Acto del lunes 04-12-2000

Fabián Skornik - Seminarista Lamroth Hakol


Nos quieren hacer creer que los hombres somos animales de costumbre, y que somos capaces de adaptarnos a cualquier situación.
Creo que esta presencia continuada por tanto tiempo, nos está mostrando que esto no es más que una teoría que fue enunciada por algunas personas en algún escritorio, en un salón, pero que no tiene nada que ver con la realidad, por lo menos con la de algunas personas.

Es cierto que esto sería aplicable a mucha gente, pero nosotros no queremos caer en esta teoría, y ser englobados por este enunciado.
Creo que el rol que a cada uno le puede tocar, puede encontrar como manifestarse y como tratar que esto no se cumpla.

El nuestro, es el de la educación y nuestro desafío va a ser permanente.
Tratar de que nuestros chicos, nuestros jóvenes, puedan crecer con un sistema de valores distinto al que está en esta sociedad y al que no nos queremos acostumbrar, al que no queremos tomar como nuestro ni como un valor impuesto, sino que vamos a intentar luchar, pelear, aprender y educarnos para que en algún momento la realidad que nos toque vivir sea distinta.

Cuándo, en el Siglo XII Rambam -nuestro gran pensador, conocido también como Maimónides- se preguntaba cuál era el motivo por el cual la gente se comportaba bien o se comportaba mal, que era lo que hacía que algunos fueran buenas personas y otros malas? Y se contestaba que a los chicos, primero, había que entusiasmarlos con algunos premios, recompensas, como pueden ser caramelos, golosinas, para que de esa manera pudieran aprender, crecer y ser mejores personas, después este incentivo era poco, había que darles ropa, luego dinero, después respeto, honor, reconocimiento público, pero hasta el final en que la persona alcanzaba un grado de sabiduría que le permitía ser buena persona, porque con eso era suficiente. Porque el valor último es ser buena persona porque hay que serlo y no por la recompensa que vamos a recibir.
Y si pensamos que la humanidad evoluciona, nos equivocamos.
Si hace tantos siglos nuestra Torá nos pide determinadas cosas que nunca pudimos cumplir, si nuestra humanidad después de siglos y siglos de existencia sigue necesitando premios y castigos para comportarse bien, nos demuestra que nuestra humanidad es todavía muy niña, muy pequeña y que todavía no creció.
Lo malo es que en esta sociedad no tenemos ni premios ni castigos, entonces ya no es que no hay buena gente porque la humanidad no maduró, sino que tampoco hay buena gente porque el sistema de premios y castigos no funciona, y a aquel que se comporta mal, le puede ir muy bien en esta vida.

Hoy quiero dar un honor a la gente que está diciendo que no se va a conformar con esto, a la gente que está afirmando que esta no es su realidad y a la gente que se va a sumar y que va a seguir peleando porque algún día, tal vez dentro de mucho, tal vez dentro de poco, podamos decir que la sociedad en que nos toca vivir, que nosotros mismos construimos está creciendo, porque encuentra a los culpables, premia a la buena gente, y porque algún día, tal vez, seremos buenas personas, porque así debe ser y sin esperar nada a cambio.
Gracias





Iris Orfali - Madrijá Lamroth Hakol

Ayer le pregunté a un chico que quería ser cuando sea grande, y él me respondió: quiero ser ingeniero. Luego, otro chico que había escuchado mi pregunta agregó: yo quiero ser médico, como mi papá.

Los chicos no han perdido la capacidad de imaginar y es por eso que en unos pocos minutos son capaces de hablarnos sobre su futuro con una seguridad admirable.
Algunos se imaginan siendo famosos, otros, simples trabajadores, otros tantos sueñan con una familia llena de hijos, y muchos otros con ser parecidos a papá y a mamá.

Como desearíamos a veces volver a aquellas épocas en donde imaginar era una tarea cotidiana, en donde no existían barreras para soñar, en donde en unos minutos nos transformábamos en otros a través de un juego, nos trasladábamos a los lugares más extraños con solo cerrar los ojos.

