Cada tarea, cada profesión, cada labor, tiene su vicio.
Y uno de los vicios de la tarea rabínica, tiene que ver con el
hecho que uno no lee solamente para tener placer. Uno lee, y cree que
cuando lee puede marcar la frase, la síntesis de lo que lo va
a ayudar en la expresión, en la homilía, en la prédica
de la semana siguiente.
Y aproveché
este fin de semana para leer entre otras cosas un libro que se llama
Holly-wood of America, que es la biografía no autorizada de las
estrellas de Hollywood.
Y bueno... El vicio siempre aparece...
Y Subrayé una frase de Rita Hayword que dice: "que afortunada
que soy de poseer los dos atributos que marcan la felicidad..."
De un mundo
frívolo uno se imagina que la felicidad tiene que estar dada
por joyas y plata, fama y dinero, talento, percepción...
No!! Saben
lo que dice Rita Hayword?: "los dos atributos que marcaron mi felicidad
son: Una buena salud y una mala memoria.
Una buena salud y una mala memoria.
Les confieso
que al leer esta frase me sentí sumamente movilizado: si esta
es la fórmula de la felicidad, deberíamos decirle a Rita
Hayword que los argentinos somos todos felices...
La gran mayoría tenemos buena salud y una mala memoria...
La literatura
medioeval destaca que cuando en términos teológicos uno
dice "yo creo", está diciendo "yo recuerdo"...
Y en este ejercicio de la memoria, recordaba también este fin
de semana, de manera un tanto regresiva, cuando de chico tenía
gripe y no iba a la escuela, y me sentaban en el living frente al r
la televisor. Me sentaban temprano frente al televisor, y como empezaba
la programación, no se si recuerdan, con el efemérides.
Un día
como hoy el día 3 de julio de 1855 el general Urquiza hizo tal
y cual cosa, etc., etc.
Y me imaginaba que es lo que verían en el efemérides la
generación de nuestros bisnietos, el día de la gripe.
Un día
como hoy, el 17 de marzo de 1992 estalló una bomba en la Embajada
de Israel en Buenos Aires... Hubo una veintena de muertos...
Todos creían que esto era algo que no ocurriría en la
Argentina. Nunca se investigó el caso...
Este episodio terrible de por sí, era el presagio de algo más
terrible...
Un día
como hoy, el 24 de marzo de 1976, un golpe militar hizo desaparecer
a 30000 argentinos.
Sus responsables fueron indultados y se podían escuchar sus risotadas
en los restaurantes mas paquetes, conjuntamente con sus cínicas
declaraciones por televisión, mientras madres, padres y hermanos
de desaparecidos reclamaban justicia...
Un día
como hoy, un 18 de julio de 1994, voló por los aires una entidad
que pocos creían que era de Buenos Aires.
La mayoría manifestó condolencias a los judíos,
Menem a Peres y Grondona a Beraja, pero lo absurdo es que jamás
se condolieron a sí mismos y a su amado país enfermo.
La justicia jamás investigó porque debía mirarse
al espejo, cuestionarse su propia entidad y arrastrar a los jueces borrachos
de los hoteles alojamiento.
Un día
como hoy, un 25 de enero de 1997, el crimen de un periodista gráfico
conmovió a la opinión pública.
La frase "Todos somos Cabezas" se leería durante unos
meses.
Ya se había escuchado algo parecido:
"Todos somos sospechosos" en 1976...
"Todos somos judíos" en el 1994...
"Todos somos mujeres golpeadas" en el 1995...
Esta forma lingüística se había convertido en una
moda banal que proponía la trampa de decir que todos es lo mismo
que nada...
O sea que somos lo que no somos...
Un día
como hoy, 18 de diciembre de 2000, la sociedad en la que los jóvenes
estaban viviendo era superior a la de sus padres en su adolescencia.
Era superior en recursos, en artilugios, en computadoras, en realidad
virtual, pero más pobre en ideas, en utopías, en esperanzas,
en explosión espiritual, en magia, en ingenuidad...
Un día
como hoy, alguien leía a Flaubert que decía: Veía
los defectos que se tornarían vicios, necesidades que se tornarían
crímenes, en suma: niños que se tornarían hombres...
¿Será
que mi nieto va a decirle a su hijo el día de la gripe: Nene,
cambiá ese canal, no quiero que veas el canal pornográfico...
Mirá una película mejor, justo está Rita Hayword
en la televisión y mi abuelo me decía: los dos atributos
que marcaron la felicidad (decía Rita hayword) fueron: una buena
saluda y una mala memoria...
Amigos:
como sociedad nuestra salud es la justicia, que por ahora es la película
pornográfica, y lo peor es que nos hemos acostumbrado a esa pornografía.
Hoy 18
de diciembre puede ser el día de la gripe.
Cuidado con cambiar la memoria por la amnesia y la historia por la histeria...
