Nos quieren hacer creer que los hombres somos animales de costumbre,
y que somos capaces de adaptarnos a cualquier situación.
Creo que esta presencia continuada por tanto tiempo, nos está
mostrando que esto no es más que una teoría que fue
enunciada por algunas personas en algún escritorio, en un
salón, pero que no tiene nada que ver con la realidad, por
lo menos con la de algunas personas.
Es
cierto que esto sería aplicable a mucha gente, pero nosotros
no queremos caer en esta teoría, y ser englobados por este
enunciado.
Creo que el rol que a cada uno le puede tocar, puede encontrar como
manifestarse y como tratar que esto no se cumpla.
El
nuestro, es el de la educación y nuestro desafío va
a ser permanente.
Tratar de que nuestros chicos, nuestros jóvenes, puedan crecer
con un sistema de valores distinto al que está en esta sociedad
y al que no nos queremos acostumbrar, al que no queremos tomar como
nuestro ni como un valor impuesto, sino que vamos a intentar luchar,
pelear, aprender y educarnos para que en algún momento la
realidad que nos toque vivir sea distinta.
Cuándo,
en el Siglo XII Rambam -nuestro gran pensador, conocido también
como Maimónides- se preguntaba cuál era el motivo
por el cual la gente se comportaba bien o se comportaba mal, que
era lo que hacía que algunos fueran buenas personas y otros
malas? Y se contestaba que a los chicos, primero, había que
entusiasmarlos con algunos premios, recompensas, como pueden ser
caramelos, golosinas, para que de esa manera pudieran aprender,
crecer y ser mejores personas, después este incentivo era
poco, había que darles ropa, luego dinero, después
respeto, honor, reconocimiento público, pero hasta el final
en que la persona alcanzaba un grado de sabiduría que le
permitía ser buena persona, porque con eso era suficiente.
Porque el valor último es ser buena persona porque hay que
serlo y no por la recompensa que vamos a recibir.
Y si pensamos que la humanidad evoluciona, nos equivocamos.
Si hace tantos siglos nuestra Torá nos pide determinadas
cosas que nunca pudimos cumplir, si nuestra humanidad después
de siglos y siglos de existencia sigue necesitando premios y castigos
para comportarse bien, nos demuestra que nuestra humanidad es todavía
muy niña, muy pequeña y que todavía no creció.
Lo malo es que en esta sociedad no tenemos ni premios ni castigos,
entonces ya no es que no hay buena gente porque la humanidad no
maduró, sino que tampoco hay buena gente porque el sistema
de premios y castigos no funciona, y a aquel que se comporta mal,
le puede ir muy bien en esta vida.
Hoy
quiero dar un honor a la gente que está diciendo que no se
va a conformar con esto, a la gente que está afirmando que
esta no es su realidad y a la gente que se va a sumar y que va a
seguir peleando porque algún día, tal vez dentro de
mucho, tal vez dentro de poco, podamos decir que la sociedad en
que nos toca vivir, que nosotros mismos construimos está
creciendo, porque encuentra a los culpables, premia a la buena gente,
y porque algún día, tal vez, seremos buenas personas,
porque así debe ser y sin esperar nada a cambio.
Gracias
Iris Orfali - Madrijá Lamroth Hakol
Ayer
le pregunté a un chico que quería ser cuando sea grande,
y él me respondió: quiero ser ingeniero. Luego, otro
chico que había escuchado mi pregunta agregó: yo quiero
ser médico, como mi papá.
Los
chicos no han perdido la capacidad de imaginar y es por eso que
en unos pocos minutos son capaces de hablarnos sobre su futuro con
una seguridad admirable.
Algunos se imaginan siendo famosos, otros, simples trabajadores,
otros tantos sueñan con una familia llena de hijos, y muchos
otros con ser parecidos a papá y a mamá.
Como
desearíamos a veces volver a aquellas épocas en donde
imaginar era una tarea cotidiana, en donde no existían barreras
para soñar, en donde en unos minutos nos transformábamos
en otros a través de un juego, nos trasladábamos a
los lugares más extraños con solo cerrar los ojos.
¿Qué
pasa cuando alguien aniquila cruel y fríamente el futuro?