¿Qué pasa cuando alguien aniquila cruel y fríamente el futuro?
¿Qué pasa cuando algunos hombres deciden privar a otros de perseguir sus sueños?
¿Qué pasa con la imaginación mutilada?
¿Qué pasa cuando alguien le quita a otro la oportunidad de responder que queres ser cuando seas grande?

Así fue el 18 de julio de 1994 se mataron sueños, imaginación y muchos futuros.
A su vez, aquel 18 de julio de 1994, algunos hombres provocaron que nuestros chicos deban imaginarse entrando al colegio, atravesando barrotes firmes, los obligaron a soñarse peleando por una justicia que no llega y los forzaron a proyectarse con miedo de lo que puede pasar en una hora, dentro de un rato, o en un segundo.
Jamás, después de aquel monstruoso 18 de julio, los chicos volverán a imaginar, soñar, proyectar y jugar de la misma manera, porque su futuro y lo que imaginan acerca de él, están marcados con las huellas del recuerdo de lo que pasó.

¿Qué hacemos con nuestros chicos que crecerán abarrotados?
¿Qué hacemos con nuestros chicos para que pregunten y se informen?
¿Qué hacemos con nuestros chicos para que nunca olviden y sepan transmitirlo?

Si los chicos viven con la crítica, aprenden a condenar.
Si los chicos viven con la hostilidad, aprenden a pelear.
Si los chicos viven con miedo, aprenden a ser aprensivos.
Si los chicos viven con lástima, aprenden a compadecerse de sí mismos.
Si los chicos viven con la ridiculez, aprenden a ser tímidos.
Si los chicos viven con celos, aprenden que es la envidia.
Si los chicos viven con vergüenza, aprenden a sentirse culpables.
Si los chicos viven con tolerancia, aprenden a ser pacientes.
Si los chicos viven con estímulo, aprenden a ser confiados.
Si los chicos viven con elogios, aprenden a apreciar.
Si los chicos viven con aprobación, aprenden a quererse a sí mismos.
Si los chicos viven con aceptación, aprenden a encontrar amor en el mundo.
Si los chicos viven con reconocimiento, aprenden a tener un objetivo.
Si los chicos viven compartiendo, aprenden a ser generosos.
Si los chicos viven con honestidad y equidad, aprenden que es la verdad y la justicia.
Si los chicos viven con seguridad, aprenden a tener fe en si mismos y en quienes los rodean.
Si los chicos viven con serenidad, aprenden a tener paz espiritual.

Entonces, pidámosle a la memoria que permanezca siempre despierta, para que el olvido no le saque ventaja en un abrir y cerrar de ojos.
Pidámosle a la historia que nos cuente lo ocurrido aquel 18 de julio, para que la ignorancia no le gane la competencia.
Pidámosle a la actitud que esté siempre presente, para que ellos no puedan lograr sus objetivos.

Y bridémosle a los chicos un marco propicio para que a través de la vivencia, la información, la memoria y la acción, vayan de la mano, y para que juntos, en nuestros futuros, también crezcamos con conciencia y llenos de valores que ayudarán a que no sólo nuestros futuros personales sean futuros sólidos, sino para que también, el futuro de nuestro pueblo esté atravesado, de una vez por todas, por la libertad y por la paz.

Hatikva - esperanza, no la dejemos escapar.


Ana María Fernández - Psicóloga - Docente de la UBA


Gracias a Memoria Activa por permitirme dar mi testimonio, en realidad no hablo sólo en mi nombre propio, sino que traigo la adhesión de los docentes de la Cátedra de Teoría y Técnicas de Grupos y de Estudios de Género, ambas Cátedras a mi cargo.

Es importante poder estar aquí, sobre todo para aquellos que trabajamos con las ideas, que trabajamos con la cabeza, no con las manos, particularmente. Estar aquí para hacer cotidianamente una práctica de ciudadanía.

