismo de bajo perfil pero insistente
e imperecedero, que es una de las bases culturales de la pequeña
burguesía nacional. Recuerdo bien las reacciones de los medios
masivos de comunicación después del crimen; de los directorios
y de sus caras visibles; de las conductoras de TV que en sus almuerzos,
para demostrar que estaban en contra de la discriminación, invitaban
a judíos y enanos; a empresarios de los medios de comunicación
que propiciaban el alejamiento de las instituciones judías de
los centros urbanos de la capital; al Ministro del Interior, Ruckauf,
culpando a la comunidad judía de ser negligente y codiciosa por
haber rechazado la presencia de fuerzas policiales en el Once, que “supuestamente
entorpecían la venta de los comercios”. Pero también
recuerdo las palabras de uno de los discursos más valientes y
lúcidos de la década pasada: las palabras de Laura Ginsberg,
que desenmascaraban las caretas del poder y de sus personeros, ya fueran
las caretas del gobierno nacional desde la provincia del gobierno de
Buenos Aires y también algunas caretas de las autoridades máximas
de las instituciones judías y de ciertos embajadores. Pero hoy
no quiero hablar de la muerte, ni de la guerra, ni de la mentira, quiero
hablar de la paz…permítanme, por favor, esto. Si una esperanza
de paz es posible. Por eso voy a mencionar a dos personas que están
trabajando por la paz, que no sólo la invocan, sino dan pequeños
pero inmensos ejemplos de su realidad. Uno es judío, argentino
e israelí; el otro es palestino y vive hace décadas en
los Estados Unidos. Me refiero al escritor y crítico literario
Eduard Said y al músico Daniel Barenboin, son dos espíritus
libres y comprometidos. No responden a ningún estado ni a mística
alguna, no son fundamentalistas ni puritanos, no lo quieren todo para
sus pueblos, quieren algo para sus pueblos y también algo para
el pueblo vecino. Los dos organizan talleres musicales con músicos
palestinos y judíos, con músicos árabes e israelíes;
y cuando los hacen en Alemania, también con músicos jóvenes
alemanes. Recorren con todo el grupo la distancia entre la capital cultural
de la Alemania ilustrada y uno de los sitios de la muerte de la misma
cultura. Los dos están por un estado binacional, por el reconocimiento
de errores propios y virtudes ajenas, pero sobre todo los dos dan una
muestra sobre cuáles no son los caminos para cercar posiciones
en una zona que es crucial para entender el drama de lo que sucede en
el mundo. Hay que aislar política y culturalmente al terrorismo.
El terrorismo que mató en la Argentina, el que mató en
la ciudad de Nueva York y el que también mata en Irak; porque
el terrorismo de estado a nivel imperial descarga sobre las poblaciones
civiles los conflictos que no resuelve políticamente. Sólo
mentes mezquinas y oportunistas juegan con combinaciones estratégicas
y costos necesarios que no sólo son condenables moralmente, sino
que exhiben una y otra vez su fracaso político. Pero sí,
claro, siempre hay quienes se benefician con la guerra, siempre hay
quienes se benefician con el terrorismo, y muchos de ellos son los mismos
que parecen denunciarlo: patriotas de pacotilla, sionistas de medio
pelo, mercaderes de la muerte, expertos en paranoia, iluminados de todas
las especies. Barenboin y Said hacen música y transmiten sus
pensamientos también con palabras. Said es un hombre comprometido
por la lucha por la liberación del pueblo palestino, Barenbion
es un judío que pone en práctica una de las facetas más
valiosas de la civilización judía: su lucidez de diáspora
al servicio de la construcción de un estado-nación en
Israel, en paz con sus vecinos. Ejemplos de maldad hay muchos, no hay
que olvidar nombrarlos, más aún cuando las heridas que
han infligido no han sido cicatrizadas, al menos, en cuanto a la acción
de la justicia se refiere, por eso existe Memoria Activa. Hoy quise
nombrar ejemplos del bien para que también haya una esperanza
activa posible.
LUNES 26 DE MAYO DE 2003
OSCAR RAÚL CARDOSO- Periodista.