Susana
Goldemberg - Cuentista
Digo: Lejaim - Todavía
Coloco una copa vacía
Junto a la botella llena
Enciendo las velas
Aparto mi silla
Y me yergo frente a la mesa.
Quiero brindar con vino
Porque creo que tengo motivos
Para decir: ¡Lejaim!
Suficientes motivos.
Todavía.
Vierto
el vino hasta el borde
Con respeto, lo elevo
Y digo mi primer: ¡Lejaim!
Pero pienso en los muertos
En sus deudos, en sus huérfanos
Que sin la voz silenciada
En la AMIA y en la Embajada
Necesitan consumir el duelo
Para abrirse a la vida
Lo intentan cada mañana
De cada nuevo día
Y no lo consiguen,
Todavía.
Acerco
la copa a mis labios
Digo: ¡Lejaim! Y bendigo
Las manos que en pos de un quejido
Removían. Los escombros removían
Y a pesar del cansancio
De la desesperanza y del espanto
Escarbaban entre el polvo y los ladrillos
Buscando un vestigio
De agonía,
Todavía.
Digo: ¡Lejaim!
Y el vino moja
Mis dientes que trituran la bronca
Mientas las sierpes humanas
Las bestias que hablan
Destilan su veneno en mis oídos
Sugiriendo que los explosivos
Los objetivos, los asesinos
Se ocultaban en los edificios
Que las tragedias se habían producido
Por culpa y a causa de los judíos
Y que ¡además! Murieron inocentes argentinos.
-Porque los judíos- dicen
no son inocentes ni son argentinos...
Y con sádica picardía
Sonríen,
Todavía.
Una vez
más repito: ¡Lejaim!
Percibo en la garganta
La áspera caricia del vino
Y ofrendo mi plegaria
De aliento y gratitud
Por los padres y maestros
Que han decidido que es tiempo
De mostrar a la juventud
El error, el terror, el infierno
Del odio, del racismo
De la locura de los fanatismos.
Digo: ¡Lejaim! Por los que desechan
Mentiras e hipocresías
Y porfían en la cosecha
De doradas utopías
Que avaloren su pertinaz
Propósito de educar
Para la paz,
Todavía.
Poso la
copa vacía sobre la mesa
Dejo que en mi pecho el vino
Extienda su manso abrigo
Y digo mi último; ¡Lejaim!
El parpadeo de las velas
Descubre en el cristal
El sello del beso de mi boca
Y observo que he marcado
Con el pie de la copa
La figura de un halo
De una circunferencia
Roja, indeleble y perfecta.
Roja como la sangre que brota
De las 115 heridas
Acriminatorias
Que no cicatrizan.
Indeleble como nuestra Memoria
Como nuestra Memoria Activa
Y perfecta como la Justicia
Que aún espero:
La de la Sentencia Divina.
Porque cuando siento
Que es una burla la Justicia
En mi Argentina
La realidad, un infierno
Y las promesas mentiras,
La Justicia del Cielo
Es la única Justicia
Que a esperar me atrevo,
Todavía.
Tununa
Mercado - Escritora
Esta plaza ha terminado por ser la Plaza del Tiempo.
En ningún otro lugar se valoriza el tiempo como aquí.
Tratamos de detener las semanas que se despliegan de lunes a lunes,
infructuosamente queremos retener los días y las horas de un
transcurso agigantado por la impotencia ante la injusticia y, paradójicamente,
a pesar de su magnitud, el tiempo se burla y no descuenta aflicción
ni desesperanza.
En estos
años se fraguó una conjura para ocultar datos, confundir
pistas y sellar complicidades criminales.
Los eslabones que hubieran podido delatar a los culpables de manera
directa, fueron desarticulados por los mismos aparatos de investigación
que debían perseguir y castigar.
Nada garantiza de ahora en adelante que la verdad y la ley se impongan
en un juicio que más bien promete ser una ceremonia incompleta
para acabar de una vez por todas con el estruendo y las molestias del
caso.
Cerrar es el verbo, cerrar, es decir legitimar una matanza cuyo signo
antijudío de alguna manera contenta a fascistas de arriba y de
abajo, y aún a ese 17% de argentinos que prefieren no tener vecinos
judíos.
En el jardín
que ocupa el lugar vacío de la calle Arroyo se acumula el silencio.
Pero si se aguzan los sentidos se puede oír, mirar y palpar el
dolor que satura el enorme muro de fondo. En la lividez pura de esa
superficie sobre la que parecen pesar los siglos, sobrecogen las señales
de la mutilación. Las salientes y los relieves delimitan las
habitaciones arrancadas, las escaleras derruidas, los cortes transversales
por donde brotaba el agua o circulaba la energía. Este muro es
el testigo vertical de una historia cercenada que se ha detenido en
el momento del terror, allí, en esa imagen espectral, no hay
un después en el que las víctimas vean el rostro de los
culpables, allí nada se instruye ni se busca. Pero la vasta superficie
clama.
