Callejeros

Por Leonardo Moledo

Fueron cien y cien más los que murieron

fueron doscientos los muertos por el fuego

fueron dos los que murieron en el puente

fueron veinte los muertos en la plaza.

Fueron dos los que murieron en Corrientes.

Fueron cien los que murieron en la Amia.

Fue uno asesinado en una cava.

Qué cifra medirá tantos cadáveres.

Qué lágrimas llorarán tantos cadáveres

Quién imaginará tantos cadáveres juntos, tendidos en las calles

qué manos sepultarán tantos cadáveres

tantas piernas que no saltan, ni caminan

tantas voces juveniles, que no gritan

tanta andanza callejera, callejeros

la justicia no es el agua de la vida

ni resucita esas manos que ya no agarran nada

la venganza no es el agua de la vida

ni resucita esos ojos que ya no miran nada

callejeros

qué calles contendrán aquellos cuerpos

qué veredas bastarán para ponerlos

uno junto al otro, ennegrecidos

qué morgue los mantendrá sin que se pudran

La tragedia no es heroica aquí

ni en este día

de nuestro país letal, donde se arrastran

criaturas de la noche revolviendo la basura

prostitutas fláccidas en su zona roja

niños muertos de hambre en los graneros

atados a los silos

Un niño, una bengala, la música que atruena,

el sudor y la lejana algarabía

de tribus armándose en lo oscuro

como una jalea espesa y temerosa

que circula sin rumbo hacia el futuro

y contarán los viejos algún día

“aquí murió mi hijo”, “allá mi hermano”

“aquí murieron mis primos, mis vecinos”

“aquí ardieron los niños, asfixiados por el humo que no tiembla ni perdona”

La muerte no es heroica, ni es sublime:

la muerte es una puta que se vende

por algunas monedas y se entrega

al que quiera tomarla o arrastrarla

hacia el cuerpo y la muerte de los otros

La muerte es nuestra muerte, callejeros.

Y no para.

 

 

 

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