De todas las veces que he sido
invitado a dar testimonio aquí, en la Plaza de Memoria Activa,
esta es la primera vez que coincide con una etapa que podemos llamar
de esperanza. No hay mucha gente que sea capaz de creer en la Argentina,
pero todos queremos creer. Es una etapa de un inicio. Entonces, me parece
apropiadísimo recordar la importancia de la verdad en la construcción
del futuro; y me parece sobre todo muy importante recordársela
a la gente cuyo primer día en el gobierno es este, desde el nuevo
presidente para abajo, a todos. No, no se trata de pedirles un milagro
en unos minutos de acción en el gobierno, pero se trata de decirles
que tengan presente que no hay futuro mejor a construir sin la verdad,
y que los que los precedieron, algunos por culpa, por acción
directa, otros por omisión…nos han venido privando de la
verdad o han colaborado a privarnos de ella. Algunas veces con buena
intención y por omisión, pero de todas maneras el resultado
ha sido el mismo en los dos terribles atentados: en la Embajada de Israel
y en la AMIA. Y me parece apropiado recordarle al nuevo presidente y
a todos los que lo acompañan, que en ambos casos no fueron ataques
contra un segmento de la comunidad argentina, fueron un ataque a una
identidad religiosa cultural que es legítimamente parte de lo
que podemos llamar la identidad nacional argentina: me estoy refiriendo
a la identidad cultural y religiosa judía. En esa medida lo que
conviene recordar hoy, no importa repetirlo hasta el cansancio, es que
la agresión fue contra toda la sociedad; y que es bueno que comiencen
su primer día en la gestión teniendo presente esto; y
que es bueno que tengan presente que esa verdad está pendiente.
Esta verdad hoy parece un poco más lejana que en ningún
otro momento por el tiempo pasado, por la inacción, por las complicidades,
por la ineficiencia en la búsqueda de esa verdad, pero lo que
quiero remarcar es que inician esta gestión con esta hipoteca
entre otras muchas que tienen: darle la verdad a la sociedad argentina,
colaborar a que encuentre esa verdad; por los que murieron en esas ocasiones,
por los que fueron víctimas, pero también por los que
seguimos vivos y por las generaciones que van a venir.
VICTOR FISCHMAN- Ciudadano de la
Plaza.
Me preguntaba, me pregunto qué
puedo decirles a ustedes que tanto le dicen a la sociedad toda, con
su encarnizada, paciente, firme y digna militancia. Pero trataré
de hacerlo intentando hablarles desde mi experiencia. Hace un tiempo
tuve ya el honor que se repite hoy, de intervenir aquí en la
Plaza de la Memoria, que desearía fuese hoy también la
Plaza de la Esperanza. No por creer en utopías que, según
Ortega y Gasset son valiosas si se las concibe como género literario
en el que se puede rivalizar y ver quien escribe la más bonita,
pero que son cuestionables nos dice, si se las quiere imponer. Confusión
de géneros que fue posiblemente la fuente de muchas tragedias.
Pero hoy, un día después de la fiesta patria y de la asunción
del nuevo gobierno no puedo menos que atisbar una utopía, no
como género literario ni como preludio de tragedias futuras:
la utopía de la justicia, en un país en el que con democracia
se pueda comer, estudiar, trabajar, pasear por las calles sin riesgos,
un país sin corrupción, un país con justicia, un
país en el que se juzgue y castigue a los culpables de los crímenes
de la Embajada de Israel y de la AMIA, un país del que se destierre
la vergüenza del hambre. Un país en el que la Corte Suprema
merezca el respeto de los argentinos. Un país que corresponda
al sueño de nuestros antepasados inmigrantes. Un país
en el que el antisemitismo sea lo que debe ser, una aberración
sancionada. ¿Utopía? No, algo que debería ser la
realidad, y a breve plazo. Pero desgraciadamente, se trata también
de un país en el que no podremos revertir las muertes de tantos
seres queridos que no son la cifra “86” o “29”,
sino que fueron Ileana, Silvana, Alberto, Andrés, Kuki, Abraham
y tantos, demasiados otros…vivos en el recuerdo de todos nosotros
y en el recuerdo emocionado de cada lunes y de cada día. Pero
la esperanza no es nueva y los fracasados desgraciadamente tampoco.