Venía para la Plaza, imbuida de las características de este acto, y pasé, como habitualmente pasamos, por una institución de la comunidad judía y vi de otra manera las vallas que están allí para poner seguridad.
¡Qué indignidad, esas vallas!
Vallas imprescindibles en los tiempos que corren, pero que es muy importante que no naturalicemos su existencia.
Están allí porque el estado de derecho no actúa. Necesitamos que todas las comunidades que viven en este país, vivan en seguridad y en igualdad.
Un modo de existencia es no naturalizar la existencia de esas vallas que protegen, pero que también aíslan y vuelven a estigmatizar.

Recordaba también, en el segundo atentado, después de la Embajada, el de la AMIA, tan terrible, pacientes que venían con un estado de desasosiego, dolor y demás, también con un fuerte duda, casi impronunciable porque los avergonzaba y era: vamos a seguir mandando a nuestros chicos a los clubes, a los colegios? No los sacaron. Eso también es resistencia.
Pero es muy fuerte que esté en peligro el espacio que nos da identidad, el espacio que nos da pertenencia colectiva. Ahí también, solo con esa duda está puesto en cuestión, las garantías del estado de derecho. Y eso nos involucra a todos, de cualquier etnia, de cualquier religión, de cualquier procedencia. Esto humilla nuestra ciudadanía y esto también es muy serio para los tiempos que vendrán, para el recuerdo de los tiempos que pasaron y también para el momento presente.

Y uno no puede dejar de preguntarse una y otra vez ¿cómo fue posible el atentado a la Embajada de Israel, cómo fue posible el atentado a la AMIA, y como puede ser que todavía esté en la sombras la producción de estos atentados a la ciudadanía en general y a la comunidad judía en particular?

Y es sin duda, la impunidad organizada, impunidad organizada, que estaba organizada y está para realizar los atentados, para borrar las huellas, para comprar funcionarios. Y es importante para todos nosotros, por eso estoy aquí también, que se esclarezcan estas cuestiones; sin embargo sabemos que las posibilidades concretas de su esclarecimiento, son cada vez más oscuras, valga la redundancia y el juego de palabras esclarecimiento y oscuridad, pero que no son mera palabra, son dolor. Dolor de todos nosotros por un país cuyo estado de derecho decepciona todos los días.

¿Cómo fueron posibles estos atentados? ¿Cómo esta impunidad organizada continúa cada día, cada vez que mueren en este país tan rico en recursos, chicos de hambre, donde mueren en oscuras palizas muchachos, por el sólo hecho de ser jóvenes, donde los jubilados no tienen la posibilidad de la dignidad de la vejez?
Mueren todos los días, y todos los días muere este estado de derecho.
Y esta impunidad organizada, también ha hecho posible estos dos atentados terribles, porque antes quedaron en la impunidad los crímenes de 30.000 desaparecidos.

En este marco, me parece fundamental que aunamos nuestras voces todos nosotros, en la cuestión del reclamo por los presos de La Tablada.
Los presos de la Tablada también son una decepción del estado de derecho. No cumplir pactos internacionales no solo trae riesgo de vida de los presos de La Tablada en huelga de hambre, sino que pone en riesgo a cada uno de nosotros.
Si no hay estado de derecho para otros, posiblemente tampoco habrá para mí cuando necesite de ese estado de derecho.
Y en ese sentido, me parece imprescindible al mismo tiempo que cada sector pueda mantener la especificidad de su reclamo, ir armando, como lo está haciendo a lo largo y ancho del país, redes de aquellos que reclamamos justicia, redes de aquellos que reclamamos memoria, redes de aquellos que reclamamos igualdad.

Porque estamos en esto, en una particular situación, donde al no esclarecerse los 30.000 desaparecidos, al no esclarecerse la cuestión de la AMIA, al mantener una suerte de insensibilidad frente a cada uno de los nuevos desaparecidos de hoy, que son los desaparecidos del hambre, los desaparecidos del empleo, los desaparecidos de la cultura, una vez más, una vez más, la impunidad organizada gana.
Son los nuevos genocidios de este capitalismo internacional, insaciable, implacable que exige que todos aquellos que queremos una sociedad de iguales, una sociedad justa, estemos aquí para dar testimonio y en cada una de las plazas por donde se reclama justicia, por donde se reclama memoria.
Gracias.