¿Qué pasa cuando algunos hombres deciden privar a
otros de perseguir sus sueños?
¿Qué pasa con la imaginación mutilada?
¿Qué pasa cuando alguien le quita a otro la oportunidad
de responder que queres ser cuando seas grande?
Así
fue el 18 de julio de 1994 se mataron sueños, imaginación
y muchos futuros.
A su vez, aquel 18 de julio de 1994, algunos hombres provocaron
que nuestros chicos deban imaginarse entrando al colegio, atravesando
barrotes firmes, los obligaron a soñarse peleando por una
justicia que no llega y los forzaron a proyectarse con miedo de
lo que puede pasar en una hora, dentro de un rato, o en un segundo.
Jamás, después de aquel monstruoso 18 de julio, los
chicos volverán a imaginar, soñar, proyectar y jugar
de la misma manera, porque su futuro y lo que imaginan acerca de
él, están marcados con las huellas del recuerdo de
lo que pasó.
¿Qué
hacemos con nuestros chicos que crecerán abarrotados?
¿Qué hacemos con nuestros chicos para que pregunten
y se informen?
¿Qué hacemos con nuestros chicos para que nunca olviden
y sepan transmitirlo?
Si
los chicos viven con la crítica, aprenden a condenar.
Si los chicos viven con la hostilidad, aprenden a pelear.
Si los chicos viven con miedo, aprenden a ser aprensivos.
Si los chicos viven con lástima, aprenden a compadecerse
de sí mismos.
Si los chicos viven con la ridiculez, aprenden a ser tímidos.
Si los chicos viven con celos, aprenden que es la envidia.
Si los chicos viven con vergüenza, aprenden a sentirse culpables.
Si los chicos viven con tolerancia, aprenden a ser pacientes.
Si los chicos viven con estímulo, aprenden a ser confiados.
Si los chicos viven con elogios, aprenden a apreciar.
Si los chicos viven con aprobación, aprenden a quererse a
sí mismos.
Si los chicos viven con aceptación, aprenden a encontrar
amor en el mundo.
Si los chicos viven con reconocimiento, aprenden a tener un objetivo.
Si los chicos viven compartiendo, aprenden a ser generosos.
Si los chicos viven con honestidad y equidad, aprenden que es la
verdad y la justicia.
Si los chicos viven con seguridad, aprenden a tener fe en si mismos
y en quienes los rodean.
Si los chicos viven con serenidad, aprenden a tener paz espiritual.
Entonces,
pidámosle a la memoria que permanezca siempre despierta,
para que el olvido no le saque ventaja en un abrir y cerrar de ojos.
Pidámosle a la historia que nos cuente lo ocurrido aquel
18 de julio, para que la ignorancia no le gane la competencia.
Pidámosle a la actitud que esté siempre presente,
para que ellos no puedan lograr sus objetivos.
Y bridémosle
a los chicos un marco propicio para que a través de la vivencia,
la información, la memoria y la acción, vayan de la
mano, y para que juntos, en nuestros futuros, también crezcamos
con conciencia y llenos de valores que ayudarán a que no
sólo nuestros futuros personales sean futuros sólidos,
sino para que también, el futuro de nuestro pueblo esté
atravesado, de una vez por todas, por la libertad y por la paz.
Hatikva
- esperanza, no la dejemos escapar.
Ana
María Fernández - Psicóloga - Docente de la
UBA
Gracias a Memoria Activa por permitirme dar mi testimonio, en realidad
no hablo sólo en mi nombre propio, sino que traigo la adhesión
de los docentes de la Cátedra de Teoría y Técnicas
de Grupos y de Estudios de Género, ambas Cátedras
a mi cargo.
Es
importante poder estar aquí, sobre todo para aquellos que
trabajamos con las ideas, que trabajamos con la cabeza, no con las
manos, particularmente. Estar aquí para hacer cotidianamente
una práctica de ciudadanía.
Venía
para la Plaza, imbuida de las características de este acto,
y pasé, como habitualmente pasamos, por una institución
de la comunidad judía y vi de otra manera las vallas que
están allí para poner seguridad.
¡Qué indignidad, esas vallas!
Vallas imprescindibles en los tiempos que corren, pero que es muy
importante que no naturalicemos su existencia.