En el 73, en el 83, ya vivimos esperanzas que desgraciadamente no se
concretaron. ¿Quién habrá pronosticado en esos
años las evoluciones ulteriores, el hambre, las desapariciones,
los secuestros de niños, los sangrientos atentados?, y ¿qué
peligros nos acechan hoy a los argentinos, a los judíos, a los
argentinos judíos?
No voy a mencionarles todos, tendríamos que quedarnos hasta el
próximo lunes. Pero, me parece importante destacar en particular
los riesgos potenciales del antisemitismo, al que Freud caracterizaba
entre otras cosas por su don de ubicuidad. Podemos citar, sin que la
lista sea exhaustiva, y además de las formas digamos “clásicas”,
los riesgos del islamismo extremista, con sus picos de los atentados
de aquí, de los atentados en Israel, del asesinato del periodista
Daniel Pearl en Pakistán, del atentado contra las Torres Gemelas
y sus interpretaciones delirantes. También, algunas manifestaciones
del movimiento antiglobalizador que siguiendo ciertas vías del
antisemitismo tradicional toma a los judíos y a Israel como atributo
paradigmático y negativo de la modernidad. O las ligadas a ciertas
formas de antiamericanismo, sustitutos demasiado fáciles de la
ausencia de reflexión; o lo que mostró la conferencia
de Durban, convocada por las Naciones Unidas para luchar contra el racismo
y que se transformó en un tribunal antiisraelí y antisemita.
Y, aquí, si algo puedo aportar, es a partir de mi experiencia
específica de argentino y de judío residente en Europa,
en una Europa que estos últimos años ha mostrado una vez
más el retorno en muchos países del ubicuo monstruo del
antisemitismo, bajo diferentes formas y fundamentalmente bajo el disfraz
antisionista, y divulgado por una prensa complaciente e irresponsable
que no se limita a criticar a Israel y a sus autoridades, criticables
por supuesto como todo país, como todo gobierno; sino que los
diaboliza, los estigmatiza a través de semimentiras y semiverdades.
Y que idealiza desaforadamente a sus adversarios. Y todo ello, lo sabemos,
tiene también sus tentáculos y sus ramificaciones aquí,
en conjugación o no con las formas más tradicionales de
antisemitismo. Esta actitud de la prensa ha llevado en Francia a intelectuales
del fuste de Samuel Trigano, Jacques Tarnero y Alain Finkielkraut a
denunciar sistemáticamente esas tergiversaciones y ese no respeto
de la ética periodística, esfuerzo digno de Sísifo,
necesario, repetidamente necesario. Probablemente también modelo
a seguir en otras latitudes, en la nuestra. Freud hablaba precisamente
del don de ubicuidad del antisemitismo y de haber vivido en nuestra
época no habría renegado de su hipótesis. Y quizás
tampoco del hartazgo que le comunicó en una carta de 1936 a Arnold
Zweig cuando, en respuesta a una carta de este escritor en la que le
exponía una sesuda teoría sobre el antisemitismo le dijo,
más o menos textualmente, “que ya estaba harto de esas
teorías, que lo único que podía decir es que los
hombres reunidos en grupo son una mierda”. Crisis de escepticismo
de Freud que tuvo la suerte, por así decirlo, de morir justo
antes de la Segunda Guerra Mundial y de no tener que intentar la imposibilidad
de pensar el holocausto, la Shoá. En lo que se refiere a Argentina,
y sin que desgraciadamente sea de lo peor que nos ha tocado vivir, para
reír un poco quería mencionarles al pasar lo que nos dice
Daniel Luvovich en su monumental libro “Nacionalismo y antisemitismo
en la Argentina”, al citarnos la palabra de un sacerdote al morir
Gardel. En su boletín parroquial El buen amigo el sacerdote hizo
referencia a “la lenta, disfrazada y tenebrosa maquinación
judía contra la cultura popular”, ya que afirmaba que la
difusión del tango era el resultado de una conjura israelita.
Cito este ejemplo no para intentar demostrar que el tango “Volver”
no es una forma de propaganda judía, sino porque me causó
realmente gracia y también para destacar que, afortunadamente,
ha habido evoluciones como las de la iglesia que no por tardías
dejan de ser encomiables. Los momentos difíciles nos acechan
no sólo desde el pasado sino también desde el futuro.