En Pasteur
la decisión fue otra: reconstruir sobre la mutilación.
En esa cuadra las marcas son los nombres de las víctimas grabados
en la fachada y en el suelo, junto a los árboles, en la vereda
de enfrente. La señal más elocuente es la posición
defendida y aislada del edificio en el espacio, la misma segregación
que se ha impuesto a todos los edificios de la cultura judía
en el país.
¿Se
oye el clamor de las víctimas? ¿Hay monumento, memorial,
inscripción, que pueda mitigarlo? Vamos de un lado a otro, contemplamos
los restos buscando los indicios de una reparación posible y
cada vez más se impone la palabra justicia. Pero sus letras son
sólo signos vacíos, invocación vana cuyo eco apenas
rebota sobre las paredes-testigo.
Si algo
dice esta plaza del tiempo donde lunes a lunes nos convoca Memoria Activa,
es el valor ético y político que tiene sostener una resistencia
al olvido y a la mentira. A quienes se nos invita a hablar, se nos confiere
una condición como seres humanos que por un momento nos separa
del conjunto.
Este es el lugar para compartir una resistencia cuyo signo perdura desde
aquel día en que la protesta nos llevó, sublevados, a
la plaza.
La consternación no cesa y, sin embargo, algo en la sociedad
parece indicar que hay cedido las defensas y ha mermado la indignación.
Poco a
poco, el desaliento general que provocan el desempleo, la pobreza, la
impunidad de asesinos y corruptos y otras degradaciones sociales y económicas
se contagia a todos los actos y se corre el riesgo de quedar aislados,
de ser más memoria que acto presente y futuro.
Nos estamos quedando con las huellas, se nos ha impuesto la "estela"
arqueológica y la ruina.
El muro de la calle Arroyo y los escombros de la AMIA, dondequiera que
vayan a estar, no serán más que restos si la conciencia
social deja que los poderes borren sus marcas, acallen las voces que
hablan por las víctimas y les nieguen justicia.
Muchas
gracias.
Mauricio
Szuster - Psicoanalista
Cuando me invitaron a dar testimonio, por muchas razones, muchas personales,
subjetivas, me sentí profundamente conmovido.
Voy a anticipar
la conclusión de lo que quiero decir: me parece que testimoniar
es asumir la profunda defensa de la condición humana misma.
Cuándo
me invitaron, como judío no pude menos que preguntarme (un judío
siempre contesta con una pregunta), pero ¿qué testimoniar?
¿Porqué testimoniar?
Y me encontré
precisamente recorriendo mi memoria, más allá de lo que
en nuestra profesión serían las marcas del trauma, aquellas
que permiten recuperar alguna salud a través de la memoria.
Los escritos de una víctima de Auschwictz, un superviviente,
Primo Levy, químico, judío italiano, sobrevive a la experiencia
de Auschwictz pero no deja en toda su vida, que lamentablemente termina
en el suicidio, de preguntarse ¿cuál es el terror de Auschwictz?
Y en ese camino se encuentra con alguien que en Auschwictz se llamaron
musulmanes, y que en cada campo recibían otras denominaciones.
El musulmán -en Auschwictz - era aquel que había perdido
toda condición humana, era una cosa que ni los propios compañeros
podían observar porque les devolvía en espejo una imagen
aborrecible, una imagen no soportable.
Creo que
en este sentido, y salvando las distancias, lo que ha acontecido en
nuestro país tiene algún parangón con esa tremenda
desgracia en la historia de la humanidad.
Y es volver a preguntarse ¿qué hace acaso a la condición
humana?
Yo creo
que en la historia de la cultura (he tomado dos grandes hitos, hay muchos
más), uno es el caso de la antigua cultura griega y esa afirmación
de que el hombre es un lobo para el hombre, si no hay reglas, hay canibalismo
y la respuesta fue la filia: el amor a la ley, al pacto.
En la tradición judía dos episodios señalan la
misma circunstancia: en Sodoma y Gomorra, Dios decide destruir ambas
ciudades por su corrupción, fundamentalmente dice el Antiguo
Testamento, por no respetar al extranjero, por abusar de él.
En el Diluvio, se da como una de las causas, el hecho de que los hijos
de los señores se habían corrompido y abusaban de las
hijas del pueblo.
En este
sentido, entonces, es quizás muy difícil decir: que es
condición humana.
Pero tomando estos hitos, yo lo formularía con una abstracción
(el pacto), me parece que el testimonio que se eslabona lunes a lunes
en esta plaza, es más que una cuestión simplemente de
recordar, de reafirmar la condición humana misma, que nos lleva
a pensar una alternativa: la palabra o la piedra.
Gracias