Están allí porque el estado de derecho no actúa.
Necesitamos que todas las comunidades que viven en este país,
vivan en seguridad y en igualdad.
Un modo de existencia es no naturalizar la existencia de esas vallas
que protegen, pero que también aíslan y vuelven a
estigmatizar.
Recordaba
también, en el segundo atentado, después de la Embajada,
el de la AMIA, tan terrible, pacientes que venían con un
estado de desasosiego, dolor y demás, también con
un fuerte duda, casi impronunciable porque los avergonzaba y era:
vamos a seguir mandando a nuestros chicos a los clubes, a los colegios?
No los sacaron. Eso también es resistencia.
Pero es muy fuerte que esté en peligro el espacio que nos
da identidad, el espacio que nos da pertenencia colectiva. Ahí
también, solo con esa duda está puesto en cuestión,
las garantías del estado de derecho. Y eso nos involucra
a todos, de cualquier etnia, de cualquier religión, de cualquier
procedencia. Esto humilla nuestra ciudadanía y esto también
es muy serio para los tiempos que vendrán, para el recuerdo
de los tiempos que pasaron y también para el momento presente.
Y uno
no puede dejar de preguntarse una y otra vez ¿cómo
fue posible el atentado a la Embajada de Israel, cómo fue
posible el atentado a la AMIA, y como puede ser que todavía
esté en la sombras la producción de estos atentados
a la ciudadanía en general y a la comunidad judía
en particular?
Y es
sin duda, la impunidad organizada, impunidad organizada, que estaba
organizada y está para realizar los atentados, para borrar
las huellas, para comprar funcionarios. Y es importante para todos
nosotros, por eso estoy aquí también, que se esclarezcan
estas cuestiones; sin embargo sabemos que las posibilidades concretas
de su esclarecimiento, son cada vez más oscuras, valga la
redundancia y el juego de palabras esclarecimiento y oscuridad,
pero que no son mera palabra, son dolor. Dolor de todos nosotros
por un país cuyo estado de derecho decepciona todos los días.
¿Cómo
fueron posibles estos atentados? ¿Cómo esta impunidad
organizada continúa cada día, cada vez que mueren
en este país tan rico en recursos, chicos de hambre, donde
mueren en oscuras palizas muchachos, por el sólo hecho de
ser jóvenes, donde los jubilados no tienen la posibilidad
de la dignidad de la vejez?
Mueren todos los días, y todos los días muere este
estado de derecho.
Y esta impunidad organizada, también ha hecho posible estos
dos atentados terribles, porque antes quedaron en la impunidad los
crímenes de 30.000 desaparecidos.
En
este marco, me parece fundamental que aunamos nuestras voces todos
nosotros, en la cuestión del reclamo por los presos de La
Tablada.
Los presos de la Tablada también son una decepción
del estado de derecho. No cumplir pactos internacionales no solo
trae riesgo de vida de los presos de La Tablada en huelga de hambre,
sino que pone en riesgo a cada uno de nosotros.
Si no hay estado de derecho para otros, posiblemente tampoco habrá
para mí cuando necesite de ese estado de derecho.
Y en ese sentido, me parece imprescindible al mismo tiempo que cada
sector pueda mantener la especificidad de su reclamo, ir armando,
como lo está haciendo a lo largo y ancho del país,
redes de aquellos que reclamamos justicia, redes de aquellos que
reclamamos memoria, redes de aquellos que reclamamos igualdad.
Porque
estamos en esto, en una particular situación, donde al no
esclarecerse los 30.000 desaparecidos, al no esclarecerse la cuestión
de la AMIA, al mantener una suerte de insensibilidad frente a cada
uno de los nuevos desaparecidos de hoy, que son los desaparecidos
del hambre, los desaparecidos del empleo, los desaparecidos de la
cultura, una vez más, una vez más, la impunidad organizada
gana.
Son los nuevos genocidios de este capitalismo internacional, insaciable,
implacable que exige que todos aquellos que queremos una sociedad
de iguales, una sociedad justa, estemos aquí para dar testimonio
y en cada una de las plazas por donde se reclama justicia, por donde
se reclama memoria.
Gracias.