Pero permítanme, pese a todo y para concluir, reiterar las esperanzas
que mencioné y la esperanza que ya manifesté en alguna
ocasión aquí de que Memoria Activa pueda disolverse por
haber tenido éxito en su cometido. Que las nuevas circunstancias
políticas y que nuestra lucha lo logren, ese es mi deseo, el
deseo de todos nosotros. Que así sea
Natasha Zaretsky- Antropóloga.
Buenos días.Primero, quiero
agradecer esta invitación para hablar acá. Es para mí
una sorpresa y un honor. Soy antropóloga y actualmente, estoy
cursando el doctorado en antropología en la Universidad de Princeton
de los EE.UU. Llegué a esta plaza por primera vez casi 2 años
atrás. Me acerqué a Memoria Activa, porque me interesaba
desarrollar en mi tesis el tema de la memoria en la comunidad judía,
y más específicamente la forma en que la gente procesa
y sobrevive experiencias de violencia y terror como fueron los atentados.
Sigo viniendo a esta plaza, y voy a seguir. Y estar acá los lunes
me permitió entrar en una continuidad más extendida, acompañándolos
en parte de todas las semanas que Uds. siguen de pie. Y yo también
escucho las historias y los testimonios de todos los demás, junto
a Uds. Y es impresionante la cantidad de personas y la diversidad de
temas que llegan a este micrófono y pueden hallar un lugar en
común. Pero la verdad es que estas historias no me son extrañas.
Siento como si ya las hubiera empezado a escuchar antes. Porque mi interés
en el modo en que la gente se enfrenta a la barbarie, a la destrucción,
a la violencia, al terror – este interés empezó
lejos y antes de la universidad; empezó en un lugar más
personal y familiar. Nací en Minsk, en Bielorrusia, y la historia
de mi familia ahí, como la de muchas familias judías,
está atravesada por guerras, por represión, por violencia,
y por otras tragedias. Yo no viví estas historias. Me las contaron
mis padres y mis abuelos, y siempre las escuché con el mismo
asombro. No podía entender cuánta barbarie hay en este
mundo, cuánta crueldad. Y este asombro, para mi, no disminuye
con el tiempo. Porque, lamentablemente, la historia de mi familia no
es única. Es una entre tantas otras historias que muchos de nosotros
compartimos. Y no solamente historias del pasado: la violencia, el terror
y las crueldades que existen en formas groseras y más cotidianas,
tampoco terminaron. Es algo que vivieron Uds. hace casi 9 años
atrás; y es algo que la gente vivía en Nueva York; y hace
poco, en Marruecos, y en muchos otros lugares del mundo y en diferentes
épocas de nuestra historia contemporánea – no me
alcanza el tiempo para enumerar todo. Parece que la violencia no tiene
límites. Sigue la violencia – pero también, espero
que siga el asombro frente a la violencia. Creo que debe persistir porque
si no, la alternativa sería la indiferencia. Sin este asombro,
la barbarie se vuelve rutina. Algunos dicen que la violencia y el terror
borran el sentido -- lo tapan, lo ahogan. Y el sentido es lo que nos
hace humano, según muchos antropólogos. No es que simplemente
vivimos, sino que también necesitamos entender y comprender lo
que nos pasa. Y es posible que la violencia, al borrar el sentido, nos
impide comprender. Pero también, creo que es a partir del asombro
por la violencia que podemos recuperar el sentido, de no aceptar estas
cosas como normales. El asombro puede ser una de las claves que nos
lleven al sentido, y recién desde ahí, uno se puede resistir
a lo insensato, de no dejar que la violencia se reproduzca, alimentada
por la indiferencia. Las historias de mi familia me hicieron sentir
este asombro, pero también me generaron algo más: un profundo
aprecio por la capacidad de la gente para seguir viviendo, en todos
los sentidos, y para seguir luchando, asombrándose por el horror
y buscando sentidos después de haber sobrevivido a tanta destrucción.
Entonces, para mí, a pesar de las distancias de espacio y tiempo,
y de las diferencias que existen entre Bielorrusia y Argentina, encuentro
en esta plaza algo en común: la fuerza hacia la vida, hacia la
memoria; la voluntad de estar juntos de pie, lunes a lunes, enfrentando
la destrucción; de renovar el asombro que tenemos frente a la
barbarie, y de luchar por el sentido y la justicia, a pesar de todo.
Muchas gracias. 

